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Portada de la novela Arderemos en lo prohibido

Arderemos en lo prohibido

Tras dos décadas del fin del Dragón Rojo, el clan Tigre Blanco ostenta el poder absoluto en oriente. Loan Zhao inicia la búsqueda de un heredero, pero una profecía monacal cambia el rumbo de su legado. El tatuaje sagrado advierte sobre un destino de pasiones fatales y misterios antiguos. En medio de esta lucha, los sucesores enfrentarán un dilema crucial: consolidar alianzas estratégicas o ceder ante romances prohibidos que podrían desatar el caos total.
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Capítulo 3

Huang Lei veía fijamente el techo de su cuarto, no terminaba de comprender lo que había sucedido, o, mejor dicho, no queria comprenderlo, ¿cómo podía ser posible que Renzo Bach le hiciera semejante cosa? solo por un pequeño pleito de niños.

Su mente recreo aquel día, o mejor dicho noche, ese primer y único encuentro que había tenido con el castaño.

Habían llegado a Nueva York, se suponía que solo sería una pequeña parada para luego continuar su viaje a Chicago, aun siendo niños, sabían que lo que sucedería esa noche era importante para el mundo en general, pero más para las mafias, ya que cada clan existente estaba allí y solo eso explicaba el motivo por el que ellos estaban en la mansión Bach, sus enemigos jurados, pero solo porque así estaba escrito en los pergaminos, algo había sucedido muchos años atrás y se había establecido que los Bach nunca pisarían el país que manejaba el clan Zhao, sin embargo el tigre blanco había llegado no solo a los dominios de los Bach, sino que a la misma residencia, y luego cuando vio lo que era, entendió la importancia de que ellos estuvieran allí, era la sucesión de mando de la familia, Kimberly dejaría de ser la cabeza de la familia y su hija Lucero tomaría su lugar: ver una sucesión de poder, no era divertido, al menos no para Huang Lei, ni para Mei Ling, por lo que ambos fueron a explorar el inmenso jardín, la mirada curiosa de otros niños no les preocupaba, estos pequeños estaban acostumbrados a hacerse compañía mutuamente.

- Hola. - dijo una pequeña rubia de la misma edad que Mei Ling. - Mi nombre es Lizbeth, ¿Cómo te llamas?

- Soy Mei Ling y él es mi hermano mayor Huang Lei.

- Hermano ¡creí que era una niña! - se quejó un niño de unos 10 años que venía acompañado por dos niños más.

- Te lo dije Renzo, paga. - lo increpo uno de sus acompañantes.

- Ustedes y sus apuestas los meterán en problemas un día de estos. - se quejó la niña de 10 años. - Hola, soy Dalia, este tonto que te creía niña es mi hermano mellizo Renzo...

- Y él es mi hermano mayor Walter, le has hecho ganar 100 dólares. - intervino Lizbeth riendo.

- Mi tío Wang maneja muchos casinos, deberían ir a apostar allí y no meterte con mi hermano. - rebatió la pequeña Mei viendo mal a Renzo, era la segunda vez en la noche que confundían a Huang con una niña, eso no estaba bien, en su cultura había cosas que estaban prohibidas.

- Mira pequeña, puede que en tu país seas alguien importante, pero aquí... sobre nosotros no existe nadie, somos Bach, somos quienes tenemos el poder y los demás se doblegan... - era tonto discutir con una niña, pero el hecho de que Huang sea un niño no le gustaba a Renzo, él deseaba que fuera una niña, era demasiado bello para ser un niño.

El traje que tanto problema le había traído a Huang por parecer un vestido, aunque era la vestimenta tradicional de un guerrero, fue lo que llamó la atención de los demás niños que en el jardín jugaban, la habilidad con la que el delgado rubio salto por el aire y la rapidez con la que una navaja salió debajo de la amplia manga fue lo que hizo a Ámbar Zabet correr hacia ellos.

- Vuelve a hablarle de esa forma a mi hermana y te matare frente a la tuya. - solo cuando Ámbar vio el colgante que se balanceaba en el delgado cuello del pequeño Huang, fue que supo quién era, su hijo.

- Pequeño trueno. - susurro sintiendo que el alma le regresaba al cuerpo después de 7 años, por escasos segundos se sintió completa, humana.

- Señora. - Huang hizo una reverencia luego de ponerse de pie, ya que había arrojado a Renzo al césped. - Pido disculpas por mi comportamiento. - Ámbar podía ver a Park creciendo en su hijo, podía ver su alma vivir en él.

- ¿Qué? ¿Qué sucede? - indago viendo con fuego en los ojos a Renzo y este tembló un poco, era sabido por todos que esa rubia frente a ellos era una despiadada asesina.

- Solo era una apuesta. - se justificó el hijo de Linda Bach.

- Deberían tener cuidado, el tigre blanco es muy bueno para cobrar deudas de juego... mejor para cobrar el honor de la familia. - Ámbar vio pasar a su lado a un pequeño que tendría la misma edad que Huang, y que también era rubio, solo entonces comprendió que estaba viendo al hijo de Aika Ming, la mujer que había asesinado al hombre que amo con su alma. - ¿Estas bien hermano? - indago el joven con traje rojo, colocándose frente al pequeño trueno y arreglando su cabello largo que por el gran salto que había dado se había desordenado.

- Lo estoy, no te preocupes. - rebatió sonriendo y Ámbar respiro con fuerza, disfrutando de ver la sonrisa de Park una vez más. - No debes de cuidarme siempre.

- Soy el mayor, son mi responsabilidad, mientras yo viva... quien los lastime morirá en mis manos, ahora será mejor que regresen con mamá. - los vio partir, aun atónita, sin poder decir o hacer nada, acababa de ver el amor en carne y hueso, acababa de ver su alma y la de Park, acababa de ver a su hijo, ese que ella misma le dio a Jade.

- Tu hermano no debería de estar con una navaja aquí, es la mansión Bach, nadie puede... - solo era un niño de siete años, y la niña que lo regañaba tenía 10, era más alta, además de que estaba acompañada, aun así, Shen Kun la tomo del cuello y la silencio al cortar el paso del aire por ella.

- Yo puedo matarte con mis manos si así lo quisiera. - susurro mostrando una sonrisa tan diabólica como la que su madre Aika poseía.

- Deja a mi hermana... - Renzo se fue sobre el pequeño Shen, pero este era rápido, arrojo a Dalia al suelo y pateo el pecho de Renzo, cuando Walter quiso defender a su amigo, Shen tomo del cuello a la pequeña y frágil Lizbeth y la dejo frente a él, usándola de escudo.

- Esto es solo una advertencia Bach, nunca más molesten a mis hermanos, o sabrán que tan oscuro es mi universo. - Ámbar jamás había dejado de matar desde que había regresado del oriente, era un ser sin alma, una joya maldita, le decían algunos, pero ahora que había visto a su hijo, ni siquiera podía hablar, estos niños estaban a punto de lastimarse frente a ella, y la rubia no podía ni siquiera gritarle que se detuvieran.

- ¡Shen Kun Zhao! - la voz de Jade lo hizo soltar con más delicadeza a Lizbeth de la que soltó a Dalia. - Será mejor que regreses con tu padre en este momento. - Jade vio a Ámbar y las cientos de preguntas que en sus ojos se reflejaban, pero primero tenía que poner en vereda a su hijo.

- Lo siento madre, no quise ser una molestia...

- No te funcionara y lo sabes, regresa adentro. - conocía cada treta de sus hijos para salirse con la suya, pero en esta ocasión no lo pasaría por alto, no cuando su bienestar estaba en juego, pues sabia quiénes eran esos niños y el poder de sus padres, después de todo, Jade también era una Bach, una que decidió permanecer en el anonimato.

- Su hijo está loco... - comenzó a decir Renzo y Jade lo vio con frialdad.

- Mis hijos, no atacan sin una razón, solo lo diré una vez, si valoras tu vida, mantén la distancia de ellos, o apuesta lo que quieras que terminaras sufriendo.

Huang dejo salir un suspiro, en su mente solo estaba lo que él había hecho, que no era mínimo, pues había amenazado con una navaja a Renzo, pero solo fue eso, además de que solo era un crio defendiendo a su hermana, no se merecía tal venganza de parte de los Bach ¿o sí?

- Hey, ¿estas bien? - Raiden lo veía con preocupación y Huang sintió pena de él mismo, hubiera sido diez veces mejor saber su orientación sexual con su amigo que caer en la burla de Renzo.

- Sí, ¿Por qué lo preguntas? - con la tranquilidad que lo caracterizaba Huang se puso de pie, dejando un poco embobado a Raiden, no era solo la belleza que el oriental desprendía, también era su forma de vestir, Huang estaba orgulloso de su cultura, y sin importar que muchos giraran a verlo, siempre vestía las túnicas destinadas a los guerreros o emperadores.

- Estaba tocando tu puerta y como no abrías decidí ingresar, llevo casi cinco minutos viéndote. - eso hubiera provocado que las mejillas de Huang enrojecieran, en cualquier otro día, pero en ese momento el rostro de Huang estaba tan ceniciento que parecía un muerto, su corazón había casi dejado de latir por escuchar las burlas de Renzo, como se jacto de que lo hizo gemir como una... no lo pensaría, ya no queria pensar.

- Disculpa es que... hace tiempo que no voy a casa, ya sabes, sé que cuando ingrese a la villa Zhao lo primero que hare será buscar a mi abuelo y él ya no está. - no era mentira, al menos no del todo, él tuvo al mejor abuelo del mundo o al menos eso pensaba.

-¿Por qué no vienes a pasar navidad con mi familia, conmigo? - ¿le estaba coqueteando? Al menos eso parecía, le estaba mostrando esa sonrisa que Raiden solo usaba con sus conquistas.

- Gracias, pero no puedo, mi padre pidió por nosotros.

- ¿Y eso? ¿crees que ya escogió al próximo líder de tu clan? - Huang se pateó mentalmente, ¿Cuántos errores había cometido desde que estudiaba en Canadá? Varios, sin lugar a duda.

- No lo sé, y a decir verdad no me interesa, solo... trata de olvidar lo que te conté Raiden, es por tu bien, si mi hermano se entera que tu o cualquiera sabe quién soy, o mejor dicho a qué clan pertenezco, me deberé cambiar de universidad, sin contar que te matara solo para estar seguro de que nuestro secreto está a salvo. - Huang no mentía, Shen era precavido y un poco sádico.

- No te preocupes, puedes confiar en mí, seré una tumba... o me convertiré en una. - Definitivamente era un idiota, debió perder su virginidad con Raiden, pero ya era tarde para lamentarse, seguiría con su vida, como si nada hubiera pasado, o al menos eso pensaba. - Por cierto, creo que ya vinieron por ti.

Un automóvil negro esperaba por el oriental, y sin perder tiempo en un abrir y cerrar de ojos, estaba en el avión privado de su familia.

- Trueno. - dijo su hermana apenas lo vio ingresar en el ave de metal y acto seguido lo abrazo con fuerza. - Mi brillante trueno, el más hermoso de todos. - continúo alabándolo y Huang vio a Shen que estaba en uno de los asientos.

- Mi pequeña hermana está demasiado melosa, con este insignificante hermano, ¿Qué te traes entre manos? - indago luego de darle un beso en la cabellera tan negra como la noche.

- Lo mismo me pregunto, a mí me dijo que era el más fuerte y audaz. - acoto Shen segundos antes de ponerse de pie y saludar a su hermano.

- Esta pequeña es tan astuta como un zorro de siete colas, debe querer algo de nosotros. - murmuro de forma conspirativa Huang.

- Claro que sí, si es una serpiente venenosa con cara de ... - la más joven de los tres golpeo sus cabezas y estos comenzaron a reír.

- Queria hacerlo por las buenas, pero ya que son así... quiero ir a Colombia, quiero ir a la selva, deseo visitar el imperio de tía Agustina y ustedes me ayudaran. - los hombres endurecieron la mirada, no les gustaba que su hermana cada día se empecinara más y más en visitar a Agustina Scott, mejor conocida como la emperatriz, querían a la colombiana, la conocían desde siempre, ya que era amiga y socia del clan, tenía buenos sicarios, pero no le gustaba para nada la forma en la que Juan José, el hijo de Agustina y Esperanza veía a su pequeña y joven hermana.

- No cuentes conmigo. - aseguro Shen y Mei sabía que no lo haría cambiar de opinión.

- Yo no... - comenzó a decir Huang.

- Por favor, Huang, ayúdame a disfrutar solo un poco de la vida, pronto ingresare en la universidad y ya no podre viajar, no sabes lo que padecí estos años entrenando con Melody. - Huang sintió que un escalofrío lo recorría, conocía a Melody al igual que a Agustina, salvo que Melody era una asesina, era como una abuela para los tres y fue la encargada de enseñarles todo a estos jóvenes, la mafia los obligaba a estar preparados, el manejo de las armas y el conocer cualquier tipo de defensa los ayudaría en el futuro, aún más que el estudiar en universidades de prestigio, pero era algo agotador.

- No puedo por más que quiera. - reconoció ahora aún más afligido que cuando subió al avión.

- ¿Por qué? - indago Mei viéndolo de forma fría, no comprendía que les pasaba a sus hermanos, siempre era fácil manipularlos, en especial a Huang.

- ¿Por qué? ¿Aun no te das cuenta? - rebatió casi a grito el rubio, mientras llevaba un mechón de su larga cabellera hacia atrás.

- ¿De qué? - dijo casi con desespero la pelinegra.

- Nosotros no festejamos navidad, son nuestros padres quienes viajan en esta fecha para visitarnos, pero esta vez nos llamaron, eso solo quiere decir una cosa.

- Papá ya sabe quién será el próximo tigre blanco. - Shen no lo estaba preguntando, lo estaba asegurando.

- Con mayor razón, yo no tengo nada que hacer en la villa Zhao, todos saben que ninguna mujer ha podido asumir como cabeza de un clan en el oriente, está prohibido.

- Hermanita, ¿aun no te lo han contado? - Shen acomodo sus lentes y mostro su media sonrisa, que para muchos daba miedo, pero no para su familia.

- ¿Qué cosa?

- Lo prohibido es lo que le da sabor a la vida.

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