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Portada de la novela Amor, sin anestesia

Amor, sin anestesia

La periodista Karem ve cómo su realidad se transforma tras entablar contacto digital con el misterioso Diego. Lo que comenzó como una interacción casual en redes sociales pronto se convierte en un vínculo profundo que desafía sus miedos y deseos más íntimos. Esta historia de amor contemporáneo indaga en la complejidad de la cercanía virtual y los enigmas que ambos ocultan, obligándolos a enfrentar una verdad que cambiará sus vidas para siempre.
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Capítulo 3

«No tengas miedo de la perfección, nunca la alcanzarás.»

                   Salvador Dalí

Karem no ha querido levantarse de la cama. Oye que tocan a la puerta. Mira el reloj. Ya casi las 10am. Se levanta, se asoma en el ojo mágico, no ve a nadie. Cuando sé regresa suena nuevamente la puerta y decide abrir. La sonrisa de Elena, es suficiente para enternecer su alma y sonreír.

–Has madrugado hoy, ven pasa– dice, mientras se aproxima a la niña y la levanta.

–¿Tú mamá, ya está en casa?

La niña asiente con la cabeza.

–Veo que trajiste tu cuento.

–Sí, quiero que me lo leas. Mi mamá llegó a dormir y sólo despierta cuando ya tiene que volver a salir.

–Está bien reinita. Mamá llega cansada. Eso debes entenderlo. Trabaja muy duro.

La niña sonríe sin entender mucho, a lo que se refiere Karem.

–¿Desayunaste?

–No.

–Bueno vamos a comer cereal y luego pastel de chocolate. ¿Te gusta?

La niña asiente com su cabeza.

Desayunar juntas. Ven un poco de television. Karem sirve el pastel y van a su cuarto, para leerle el primer capítulo de aquel cuento.

Las horas transcurren rápidamente. Ya es hora de almuerzo. Pide una pizza para poder desocuparse y sentarse a transcribir su artículo. En ese instante, siente una emoción inusitado al recordar lo agradable de su conversación con Diego.

–Vamos a almorzar juntas una mega pizza y luego irás a casa con mamá.

 Yo debo hacer un trabajo en el computador.

La niña se alegra y a la vez, entristece.

–¡Hey! ¿por qué esa carita?

–Mamá está durmiendo. Siempre estoy sola hasta que ella se va y llega mi tía Mary para cuidarme.  Ella sólo se sienta a ver la tele y me manda a dormir.

–Está bien Elena, puedes quedarte viendo la tele mientras yo trabajo. Pero no hagas ruido, sí, debo concentrarme.

Karem coloca unas palomitas de maíz en el microondas. Le sirve en una taza grande a Elena para que se distraiga.

Se sienta en el sofá. Coloca la lapto en sus piernas y mientras escribe, a su mente viene la conversación entre Diego y ella. No sabe las razones, pero ya no le parece tan intenso. Incluso, le resulta un tanto agradable. Algo cambió en ella, ¿su perspectiva hacia él o tal vez, es ella quien está cambiando sus sentimientos y dejándose llevar por aquella agradable sensación?

Cae la noche. Diego recoge sus pinceles, los coloca en el encase con tiner. Revisa su teléfono. No hay mensajes de ella. Piensa: "por lo menos debería escribirme para saludar" "quizás sólo me respondió anoche porque necesitaba de mì" "tal vez le pareció desagradable nuestra conversación" " me estoy volviendo loco de tanto pensar".

Respira, enciende un cigarrillo. Relee nuevamente cada mensaje. Abre una vez más su perfil, detalla con emoción la imagen de Karem. En ese momento ve que ella está escribiéndole. Es esa sensación de susto que le invade. Saber que la piensa y ella aparece como por arte de magia.

–Hola, Diego. Espero estés bien. Quería agradecer nuevamente tu apoyo. He recibido muchos elogios, gracias a ti.

–Hola, Karem. No tienes nada que agradecer.Fue un placer poder ayudarte en esto.

 –De igual manera, gracias. Fue una experiencia única

–Yo no he dejado de pensaren esa conversación. Siento que algo me conecta a ti. Y es algo que no sentía desde hace algún tiempo.Pude ver que soy un poco mayor que tú Tengo 40 años.

 –Sí, en un mes cumpliré 29.

–Para tu edad eres muy madura e inteligente

–😊

–Siempre te sonrojas. Eres una mujer hermosa. No tienes porque dudarlo.

–Gracias otra vez, soy algo tímida.

 –¡No puedo creerlo! Eres joven y bella, inteligente y sensual.

–Espero no te molestes por mi sinceridad Como pintor, soy amante de la belleza y tú eres, inigualablemente bella.

Las palabras de Diego son halagadoras. Pero Karem suele ser muy insegura de sí misma. Nunca recibió tantos cumplidos. Aquel hombre la seduce de tal manera, que nunca se creyó tan vulnerable. Mejor dicho, nunca quiso serlo. Aparentó ser fuerte y segura. Mas, no es lo que se aparenta, sino lo que se es, lo que te hará flaquear.

Otra vez, espera su respuesta. Otra vez, se desconecta sin despedirse. Diego se siente irritado y desconcertado. Ella tiene poder sobre sus emociones y eso es para él, inentendible e inaceptable para su ego machista.

Siempre fue su costumbre controlar cada situación, en cuanto a relaciones amorosas se refería. Ser el anfitrion en una galería o ser el profesor que facilitaría alguno de los talleres de fin de semana, le dieron fama y oportunidades de conocer y tener innumerables distracciones amorosas. Así que luego de cada exposición o al finalizar alguna de sus aulas de pintura. Siempre había uma mujer adinerada interesada en comprar uno de sus cuadros, y si iban acompañado de una cita con el artista que lo creo alguna, sería una noche perfecta. A veces, era una promotora, quien le invitaba unas copas, mientras cuadraban alguna exhibición de sus obras. Otras veces alguna estudiante, que se deslumbraba con su atractivo profesor o algún amigo pintor que no perdía las esperanzas de que en medio de uma noche de tragos y arte, se dejará llevar y sucumbieron em el deseo carnal. Siempre fue él quien dejaba las conversaciones a medias. Él que desdeñaba a las mujeres. Ahora parece que todo gira y siente su orgullo doblegado. Se siente incapaz de darle clip a la opción de bloquear y olvidarse de Karem. El impenetrable, emocionalmente, ahora es vulnerable ante la presencia y la actitud de esa mujer, incluso más joven que él por 12 años.

Ese domingo Karem se dedicó a descansar. Desactivó sus datos para no ocuparse en atender mensajes en sus redes. Sólo quería dormir hasta muy tarde y no verse envuelta en esa habitual melancolía que la visitaba o invadía desde el amanecer dominical. Muchas veces pensaba en que, su tristeza se debía al hecho de que, cuando era pequeña, los domingos eran para ir con su abuela a la misa; luego iría con ella a su casa, allí podoa correr en el enorme patio y comer dulces. Era tan feliz en esos momentos, hasta que a los 9 años, su abuela enfermó de cáncer y murió al poco tiempo. Ya orar no le parecía tan agradable, ni menos ir a misa.

Durmió hasta tarde. Sólo se levantó un momento para hacer el pedido de su almuerzo por delivery. Mientras esperaba, se levantó, se cepillo, lavó su rostro, se miró al espejo como queriendo darse ánimos a sí misma. Sonó el timbre, camino hasta la sala, abrió la puerta, pagó al joven y regresó hasta su cuarto.

Abre la bolsa, saca las papas fritas y la hamburguesa; destapa el refresco. Come, coloca la bolsa a un lado y vuelve a recostarse en su cama.

No quería pensar, ni recordar que era domingo. Era como si se abriese una archivo y por cada carpeta colocada en forma ordenada y alfabética fuese saliendo uno a uno

Sintió algo de frío. Se levantó de la cama y cerró la ventana y pronto comenzó a caer una fuerte lluvia.

Domingo y lluvia, una combinación algo nociva para la mente de Karem, quién se niega a ver el pasado como lo que es, pasado.

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