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Portada de la novela Una esposa para mi hermano

Una esposa para mi hermano

Daniel es un CEO viudo de 40 años que vive para sus hijos y su empresa, tras haber cerrado su corazón al amor. Su vida cambia cuando Harry, su hermano, convence a Deanna, una joven soprano de 25 años, para fingir un compromiso y evadir una norma familiar. Aunque el trato es una farsa temporal, la química entre ambos surge de forma inevitable. Pese a la diferencia de edad y los secretos que los rodean, este engaño inicial se transforma en una pasión real que los obligará a luchar contra sus miedos y enemigos.
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Capítulo 4

—Se decía que estaba preocupada porque a su edad no se ha casado —prosigo como si no me hubiese interrumpido—, también se mencionaba que se debía a la relación sentimental que mantiene con… con su chófer —murmuro cuando siento la mirada de ambos hombres—. Le aseguro que si es gay, yo no interferiré en su relación, no me importa en lo más mínimo.

Al instante el chófer suelta una sonora carcajada que resuena en el estrecho espacio y con un poco de temor lo observo, desternillarse de risa.

—Deja de reírte como imbécil —lo amenaza su jefe—. No le encuentro la gracia a lo que esta mujer nos acaba de decir.

—Vaya, yo sí. Hasta que alguien se dio cuenta del deseo reprimido que siento por ti, pensé que tendría que ocultarlo por más tiempo, pero ahora que ella y el resto lo saben ya nada me importa —responde, guiñándole un ojo y ganándose un golpe en el brazo por parte de su jefe.

—¿En verdad cree que soy gay? ¿Sabe qué? No me importa lo que piense, mucho menos una mujer tan fea como usted.

—¡Maldita sea, Nathan! ¡¡Contrólate!!

—Como se lo dije, no me importa si mantiene una relación con él o con alguien más. Usted no me interesa como hombre —una vez más su chófer suelta una risotada y por el rabillo del ojo puedo ver que se limpia las lágrimas que escapan de sus ojos—, yo solo le propongo este matrimonio para que así evite que su madrastra siga preocupada por su orientación sexual y pueda cerrarle la boca a todas esas personas que lo dicen.

»Y por lo de las fórmulas para nuevos perfumes, tiene mi palabra de que le daré todas cuantas pueda para que destruya a Oliver —sentencio con frialdad.

—¿Y no será que desea casarse conmigo para después decir que está esperando un hijo mío y así adueñarse de mi empresa y regresar con su marido?

—No debe preocuparse por eso. Como le aseguré hace un momento, usted no me interesa como hombre y lo más importante es que nosotros no tendremos ningún hijo. Nuestro matrimonio será un negocio, no más, no sentimientos de por medio ni nada por el estilo.

—¿Por qué debería de confiar en su palabra…?

—Nathan, no insistas —nos interrumpe su chófer con seriedad, negando lentamente con su cabeza. Supongo que él entiende a la perfección lo que estoy tratando de darle a entender, que conmigo será imposible que tenga hijos al ser estéril.

—Bien —refunfuña—, pero lo que ahora me intriga es, ¿por qué cambio de opinión y en lugar de solo fingir ser amantes, también desea casarse conmigo? Dice que así puedo cerrarle la boca a quienes se atreven a cuestionar mi orientación sexual, pero siendo honestos es obvio que eso le importa poco al no ser cercanos. ¿Qué beneficio obtiene al casarse conmigo?

—Eso es muy simple, hoy me enteré de que Oliver y su amante esperan un bebé y que en el aniversario de la empresa me pedirá el divorcio, así como anunciar el embarazo de esa mujer. Pienso que la mejor venganza que puedo tener contra él es hacerle creer que yo también lo engañé y que me he enamorado de otro hombre y que mejor que sea con usted, su enemigo número uno —confieso aquello que comencé a poner en marcha una vez que me enteré cuantos años tiene Oliver engañándome.

»Además, al casarme con usted tendré el poder suficiente como para destruir a mi esposo, así como poder recuperar el laboratorio de mis padres y en caso de no hacerlo, me sentiré satisfecha con verlo perder todo aquello que le importa, incluido ese laboratorio.

»¿Tiene algún papel y bolígrafo? —lo cuestiono, alternando mi mirada entre un hombre y otro antes de que me sigan cuestionando sobre mis propósitos.

—Aquí tiene, ¿para qué lo necesita? —me interroga el chófer.

—Para demostrarle que no me pienso burlar de usted o que lo estoy engañando —tomo las cosas que me tiende y escribo rápidamente algunos de los componentes del nuevo perfume que deseaba mostrarle hoy a Oliver.

—¿Qué es esto? —inquiere el ojiazul, tomando el papel que le entrego.

—Esa es la mitad de una fórmula para un nuevo producto que estaba por entregarle a mi marido —escupo con dificultad. El solo tener que mencionar el tipo de relación que mantenemos me quema la lengua—. Si usted acepta mi trato le daré el resto y aunque intenté que alguno de sus químicos lo revisen, le aseguro que les será difícil encontrar algo que se incorpore en perfecta sincronía con estos ingredientes —me le adelanto cuando veo un destello de codicia en sus ojos.

—¿Y si no acepto su trato?

—Permitiré que Oliver me humillé ese día, pero después de ello buscaré alguna otra perfumería de gran prestigio, así sea en otro país y acabaré con mi esposo al igual que con usted, porque los perfumes que hago son los que han posicionado a Mon Parfum Lefebvre como la mejor de Francia y usted habrá perdido la gran oportunidad de vengarse de él.

»Si acepta mi trato, lo espero aquí en tres días, en caso de que no llegué sé que tendré que arreglármelas sola para librarme de Oliver —pronuncio con un valor que nunca había sentido, pero que debido a todo lo que he vivido en estas horas me estoy obligando a sacar de donde sea.

Abro la puerta y bajo de su camioneta sin mirar atrás, caminando en sentido contrario de donde se encuentra el hombre que bien podría ser mi salvación o solo alguien con quien me cruce un breve instante y del que nunca podré obtener la ayuda que tanto necesito en este momento.

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