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Portada de la novela Anomalia de amor

Anomalia de amor

Isaac ha construido una vida apacible y solitaria, refugiado en la música y el arte tras el alejamiento de su familia. Esta calma se rompe cuando Aurora Parker entra en escena como una fuerza incontrolable que altera todo a su paso. Ante el desorden emocional que ella provoca, el joven deberá navegar por un territorio inexplorado y complejo: el impacto del primer amor, una anomalía que amenaza con transformar su mundo para siempre.
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Capítulo 3

Aurora

Las cuatro nos levantamos con lentitud del suelo. No pretendíamos quedarnos quietas ante el sonido de pasos, risas y golpes en el pasillo de al lado, sobre todo porque esas risas no sonaban para nada bonitas.

—¡Chicas! —exclamó en un susurro Sabrina llamando nuestras atención —No deberíamos meternos en esto.

La rubia parecía asustada, puesto que se habían empezado a escuchar quejidos de dolor seguido del aumento de las carcajadas, Sofía, Naomi y yo nos miramos, entendiendo las tres algo de lo que estaba pasando y por supuesto que no nos iríamos sin hacer nada.

La morena fue la primera en asomarse por el pasillo, seguida de Naomi y por último Sabrina y yo. Mis ojos casi se salen de sus cuencas al ver a un lindo chico de ojos azules llorando el suelo, mientras Paris Hunter y sus amigos lo golpeaban.

Paris y Ethan Hunter, son dos gemelos  malvados  que se habían dedicado la mayor parte de su vida en el colegio a intimidar al resto de sus compañeros. Tenían un grupo cerrado, y eran casi como una familia liderada por los gemelos. Connor, Cameron  y Isaac eran los otros complementos del grupo, juraba que nunca los había visto imteracturar de forma decente con alguien que no fueran ellos mismo. Los dos primeros se asemejaban mucho a los mellizos con la maldad brotando de sus poros, ya que disfrutaban del sufrimiento de la gente y eran los primeros en aparecer cuando había problemas sin sentido. Sin embargo, Isaac era el más raro de todos, ya que siempre parecía sumido en su mundo y pasaba olímpicamente de las tonterías que hacían sus amigos queandose al margen de casi todas las situaciones. Aunque, como era de esperarse, siempre iba con ellos y el hecho de que hicieran daño a otra gente no había sido suficiente para alejarse de ellos.

—¡Basta! —les grité saliendo  de nuestro escondite con Naomi y Sofía pisándome los talones. Dejamos a Sabrina  en su sitio, ya que entendíamos que la chica no estaba hecha para este tipo de enfrentamientos. Paris y Ethan dejaron de patear al chico, que seguía retorciéndose de dolor en su sitio posando sus escalofriante y azulada miradas sobre nosotros. Isaac  dejó de observar con aspecto aburrido por la ventana para enfocar sus ojos en mi con la ceja levantada. Incluso en este momento estaba siendo un maldito raro: mientras sus amigos golpeaban al chico, él observaba recostado en la pared  viendo el paisaje a través de la ventana.

¿Acaso no sabían las consecuencias del bullying? ¿Les daba igual el daño psicológico y físico que le estaban haciendo a ese chico? ¿les daba igual las consecuencias de todas su terribles acciones?

Sabía que una historia turbia sobre cada uno de los integrantes del grupo rondaba por el colegio, pero nunca me había creído nada. La gente pretendía excusar el comportamiento de esos chicos alegando que habían pasado por cosas inimaginables, y conmigo eso no funcionaba.

Paris me miró con enojo. Todo lo contrario que su hermano, que tenía una sonrisa pícara plantada en su rostro. La pelinegra  se pasó la mano por el pelo, dejando a la vista un brazo lleno de tatuajes bajo su chaqueta de cuero. El chico en el suelo levantó la cabeza, mirándome con súplica en los ojos azules como el mar.

El ambiente se tornó demasiado tenso. Las chicas y yo los mirábamos con pánico, más por lo que le estaban haciendo al chico  que por miedo propio a ellos. Paris aún tenía al chico agarrado por el cuello de su camiseta, y pude ver algo de sangre chorreándole de los nudillos, era una animal sin escrúpulos. Decirle perra era un insulto porque hasta los perros son más compasivos que ella.

Le había metido una buena paliza.

Recé porque el ambiente se mantuviera de la misma manera y ellos dejaran libre su víctima y nos dejaran marchar en paz, mas no fue así. Paris se acercó a mí con paso decidido, haciendo sonar sus botas militares contra el suelo pulido del pasillo. La mueca maliciosa que llevaba en el rostro  gritaba que la siguiente en tener la cara destrozada sería yo.

—Y tú ¿quién te crees que eres? —me espetó con ironía al llegar frente a mí. Me sacaba unos cuantos centímetros, no muchos, pero su aspecto de delincuente sumado a sus imtimiantes ojos azules  casi me hacen encogerme sobre mí misma,

Pero mantuve la compostura, entrecerré mis ojos y le hablé con el tono más duro que pude fingir, sacando valentía de algún sitio remoto de mi organismo.

—Me creo una persona a la que no le gusta ver como un grupo de desequilibrados mentales molestan a alguien por placer. Eso me creo. —Ni siquiera entendí de donde me salió el tono iracundo y seguro que utilicé en ese momento. Me estaba haciendo pipí en mis pantalones del miedo pero ahí estaba yo sin poder cerrar mi enorme bocota.

Sus amigos psicópatas nos observaban con gracia. Hasta una extraña mueca que entendí como sonrisa se asomó vagamente en la expresión de Isaac. Mis amigas y el chico de los ojos azules me miraban con pánico. Una carcajada se escapó de la garganta de Ethan, seguida de muchas más de Connor y Cameron, como si mi inminente muerte proporcionada por la pelinegra fuera el mejor chiste del mundo.

—Oh, pero si tenemos una heroína. —Se tocó el mentón, fingiendo curiosidad. —¿Eso me convierte en una villana? Porqué te aviso que me encanta serlo.

Antes de poderle contestar algo, la falta de aire provocada por un puñetazo limpio y seco en mis costillas me cerró la boca. Más risas se escucharon detrás de Paris, que se entremezclaron con los sollozos de Sabrina  y los insultos de Sofía y Naomi. Caí al suelo, con una patada en mi espinilla que me hizo casi desfallecer en ese instante. Paris me agarró del pelo, haciendo levantar mi cara del suelo del pasillo. La observé con toda la ira que no sabia que contenía, había colmado mi paciencia.

—Esto es un recordatorio de que no debes creerte la heroína de la escuela. ¿Te ha quedado claro?—. Su mirada avisaba de que solo había una respuesta posible. Sin embargo, la Aurora más rebelde se me escapó de las manos y le escupí algo  en la cara, haciéndola cerrar los ojos cuando el líquido tocó su piel, vi venir su mano desde arriba, dispuesta a volver a pegarme, pero  Sofía  se interpuso. De una patada en el estómago mi amiga la hizo salir casi volando de mi lado. Se acercó a paso amenazante hasta Paris, que ahora se incorporaba con una mano en su abdomen. Sin darle posibilidad de espera, Sofia la agarró del pelo y la arrastró, barriendo el suelo con ella.

Sabrina  se acercó a mí, aún afectada por la escena y llorando a mares. Me ayudó a levantar mientras que Naomi se acercaba al chico de ojos azules y lo traía con dificultad hacia nosotras.

Observé como Sofia y Paris se asestaban golpes mutuos con mucha fuerza, haciendo sonar la piel de la otra cada vez que se daban un puñetazo. Yo me acerqué cojeando y agarré como pude a mi amiga por los hombros, al tiempo que Ethan tomo a su hermana y Cameron se situaba en medio de las dos para evitar que siguieran golpeándose.

Mientras trataba de controlar a Sofia, pensé en que Paris hizo muy mal en subestimarnos. Sabrina  y yo no tendremos ni puta idea de cómo defendernos, pero Naomi y la morena eran unas fieras que no se quedaban quietas ante la amenaza. Sofia la había hecho pagar por las humillaciones que muchos de los estudiantes tenían que vivir a diario por culpa de su grupito de trastornados mentales.

La morena  logró soltarse de mi agarre y corrió de nuevo hasta la Pelinegra, golpeándola en la cara. Sabrina  le gritaba que se detuviese mientras Naomi y el chico del cual aún desconozco el nombre me agarraban a mí para que no me volviera a meter en el lío de brazos y patadas voladoras. Esta vez, no solo Paris se llevó golpes de parte de la morena, sino que le proporcionó a Cameron un golpe en la nariz que lo hizo sangrar casi de manera instantánea, por lo que Connor la tomo del caballo tirándole hacia un lado, Ante el agarre de Connor hacia Sofía dejándola indefensa  no pude contenerme y  solo pude dirigirme entre gritos e insultos al chico para empujarlo lejos de mi amiga, que parecía haberse calmado.

Dios mío, ¿Cómo mierda saldremos de este problemas?

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