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Portada de la novela Amor o destino

Amor o destino

Después de sufrir el abandono en su propia boda, Jaylene se volcó en su carrera buscando consuelo. Su vida da un giro cuando el destino la une a un bebé indefenso que requiere su amparo. Emiliano, el progenitor, descubre su paternidad de forma repentina tras una noticia impactante. Mientras asume el cuidado del pequeño, nace entre él y Jaylene una conexión profunda. Entre desafíos y hallazgos, entenderán que su unión es el inicio de un amor genuino.
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Capítulo 3

Pasaron solo dos semanas desde el del nacimiento del bebé y aún sigo preocupada porque nadie vino a verlo, y si eso no llega a ocurrir en el transcurso de la semana, puede que lo manden a un hogar o al ser tan chiquito, puede ir con una familia sustituta, hasta que se sepa bien a donde van a llevarlo. Hasta que ubiquen a la familia por parte de él o finalmente lo den en adopción.

Y sí, lamentablemente debo hablar de la “víbora” y no, no hablo de esas que son verdes o de otros colores y se arrastran por suelo, hablo de una señora que camina, más específicamente me refiero a la madre de la señorita Rosie, porque sí, cumplió con la amenaza, nos demandó, porque según ella yo maté a su hija ¡y no es así! Yo no la maté, en el momento de la cesárea yo no estuve, por lo tanto, yo no tuve nada que ver, y mis compañeros menos.

Pero por lo que me contó Susan, le tuvieron que realizar una cesárea de urgencia o el bebé, lamentablemente iba a nacer fallecido, porque surgió algo en medio de eso, pero no me quiso decir qué era realmente, solamente dijo que hubo una complicación, pero yo no estoy de todo segura, de que haya sido solo eso.

Intento todos los días no pensar en lo malo que pudo haber pasado, pero es difícil, él se quedó sin mamá y su padre me gustaría saber dónde está ¿Cómo puede ser que existan personas así? ¿Qué clase de padre es? No pude seguir con mi discurso, ya que Cintia me avisa que en recepción me busca un chico, ella con la intención de saber quién es, sube y baja las cejas, acompañada de una mirada pícara. Sé lo que está pensando, pero antes de que lo diga, le dejo en la mano las carpetas que estaba acomodando y salgo del consultorio.

Mientras me dirijo a recepción, no consigo dejar de pensar en ¿quién me busca?

Pienso en la gente que me conoce y en mi familia, pero es ahí cuando recuerdo que mi familia no vendría a verme ni por más que se estén muriendo. Querían que fuera abogada o chef, pero como yo elegía lo que quería estudiar, que fue enfermería. Lo logré gracias a los ahorros que conseguía guardar del trabajo de niñera que tuve en el verano, gracias a ello me alcanzó para comprar los materiales que necesitaba. Y también a todo mi esfuerzo que, me sirvió eso de levantarme a las cinco de la mañana para conseguir una beca en esa prestigiosa universidad, es decir valió la pena y lo estoy demostrando.

Llego a recepción y me encuentro a un chico muy apuesto, apoyado en la pared mirando su celular.

—Buen día, ¿me buscaba? —pregunto cuando me acerco a él y este levanta la cabeza, para conectar sus ojos grises con los míos.

—Buen día, si yo… eh —se rasca la nuca, nervioso.

Paren todo, no me digan que este chico es padre del pequeño, porque tengo varias cosas para decirle.

—¿Tú…? —le insisto para que siga hablando.

—Soy James, pero no soy la persona que estás buscando —dice y yo miro confundida ¿de qué rayos está hablando? —El bebé de Rosie no es mi hijo— agrega antes de que pueda decir algo.

—¿Cómo sabe eso? —pregunto cruzada de brazos —Si tú eras su novio, debes ser el padre del bebé —agrego y él niega con la cabeza.

—Ella me engañó, y yo sé que ese bebé no es mi hijo, aquí tienes el número de su verdadero padre. —se acerca un poco más a mí, extendiéndome un papel con un número de teléfono y un nombre.— Usted sabrás que hacer, mucha suerte —agrega, para luego dar media vuelta e irse.

¿Alguien me explica que acaba de pasar? No logro entender, qué ocurrió, ¿Rosie lo engañó y él no es el padre del bebé, sino su amante? Tengo que avisarle de esto a Susan, yo aún no proceso tanta información.

Mientras estamos en uno de los consultorios desocupados de la parte de internación, miro la ventana como unos pequeños, pero gorditos pájaros, se pelean por un gusano que algo de los dos encontró en el césped, mientras que empiezan a caer unas pequeñas gotas de agua sobre el techo del auto que está estacionado allí fuera.

Y yo me vine en bicicleta ¿Es broma?

Decido no pensar en cómo llegaré toda empanada de pies a cabeza a mi casa, y concentrarme en Susan, quien está al teléfono desde hace cuarenta y cinco minutos, hablando con la nada misma, solo tres veces la escuché dejando mensajes de voz, pero sin ninguna respuesta del otro lado de la línea.

—¿Y? —pregunto, y Susan suspira negando con la cabeza dejando el teléfono donde va.

—Nada Nina, ese tal… Jasón no responde, ya no sé qué más decirte —contesta levantándose de la silla para luego tomar unas carpetas del escritorio y volver su vista hacía a mí.

—Hay que volver a llamar —insisto y ella vuelve a negar con la cabeza

—No podemos marcar tantas veces el mismo día, hay que intentar de vuelta mañana —responde y yo me cruzo de brazos.

¿Así de fácil se dan por vencidos?

Antes de irme a casa fui a ver al pequeño, no me gusta usar siempre ese apodo, pero Susan me dijo que mañana tendrá una respuesta de la directora del hospital, sobre si podemos ponerle o no un nombre.

—Le tomaste mucho cariño ¿eh? —me asusta Cintia haciéndome dar un brinco.

—Me vas a matar de un infarto —contesto con la mano en el pecho.

—Ay, pero que exagerada me saliste —se ríe acercándose a la ventana para ver al niño.

—¿Y tú? Te apareces como un fantasma —respondo y ella me saca la lengua.

—Sabes que en algún momento debes dejarlo ir ¿no? —cambia de tema, haciendo que centre mi mirada en ella.

—No lo dejaré ir nunca, encontraré a su padre —respondo y Cintia niega con la cabeza.

—¿No has pensado que tal vez él no quiere que lo encuentren? —pregunta y yo miro al bebé.

—Yo sé que no es así, te lo aseguro. —intento autoconvencerme de lo que digo.

—Piénsalo bien ¿Sí? No quiero que te ilusiones de más —dice antes de acercarse a mí y darme un beso en la mejilla —Nos vemos mañana —agrega para luego retirarse por el pasillo.

—Nos vemos —la saludo para volver mi vista otra vez al bebé, ya que la había centrado en ella otra vez.

¿Qué tan fácil es rendirse? Ella puede hacerlo, pero yo, Nina Beatriz Coleman, no lo haré. Necesito que el pequeño al menos tenga a su padre y si eso implica que debo acosarlo toda la semana, hasta que responda, déjenme decirles que lo haré, no pienso rendirme.

Pero por ahora debo dejar esta misión a un lado, debo ir a ver a otros pacientes, si no, van a decidir echarme.

Sé que esto no será fácil, pero lo haré por ti pequeño.

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