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Portada de la novela Amor verdadero

Amor verdadero

Con solo dieciocho años, Shery Loon ha decidido sacrificar sus propios deseos y bienestar para asegurar el futuro de su hermana menor. A pesar de su juventud, soporta una carga de responsabilidades que condicionan su camino. Aunque posee una personalidad dulce y una apariencia física deslumbrante, pronto descubre que su gran belleza es una maldición. En lugar de ser un don, su atractivo se vuelve el origen de constantes desgracias en su día a día.
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Capítulo 2

Su belleza le causaba muchos problemas, cabello color miel, rizado, le llegaba hasta la cintura, ella amaba el largo de su cabello era muy sensual o al menos eso era lo que le decía Eve que lo llevaba distinto a ella, por los hombros del mismo color. Lo único que habían heredado de su madre.

Pero ambas se diferenciaban por el color de sus ojos Eve los llevaba verdes oliva y los de Shery eran marrones. Eran guapas, ¡claro que sí! Pero por ser sencillas y de belleza natural llamaban mucho la atención.

—¿Qué te pasa? Cada vez que llegamos al colegio te pones así.

—Odio esta institución.

—Es el único al que podemos asistir, papá jamás nos pagaría uno privado.

—Ya lo sé, pero quisiera que estudiaras en uno mucho mejor.

—Estoy bien, no te preocupes por mí. No quiero que cargues con todo el peso tu sola como si fueras mi madre. Eres joven debes vivir la vida, y yo siento que te he quitado parte de eso hermana.

—Eres mi hermana pequeña, tú jamás serias un estorbo para mi ¿Ok? Yo hago esto por las dos. Te protegeré pase lo que pase.

A las chicas se les aguaron los ojos, estaban solas contra el mundo, no podían contar con su padre que gastaba a diario todo el dinero que conseguía, hacía muchos años que no llevaba comida a su casa.

—Tengo mucha hambre Sher…

—Toma esto… Saco unos billetes del bolsillo—Te alcanzara para que comas algo.

—Espera… ¿y tú?

—No te angusties estaré bien, ve a clases, si pasa algo no dudes en buscarme.

—No pasara nada, cuídate te quiero.

Se abrazaron como si no existiera un mañana, cada una tomo un pasillo distinto que las conducía a sus aulas de clases, eran muy cercanas y se amaban muchísimo, un amor de hermanas irrompible.

El día fue tan aburrido como todos los demás, sobre todo por tener que ver al profesor de matemáticas que era un anciano tan pasivo que no se daba cuenta de lo que ocurría en el aula. Unos idiotas llevaban un buen rato lanzándole bolas de papel lleno de saliva con un pitillo, la mayoría estaban dirigidos hacia ella, seguramente su cabello tendría muchos adornos ensalivados ¡qué asco! Pensó.

Miraba por la ventana mientras el lento de su profesor daba clases, la verdad no tenía interés en aprender nada. Estaba preocupada, era viernes y los fines de semana es que su padre organizaba las fiestas más alborotadas en la casa.

Y por otro lado ella trabajaba sábado y domingo, su hermana tenía que pasar el día en el parque o haciendo cualquier otra actividad mientras ella terminaba su jornada, era eso o quedarse en casa sola. Era frustrante tener que vivir así.

—Señorita Loon si va estar viendo por la ventana en toda la clase en vez de prestar atención a la actividad, entonces quizás deba salir afuera.

Genial, ninguno de los presentes prestaba atención y ese viejo solo se había fijado en ella.

—Lo siento, profesor.

Detrás de ella escucho algunas risas burlonas, a ella le daba igual solo le molestaba el hecho que el imbécil del profesor le llamara la atención solamente a ella.

Por fin había terminado la clase, el timbre sonó indicándole que la tortura había terminado en parte. Solo le faltaba encontrarse con Eve y rogaba por no toparse con ningún patán por el camino. Por los pasillos caminaba de prisa hasta el cafetín donde siempre se reunía con su hermana, pero estos estaban atestados de estudiantes. De pronto sintió un jalón por el brazo, introduciéndola en un pequeño cuarto donde guardaban las cosas del aseo del colegio, era un poco oscuro y olía a polvo.

—¡¿Qué mierda haces?!

—La otra vez lograste escabullirte pero no lo harás de nuevo perra.

—Derek, te he dicho que me dejes en paz, eres un imbécil. Como sigas molestándome te juro que te voy a denunciar.

—Ya sabes lo que le pasara a tu adorada hermana si lo haces, ¿porque te quejas tanto? igual eres una perra como tu madre.

—¡Yo no soy como ella!

El, la tenía sujeta muy fuerte de los brazos y ya comenzaba a lastimarla, Derek le ganaba en tamaño y era una persona muy agresiva no sabía cómo estudiaba en ese colegio aún. Menos mal que no estaba en el mismo curso.

—Claro que eres igual que ella, una sexy prostituta. Dijo con una mirada que le dio asco.

—Suéltame o voy a gritar y estarás en serios problemas.

—Podrás escaparte hoy, pero tarde o temprano voy a follar ese cuerpecito, que estoy muy seguro que muchos lo han probado ya.

Ella lo empujo con fuerza, comenzaba asustarse de las amenazas de Derek, el espacio que hubo entre ellos le dio la oportunidad de salir corriendo del pequeño cuarto metiéndose entre la multitud de jóvenes estudiantes. Al fin dio con la cafetería, se aclaró un poco el rostro, no quería preocupar a su hermana. La encontró sentada leyendo un libro esa era su pasión.

—Hola ¿estás lista para irnos?

—Has tardado un buen rato ¿Qué hacías? Dijo recogiendo sus cosas de la mesa para meterlas en su mochila.

—Estaba en el baño, había muchas chicas ya sabes, pintándose y todas esas babosadas.

—Si ya lo sé, odio entrar en estos baños son una pesadilla.

—¿Qué tal te fue hoy? Pregunto la mayor para cambiar de tema.

—¡Muy bien! ¿Y a ti?

—Bien, como siempre. Mintió.

—Siempre dices lo mismo, creo que no te gusta estudiar.

—Lo que no me gusta es este colegio ¿nunca te molestan?

—La verdad es que no, ¿Por qué? ¿A ti si?

Eve no quería decirle a su hermana que si la molestaban, pero eso solo aumentaría sus preocupaciones y no era justo para ella se sacrificaba tanto por las dos. Además ignoraba a todos esos idiotas, aunque prácticamente eran mujeres las que le hacían la vida imposible, diciéndoles cosas sobre Shery y sus padres. No le molestaba que hablaran mal de sus progenitores pero no de su hermana ella era una increíble chica.

—¡No, claro que no! Y me alegra saber que no te molestan.

—Caminemos más rápido, parece que lloverá. No será nada bueno que llegue tarde al trabajo y de paso mojada.

Del otro lado del pueblo…

—En serio amigo que afición tienes de venir siempre a este pueblo, si mi padre se llega a enterar me matara te lo juro.

—Puedes calmarte JB, nadie tiene porque enterarse, además tu padre esta con el mío de viaje…

—Ethan, eres demasiado raro sino fuera porque eres mi mejor amigo no accedería a tus locuras.

Los chicos caminaban por las calles relajadamente sin temor a nada, por allí no se encontrarían a nadie que los pudiera reconocer o con los que tuvieran algún problema y se vieran obligados a mostrar su naturaleza.

De hecho Ethan y JB eran unos jóvenes importantes, ya que eran hijos de líderes uno era el hijo del Alfa y el otro era hijo del Beta, y por si no fuera poco eran los más populares del instituto donde estudiaban.

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