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Antes de Conocerte

¿Es posible que el deseo escape del control de la consciencia? Esta obra de romance moderno narra la experiencia de alguien que, noche tras noche, se sumerge en encuentros eróticos recurrentes con un hombre desconocido. Lo que inicia como una simple fantasía onírica pronto se transforma en una obsesión que desdibuja los límites entre el sueño y la vigilia. Una historia donde la pasión nocturna marcará el rumbo inevitable de la realidad.
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Capítulo 3

El negocio de había concretado exitosamente y Silvina y Samantha no pudieron evitar alzar sus copas en lo alto y brindar por ello. El funcionar ambos restaurantes no solo le permitiría ganar millones, sino que podría combinar dos culturas y hacer que otras personas, en otros continentes disfruten de la comida argentina.

- Tenemos que aprender chino. – comento eufóricamente Silvana mientras volvía a llenar las copas de alcohol.

- No hace falta, se contrata un traductor y listo. – y volvieron al momento de festejo.

Samantha era una mujer muy astuta para los negocios, con tan solo 19 años, luego de hacerse de la herencia de su abuelo, había comprado un local en extremo abandono y lo había convertido en lo que hoy era. Amante de la cocina la motivo para abrir su primer restaurante que título “ Sabores Primavera” en honor a su abuelo. Sabores porque decía que la única palabra que caracterizaba y representaba a la gastronomía era Sabores, en tanto Primavera por qué se trataba de la estación del año que amaba su abuelo y en la que decidió partir hacia el paraíso. Era algo así como un homenaje. Fue tal el éxito que obtuvo que en menos de un año ya tenía franquicias en varios puntos de la Argentina. Al cabo de dos años ya “Sabores Primavera” funcionaba en varios países. Se podría decir que tuvo suerte o bien que era su momento de brillar y lo hizo.

- Te felicito amor. – no faltó las felicitaciones de su prometido al llegar al local a buscarla.

- Gracias mi amor. – contesto con amor y se lanzó a sus brazos para besarse desaforadamente.

- Perdón, hay gente aquí junto. – dijo con carraspera al ver que la pareja amiga se estaban devorando a escasos centímetros de ella.

- Lo siento Silvina, cómo estás. – y le da un beso en la mejilla.

- Bien, por suerte bien. – y los tres se sentaron en una mesa a disfrutar de un buen vino y una rica cena.

- Y bien ¿Cuándo se casan? – ambos se miraron y con entusiasmo gritaron la fecha.

- ¡6 de Marzo! – por poco y no hacen que su amiga caiga al suelo del susto.

- ¡Ay no lo puedo creer! ¡Cuando me dijiste que era en un mes no te creí! – de sus poros brotaba felicidad.

- Lo sé, pero eso no es todo. – Sam y Bruno se miran para generar expectativa e intriga en su amiga y cuando voltean y depositan toda la atención en ella lo que dicen deja sin aliento a Silvana.

- Queremos que seas la madrina del casamiento. – dicen al unísono y pueden ver y sentir la emoción de la chica que se abanicaba el rostro para no llorar y arruinar su maquillaje.

- Ay, me voy a morir, me voy a morir. – si había algo que caracterizaba a Silvina era lo exagerada que podía ser y lo estaba siendo en el preciso momento.

Las risas invadieron el lugar y entre copa y copa se les pasó la hora, por lo que decidieron irse cada quien a su casa, dado que al otro día Sam iría hacerse la prueba del vestido y debía ir descansada.

Ni bien Bruno y ella cruzaron la puerta de su departamento, sus bocas se encontraron para dar rienda suelta al deseo. Él no esperaba el momento de hacerla su esposa, en tanto ella deseaba tanto convertirse en la Sra. De Navarro que no podía contener la emoción en el cuerpo.

Sus besos pasaban de ser rápido, torpes y fogosos a ser los más dulces y lentos que pueden existir. Cada aves que sus cuerpos se juntaban era como si tuvieran el universo en sus manos. Se amaban tanto el uno al otro que estaban seguros que no podía haber nada ni nadie que destruya un amor tan fuerte y sólido como el que construyeron a lo largo de los años.

Con cuidado la recostó sobre la cama pudiendo sentir en su piel el frío contacto de la seda. En ningún momento el dejó de besarla, amaba tanto saborear la miel de sus labios que sabía que podía vivir toda su vida haciéndolo. Sus cuerpo estaban como dios los trajo al mundo, sin nada que los oculte, porque tan bien se conocían el uno al otro que hasta sus imperfecciones los tenía fascinados. Sus manos se enredaron en el pelo de ella y con firmeza pero sin hacerle daño comenzó a jalar de el. Adoraba ver la expresión en su rostro cada vez que realizaba esa acción. Sus dientes mordían su labio inferior y como siempre podía saborear su sangre, algo que la enloquecía pro completo. El sentir como pasaba del amor a la rudeza a la hora de hacerle el amor la volvía loca, le hacía perder la razón.

- Te amo tanto, no sé que haría sin vos. –

Ella era incapaz de articular frase. Perdida en el placer es que se dejó llevar por el deseo de su prometido de hacerla suya una vez más. Él sabía que debían aprovechar al máximo esos momentos en los que podían dar rienda suelta a la pasión, a las ganas que lo consumían en vida, porque cuando vinieran los niños iría a ser difícil tener momentos de placer para compartir.

Él soñaba con una gran familia, con una esposa como ella rodeado de mucho hijos. Si mayor deseo era poder armar una familia numerosa y que todos se amén y respeten.

- Yo también te amo y siempre vamos a estar juntos. – realmente ella creía que irían a envejecer juntos, la realidad era que él destino ya le atendía preparado otra cosa.

Mientras tanto en otro parte de la ciudad Dante y su hermana acababan de terminar de escuchar la lectura del testamento y él no podía creer lo que su abuela le había hecho.

La difunta no podría muchos activos, más bien solo tenía un restaurante en Palermo, uno de los barrios más pudientes del conurbano bonaerense, un departamento en la costa Marplatense, otro en Barracas y una pequeña fortuna de tres millones de pesos.

La Nana había dividido sus activos de la siguiente manera. A Flavia, la hermana mayor le dejaba el inmueble de Barracas, en tanto a Dante la casa donde se crio con su abuela. Respecto al inmueble de la costa, el mismo se los dejó en partes iguales en tanto la plata lo mismo, la única diferencia era que Dante no podía hacerse del dinero sin antes cumplir una cláusula importante en la cual se incluía el restaurante. En cuanto a la hermana, ella podía disfrutar del millón y medio como mejor le pareciera.

- ¿Por qué tengo que hacerme cargo de ese inmundo restaurante si no sé nada respecto del funcionamiento. –

El inmueble gastronómico no estaba en funcionamiento y el deseo que manifestaba la abuela en su testamento tenía que ver con volver abrir sus puertas y hacerlo próspero como cuando sus abuelos se habían conocido. Por otra parte, entendía que Dante ya tenía edad para pensarse y armarse un futuro, de aprender a ser responsable y el sacrificio que es el poder ganarse el dinero. Por eso, había dejado como cláusula que si él en el lapso de un año era capaz de sacar adelante el restaurante podría disponer de la parte de su herencia. Pero no todo iba a ser tan fácil, de hecho el sería un empleado más allí, dado que su abogado sería el encargado, junto al contador de la familia, de realizar no solo los pagos a los empleados sino todo aquello que tenga que ver con el mantenimiento del lugar. Esto quería decir que no importaba que sea el nieto de la dueña, allí no habría status, todos eran iguales y como tan tendría su sueldo mensual.

- ¡No, me rehusó a trabajar como cualquier inmundo de clase baja! – a Flavia no le gustaba que menospreciar a las personas que no tenían el poder adquisitivo como ellos y siempre que se le iba la boca como ahora, bastaba un cachetazo para bajarlo a tierra.

- ¡Que sea la última vez que te referís a las personas de ese modo, pro qué si vamos al caso ellos se ganan la vida trabajando en cambio vos no t ella ganas, te cae dale cielo! Ahora vas a saber lo que es el sacrificio.-

Dante le tenía mucho respeto a su hermana y sabía que estaba en lo cierto, pero no era su culpa siempre fue criado así, todo lo que quería lo tenía, si su abuelo lo hizo así ¿Por qué cambiarlo ahora?

- Discúlpenme, pero necesito sus firmas y entregarles las llaves de los inmuebles.-

- ¿Cuánto va a ser mi sueldo? – lo único que le importaba a Dante era seguir manteniendo su nivel de vida

- Jornada laboral de 8 hs, su puesto de trabajo va a ser el de Mesero líder y se le pagará lo que estipulo por el ministerio de trabajo.. – solo escuchar e imaginar que sería un mesero le hizo sentir mucha rabia.

- Maldigo el momento en el que me arruinarte la existencia Nana. – grito mirando al cielo, rendido porque no le quedaba más que cumplir con la cláusula.- ¿Y dónde queda? –

- En Palermo. – encima debía levantarse temprano, cosa que a él no le agradaba ello.

A Dante no le gustaba para nada la idea de trabajar y menos por un sueldo mediocre, pero no le quedaba otra más que aceptarlo si quería quedarse con todo aquello que su abuela le había dado, porque lo que él no sabía era que si rechazaba el pedido, es decir, no cumplía con la cláusula no solo no se haría de su parte de la herencia sino que tampoco podría disponer de lo que su abuela le había dejado, incluyendo la casa y el auto que tanto amaba.

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