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Portada de la novela Aprendiendo De Ti

Aprendiendo De Ti

A sus dieciséis años, la prometedora vida de Melody Clark cambia radicalmente tras un inesperado embarazo. El rechazo total del padre biológico hacia el bebé sumerge a la joven en un mar de dudas y temores profundos. Ante la soledad del abandono, Melody se ve forzada a madurar mientras lidia con una montaña rusa emocional. Sin embargo, el respaldo constante de sus mejores amigos será la clave para afrontar los desafíos de su nueva y compleja realidad.
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Capítulo 3

Cherry.

Camino por los pasillos medio llenos de la escuela en modo automático. Mis pensamientos van más dirigidos al estado recién descubierto de mi mejor amiga; y no puedo evitar querer golpearla, abrazarla y llorar a su lado.

Aunque siendo honesta, debí anticiparlo:

Mi primera sospecha fue cuando Melody comenzó con estos raros antojos de querer ingerir alimentos que ella consideraba apetitosos. Ejemplo: limones. Y no te hablo de limón combinado con otra cosa, no, literalmente podía verla en alguna que otra ocasión cortando un limón y comiéndolo ¡Cuando ella es la persona más quisquillosa que he conocido en cuanto a la comida se refiere! Y ni hablar cuando aquella vez en la cafetería preguntó si no tenían cualquier cosa con zanahoria rayada y otra verdura que justo ahora no recuerdo el nombre pero que es común en su país.

Obviamente, lo asocié con algún tipo de cambio hormonal por su período.

¡Error!

La segunda sospecha llegó cuando en las duchas: Nos estábamos cambiando de ropa y noté sus pechos más grandes de lo normal ¡Porque sí! El hecho que sea mujer y ella sea mi mejor amiga no significa que no le dé una mirada a su anatomía de vez en cuando.

Me declaro culpable pero jamás arrepentida.

Y la tercera fue cuando manifestó que se sentía mareada y estaba teniendo vómitos matutinos. No mentiré: me reí de su desgracia y le dije que eso se debía por consumir tantas pastillas de emergencia.

¿Cruel? Solo un poco.

No puedo culparla, no cuando los preservativos no son cien por ciento seguros y ella se confió cuando cierto idiota la convenció de salirse antes de llegar al orgasmo.

Sin embargo, no es una excusa rentable para mí.

¿No quieres usar preservativo porque no se siente igual? ¡Perfecto! Vamos a la farmacia y compramos de los preservativos extrafinos y asunto arreglado.

Lastimosamente, nosotros los adolescentes cuando descubrimos las maravillas que nos ofrece el sexo, queremos experimentar de todo un poco ¡Y vaya que la mayoría de las veces es sin pensar en las futuras consecuencias! La carne es débil, sí, pero también idiota. Y tampoco puedo exigirle madurez a una persona de dieciséis años que está tan verde como un mango fuera de temporada.

No obstante, lo que me preocupa son varios puntos: a) su renuncia a aceptar su embarazo, que la verdad yo lo asocio más con el miedo y b) su loca idea de querer abortar. Y sí, sé que una mujer es libre de decidir sobre qué hacer con su cuerpo y bla bla bla pero es una opción/decisión que no puedo apoyar ¿Respetar si decide continuar con ello? Tal vez lo haga. Pero no me pidas que te apoye a realizarte un aborto clandestino que es muy probable que salga mal. Quiero creer que Melody recapacitará con el pasar de los días, y si no quiere abortar después pero tampoco está dispuesta a quedarse con el bebé, lo entregará en adopción.

—Ese semblante y silencio pronostica la llegada de problemas — canturrea un voz detrás de mí.

Salto del susto, chillando.

Noah Anderson, nuestro otro integrante del grupo llamado «trío feliz» ríe a mis espaldas para luego aparecer en mi campo de visión.

Sip, definitivamente es el nerd más sexy que he conocido en esta escuela.

Y lastimosamente es una vagina más para mí, no de una forma literal. Sin embargo, no es correcto que sienta un capricho por él y arriesgarme a perder su amistad. Aunque nadie mencionó que no podía verlo de vez en cuando... Solo un poco.

Golpeo su hombro con fuerza premeditada pese a sus carcajadas.

— ¡Deberías ver tu rostro!— señala.

—Deberías ver el tuyo cuando mi puño se estampe contra el, idiota— amenazo.

— ¿No dañarías mi arma de seducción o sí, Cherry?

Alzo la ceja.

—Ponme a prueba.

Rápidamente su brazo rodea mis hombros para acercarme a su cuerpo y con la mano que tiene libre despeina mi cabello.

«Uff, qué bien huele»

— ¡Por eso te quiero, Harker!— me obliga a reanudar la marcha ¿A dónde iba? Ni idea — ¿Dónde está nuestra otra integrante? No la he visto pululando por los pasillos ni detrás del culo de su «peor es nada» es decir: Stephen Connors.

Uh.

Desvio la mirada.

—Seguro está por ahí — intento sonar normal — Ya sabes que Melody es un poco escurridiza.

—Y muy obstinada con sus clases — me recuerda — Porque ella está en clase de Álgebra, según el horario que nos envió al grupo de WhatsApp para que no la molestaramos. Mejor inventa otra excusa e intenta sonar más segura de tus palabras.

Bufo.

— ¡Ay, no lo sé, Noah! No soy su puta niñera.

Él ríe.

—No te enojes, fue solo una pregunta casual.

—Estás muy preguntón el día de hoy.

—Ansioso gracias a la curiosidad — corrige, dirigiéndonos a un salón vacío — Los chismes se dan mejor que las buenas calificaciones en esta escuela — me suelta y se apoya contra la puerta para bloquear una posible huida de mi parte ¡Bastardo astuto! — Habla ya — demanda— Sé que Melody y tú se traen un asunto entre manos.

— ¿Nosotras? —rio — Qué poca estima nos tienes, querido Noah.

—Sé lo que tengo por amigas y por esa razón ato cabos muy rápido, querida Cher.

Niego con la cabeza sin borrar la pequeña sonrisa en mis labios, avanzo hacia él e intento hacerlo a un lado entre risas.

— ¡Vamos, Noah! — le apremio, divertida — Quítate o llegaré tarde a mi siguiente clase.

—Tú siempre llegas tarde.

—Ciertamente — concedo, sin detener mis esfuerzos pero él es una gran roca en mi camino justo ahora — Pero este profesor me odia y es mejor no seguir con el título oficial de saco de boxeo de el profesor de Biología — finjo estremecerme — Eso no es lindo.

Intento una vez más, también lo insulto en un tono dulce pero él ni se inmuta. Me gana en altura y fuerza, así que no tiene problema en hacerme a un lado.

—Todavía tienes tiempo de sobra si eso es lo que te preocupa — ojea su reloj y luego se cruza de brazos ¡Dioses! ¿Por qué tiene que ser tan insistente? —Empieza a cantar, Cherry, el tiempo corre.

— ¿Qué canto? ¿Del 1 al 10? ¿O el abecedario, como en el jardín de niños?

Alza la ceja a modo de advertencia.

¡Carajo!

Melody jamás me perdonará que le cuente de su situación a alguien más. Incluso si ese alguien es nuestro mejor amigo.

De repente, a mi mente llega una idea: Tal vez Noah pueda ayudarme a convencer a Melody de buscar otras opciones que no impliquen abortar. Nuestro amigo es conservador, sí, pero también es nuestra voz de la consciencia... Pepito grillo, le decimos.

—Es mejor que tomes asiento.

Su ceño se frunce.

— ¿Tan malo es?

—Solo baja la voz e intenta no ponerte neurótico cuando lo sepas.

—No vas por buen camino con esas palabras.

Tomo su malo, jalo para dirigirlo hacia el escritorio y le doy un empujoncito para que se apoye en el.

Con eso será suficiente para que no se caiga de culo ante la bomba que voy a soltar en sus narices.

Tomo aire profundamente, siento que las manos me sudan y el nerviosismo de hace un par de horas se hace presente otra vez.

Noah no aparta sus ojos de mí ¡Y solo es cielo sabe que eso me pone peor!

«De acuerdo, Cher ¡Control! Tú puedes»

—Melody está embarazada — confieso, pasados unos minutos.

Parpadea.

Parpadea tan seguido que hasta yo pierdo la cuenta. Luego se queda en silencio y su rostro cambia de serio a enojado pero intenta disimularlo. Está asimilando la noticia, supongo. Muerdo mi pulgar con cierta incertidumbre a la espera de una explosión que acabará con la población más cercana: o sea yo. Pero que para los demás será digna de admirar.

Sin embargo, cuando los minutos siguen transcurriendo y no sucede nada, me desespero.

— ¿Y bien? — insisto — ¿Al menos me escuchaste? Nuestra mejor amiga está muy embarazada — hago énfasis en la última palabra — Tendrá un bebé, ya sabes; y ella no es la persona más cuerda en estos momentos.

— ¿Stephen lo sabe al menos?— me corta en un tono circunspecto.

Les juro que si fuera posible, mi quijada estaría en el suelo a causa de mi sorpresa.

— ¿Cómo sabes que él es el padre?

Se encoge de hombros.

— ¡Y quién si no! — bufa — Para nadie es un secreto que él y Melody mantienen un rollo muy extraño desde hace meses — rueda los ojos— Te dije que en esta escuela corren más rápido los chismes que las buenas calificaciones.

— ¿Y tú cómo lo sabes? Estás en tus cosas todo el tiempo — reflexiono — ¿Y por qué yo no me entero de nada?

—Fingir desinterés hacia mi entorno y saber cosas se me da muy bien.

—Pues es una injusticia que no compartas esa información.

Me observa.

No parpadea ni hace nada nada, como quién se queda ensimismado, pensativo.

Poco a poco su semblante se relaja y me bendice con una de sus sonrisas ladeadas, de esas que me hacen sonrojar... Como en este preciso momento.

¡Quiero golpearme!

—Eres la persona más extraña que he conocido — manifiesta.

Es mi turno para encogerme de hombros.

¿Es una clase halago del cual no estoy enterada? Ja, lo tomaré como uno.

—Pero, no nos desviemos del tema principal — prosigue— Melody, está embarazada, ok; Stephen aún no se entera de nada... ¿Y luego, qué?

Resoplo.

Aquí viene la verdadera bomba.

Me siento a su lado.

—El problema es que quiere abortar — escucho su exclamación ahogada — Sí, lo sé. Es una mierda. Te dije que ella no era la persona más cuerda en estos momentos.

— ¿Y crees que de verdad lo haga? — inquiere.

—No lo sé — suspiro, frotándome los párpados — Intenté hacerla cambiar de opinión pero creo que no lo logré, también le dije que si no quería hacerse cargo que tuviera en cuenta darlo en adopción — giro la cabeza hacia él — Creí que tu podrías ayudarme.

— ¿Ayudarte, con qué o qué?

—No quiero que Melody aborte.

—Bueno, claramente esa decisión no te concierne a ti. Tampoco puedes imponer tus creencias o ideales a una persona que tiene las suyas propias. Es como la religión, ya sabes: está bien tener una y estar orgulloso de ella, lo que no está bien es que quieras imponérsela a los demás a la fuerza — ríe— No sé si me explico con claridad.

—Tranquilo, mi pequeño cerebro sí captó el mensaje.

— ¡Muy bien! — celebra con cierto sarcasmo — Pero sí te ayudaré.

— ¿Ah, si?

— Sí — de un salto se baja del escritorio, balanceo mis piernas mientras lo observo caminar en círculos — Pero si Melody quiere seguir adelante con su decisión, como amigos, debemos estar ahí... Aunque tú no estés de acuerdo: fíngelo hasta que te lo creas — me guiña un ojo — Obviamente daré mi punto de vista y mi opinión, también le daré opciones; pero es su decisión al fin y al cabo.

—Bien — refunfuño — ¿Ya nos podemos ir?

Con una sonrisa, me extiende la mano, la tomo y ambos salimos del salón de clases.

Ahora hay más alumnos en los pasillos, varias chicas giran la cabeza y suspiran al ver a mi amigo. Si, no las culpo. Es un bombón.

—Creo que olvidamos un pequeño detalle — le susurro.

— ¿Cuál? — Cuando voy a responderle, a la distancia visualizo al susodicho —Y hablando del rey de Roma — hace referencia a Stephen — Ya sé a qué te refieres.

— ¿Y bien?

Seguimos caminando pero yo no soy capaz de apartar mis ojos de él. Está riendo junto a sus amigos, de varias chicas del equipo de porristas están haciéndoles compañía. En especial la odiosa de Astrid.

—Espera los tiros para luego llamar al policía — frunzo el ceño — Quiero creer que Stephen no será tan idiota como para perjudicar a Melody.

—Ese chico tiene escrito en la frente la palabra «idiota» e «inmaduro».

Palmea su hombro.

—Como todos nosotros. Es el único rasgo que tenemos en común.

Cuando pasamos cerca del grupo, varios nos silban y hacen las bromas usuales cada vez que nos ven juntos.

— ¡Qué linda pareja!

Risas.

Sus risas burlonas me molesta a niveles sorprendentes. Sé que no es nada del otro mundo pero cualquier comentario que venga de ese grupo, en estas instancias, me enerva.

Detengo mis pasos y giro.

— ¡Para ti, North!— le enseño mi dedo corazón.

Él lo toma en el aire y lo guarda en su bolsillo del pantalón, luego me lanza un beso.

—El cariño es el mismo, Cherry.

—Vamos— me apremia Noah — Estás un poco sensible, ¿Eh?

—Síndrome premenstrual.

Finge estremecerse.

— ¡Qué miedo!

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