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Portada de la novela Apuesta por una noche

Apuesta por una noche

Julianne Ferrari, heredera y abogada recién graduada, acepta un desafío nocturno: una noche de pasión con un desconocido. Tras el encuentro, el azar la lleva a sufrir un accidente con el mismo hombre, el piloto Jórdan L'Blank. Aunque él intenta encontrarla sin éxito, el destino fuerza un reencuentro que los sumerge en una travesía llena de sorpresas y una conexión ineludible. Juntos enfrentarán una aventura inesperada donde el deseo marcará su camino.
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Capítulo 3

El jets fue arrasando todo a su paso y partes de él, como las alas quedaban destrozadas hasta que el aterrizaje forzoso terminó y fue total, el jets estaba en llamas Jórdan logró sacar a Julianne antes de que el jets terminara de explotar completamente.

Ayudó a salir al primer oficial, que estaba muy herido, y pudieron llegar lo más alejado hasta que se escuchó el estruendo de la explosión, el jets G700 con motores de Rolls-Royce de última generación reducido a escombros, y cenizas.

—  Glen respóndeme.  — Jórdan llamó dando golpes en su rostro, la imagen frente a él no era muy alentadora, Glen, tenía las piernas rotas

— Capitán, no siento mis piernas, creo que no saldré de esta.  — Jórdan sintió pesar en su interior.

— Saldremos de aquí, tranquilo.

— ¿Y tu? Miraste si tienes algún hueso roto?

— Solo mi brazo tiene unos golpes, esperaremos cerca hasta que vengan a buscarnos, no podemos alejarnos de este lugar.

— Si, aquí nos quedaremos. — Dijo Jórdan tratando de alentar a Glen.

La noche les llegó, estaban en medio de la vegetación, amparado bajo un frondoso árbol, Glen dormía, al menos eso parecía, mientras Julianne y Jórdan trataban de buscar como pasar la noche.

Era una fría madrugada, Glen temblaba de la frío calentura que tenía por la infección que se produjo.

— Resiste Glen, resiste mi amigo. — Jórdan trataba de darle ánimos.

— Capitán, gracias por sus enseñanzas. — Habló con voz temblorosa.

— Resiste mi amigo resiste.

— No mi capitán, no resistiré, por favor, cuide a mi familia.

— Tu la cuidarás, amigo, tú la cuidarás. — Hablaba Jórdan tratando de darle calor.

— Fue un honor, mi capi. — Pronunció en un susurro y Glen dio su último respiro, Jórdan trató de reanimarlo sin tener éxito.

— ¡No! ¡No! Glen, resiste amigo.

— ¡Capitán! Ya no más, se ha ido, se ha ido. — Pronunció Julianne.

Las horas  pasaron y seguían en el mismo lugar, hicieron una foza y enterraron a Glen.

— Cuando salga de aquí, volveré por ti, amigo, te lo juro. — Prometió clavando una cruz en su tumba.

Dos días pasaron y aún seguían ahí, esperando con esperanzas, esas que morían al llegar la noche y nacía con el nuevo día.

— No entiendo por qué aún no llegan los rescatistas.— Dijo Julianne muy angustiada y muriendo de hambre y sed.

— Tenemos que movernos de aquí, buscar agua, por que no resistiremos tanto tiempo.

— ¡Estás loco! Yo de aquí no me voy, ¿y si vienen y no nos encuentran? Te aguantas, no vas a morir i un día más no tienes agua.

— Si deseas quedarte hazlo, yo voy a buscar agua y algo de comer.

Jórdan se adentró en el denso bosque y Julianne al ver que Jórdan se alenjaba fue tras el.

— Espérame imbécil, no pensarás dejarme aquí sola. Ya quiero ver cuándo mi padre te pida explicaciones de tu ineptitud.

— No soy empleado de tu padre.

Julianne seguía a Jórdan casi corriendo, pues su andar era de pasos largo, cada ves mas se adentraba al centro de los montañosos bosque.

Un día más tenían, comían frutas hasta que encontraron un arroyo, que pudieran satisfacer la sed. El cansancio les venció y durmieron tanto que no escucharon al helicóptero rescatista que llegó al lugar. 

— Despierta tenemos que volver al lugar del accidente, pueden llegar y no sea que crean que estamos muertos, al no vernos y se marchen sin nosotros.

— ¡Ya deben estar aquí! Y si no, tendremos que hacer una gran fogata pidiendo auxilio, ¡Vamos, vamos¡ de prisa.  — Habló Julianne tratando de correr.

— Parece que tienes cerebro.  — Le dijo con sarcasmo.

— ¿Que te pasa imbécil?  ¿Te crees muy inteligente? Pues mira tú sabiduría donde nos tiene.

— Ya cállate muchachita. — Expresó Jordan caminando nuevamente a pasos agigantados.

— Espérame idiota, ¿acaso no te das cuenta de que está oscureciendo?

— Pues camina si no quieres quedar sola en la oscuridad.

Julianne sentía su corazón salir por la boca, el simple hecho de pensar que dormiría ahí a la intemperie sentía morir de miedo.

— ¿Donde pasaremos la noche? 

— En la copa de un árbol.

— ¿¡Quéee!? ¿Te volviste loco? ¿Como dormiremos en ese árbol?

— De alguna manera, mañana volveremos temprano por si vienen a rescatarnos.

— ¿Como crees que dormiré en las ramas de un árbol? 

— Ese no es mi problema, solo tienes que subir a un árbol si duermes o no, no es mi problema, lo único que tengo que hacer es mantenerte al salvo.

— ¿Sabes que? Eres un viejo amargado creí que ...

Deseó morder su lengua al darse cuenta de lo  que diría.

— ¿Creíste que? Camina ahí está un árbol muy grande allí podremos quedarnos.

Jórdan empezó a escalar el árbol, tenía ramas gruesas y ayudó a Julianne a subir.

— Puedes quitar tus zapatos, aquí no los necesitas. Vamos sube pronto.

Julianne luchó para escalar, Jórdan logró subirla, se acomodaron en las ramas gruesas y la noche llego poco a poco.

La luna brillaba y las estrellas tiritaban en el cielo, Jórdan no podía dormir y mucho menos Julianne, el frío era fuerte que la hacía tiritar los dientes, y la cercanía de el la ponía nerviosa, recordar la noche que pasó en el club nocturno entre sus brazos hacía que su entrepierna palpitara.

" ¿Pero que carajos estás pensando Julianne Charlotte, acaso te volviste loca, deseando sexo en estas condiciones extremas?  Santo Cristo bendito sea Dios, no lo puedo creer.

Pero te encantaría repetir esa noche ¿Verdad? Estar entre sus brazos, y sentirlo todo tuyo... Hay no, ya cállate conciencia sin respeto al anciano. Ya estoy delirando,  papi, ven por mí "

Jórdan no estaba diferente a ella, sentir su cuerpo junto al suyo lo endurecía, y mucho.

"Dios no puedo pensar asi de este modo, es una niña, y es la hija de mi mejor amigo, y una tentación muy grande, ojalá mañana vengan por nosotros, y pronto.

— Tengo mucho frío, y la noche apenas empieza.

— Trata de dormir, mañana estaremos en casa.

— ¡Uy! Los insectos pican mucho.

Así les llegaba la noche más intensa y oscura, el ruido de los insectos era algo que jamás había escuchado ella, el frío calaba los huesos, tanto que no podía controlar el castañeo de sus dientes, y abrazada a si misma.

— No soporto el frío.— Exclamó Julianne, esa noche era más fría que las anteriores.

— Si, está muy fría la noche. — Respondió Jórdan, también abrazándose a si mismo.

— Podemos darnos calor, ¿Nos abrazamos? Por favor, no soporto este frío.

Julianne ya estaba metida en el regazo de Jórdan antes de que este pudiera  responder, el la rodeó en sus brazos y así poder mantener el calor entre ellos.

Cerró los ojos tratando de dormir, pero escuchar los latidos de ese corazón que era como una melodia en sus oídos, sintiendo el aroma de su perfume casi extinguiéndose, la hizo recordar aquella noche entre sus brazos.

Se aferró más a él y poco a poco Julianne pudo dormir algo,

Jórdan se abrazó a ella, y el olor de su perfume le hizo recordar a la mujer de la mariposa en su espalda.

En la penumbra de la noche pudo distinguir ese detalle que no olvidaría jamás, saber que fue el primero en su vida, hizo de esa noche muy especial, y jamás la olvidaría.

"Tengo que salir de aquí, y encontrarla, " Pensó, suspiró profundo y cerró los ojos tratando de dormir un poco.

El cantar de los pájaros al amanecer y ver los primeros rayos del sol, hizo de ese despertar algo que no olvidarán, jamás.

Julianne, habría los ojos y se quedó quieta viendo el amanecer entre los brazos de ese hombre que la llevó al cielo, aquella noche, suspiró profundo, apretó sus labios y siguió ahí fingiendo dormida. Mientras Jórdan sin pronunciar palabras, abrió los ojos y vio la junto el y sin saber el imaginar que era esa mujer que deseaba encontrar, el luminoso sol que iniciaba el nuevo día, acarició la larga cabellera rubia de esa mujer que le despertaba extrañas sensaciones sin saber por qué.

— Despierta mujer, tenemos que regresar al lugar del accidente.

— Ya tenemos una semana aquí y nadie aparece.

— Solo espero que el lugar donde estamos se encuentre en el mapa.

— ¿Que estás diciendo? Que aún existen lugares desconocidos. — Exclamó Julianne algo asustada.

— No quiero terminar mis días aquí, y más contigo.

— Pues no creas que me hace gracia saber que tengo que cuidar de ti.

— No necesito niñera, se cuidarme sola, así que ahora cada quien se protege solo del frío, !imbécil!

— Engreída insoportable.

— Cuando esté en casa le pediré a mi padre que te despida, no te soporto, no se como pude...

— No sabes cómo pudiste ¿Que? Responde niña malcriada

Julianne se separó de él empujándolo y ambos cayendo del árbol al suelo uno encima del otro.

Sus miradas se congelaron en sus  ojos, sus respiración se mezclaban y muy despacio, Julianne cerró los ojos creyendo que Jórdan uniría sus labios a los suyos.

— Ya levántate niña, tenemos que volver.

Jórdan se puso de pie y extendió su mano a ella, la cual ignoró, y se levantó sin ayuda.

— No te preocupes, se valerme por mi misma. — Vociferó con enojo.

Jórdan se adelantó y Julianne lo seguía muy furiosa, deseó tanto volver a probar esos labios, y perderse en esos apasionados besos.

Llegaron al lugar del accidente y como cada día pasaron ahí esperando sin resultados de nada.

Jórdan buscó entre lo poco que quedaba y pudo encontrar un pedazo de vidrio.

Ahí, sin decir nada, y a meció día, y una dos semanas después, Jórdan llevó una antorcha para no perder el fuego que había alimentado por todo ese tiempo.

— Tenemos que buscar dónde hacer un refugio seguro.

— No creo que no nos encuentren, Jórdan, que vamos hacer. — Preguntó una angustiada Julianne.

— Vamos tenemos que prepararnos para el tiempo que estaremos aquí.

Jórdan y Julianne se adentraron nuevamente para buscar un refugio seguro, ya no temporal, por el tiempo que tenían ahí, y cada día volviendo al lugar del accidente y  esperando a que vengan a rescatarlos se extinguía más.

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