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Portada de la novela Amores Cruzados: Entre la fama y el fanatismo

Amores Cruzados: Entre la fama y el fanatismo

La vida privilegiada de Jazmín Valastro, sucesora del imperio Éclat, da un giro drástico tras conocer a dos celebridades coreanas. Este evento altera su realidad de lujos, arrastrándola a una vorágine de exposición pública y sentimientos complejos. Entre el asedio de la prensa y las exigencias de su linaje, la joven enfrentará dilemas que desafían su entereza. ¿Podrá Jazmín tomar las riendas de su futuro y hallar el amor en medio del caos?
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Capítulo 3

El desayuno con Val, Aiks y Mils fue justo lo que necesitaba. El bullicio alegre del restaurante contrastaba con la formalidad de su oficina. Entre risas, chismes y planes para el fin de semana, Jazmín logró relajarse un poco. Val, siempre la voz de la razón, la tranquilizó: «No te adelantes, Jaz. Esperemos a tener noticias de verdad». Aiks, con su energía inagotable, la bombardeó con anécdotas tan disparatadas que era imposible no reír. Y Mila, con su mirada dulce y su mano reconfortante sobre su brazo, le transmitió un apoyo silencioso pero poderoso. Sin embargo, en un rincón de su mente, la imagen de Jin con fiebre persistía.

El almuerzo con Leonardo fue una vuelta a la formalidad, un recordatorio de las responsabilidades que pesaban sobre sus hombros. La conversación, aunque profesional y productiva, se sintió tensa. La sombra de la fallida fusión, aunque no se mencionara directamente, flotaba en el aire. Y, como si fuera poco, Leonardo volvió a insistir en la idea de "pasar más tiempo juntos". Jazmín esbozó una sonrisa cortés, pero por dentro suspiró. «¿Cómo se supone que voy a equilibrar esto?», se preguntó, con la imagen de Mateo superponiéndose a la de Leonardo. «No sé cómo voy a pasar tiempo con Mateo si tengo que pasar tiempo con Leonardo», pensó con un creciente sentimiento de agobio. La idea de tener que gestionar dos relaciones, además de su trabajo, se antojaba titánica.

La noche cayó con la promesa de un breve escape: una cena con Mateo en el exclusivo Hotel Bel-Air. El ambiente elegante, con sus suaves luces y música ambiental, y la compañía de Mateo ofrecieron un respiro momentáneo. La conversación, aunque ligera y salpicada de caricias discretas, no lograba disipar por completo la inquietud de Jazmín. Sus ojos se perdían en la lejanía con frecuencia, y su mente divagaba constantemente hacia Corea. ¿Cómo estaría Jin? ¿Habría empeorado? ¿Estaría recibiendo el cuidado necesario? Cada minuto que pasaba sin noticias la impacientaba más. La cena, que se suponía sería un oasis de tranquilidad, se convirtió en una tortura silenciosa.

-Jazmín, ¿estás bien? -preguntó Mateo con una suave sonrisa, tomando su mano entre las suyas-. Te noto distraída.

Jazmín intentó forzar una sonrisa, pero no logró disimular del todo su preocupación. Justo cuando iba a responder, sintió una suave presión en su hombro. Amber se había acercado sigilosamente y, con un susurro apenas audible, le dijo al oído: -Señorita Valastro, me acaba de informar Hana que la fiebre del señorito Yeon ha bajado, pero sigue con síntomas de resfriado.

El corazón de Jazmín dio un vuelco. Alivio y preocupación se mezclaron en su interior.

-¿Saben a qué hora llegarán? -susurró Jazmín a Amber, sin apartar la mirada de Mateo, quien la observaba con el ceño fruncido.

-Estoy intentando confirmarlo, señorita. Le informo en cuanto tenga la hora exacta.

Jazmín asintió y se giró hacia Mateo, con una expresión de disculpa.

-Lo siento, Mateo -dijo Jazmín con una voz suave pero firme-. Ha surgido un pequeño imprevisto. Tengo que irme.

Mateo frunció aún más el ceño.

-¿Todo bien? -preguntó, con un tono de voz que denotaba cierta molestia.

-Sí, todo está bien -mintió Jazmín, levantándose de la mesa con una rapidez que delataba su prisa-. Solo tengo que atender un asunto urgente de trabajo. Amber te avisará para nuestro próximo encuentro. Y no te preocupes, la cena está pagada -añadió, dejando caer la frase como una moneda sobre la mesa, sin mirarlo a los ojos.

Mateo la observó con incredulidad, con una mezcla de fastidio e indignación reflejada en su rostro. - ¿En serio? ¿Así sin más? ¿Me dejas plantado en medio de la cena y me dices que la cuenta está pagada?

-Lo sé, lo siento mucho -repitió Jazmín, desentendiéndose visiblemente del asunto. Hizo un gesto con la mano en señal de despedida a Mateo, mientras Amber recogía su bolso de la mesa. -Te prometo que te compensaré.

Sin darle tiempo a responder, Jazmín se despidió con un rápido beso en la mejilla y se dirigió hacia la salida, seguida de cerca por Amber. Una vez fuera del restaurante, Jazmín se dirigió a Amber con una determinación renovada.

-Necesito que te asegures de que todo esté listo en casa para recibir a Jin, Jiar y los demás -dijo Jazmín mientras caminaban rápidamente hacia la salida del hotel-. Prepara habitaciones para todos, asegúrate de que haya suficiente comida y bebida, y coordina con el doctor Ramirez para que esté allí en cuanto lleguen. Quiero que se sientan lo más cómodos posible.

-Por supuesto, señorita Valastro -respondió Amber, sacando su teléfono para comenzar a coordinar los preparativos-. Me encargaré de todo.

Jazmín asintió, con la mirada fija en el camino. La preocupación por Jin y Jiar la impulsaba a actuar con rapidez y eficiencia. La cena romántica había quedado en un segundo plano. Ahora, su prioridad era asegurar el bienestar de sus artistas. En cuanto llegaron a su mansión, dos camionetas llenas de personal ya estaban trabajando arduamente para acondicionar la casa de huéspedes. Jazmín, aunque cansada, se mantuvo al pie del cañón, supervisando cada detalle junto a Amber. Quería que todo estuviera perfecto para la llegada de sus invitados. Se aseguró de que las habitaciones estuvieran impecables, con ropa de cama fresca, sus flores favoritas y pequeños detalles que les hicieran sentir bienvenidos. La cocina se abasteció con una gran variedad de alimentos y bebidas, teniendo en cuenta las posibles preferencias y necesidades de cada uno. Jazmín apenas durmió unas horas, consumida por la ansiedad y la necesidad de que todo saliera bien.

Antes del amanecer, cuando la ciudad aún dormía bajo un manto de oscuridad, Jazmín salió de su casa. Dos camionetas negras la esperaban en la entrada. Subió a la primera, con Ricardo al volante, mientras la segunda seguía de cerca. Se dirigieron al aeropuerto en completo silencio, la tensión palpable en el aire. Sabía que la llegada de Jin y Jiar marcaría un antes y un después. Al llegar a la terminal privada, el panorama era un claro indicio de la fama que precedía a los artistas. Una multitud de reporteros y fotógrafos se agolpaba tras las vallas de seguridad, con cámaras y micrófonos listos. Un grupo de fans, con pancartas y regalos, coreaba los nombres de las estrellas coreanas. Jazmín coordinó rápidamente con su equipo de seguridad, reforzando las medidas para evitar cualquier contacto.

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