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Portada de la novela Una esposa para mi hermano

Una esposa para mi hermano

Daniel es un CEO viudo de 40 años que vive para sus hijos y su empresa, tras haber cerrado su corazón al amor. Su vida cambia cuando Harry, su hermano, convence a Deanna, una joven soprano de 25 años, para fingir un compromiso y evadir una norma familiar. Aunque el trato es una farsa temporal, la química entre ambos surge de forma inevitable. Pese a la diferencia de edad y los secretos que los rodean, este engaño inicial se transforma en una pasión real que los obligará a luchar contra sus miedos y enemigos.
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Capítulo 1

Giselle Lemaire

Observo el gesto de desagrado de la mujer, la cual me indica que puedo subir al piso de mi marido y bajando la mirada me dirijo al ascensor. Como casi no vengo a este lugar se me olvida que aquí tampoco soy bien recibida, el trato de estas personas no es diferente del que recibo en casa.

Una vez que llego al último piso, me muerdo los labios lista para recibir esa mirada burlona que siempre me dedica Paulette, la asistente de mi marido, no obstante para mi sorpresa su escritorio se encuentra vacío y gracias a ello lanzo un suspiro de alivio, seguramente está en el baño y de momento me puedo librar de ella.

Me acerco a la enorme e imponente oficina de Oliver y justo cuando estoy por tocar a la puerta, me percato de que está un poco abierta, debido a lo cual las voces del otro lado llegan con bastante facilidad.

—¿Ya sabes los ingredientes del nuevo perfume de los Dubois? —cuestiona Oliver a alguien.

—Sí, justo hace un rato Leroy me la entregó —musita con suficiencia la asistente de mi marido, dejándome en shock ante su falta de ética como para robarle a la competencia su nuevo lanzamiento.

—¿Quién pensaría que ese hombre sería capaz de vender a su jefe solo por unos cuantos euros? El idiota de Dubois ni siquiera imagina que tiene al enemigo en casa —se burla Oliver, dejándome un amargo sabor de boca.

—Es la ley de la supervivencia —masculla con un mohín, Paulette.

Un pequeño silencio se instala por algunos segundos y cuando el ligero chirrido de una silla al ser arrastrada rompe ese silencio, me decido a tocar la puerta, sin embargo, una vez más debo detenerme cuando las siguientes palabras de la mujer me roban el aliento y en un parpadeo me rompen el alma en mil pedazos.

—Oliver, hay algo que debo decirte —hace una ligera pausa y después prosigue—: estoy embarazada, tengo un par de semanas y obvio que es tuyo.

Me sostengo con fuerza de la pared y cubro mi boca con mi mano para no soltar un sollozo ante semejante noticia. Desde hace mucho tiempo intuía que mi marido me era infiel, debido a que en todos estos años de matrimonio me ha sido imposible darle un hijo, pero nunca imagine que mis sospechas fuesen ciertas y mucho menos que me engañase con su asistente.

—¿E-es en serio? —inquiere con evidente alegría y un tono tan suave que nunca ha usado conmigo que sin poder evitarlo mis ojos se aguadan.

—Sí, espero que nuestro bebé se parezca a ti —rebate con alegría la mujer—. ¿Cuándo le dirás a la idiota de tu esposa y lo más importante cuándo le pedirás el divorcio? No es justo que tu hijo y yo suframos por tu ausencia, mientras que esa mujer vive contigo como si fuesen una verdadera familia, aun cuando nunca la has amado y solo te casaste con ella para que te ayudase con tus perfumes.

—Dios, no puedo creer que por fin seré padre —comenta aún con ese tono alegre que envuelve cada una de sus palabras y sin atreverse a negar lo que acaba de mencionar su amante, ante lo cual me queda claro que no miente y que durante todos estos años solo me utilizó—, quería esperar un poco más de tiempo para que Giselle revisará la composición del perfume de los Dubois y mejorarlo un poco, sabes que los químicos que tenemos son unos ineptos y siempre tardan semanas en modificarlos, pero con tu embarazo es imposible postergarlo.

—¿Por qué no se lo dices todo durante el aniversario de la empresa?

—¿Por qué durante ese evento?

—Así le será imposible negarse, imagínate la vergüenza que pasará al saber que estoy embarazada y que su vientre seco nunca será capaz darte el hijo que tanto anhelabas. Te aseguro que con eso ella sola renunciará hasta a la pensión que debas darle.

—Tienes razón, ese día es el ideal para hacerles saber que Oliver Lefebvre será padre y lo más importante, haremos el lanzamiento oficial de nuestro nuevo producto —se jacta orgulloso de la bajeza que piensan hacerme a mí y a su competidor principal.

Sin poder soportarlo más me alejo del lugar cuando el susurro de las prendas que caen al piso me indica que mi esposo y su amante se están divirtiendo de lo lindo sin importarles el sufrimiento del resto. En cuanto llego al ascensor, me pego en una de las paredes y comienzo a llorar hasta que las puertas se abren en la planta baja y salgo corriendo de ese lugar.

Estoy segura de que por el momento Oliver no se enterará de que estuve en la empresa, sus empleadas nunca le pasan los recados que les he dejado, por lo que mi visita pasará desapercibida como siempre.

Llego a un parque cerca de la empresa y me dejo caer en una de las bancas sin dejar de llorar. ¿Cómo pude ser tan estúpida de seguir con un hombre como Oliver que nunca me ha demostrado el menor respeto frente a sus empleados ni que decir de su casa donde sus padres me tratan como una basura?

Cuando estoy un poco más tranquila decido que debo buscar un abogado, pero dado que no tengo ni un solo euro con cuál pagarle, es seguro que nadie deseará tomar mi caso y al no tener amigos no tengo alguien en quien pueda sostenerme en este momento.

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