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Portada de la novela Amor Mio. Eres Indomable

Amor Mio. Eres Indomable

Tras sufrir un engaño amoroso, Julianne Smith busca venganza, pero termina dañando por error el auto de William Covington. Este hombre imponente jura hacerle la vida imposible, sin imaginar que el destino los cruzará nuevamente. Cuando sus hijos se vuelven mejores amigos en la escuela, ambos se ven forzados a convivir. Entre disputas y secretos familiares, surge una atracción indomable que transformará su enemistad en un romance apasionado e inesperado.
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Capítulo 2

2

Ya estaba por mi tercera copa de vino blanco y las ideas se disipaban como el humo. A este paso iba a ponerme ebria.

—¡Y sin ideas a la palestra! —grité, dejando los anteojos de lectura en cualquier parte del estudio.

En el momento sonó el timbre, encontrándome con la bata a medio poner. Me la acomodé con rapidez y corrí hacia la puerta. Al momento de abrirla, encontré a una mujer rubia, alta y guapa con cara nerviosa.

—No vas a poder creer de lo que me he enterado —exclamó Jenna, mi vieja amiga de la universidad.

Vivía a dos casas más allá.

—Hola… ¿Qué ocurrió ahora?

Siempre venía con los chismes.

—Esto amerita una taza de café cargado —espetó entrando de un movimiento a mi casa.

—Bien, puedes entrar —dije irónica.

Una vez que hube preparado café, lo dejé caer el café en la taza. Jenna la apretó con fuerza, haciendo chocar sus uñas postizas contra la porcelana. Mi amiga me seguía hacia todas las direcciones y eso me ponía nerviosa.

—¿Y? —insistí, sentándome y bebiendo.

—Jason va a casarse —me soltó.

Expulsé el café de mi boca hacia diferentes direcciones.

—¿¡Qué!?

Ella apretó los labios y abrió sus ojos azules como dos platos inmensos.

—¡No quería decirte, pero el estúpido me lo contó tan feliz que sentí mucha rabia, y bueno, pensé que no era justo que tú estuvieras pensando aún en él cuando el maldito te engañó con todas esas mujeres y, en realidad, tampoco es justo que no sepas que se casará con una chica mucho más joven que tú… !

—¿¡Qué!?

Jenna respiró hondo.

—¿Más joven que yo? —espeté, levantándome de la silla y recorriendo la cocina como león enjaulado—. ¿Cuántos años?

—No creo que sea necesario…

—¿¡Cuántos años!? —grité.

Jenna dio un respingo.

Abrí la boca, anonadada y a los segundos gruñí como leona salvaje.

—Ese maldito… ¡Con una nena! ¡Ni siquiera le ha contado a su hijo! Me escuchará, ya lo verás.

Corrí hacia la habitación para ponerme algo de ropa e ir directamente al negocio de Jason Blythe.

—¡No, no, no, no, no, no! ¿Qué haces? ¿Estás loca? —me preguntó Jenna mientras me seguía entre brinquitos—. ¡Vas a exponerte como una despechada! ¡Recuerda! ¡Dignidad!

Paré de ponerme el vestido y me quedé con la ceja enarcada y con media pierna metida en el vestido.

—Tienes razón —susurré, pasando a la calma—, debo buscar la manera de asesinarlo de forma planeada.

—Amiga, calma —insistió la rubia—. Robert me contó algo.

Robert Cooper Jr. era su esposo y el mejor amigo de Jason desde que todos íbamos a la universidad. Todos los chismes de Jason, mi ex esposo infiel, los sabía gracias a ellos.

—¿¡QUÉ!?

Jenna pestañeó ante mi grito y me acomodé el cabello para generar ambiente.

—Mañana planea venir a hablar con su hijo, ahí podrás sacar más información. No actúes como si lo supieras, ¿bien? Porque Robert me matará.

Me apoyé en la isla de la cocina y apreté el filo de ésta con mis manos. Tenía tanta rabia ahora mismo que podía ir a gritarle unas cuantas verdades. Pero entonces pensé en mi hijo y toda revolución vengativa se fue al carajo. Fred no querría ver a su madre actuando de esa manera, no con el hombre que asumió una paternidad cuando él era sólo un nene de dos años.

—¿Estás segura que vendrá? —inquirí, respirando con más tranquilidad.

—Te lo juro por mi perro —sentenció.

Puse los ojos en blanco y me senté, tranquilizándome. Su poodle raquítico era lo más importante para ella; estaba diciendo la verdad.

—Bueno, y dentro de los demás chismes, tengo algo del barrio —siguió diciendo Jenna, apoyando sus grandes senos sobre mi encimera—. ¿Supiste que la casona cerca del bosque tiene nuevos moradores…?

Fui salvada de otra sarta de chismes en el instante en que sonó mi móvil.

Era precisamente Jason.

—Contigo quería hablar —proferí.

Jenna se levantó de la silla y comenzó a hacerme gestos para que me quedara callada.

—Primero, hola querida Julianne, ¿qué tal tu mañana?

Entrecerré mis ojos.

—No actuemos como mejores amigos divorciados, sabemos que eso no existe ni podrá existir entre los dos.

Lo escuché suspirar, bastante cansado.

—Bueno, ¿querías hablar conmigo?

—Sí. No has hablado con Fred en días, ¿trabajo muy ocupado? —Mi tono de voz era de evidente sarcasmo. Jason sólo trabajaba 3 horas en su negocio, una discoteca de buen renombre, y el resto de su bendito tiempo era estar de vago con sus malditos amigos, entre esos el tonto de Robert Cooper Jr.

—Sé que he estado desaparecido, pero vengo llegando de un viaje espectacular en Tahití y recién me he puesto a tono con mi vida. Siento tener una vida.

Hice una mueca mientras me ponía una mano en la cadera. Yo también tenía una vida, la que postergué muchísimo por él.

—¿Y para hablar de nuestro hijo me has llamado? —pregunté como quien no quiere la cosa.

—Sí, bueno, tengo algo importante que contarles a ambos y me gustaría verlos mañana. ¿Qué te parece a las 6?

—Tengo una cátedra en la universidad.

—¿A las 7?

—Fred estará con mi madre.

Lo escuché gruñir y por poco me puse a reír, dichosa de verlo en aprietos cada vez que podía. Que algo le costara, ¿no? Porque mientras mi pequeño estaba en el hospital producto de otra bronquitis, él disfrutaba de la playa de Tahití con los ahorros que tanto le costó gastar conmigo.

—A las 8 está bien. No esperes una cena.

—Ni siquiera pensé en ello, ya te conozco, Julianne. A las 8 está bien.

Cuando corté, me quedé mirando el aparato mientras rechinaba los dientes.

—Viene mañana, tal como me dijiste.

Jenna se quitó el cabello de los hombros y me levantó las cejas, triunfante.

—Te lo dije.

—Punto para ti, Jenna.

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