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Portada de la novela Amores Peligrosos

Amores Peligrosos

La extraña costumbre de poner nombres poco comunes a las niñas ha destruido mi vida. Mi madre creyó que llamarme Lluvia era una idea magnífica, pero con apenas diez años, esa decisión se ha convertido en mi peor pesadilla. Sufro el acoso constante de mis compañeros de colegio, quienes se burlan sin descanso de una identidad que consideran absurda. Vivo atrapada en un entorno hostil donde nadie entiende el porqué de un nombre tan singular y ajeno.
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Capítulo 2

—¿Vas a seguir con esos modos, niña?—, Dios te reprenda, eso no son maneras, y ahora vete que estoy ocupado. —Me responde de manera agresiva y no abre la puerta. 

¿Cómo puede hablar de Dios si me trata de esa asquerosa forma?

Constantemente hace referencia a como la religión forma parte de su vida, sin embargo... Luego tiene acciones como esta, en las que desprecia al familiar más cercano que tiene a su disposición y que evidentemente lo está necesitando. 

A fin de cuentas, sus opiniones sobre mí no es como si me importan demasiado, solían importarme las de mi madre, y ahora ella no puede hablar, ni moverse, ni hacer nada. Puedo darme el lujo de hablar como quiera, y pensar como quiera, estoy sola en todo esto. 

Decido ir a darme un baño, tengo el cabello un poco sucio, y al ser jodidamente rizado, conlleva una serie de cuidados en específico si quiero que luzca bien cuando sea mayor. 

 Lo logro lo suficientemente rápido, más de lo que había supuesto, escucho en la cocina la atorrante voz de la odiosa Hilary, podría pasarme todo el día hablando de todos los motivos por los que siento un desprecio insuperable hacia ella. 

Me apresuro en salir de mi cuarto para comunicarme con ella antes de que venga por sí sola y empiece a despotricar en contra de mis diseños en la pared, mis póster de Billie eilish, la cual ella detesta enormemente solo porque no puede entender lo que sus letras comunican, ya es una señora de casi treinta años. 

—Buenos días, Hilary estás muy guapa hoy, ¿te has hecho algo nuevo?—Le saludo con guasa. 

—Buenos días Lluvia, quisiera decir lo mismo de ti, pero mira ese pelo sin peinar, ¿acaso estabas en medio de la segunda guerra mundial?, solo así justificaría tu estado. —, y no hablemos de esas manos, están cochinas tus uñas, no es propio de una señorita. —Enfatiza con su falsa voz, me gustaría ahora mismo pegarle con mis zapatos, sin embargo, contengo mis emociones. 

¿Es suficiente con las desgracias que vivo duramente? Al parecer no. 

Ella cada vez que viene, es como si se propone amargar mi existencia aún más. Solo soy una niña, tengo diez años, ¿por qué demonios me odia tanto? 

Nos sentamos en la mesa del comedor porque me insisten en que debemos almorzar juntos, Arón no deja de bendecir los alimentos con una cara de concentración que me resulta perturbadora. Pero como los contrastes siempre van a existir y hacer gala de presencia, Hilary dice una y otra vez que se ve muy centrado, que reza maravilloso y que podría escucharlo todo el día. 

Después de escuchar quinientas veces porque debemos agradecer por los alimentos que tenemos en la mesa, por fin empezamos a almorzar, yo continuo en silencio, solo comiendo, un poco apurada en terminar para tener la excusa de irme a lavar los trastes a la cocina y no tener que estar con las dos personas más fastidiosas e intensas que conozco, Aron y su falsedad religiosa, y Hilary con su feminismo disfrazado. 

—Quizá por verte comer la tía quedo tiesa, comes como un cerdo, Lluvia. —, ¿has visto eso, Arón?—, hasta su nariz está atestada de comida, es un verdadero fiasco intentar hacer gente a tu hermana. —Interviene Hilary y una mirada cómplice se atraviesa entre ella y mi hermano. 

—Mm, y tú pareces una puerca intentando coquetear todo el tiempo con todos los hombres que vienen a traer las cartas. —, ¿acaso crees que yo no te he visto?—Le respondo con sorna y dejo salir una risa burlona. 

Arón la mira disgustado y sale disparado de la cocina sin dar ninguna explicación. Ella me mira enfadada, pensando en qué va a decirme. 

Empiezo a recoger los platos rápidamente para fugarme a la cocina, me dispongo a lavarlos mientras pienso en lo fácil que sería la vida sí los robots estuviesen ya de manera accesible entre nosotros, es odioso tener que hacer de todo de manera manual, y que sea algo tan cotidiano, es una verdadera odisea. 

Me encuentro con Jimena cuando me disponía a volver a mi habitación. 

—¿La has vuelto a liar con Hilary, Lluvia?—Me pregunta con gesto preocupado. 

—Así es, le he dicho que es una zorra, pero más bonito, ha sido solo "puerca" como ella suele llamarme cochina, he encontrado que quizás le parezca lindo esa especie de sinónimo pero empleado en ella. —, ¿no te ha parecido ingenioso?—Le contesto con espontaneidad y me quedo admirando una pintura abstracta que tenemos en el pasillo. 

—Hilary es la persona que está a tu cuidado. —, el señor Helio no ha aparecido y la salud de tu madre sabes que es delicada, intenta llevar las cosas con calma, el tiempo es una máquina que jamás descansa, en unos pocos años serás mayor y tendrás el mundo entero a tus pies, y con esta actitud de fastidiar a esa mujer no vas a conseguir nada. —Expresa Jimena con seriedad. 

Me encojo de hombros ya que no pienso explicarle que no voy a esperar ocho años más para poder decir lo que quiera, estoy viviendo a como puedo. 

El resto del día lo ocupo en ver programas de televisión que logran entretener y me acuesto a dormir apenas se hacen las nueve de la noche. El colegio es el único sitio donde me atrevo a ser yo misma, y aún así, algunas personas me aceptan y no me tachan de asquerosa por mi forma de expresarme o por decir la verdad más de la mitad del tiempo. 

... 

Me despierto con mucha energía y me apuro en ponerme el uniforme, detesto llegar tarde, sin embargo para Arón, es todo un reto hacerme enfadar con esa situación. 

Ambos esperamos el transporte juntos y nos dirigimos al colegio, el esta en el último año de secundaria y yo sigo en la primaria, aunque con normalidad me fugo para su área, me causa fascinación y curiosidad lo que ahí ocurre. 

Después de saludar a mi mejor amiga Pamela, nos ponemos a charlar sobre los últimos episodios de la serie que vemos en común, hasta que observo que Arón está besando en los labios a una chica... En el frente de la profesora guía de los chicos de primer año, y de todos los que vamos arriba en el bus. ¿Le parece que es una conducta socialmente aceptada? 

¿No es él mismo hombre que constantemente recrimina mis maneras y mi vocabulario porque él cree que es demasiado perfecto? 

—¿Ese es tu hermano, Lluvia?—Me pregunta Pamela con expresión avergonzada. 

Al voltear a verla, noto que está sonrojada. 

—Sí, es mi hermano el que dice que mi amor platónico por Zac Efron es pecado. —, pero espérate, ahora mismo le contaré sus verdades. —Le respondo encolerizada. 

—¿Qué locura vas a hacer?—, no vayas a armar un escándalo, van a burlarse de ti si lo haces. —Me ataja Pamela. 

—Estos son los recuerdos que quiero tener cuando sea una adulta, Pame. —Le respondo rápidamente y me encamino hacia mi conquistador hermano. 

Esto es la esencia que quiero que me caracterice durante toda mi vida. No veré injusticias, no permitiré que se me denigre por mi género. 

Voy a crecer, y nunca olvidaré estos momentos.

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