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Portada de la novela Amor secreto prohibido

Amor secreto prohibido

La vida de Nina parecía un refugio de paz, centrada en su matrimonio y en el bienestar de sus hijos. Sin embargo, la supuesta plenitud de su hogar se tambalea ante el inesperado regreso de un hombre de su pasado. Este encuentro fortuito desata una vorágine de emociones que sacude los cimientos de su realidad. Ahora, ella se ve obligada a confrontar sus sentimientos y a cuestionar la supuesta perfección de la estabilidad que tanto luchó por edificar.
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Capítulo 2

Al quedarme sola, me arrepiento de haberme ofrecido a ir, pero es que se suponía iría sola, para distraerme saco mi celular y me meto a una app para ver las últimas noticias, lo oigo entrar al auto, mientras me dice, ¿Que tal la conversación? Confundida no digo ni hago nada, lo veo asomarse a mi celular, ¿De que hablas? Le digo mientras guardo mi celular, vamos no te hagas la inocente conmigo, me dirás qué no tienes ningún galán, me dice con burla, perpleja de lo que acabo de oír, le contesto efusivamente ¡Claro que no! El mujeriego aquí eres tú.

La verdad es que Daniel tenía una fama de mujeriego, ahora vivía con Grace y su bebé de unos pocos meses, ellos llevaban varios años de novios pero un tiempo se separaron porque ella le descubrió una infedilidad, y antes de embarazarla, desfiló a varias mujeres en la casa de sus papás o reuniones y fiestas, nunca se sabía quién sería la que llevaría, era confuso y algo incómodo.

Ya he cambiado, ese Daniel ya no existe, ahora es diferente, tengo familia, debo comportarme, me dice con seriedad, ¡Claro! Contestó secamente, ¿No me crees? Me dice viendo me, yo me limito al ver al frente, aún estacionados en la tienda, ¡Ya se! Te muestro mi celular y tu me muestras el tuyo, así comprábamos los dos que no hacemos nada malo, debe ser una broma, le digo con una gran risa, yo como para que quiero ver tu celular, si tú estás con alguien más no me interesa, además ni tú hermano me ve el celular, que te hace pensar que está bien que lo hagas tú, siento sus ojos clavados en mi, específicamente en mis labios, y me hace poner algo nerviosa, pero no hago nada, solo le sostengo la mirada, esperando una respuesta.

Sacude la cabeza y saca una caja de su bolsa de pantalón, ¿Quieres uno? Es una cajetilla de cigarros, sorprendida le digo, no ya no fumo, veo como saca uno se lo pone en sus labios y lo enciende, da una pequeña bocanada y me lo acerca a mi boca, nuevamente me quedo sin hacer nada, y es que es un pésimo hábito que tengo, siempre tardo en reaccionar ante las situaciones que me ponen nerviosa, me alejo y le digo ¡No! Ya lo he dejado, vámonos ya, pero el aún insiste y me dice vamos para recordar viejos tiempos, en donde siempre salíamos a fumar solo los dos, pongo los ojos en blanco, acerco mi boca y le doy una pequeña bocanada, pero en el momento que siento entrar el humo por mi pecho, me provoca toser, lo ves ya no fumo, ya no se hacerlo, sonríe complacido, inhala profundamente del cigarro y lo hace toser, y después lo tira por la ventana, en realidad yo también lo he dejado me dice aún tosiendo. Entonces para que los has comprado, le digo confundida, solo quería probarte, enciende el auto y nos vamos, yo no sé que decir, no se a que se refiere, ¿Probar que? ¿Que le hice caso como un títere? ¿Que no es verdad que ya no fumo? ¿O sería que? No, no puede ser, ¿Quería probar mis labios? Cada que me invaden estos pensamientos me siento de lo peor, no debería pensar ese tipo de cosas el es mi cuñado y yo siempre mal interpreto las cosas, seguro el creería que estoy loca por pensar que el tiene otros pensamientos hacia mi.

Al llegar a la casa de mis suegros, antes de bajar del auto, abre una cerveza y me dice, ten enjuagate la boca, para que te quites el sabor del cigarro, nuevamente como un títere hago lo que dice y ya estoy dispuesta a bajar, pero me detiene tomando mi brazo, espera déjame hacerlo también, le devuelvo la cerveza, pero aún no me suelta el brazo, cruzamos miradas y siento como si se detuviera el tiempo, y ahí está de nuevo siento que me ve los labios, no puedo evitar hacer lo mismo y veo los suyos, siento como me empiezan a sudar las manos y a la vez siento que el se acerca a mi, quiero irme, necesito irme, rompo el silencio, y le digo entremos ya.

Después de seguir un rato más en la reunión, beber, reír y convivir, le digo a Eduardo que es hora de ir a casa, es tarde ya para las niñas, al llegar a casa y hacer la rutina de siempre, acostar a las niñas, hacer mi rutina de limpieza facial, llega Eduardo me da un abrazo y un beso en la mejilla, me siento un poco mal por lo sucedido con su hermano, no ha pasado nada pero se que está mal tener esos pensamientos.

Ya en la cama, cuando me dispongo a acostar a dormir, escuchó vibrar mi celular, tengo un mensaje de Daniel [No te despediste de mi]

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