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Portada de la novela Una esposa para mi hermano

Una esposa para mi hermano

Daniel es un CEO viudo de 40 años que vive para sus hijos y su empresa, tras haber cerrado su corazón al amor. Su vida cambia cuando Harry, su hermano, convence a Deanna, una joven soprano de 25 años, para fingir un compromiso y evadir una norma familiar. Aunque el trato es una farsa temporal, la química entre ambos surge de forma inevitable. Pese a la diferencia de edad y los secretos que los rodean, este engaño inicial se transforma en una pasión real que los obligará a luchar contra sus miedos y enemigos.
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Capítulo 5

Nathan Dubois

Observo el prototipo de mi próximo lanzamiento y sintiendo una satisfacción profunda al saber que por primera vez los Lefebvre no podrán robarme mi idea, lanzo un suspiro de alivio y dejo el pequeño frasco de vidrio en su lugar.

—¿Qué le pareció el envase? —me cuestiona el jefe de producción.

—Me gusta, es justo como lo imaginaba, realmente es perfecto para el nuevo producto.

—Sabía que le gustaría —responde animado.

Después de intercambiar unas cuantas palabras y pedirle que comencemos con la producción a gran escala, me dirijo al área de empaque para revisar los últimos detalles del embalaje que usaremos.

Reviso con los encargados que el material sea de acuerdo con lo que pedí y cuando termino con ellos regreso a mi oficina.

—Jefe, aquí está el reporte de las ventas que me solicitó —me intercepta Scarlett en cuanto me ve salir del ascensor—. Podrá encontrar el detalle por producto y por región.

—Gracias Scarlett, siempre tan eficiente y…

—Su perro se encuentra esperando en su oficina.

—¡¡Scarlett!! ¿Qué te he dicho?

—Bien, lo siento. Su chófer lo espera en su oficina.

—No sé qué haré con ustedes, están a nada de volverme loco —le reprocho entrando a la oficina, mientras niego con mi cabeza.

—Hoy luces bastante animado —comenta Kalet cuando me ve cerrar la puerta detrás de mí—. ¿A qué se debe? —me cuestiona, observándome con detenimiento.

—¿Y cómo no estarlo? Hace un rato bajé a comprobar que todo vaya bien con nuestro último producto. Estoy seguro de que esta vez todo será un éxito, no creo que Lefebvre pueda robarnos nuevamente la idea, hemos sido más cuidadosos que de costumbre.

—Espero que tengas razón, de lo contrario no sé cómo es que le hace ese tipo para robarnos todo.

Cuando termino de pedirle que busqué a Leroy para comenzar a trabajar en la siguiente fórmula, la puerta de mi oficina se abre abruptamente golpeando a Kalet quien estaba por salir.

—¿No te han enseñado a abrir las puertas como las personas decentes, bruja? —refunfuña, sobando su brazo.

—Yo no tengo la culpa de que como el perro que eres estés tan acostumbrado a cuidar la puerta de tus dueños y estorbes el paso.

—Ustedes dos dejen de pelear —intervengo cuando veo que Kalet está por responderle algo a mi asistente—. ¿Cuándo será el día que dejen de discutir?

—¡¡Nunca!! —responden al unísono, ganándose un chasquido de lengua de mi parte.

—¿Qué sucede Scarlett? ¿Para qué me buscabas?

—Lo siento jefe, su perro me interrumpió.

—¡¡Maldito, pizarrón humano!! —gruñe Kalet, fulminándola con la mirada.

—¡¡Kalet!! Tú también Scarlett, ¿qué sucede?

—Perdón jefe, hay algo muy importante que debe de ver —dando un par de zancadas se acerca a mi escritorio y toma el pequeño control remoto para encender el televisor.

Busca por algunos segundos y cuando da con lo que deseaba mostrarme, aprieto mi mano en un puño y rechino los dientes del coraje al ver al infeliz de Oliver Lefebvre dando una pequeña entrevista afuera de su empresa para anunciar su nuevo producto, el cual casualmente tiene el mismo nombre que el mío Tentation Oscure (Oscura Tentación).

—¿Cómo es posible que ese desgraciado nos haya vuelto a robar? —grito, poniéndome de pie y mirando a las dos personas que se encuentran conmigo—. Se supone que solo unos cuantos sabíamos del nuevo lanzamiento —me quejo, pasando mis manos por mi cabeza al darme cuenta de que por su culpa tendremos pérdidas millonarias.

—No lo sé, no entiendo cómo pudo suceder esto —farfulla Kalet igual de molesto que yo.

—Scarlett, habla ahora mismo al departamento de producción y de empaque, pide que cancelen todo. ¡Maldita sea! —chillo, tomando un pisapapeles de mi escritorio y arrojándolo contra el televisor.

—Destruyendo las cosas, no solucionarás nada. Ahora lo más importante es crear algún producto nuevo que se asemeje al que íbamos a lanzar.

—¿Para qué todos digan que sacamos copias baratas de ese malnacido cuando en realidad ese infeliz siempre nos roba todo? Estoy harto, esto no puede seguir así —gruño, poniéndome mi abrigo y tomando una decisión precipitada.

—¿A dónde vas? —me cuestiona Kalet cuando me ve abrir la puerta de mi oficina.

—A ponerle fin a todo esto.

—¿Qué locura piensas cometer? —insiste, alcanzándome en el pasillo y tomándome del brazo para impedirme que siga mi camino.

—Lo que debí hacer desde hace mucho —zanjo el tema, soltándome de su agarre y presionando el botón del ascensor.

—Por favor jefe, no haga algo de lo que se arrepienta más tarde —comenta Scarlett, mirándome preocupada.

—¿Por qué nos has hecho lo que te he pedido? Habla con esos departamentos antes de que sea más tarde.

—Ve, yo lo acompaño —interviene Kalet, subiendo al ascensor junto conmigo.

Antes de que se cierren las puertas de metal, observo la expresión de Scarlett, quien asiente lentamente, pero al mismo tiempo luce bastante decaída.

—¿Qué piensas hacer?

—Si te lo digo no me dejarás, esta vez yo manejaré —le advierto, tomando las llaves de mi camioneta de entre sus manos.

—¡¡Con un demonio, Nathan!! Espero que no sea lo que estoy pensando. ¿Te imaginas el escándalo en el que te vas a meter si le haces algo a ese infeliz?

—A estas alturas ya nada me importa.

Está por insistir una vez más, pero dado que llegamos al subterráneo salgo casi corriendo hacia mi camioneta y fiel a su palabra Kalet sube del lado del copiloto.

Durante todo el trayecto se la pasa lanzándome advertencias sobre lo que podría pasarme si le hago algo a ese tipo, sin embargo, me encuentro tan enfurecido que ignoro sus palabras.

Cuando llegamos a la casa de los Lefebvre podría decirse que corro con suerte, ya que las rejas se encuentran abiertas y pisando el acelerador me cuelo en la propiedad.

—¿Acaso estás loco? Ahora por tu culpa nos van a llevar detenidos por irrumpir en propiedad privada.

—Me importa una mierda, así como a él no le ha importado en lo más mínimo robarme durante años y yo no te pedí que me acompañaras, así que deja de sermonearme como si fueses mi madre.

Escucho los gritos de los hombres que corren detrás de nosotros y para evitar que nos alcancen, acelero hasta llegar detrás de un auto del cual baja un señor mayor al cual reconozco como al padre de Oliver Lefebvre.

—¡¿Quién diablos les permitió entrar de esa forma?! —se queja el hombre cuando me ve descender de mi camioneta—. Llamaré a la policía —me amenaza, sacando su móvil, pero sin importarme nada se lo arrebato y lo estrello contra el piso.

—Después de que le parta la cara al bastardo de su hijo, puede hacer lo que quiera.

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