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Portada de la novela Amor prohibido

Amor prohibido

Felipe Zabet, integrante de los famosos quintillizos dorados y heredero de una inmensa fortuna, desafía las normas sociales, religiosas y culturales que intentan controlar sus sentimientos. Como hijo de Candy Ángel y Amir Zabet, el joven millonario reclama su derecho a elegir a quién entregar su corazón. Sin embargo, la incertidumbre lo acecha: ¿poseerá el hombre que ama la valentía necesaria para estar con él o su relación quedará marcada como algo prohibido?
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Capítulo 2

— Tu… te has convertido en mi tormento durante estos meses, eres demasiada tentación para mí, desde el día que cruzaste esa puerta… me has quietado el sueño, más este último tiempo que he podido ver de primera mano cuanto idiota se te acerca y tu solo sonríes. — Ming paso su pulgar por el borde del labio de Felipe, quien dejo salir un suspiro por lo agradable que le resulto aquello.

— ¿Por qué? — el joven se tuvo que aclarar la garganta, y solo entonces pudo continuar. — ¿Por qué me pidió que me quedara? — termino su pregunta al descubrir que Han Shun Ming estaba demasiado cerca de él, una posición demasiado comprometedora para el profesor.

— ¿Eres tan inocente como aparentas? ¿o estas jugando con mi cordura? — el profesor no espero respuesta y termino con el poco espacio que los separaba, beso sus labios de forma suave, al tiempo que llevo una de sus manos a la nuca del joven, y la otra a su cintura, atrayéndolo aún más cerca de él, haciendo chocar sus cuerpos.

Felipe no respondió en un primer momento, solo quedo allí, con los labios cerrados y los ojos abiertos, hasta que Han Shun Ming, poso su lengua en los suaves labios de Feli, y este al sentir su humedad y suavidad, se dejó llevar, era algo que aun sin haberlo hecho nunca, sentía la necesidad de responder, entrelazando la lengua con la de su profesor y en algún momento del beso se aferró a la camisa blanca que siempre llevaba el hombre, quien dibujo media sonrisa y aun así no rompió el beso, solo lo libero cuando lo sintió temblar, sabiendo que al fin lo tenía para él.

— Tan hermoso. — susurro con sus ojos oscuros y rasgados clavados en los verdes de Felipe y su mano aun sosteniendo su nuca.

— ¿Qué fue eso? — se dijo más para él que para Ming quien sonrió con satisfacción al ver lo aturdido que estaba su alumno.

— Eso mi hermoso Felipe, es mi reclamo a ti, de hoy en adelante eres mío.

Así fue como comenzó su historia de amor, o eso pensó Felipe, le gustaba su profesor, desde que lo había visto, su voz era suave, aun así, masculina, tenía a muchas alumnas suspirando por él, no podía creer que fuera gay, pero lo era, sus besos se lo decían, sus caricias, esas que aumentaban de intensidad con cada día que pasaban juntos, Felipe sentía que caminaba sobre las nubes, algo imposible y pronto lo sabría.

— ¿Con quién hablas? — la voz fría de Shun lo hizo pegar un salto, no lo había escuchado entrar en su departamento, pero allí estaba, ni siquiera recordaba haberle dado una llave.

— Hablaba con mi hermana, me estaba contando que ira a una boda de la familia de mi cuñada…

— ¿Y te tienes que despedirte con un “te amor hermosa”? — no era la primera vez en un mes que Shan le hacia un planteo como ese, era celoso y posesivo, Felipe ya lo sabía y no le gustaba, pero esta era la primera vez que lo hacía por su familia.

— Es mi hermana Ming. — respondió mientras quiso ir a la cocina, pero el hombre lo tomo del brazo y ya no lo dejo avanzar.

—¡Shun! Te he dicho que me digas Shun. — Felipe suspiro con molestia, aun no terminaba de entender esa manía que tenían en país X de nombrar a las personas por su primer nombre, segundo o su apellido según el afecto y confianza que se tenían.

— Esto es… no es fácil llamarte Ming en la universidad y luego Shun o Han si estamos fuera de mi departamento o en tu casa. — Ming lo sujeto con fuerza entres sus brazos y de forma suave lo recostó en el sofá, quedando arriba, asegurándose de mantenerlo sometido.

— Déjame facilitarte todo. — dijo al tiempo que sus labios repartían besos húmedos en la mejilla y cuello de Felipe. — Si estamos en la universidad, seré profesor Ming, o solo puedes verme de esa forma tan hermosa como cuando quieres que te bese e iré a tu lado de inmediato, y te ayudare con todo lo que necesites. — a los besos se le sumaron sus manos, acariciando el torso de Felipe, quien comenzaba a dejarse llevar por las sensaciones tan nuevas que eso le provocaba.

— Si estamos en un club, o Karaoke, puedes decirme Han, como si fuéramos grandes amigos, esos que se conocen desde siempre, porque así lo siento, ¿tú no? — preguntó mientras su mano descendía un poco más.

— Y cuando estemos solos, me dirás Shun, porque aquí solo quien te ama te puede llamar por tu segundo nombre, y sé que tú me amas como yo te amo, mi hermoso Felipe. — su voz era ronca y Felipe sabía que la razón era por lo excitado que estaba, podía sentir su erección rozar su pierna, quería decirle que se detuviera, que aún no estaba listo para aquello, pero sus palabras fueron sustituidas por un gemido en el momento que la mano de Shun ingreso en su pantalón y acaricio su pene por sobre su bóxer.

— Shun. — dijo con la voz temblorosa y el hombre sonrió satisfecho.

— Así es hermoso, Shun, tu Shun.

Las manos de Ming eran tan rápidas y convincentes como su lenga, mientras sus besos aturdían a Felipe, sus manos fueron las encargadas de despojarlo de su ropa, y Felipe ya no sentía vergüenza o miedo a lo desconocido, lo deseaba, lo quería, necesitaba dar ese paso o la tensión sexual entre ello terminaría haciendo estragos.

Ming sabía muy bien lo que hacía, aprovechando el aturdimiento de Felipe, lo tomo en brazos y lo llevo a la recamara, donde ya tenía todo preparado, Felipe se había olvidado del detalle de no saber cuándo Ming había ingresado en su hogar, no tenía como saber que este respetado profesor no era lo que aparentaba, y obtenía todo lo que quería y cuanto quería y en este momento quería a Felipe, lo había deseado desde que lo había visto el primer día de universidad, fue solo una coincidencia que Felipe fuera gay, ya que si ese no fuera el caso Ming lo hubiera reclamado de igual forma, y es que nadie le decía que no, Han Shun Ming, era el líder del dragón rojo, una de las principales mafias que había en aquel país, su poder solo se comparaba con el tigre blanco, su eterno rival. Lo que comenzó como un simple antojo de Ming, pronto se convirtió en obsesión, Felipe era un joven divertido y carismático, una joya exótica que Ming quería poseer por siempre, y no estaba dispuesto a compartirlo ni siquiera con su familia.

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