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Portada de la novela Amores amargos

Amores amargos

Hazel queda cautivada por Ciro, el imponente jefe de su padre, desde su primer encuentro. Tras romper con su novio debido a los celos de este, ella se siente libre para iniciar un intenso vínculo con el calculador magnate. Juntos deberán navegar por un mundo de lujos y ambición, enfrentando obstáculos que desafiarán la solidez de su relación. Esta historia de amor moderno explora si su pasión puede resistir las presiones externas y los conflictos de poder.
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Capítulo 3

Capítulo 3. Las lágrimas de Hazel.

Hazel entró en casa. Su hermana estaba ya acostada y su padre terminando de recoger todo.

Se acercó a él y lo besó en la mejilla.

- Ya llegaste. ¿Cómo te fue con Boris? - preguntó Einar ajeno a todo lo sucedido.

- Bien. Fuimos a la Plaza Central. Estuvimos paseando por allí. - dijo Hazel, intentando no dar más explicaciones. Esperaba que Ciro no le contase lo sucedido el día de hoy. También esperaba que Boris no la llamase en esos momentos e hiciese saltar las alarmas a Einar, pues sabía que si llamaba y debido al carácter de Boris, Einar se daría cuenta de todo lo sucedido.

- Me alegro. En estas fechas, esa plaza tiene mucho ambiente. ¿Qué mejor que estar en un lugar con ambiente para dos jóvenes como vosotros? - preguntó Einar. Hazel sonrió.

- Muy cierto. - susurró Hazel.

- ¿Y tú entrevista? - preguntó su padre cambiando de tema.

- Algo mejor que otras. Aún así, prefiero no hacerme ilusiones. - respondió Hazel.

- Tú eres una chica que vales. Pronto encontrarás trabajo. Lo único que debes pensar es qué hacer con la media jornada en la pastelería.- comentó su padre.

- Gracias, papá. - dijo Hazel con una sonrisa y prosiguió. - Me encuentro algo cansada, hoy ha sido un día muy agotador. Voy a acostarme.

- Descansa, cariño. - Dijo su padre, viendo cómo salía de la cocina.

Hazel se duchó mientras pensaba en lo sucedido está tarde. Realmente, su relación con Boris llevaba un tiempo mal. Sus comportamientos y su intento de controlarla no le gustaban, pero aún sentía algo por él. Había esperado que su actitud cambiase a mejor, pero eso no pasaba. No sabía realmente qué hacer en esos momentos.

Por otra parte estaba Ciro. Él hoy la había ayudado, y eso lo agradecía enormemente. Si él no hubiera actuado, sabía que la situación hubiera ido a más y podría haber tenido una situación más complicada.

Aún así, se había mostrado frío y distante. Al contrario que su hermana. Ambos se comportaban de manera bastante diferente. Aún así se notaba que eran bastante cercanos. Ella sabía, por cosas que le había contado su padre, que se llevaban pocos años, como mucho dos o tres, al contrario que ella y su hermana que se llevaban siete años. Suponía que por eso eran más cercanos. También sería, por el instinto protector que Ciro tenía por su hermana, según le había comentado su padre.

Mientras seguía con esos pensamientos y sin darse cuenta, ya había acabado de ducharse y se estaba acostando. Apenas pudo dormir esa noche.

Por otra parte, Ciro y Fátima llegaron a casa de sus padres. Fátima tenía enormes ganas de hablar detenidamente con su hermano. Sabía que en el coche no podría, debido a que llegarían pronto a casa, pero ahora era su momento.

Viendo cómo su hermano se quitaba el abrigo, dejando ver un traje hecho a medida que se le ajustaba a su definido cuerpo. Ella se lo quitó también, comentando antes de que se fuera:

- Esa chica me causa curiosidad.

Su hermano se giró hacia ella con cara de extrañeza.

- ¿Qué quieres decir? - preguntó Ciro. Fátima le cogió del brazo y lo llevó al sofá. Sabía que sus padres estaban acostados y no escucharían la conversación.

- Me extraña que la hayas defendido. ¿Tanto la conoces? - inquirió Fátima.

-Extraño? Te recuerdo que soy abogado. - refirió Ciro con una media sonrisa.

Nunca defiendes a alguien sin buscar nada a cambio. - afirmó Fátima.

- ¿Crees que busco algo a cambio por haberla defendido? ¿No crees que pueda defender a alguien porque lo considere oportuno? - preguntó Ciro.

- No digo que no puedas defender a alguien porque así lo consideres, pero me parece extraño. No es tu forma de actuar. Máxime que me parece que está chica es tu tipo y te niegas a decirme cuanto la conoces. - dijo Fátima con una sonrisa. Ciro suspiró. Sabía por dónde quería ir su hermana. Quería saber hasta dónde le gustaba esa chica y hasta que punto la conocía. Aunque reconocía su belleza y le resultaba atractiva, no podía decir que iba más allá de eso.

- A veces hago lo correcto. - comentó Ciro como el que no quería la cosa. Fátima se sintió algo decepcionada. Aún así Ciro prosiguió. - La conocí hace relativamente poco tiempo. Fue a buscar a su padre. Fue el día que llegaste de nuevo a casa.

Fátima abrió enormemente sus ojos. No daba crédito. Jamás hubiera imaginado que ayudaría a una persona que apenas conocía por mucho que fuera la hija del jefe de seguridad de la familia.

- ¿Tanto te llamó la atención como para hacer eso? - preguntó Fátima con vehemencia.

- Tienes mucha imaginación, hermanita. - dijo Ciro con una sonrisa, mientras besaba en la mejilla a su hermana y se dirigía a su habitación, dejándola sola.

Su hermana se quedó mirando como su hermano se iba. Sabía que a su hermano le había gustado esa chica, aunque conociéndolo, mientras ella tuviera pareja y por respeto a su padre, no actuaría. Por otra parte, se preguntaba si esa atracción le haría cambiar. Su hermano era un hombre muy atractivo; tanto que la mayoría de las mujeres suspiraban por él. Aún así, desde hacía muchos años, no se le conocía ninguna novia. Para Fátima, le gustaría que hubiera un cambio en su hermano. Ojalá la situación se volviera favorable.

Al día siguiente, poco tiempo después de que se fuera su padre a trabajar, el móvil de Hazel comenzó a sonar. Vió que el que le llamaba era Boris. Suspiró. No quería cogerle el teléfono, pero sabía que era mejor no dejarlo demorar. Eso podría hacer que la situación fuera peor. Se aseguró de que su hermana no la escucharía y descolgó el teléfono.

- ¿Quién te piensas que eres para hacer que Ciro Edevane te defienda? - vociferó al otro lado del teléfono.

- Yo no le pedí que me defendiera, Boris… - explicó Hazel.

- ¿Y crees que me lo voy a creer? Es uno de los jóvenes más importantes de la ciudad, si familia es de las más fuertes del país. ¿Crees que no se que buscarías algo de él?, ¿Qué es lo que recibes de él?, ¿Protección?, ¿Dinero? ¿Ambas cosas?, ¿Y qué es lo que le has dado tú a cambio?, ¿Tú cuerpo?, ¿Es por eso que nunca has tenido intimidad conmigo? - gritó Boris desde el otro lado del teléfono.

- Estás sacando las cosas de contexto. Apenas lo conozco… - dijo Hazel intentándolo calmar mientras las lágrimas comenzaban a bajar por su rostro.

- ¡No me tomes por estúpido! ¡Todos saben cómo es Ciro Edevane! ¡No ayuda a cualquiera! ¡Y si lo hace es por algo! ¡Y tú no muestras interés por tener intimidad conmigo! ¡Eso significa que lo tienes por él! ¿¡Desde cuándo, maldita!?- gritó Boris, mientras el nerviosismo de Hazel iba a más. Temblaba, sus lágrimas salían a borbotones. No entendía, como después de dos años, se comportaba de esta manera, como si no se fiase de ella. Sabía que jamás le sería tan desleal, pero él, con el tiempo la fue tratando pero, hasta llegar a lo de ayer y hoy.

- Boris… - intento comentar Hazel.

- Ni se te ocurra decir mi nombre, zorra. - bufó Boris. Fue la gota que colmó el vaso.

- ¡Ya basta! ¡Ni se te ocurra decir nada más! - gritó Hazel.

- ¿Como dijiste? - preguntó Boris bastante incrédulo. Hazel debió coger aire nuevamente. No sabía de dónde había cogido la valentía de estos momentos. Intento mantenerse fuerte, aunque era difícil.

- Creo que he sido una novia bastante decente. Nunca te he fallado y te he tratado con respeto, pero tú has ido cambiando con el tiempo hasta llegar a esto. Aunque nunca me has puesto una mano encima, si que me has tratado mal y me has maltratado psicológicamente. Lo de ayer y lo que acabas de hacer, demuestra que queda poco para el siguiente escalón. Y ahí será más difícil para mí, poder salir de esta situación. - dijo Hazel.

- ¿¡Qué quieres decir!? - bufó Boris, aún sabiendo a lo que se refería.

- No quiero volver a verte. - dijo Hazel, tras lo cuál colgó el teléfono y comenzó a llorar. Le estaba costando mucho hacer lo que estaba haciendo, pero sabía que si no lo hacía ahora, estaría en una situación tan complicada, que sería muy difícil salir de ahí.

El móvil comenzó a sonar nuevamente. Era Boris. No lo cogió. Se fue a arreglar, mientras dejaba el móvil sonando. No dejó de sonar en toda la mañana. Hazel sabía que no dejaría de llamarla hasta que lo cogiera e hiciera lo que él quería. Pero no podía hacer eso, ni tampoco a su familia. Si su padre se enteraba, sabía que se sentiría avergonzado.

Lo que no sabía Hazel era que Boris estaba en su coche, esperándole debajo de su casa. No había ido a trabajar hoy. Había cancelado todo. Todo para esperarla y obligarla a volver con él. Nadie le dejaba. Eso sí, de ahora en adelante la obligaría a satisfacerla, quisiera o no.

Al mediodía, Hazel salió de su casa para dirigirse a su trabajo. En ese momento, Boris salió de su Ghibli y se dirigió hacia ella.

- ¡Tú! ¿¡Quién te crees que eres? - vociferó Boris, mientras la cogía de un brazo y la zarandeaba.

- ¡Suéltame! - gritó Hazel. Boris intentó arrastrarla hasta su coche. - ¿¡Qué pretendes hacer!?

- ¡Te vas a venir conmigo! - gritó Boris, mientras le seguía tirando hacia el coche. Hazel se movió y logró zafarse. Su padre le había enseñado un par de llaves para este tipo de ocasiones. Cogió a Boris de sorpresa.

- ¡Se defenderme mejor de lo que piensas! ¡Mi padre estuvo en el ejército y ahora trabaja como jefe de seguridad! ¡Él mismo me enseñó! - gritó Hazel.

- ¡Sigo siendo más fuerte que tú! - gritó Boris e intentó cogerla de nuevo. Hazel volvió a hacer una llave, que no solo la protegió del agarre del hombre, sino que también la tiró al suelo.

- ¡Te has equivocado de mujer! Tal vez sea una mujer que suela dejarse manejar por su pareja, pero eso no significa que no pueda defenderme. ¡Déjame en paz! - gritó Hazel, tras lo cual se marchó de allí, ante las miradas curiosas y preocupadas de varias personas.

Boris se levantó y miró como ella se marchaba de allí a toda prisa. La miró con odio y se juró hacer algo en contra de ella, antes de irse de allí.

Hazel llegó al trabajo temblorosa. Su jefa se dió cuenta.

- ¿Te encuentras bien? - preguntó preocupada.

- Si, estoy bien. - sonrió Hazel.

- ¿Segura? - preguntó nuevamente su jefa.

- Si. Todo bien. - comentó Hazel intentando mostrar tranquilidad.

Tras lo cual, se puso a trabajar e intentó no pensar más en el incidente. No quería tener más problemas con Boris, pues si seguía así, la situación se pondría demasiado difícil.

Para relajar algo el ambiente, la jefa de Hazel comenzó a hablar del tema todos hablaban el juicio de Thetrecx.

- ¿Has oído lo del juicio de Thetrecx? - preguntó Anna.

- Si, mi hermana no deja de ver las noticias o buscar información en internet sobre el tema. Llevan casi dos semanas y no se habla de otra cosa en casa. - respondió Hazel, alegrándose que su jefa se abstuviera a preguntar nuevamente por su estado.

- Recuerdo que tú hermana quiere ser abogada y admira a Ciro Edevane. Además tú padre trabajaba para la familia, ¿No? - preguntó Anna.

- Sí, es jefe de seguridad de la familia Edevane, el mismo Ciro lo nombró. - comentó Hazel, mientras los recuerdos de Ciro le venían a la mente.

- Debe confiar mucho en él para haberle hecho jefe de seguridad. - comentó Anna.

- Él se toma muy en serio su trabajo. - dijo Hazel.

- Es algo que a ellos les gusta. Algunas veces han venido aquí a comprar pasteles y tartas, sobre todo para las fiestas que hacen allí. Es mucho trabajo, pero vale la pena. Si haces el trabajo bien, suelen darte una buena propina y vuelven a contratarte de nuevo. - dijo Anna con una sonrisa.

- Si, ellos suelen cumplir muy bien si uno cumple también. Mi padre está bastante contento con ellos. - comentó Hazel.

De esta forma siguieron hablando y atendiendo a clientes mientras pasaba la tarde. Eso le dió algo de paz mental a Hazel e hizo que no pensase demasiado en lo sucedido está mañana.

Casi al final del turno, entró un hombre a la pastelería. Llevaba un traje azul hecho a mano, que se le amoldaba al cuerpo y que lo hacía aún más atractivo. Era Ciro. Venía solo.

Se acercó a la barra y se quedó mirando a Hazel.

- Nos vemos de nuevo. - musitó Ciro, mientras la observaba. Se dió cuenta que llevaba un vestido verde algo ajustado, que hacía que sus curvas llamasen aún más la atención, encima tenía un delantal gris, mientras que su pelo estaba recogido en una coleta y su rostro levemente maquillado. Un calambre recorrió todo su cuerpo. Ella se dió cuenta de que la miraba y su rostro enrojeció.

- Buenas tardes, señor Edevane. ¿Qué es lo que necesita? - pregunto intentando ser lo más profesional posible.

- Hoy iré a ver a mis padres y hermana. Quisiera algunos pasteles. - comentó Ciro.

- Digame cuántos y cuáles y yo se los daré. - dijo Hazel. Ciro asintió y comenzó a decirle que pasteles quería. Anna los observaba, sabía que algo había entre ellos. Tras pagar, Ciro sonrió a Hazel y se marchó del local.

- A ese muchacho le gustas. - comentó Anna, en cuanto Ciro había marchado. Hazel se puso roja.

- No digas tonterías. Simplemente fue amable. Nada más. - dijo Hazel.

- ¿Amable? Ciro Edevane nunca es amable, salvo que seas su hermana. Y hoy no solo te ha tratado excepcionalmente bien, y no me malinterpretes, es uno de los hombres más educados del mundo, pero nunca lo vi tratar a alguien así y aún menos mirarla con tanto deseo. - dijo Anna. Hazel enrojeció totalmente. Al ver su reacción, Anna comenzó a reír.

Por otra parte, Ciro, en cuanto llegó a casa de sus padres, dejó los pasteles y se dirigió directamente al baño. Necesitaba un baño urgente. No sabía lo que le pasaba con esa chica. Aunque reconocía su belleza, solo la había visto en dos o tres ocasiones, sin embargo, su cuerpo había reaccionado. Ayer se había podido controlar con su hermana, pero hoy…..

¿Qué le estaba pasando? ¿Qué le sucedía? No era la primera vez que se topaba con una mujer tan atractiva. ¿Qué era lo que tenía ella que las demás no?

Debía quitársela de la cabeza, no solo era hija de un subordinado, sino también tenía pareja. Y aunque su novio era un maltratador en potencia, no estaba bien que se pusiera en medio de una relación. Si ella lo dejaba debía ser porque quería salir de ahí.

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