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Portada de la novela Amor peligroso: no me dejes, mi encantadora mentirosa

Amor peligroso: no me dejes, mi encantadora mentirosa

Nayla dedicó años a buscar el amor de Ethan, pero él siempre la trató con frialdad y desprecio, convencido de que ella era una mujer engañosa. Cansada de ser menospreciada, decide alejarse definitivamente para recuperar su dignidad. Sin embargo, su partida genera una reacción inesperada: Ethan cambia radicalmente. Abrumado por el arrepentimiento y la falta de confianza de Nayla, el orgulloso hombre termina suplicando su perdón para que no lo abandone.
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Capítulo 2

"Ethan Arroyos, no has cambiado nada, sigues siendo tan frío como siempre", espetó Nayla.

El ambiente cálido se había congelado hacía tiempo.

Nayla mantenía una expresión tranquila, aunque sus intenciones eran evidentes. Las lágrimas brillaban en sus ojos desafiantes. "Si no estás dispuesto a darme lo que quiero, entonces esto se acaba aquí. A partir de hoy, más allá de ser mi tío político, ya no tienes nada que ver conmigo".

La mueca burlona de Ethan se dibujó afilada, cortando la tensión como una cuchilla. "Tú fuiste la que se me metió en la cama. ¿Y ahora quieres irte? Nayla, ¿de verdad crees que puedes deshacerte de mí tan fácilmente?".

Había pasado un tiempo desde el repentino colapso de la Familia Verde. El mundo de Nayla se había desmoronado de la noche a la mañana: su padre, Lorenzo Verde, se suicidó para intentar demostrar su inocencia y su hermano terminó tras las rejas.

Su madre, desesperada por sobrevivir, se convirtió en la amante del hermano mayor de Ethan, Ryland Arroyos. Cuando la esposa de Ryland falleció, la madre de Nayla, ya embarazada de él, se casó con él.

La Familia Arroyos no ocultaba su desdén.

Nayla siempre supo cuál era su lugar, manteniéndose alejada de ellos siempre que era posible. Pero los Arroyos nunca tuvieron la intención de dejar de atormentarla. Sin más opciones, recurrió a Ethan. Como líder de la Familia Arroyos y uno de los hombres más poderosos de Ulares, él era el único que podía ofrecerle protección.

Ahora, se enfrentaba a él, con el hombro desnudo mientras la fina sábana se deslizaba. Su piel suave, una visión de pura tentación, brillaba en la penumbra.

"Entonces, ¿cómo llamamos a este... acuerdo?". Su voz sonó baja, casi burlona. "¿Amigos de cama? ¿Amantes? ¿O solo amigos con derechos?".

La mirada de Ethan se detuvo en su rostro, peligrosamente hermoso, de esos que provocan el caos allá donde van. Su deseo reprimido se reavivó, brillando en sus ojos.

"Si quieres otra cosa, podría considerarlo", replicó con indiferencia mientras la soltaba y encendía otro cigarrillo.

La insinuación era clara: no la dejaría ir, al menos no todavía.

La amargura le subió por la garganta a Nayla. Podía soportar ser su amante, pero no se permitiría convertirse en la otra. Ese era un límite que se negaba a cruzar.

"Ethan, estoy cansada. Esto... sea lo que sea, se acabó". La palabra "acabó" sonaba hueca, pues Ethan nunca había reconocido lo que había entre ellos.

Se cubrió con el vestido desgarrado, con las manos temblorosas pero con determinación.

La expresión de Ethan se ensombreció mientras exhalaba una bocanada de humo. "¿Qué intentas demostrar con esta rabieta?".

Nayla hizo una pausa, conteniéndose con toda su fuerza de voluntad. Se irguió y lo miró a los ojos. "Arroyos, si no puedes darme lo que quiero, entonces no perdamos más el tiempo. Tengo que seguir adelante".

Sus palabras le tocaron una fibra sensible. Ethan la agarró del brazo y tiró de ella hasta sentarla en su regazo. Sus suaves piernas rozaron las de él, encendiendo de nuevo la tensión.

"¿Seguir adelante? ¿Con quién?". Su voz destilaba amenaza. "¿Quién más podría satisfacerte como yo? No finjas que todo esto ha sido un error. Te metiste en mi cama, Nayla. No creas que te dejaré olvidarlo".

La compostura de Nayla se resquebrajó cuando la ira se encendió en su pecho. Lo fulminó con la mirada, con lágrimas a punto de brotar. "¿Y qué si lo hice? ¡Me arrepiento! Te vas a casar con Carla, ¿y se supone que debo sentarme aquí a esperar tus sobras? Puede que sea una desvergonzada, Ethan, pero no soy tan patética".

El aire entre ellos se tornó sofocante, cargado de verdades tácitas y una tensión insoportable. Un repentino timbre rompió el silencio.

Ethan miró su celular, con un gesto de irritación. Estuvo a punto de ignorar la llamada hasta que vio el nombre.

Carla. Soltó a Nayla y contestó sin dudarlo.

Ella observó en silencio, con el corazón encogido al oír su tono amable. Solo había usado ese tono con ella en la cama. Sintió cómo la humillación la invadía hasta lo más profundo de su ser.

"Llegaré pronto". Tras colgar, Ethan se vistió. Se volvió hacia Nayla y le espetó: "Le diré a Jackson que te transfiera el dinero a tu cuenta. Y ni se te ocurra irte".

La puerta se cerró tras él. Nayla se quedó quieta, mirando el espacio vacío que había dejado. Luego, con una risa amarga, se secó las lágrimas.

Si no podía tener lo que quería, al menos recuperaría la poca dignidad que le quedaba. Era hora de dejarlo ir.

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