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Portada de la novela AMOR IMPLACABLE

AMOR IMPLACABLE

El Edén agoniza bajo el yugo de seres celestiales que siembran el caos. En Grecia, valientes cazadores resisten la opresión apoyados en su linaje y coraje. En este escenario, una guerrera aguarda con su hijo el retorno de sus soldados, pero su espera se torna en una cruda batalla por la supervivencia. Su meta es reunirse con Alfenón, quien tras un lustro de ausencia y añoranza, lucha por volver y conocer finalmente al pequeño que nunca ha visto.
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Capítulo 1

Creta

“Tiseo”, nombre que le ha puesto Gera a su hijo en honor a su compañera y leal amiga Tisea (muerta en combate a manos de Nehtur). “El niño” se lo denomina así por su edad, aunque ya no es tan pequeño. Es más, se ha desarrollado de una forma insólita. Quien lo viera, supondría que se trata de un joven que recién ha dejado la adolescencia. Su desarrollo físico es algo fuera de lo común para un ser humano. Obviamente, él no es un humano común, es hijo de Gera y Alfenón; lo que lo hace mitad humano y mitad ser celeste. Cualidad única, por la cual más que previsible saldría a aflorar en su desarrollo.

Todo este largo tiempo transcurrido sin ningún peligro para los tres en la tranquila y apacible isla griega de Creta, ha servido para que Tiseo se desarrolle sano y fuerte. Desde que fue capaz de entender las cosas, Gera le hizo saber la verdad sobre su procedencia (quién es ella, quién es su padre y muchos otros detalles de su naturaleza y origen). En un inicio, cuando Tiseo era muy pequeño, fueron juegos los que su madre se inventaba para pasar los días con su amado hijo. Estos entretenimientos que ella se ingeniaba, siempre fueron con una intención, “la de desarrollar en el niño habilidades y destrezas que le serian útiles en el futuro”. Aunque para el niño, que aún no comprendía las verdaderas intenciones de su madre, todo aquello era solamente diversión y entretenimiento.

Pero de a poco, al ir creciendo, los juegos fueron transformándose y se empezó a tomar armas, las cuales en su inicio fueron de madera. Luego, al transcurrir el tiempo, se convirtieron en prácticas diarias de combate, las cuales recibía tanto de su madre Gera, como de Argos (el legionario asignado para cuidarlos y proporcionarles ayuda en lo que fuese necesario). Argos y Tiseo en estos más de cinco años juntos, han desarrollado una afinidad más allá de la amistad. Tiseo lo ama, ya que el legionario es lo más parecido a un padre que ha conocido y ha sido su única guía masculina que ha tenido en su corta vida hasta ahora. Para Argos, la misión de acompañar, proteger y de brindarles apoyo en lo que necesiten madre e hijo, le fue impuesta. No obstante, siempre lo hizo de muy buena predisposición; pues como todos sus ausentes compañeros, aprecia a Gera. Luego, al ir creciendo el pequeño a su lado, lo fue amando como a un hijo por el que daría su vida si fuese necesario.

En la tranquila isla griega, el hastío en el niño con apariencia de joven es cada vez mayor. Su tierno espíritu aventurero (naturaleza heredada de su padre Alfenón), lo hace anhelar salir de aquel lugar; pues desea conocer otras tierras. Imagina que en otras regiones lejos de la isla, existe un mundo lleno de sorpresas y aventuras para él. Ni siquiera los intensos entrenamientos diarios de lucha que recibe lo llenan, ¡quiere algo más!...

En estos últimos días, el joven Tiseo por las tardes se aleja de la cabaña construida a escasos metros de la playa y camuflada entre los árboles; para evitar ser divisados por algún navío que pudiese pasar cerca. Solo sus compañeros que años atrás los dejaron, saben de la presencia de los tres en aquella solitaria isla. Su madre, con extrañeza, ha empezado a notar su ausencia. «¿A dónde irá?», se pregunta intrigada, aunque sin seguirlo; puesto que siempre ha respetado su privacidad y también porque ahora se encuentra agobiada por otro asunto…

Han pasado más de cinco años sin saber nada de sus compañeros de lucha, los cuales partieron a Grecia en busca de Hydes y sus tropas.

Para Gera, el dilatado tiempo transcurrido sin tener noticias de Zeum y sus leales compañeros la han ido minando. Primero fue la expectativa de ver en el horizonte las naves de sus compañeros aproximarse en busca de ellos; después, esta espera se convirtió en algo angustiante; luego al transcurrir el tiempo, poco a poco fue decayendo en ella las esperanzas de volver a verlos.

«¿Habrán conseguido vencer a Hydes y sus tropas? Si es así; ¿por qué no han vuelto por nosotros? ¿Se han olvidado o ya no les importamos? No…, no lo creo; es imposible, Zeum y Hermys jamás nos harían algo así. Es absurdo pensar en la posibilidad de que no les importamos y nos han abandonado. Algo les tuvo que haber sucedido para que hasta ahora no hayan regresado por nosotros», se pregunta y se responde a sí misma con mucha preocupación estos últimos días.

Pese a toda la paz, tranquilidad, la compañía de su amado hijo y de Argos; aun así, no puede evitar sentirse sola y desprotegida en aquella solitaria isla. «Si han fracasado y Hydes ha vencido. ¡Dios…, no quiero imaginarlo! Sería algo terrible; sobre todo para nosotros tres aquí solos. Ese malvado, vendría por nuestras cabezas más temprano que tarde. Ya que seriamos los únicos que se interpondrían a sus nefastos propósitos, ¿cómo podría yo prácticamente sola, defender a mi amado hijo? Él es aún muy joven para enfrentarse a esos asesinos. Para Hydes, tener la oportunidad de matar a Tiseo, sería una satisfacción. Pero antes…, tendrá que pasar sobre mí; cosa que no le será nada fácil», especula en silencio, dispuesta a dar su vida por su hijo.

Una madre es peligrosa como una leona cuando de proteger a su hijo se trata. ¡Mucho más Gera, con todo su poder y furia con la que está dispuesta a defender a su vástago! Desde que nació Tiseo, este se ha convertido en toda la razón de su existencia. Para la encantadora, aunque contradictoriamente temible guerrera, estos años transcurridos le han parecido una eternidad, aunque en su aspecto físico da la impresión que el tiempo se hubiese detenido, pues no se le han manifestado casi en nada el paso de los años; continúa igual de bella y poderosa como hace más de cinco años atrás.

Es probable que a los seres celestes, el paso de los años no les afecte o tengan otra media de vida más alta muy diferente a la de los humanos. Este temor e incertidumbre en que se encuentra inmersa, ha hecho que poco a poco vaya en ella madurando la idea de salir de la isla, para marchar en busca de sus compañeros de lucha. Ya no puede seguir esperando el regreso de estos, sin hacer nada más que adiestrar a su hijo y de paso, entrenarse ella misma y así mantenerse en forma. Por lo cual, esa noche durante la cena, decide hacerles saber su decisión a Tiseo y a Argos.

—He tomado una decisión con respecto a nuestra situación aquí y quiero escuchar de ambos lo que opinan. No podemos seguir en esta isla esperando resignadamente a que regresen nuestros compañeros. Ha pasado mucho tiempo; demasiado diría yo. Hemos sido muy pacientes, pero ha llegado el momento que hagamos algo. ¿Qué dicen? Díganme lo que piensan, deseo escucharlos.

—Si dependiera de mí… ¡Saldríamos en este momento! —responde exaltado por la emoción el joven Tiseo, ya que se encuentra desesperado por salir de aquel lugar, el cual ha sido su único entorno en su corta vida.

—¡Ya es momento de que tengamos acción, pero de verdad!, a mí también me agrada la idea. Y si esperan mi opinión… ¡Sí!, quiero salir a buscar a nuestros compañeros. Me emociona la idea, aunque no lo demuestre con el mismo entusiasmo que el muchacho —ratifica Argos, haciendo alusión a la indisimulada euforia manifestada por Tiseo.

Ambos se ríen del entusiasmo demostrado por el muchacho, ante la ingenua e inocente mirada de este. Luego de unos momentos de buen ánimo, Gera determina los pasos a seguir.

—Ya que estamos de acuerdo en marcharnos debemos trabajar en ello. Desde mañana muy temprano empezaremos a construir un buen navío para navegar en mar abierto. Ustedes buscarán la mejor madera, mientras yo fabricaré las amarras.

Argos aprueba la determinación de Gera, pero no así Tiseo; quien al parecer tiene algo para confesarles...

—Madre… Uf, no sé por dónde empezar a decirte esto —expresa nervioso el joven ante la inquisitiva mirada de la guerrera.

La indecisión de Tiseo consigue atraer el interés de Gera y de Argos, los cuales intuyen que tiene algo importante qué confesarles. El joven Tiseo se arma de valor y les revela:

—No es necesario buscar la madera, porque ya me encargué de eso. La tengo escondida no muy lejos de aquí, cerca de la playa; se encuentra a menos de una hora caminando. Si lo desean los puedo llevar para que la vean. Les aseguro que es la mejor madera de la isla.

Su astuta madre ese momento se da cuenta dónde y porqué este se perdía por las tardes.

—¿Cómo es que tienes esa madera? ¿La encontraste así por así o fuiste recolectándola todas esas tardes que te desaparecías? Dime si planeabas marcharte y abandonarnos. Responde con la verdad, sabes que no puedes engañarme —muy resentida lo increpa.

El joven se da cuenta que se ha delatado, por lo cual no tiene más remedio que confesar.

—Es cierto, madre… Todo este tiempo estuve construyendo una barca para los tres. Pero si te lo confesaba te ibas a enfadar conmigo y te negarías a que continuara el trabajo. Es por ello que decidí construirla solo. Tenía la intención de mostrártela cuando haya estado terminada, luego trataría de convencerlos para marcharnos los tres. Jamás tuve la intención de salir solo. Debes de creerme, madre, es la verdad.

Gera conoce muy bien a su hijo (para ella, todavía su pequeño). Sabe que Tiseo es sincero en sus palabras, pero le molesta en demasía el solo hecho de imaginar que se marche de su lado y la abandone. Entiende que no puede descartar del todo dicha posibilidad. El muchacho ha heredado de su padre Alfenón esa determinación, temeridad e imprudencia que lo caracterizaba; y que tantas veces puso en riesgo su vida. En especial, cuando temerario e imprudente, tuvo la osadía de enfrentarse al poderoso Zeum, en cuyo combate; de no ser por la oportuna intervención de la guerrera, hubiese perdido la vida. Cada vez descubre más rasgos en Tiseo, ya sean físicos o de personalidad; que la hacen recordar con nostalgia a su amado Alfenón.

Es por ello que teme por su intrépido y precipitado hijo. Sabe que a su corta edad aún le falta mucho por aprender de la vida y de los muchos peligros que allá afuera le esperan. En su inocente corazón, aún no ha tenido la experiencia de conocer la maldad, la traición y muchas otras decepciones que existen y que vendrán. Las cuales, sin su guía y protección, sería fácilmente engañado o lo peor, asesinado; pero la tiene a ella para guiarlo y protegerlo de todo.

—Está bien hijo…, mañana muy temprano iremos y veremos lo que tienes. Por ahora debemos descansar; puesto que al amanecer tendremos bastante trabajo por hacer.

Dicho esto, dan por concluida la reunión familiar. Apagan la pequeña fogata que ha servido para asar la cena y se retiran a descansar. Antes de que termine de despuntar el alba, Gera se despierta, sus agudos oídos escuchan un sonido no usual o al menos no habitual a esa hora. Toma su espada y se dirige para ver de qué se trata… Se sorprende al ver a Tiseo en la playa con el torso al descubierto, transpirando debido al intenso ejercicio. Al parecer lleva rato ejercitándose solo. El joven, ignorando que está siendo observado, espada en mano practica y perfecciona sus movimientos de defensa y ataque, aprendidos de su madre. Gera sonríe al contemplar a su hijo practicar con tanta vehemencia. Lentamente se aproxima, intrigada por el interés y fervor de este por aprender más.

—¿A qué se debe ese entusiasmo por perfeccionar tus habilidades? Vamos…, dime, nadie como yo para entenderte y ayudarte.

—¡Sí, madre…! Si vamos a salir de esta isla, no deseo ser una carga o preocupación para ti. Es más, quiero ser yo quien te cuide no al revés. Te demostraré que ya no soy un niño. Ahora puedo cuidarme, también defenderlos a Argos y a ti; ya lo verás.

Al escucharlo, descubre que está empezando a florecer en él justamente lo que más teme, pues cada vez son más evidentes los temerarios rasgos heredados de su padre. Esa imprudente audacia que recuerda con nostalgia, del hombre que había amado tanto o que quizás aún esté en su corazón. Sin embargo, estas cualidades de la personalidad de su hijo la asustan, porque sabe las consecuencias que este temperamento le podría traer al joven. Por lo cual, entiende que es algo que aún debe moldear en Tiseo, o al menos moderar un poco esa naturaleza; para dar lugar a la prudencia y sensatez. Pero es muy joven, aún hay tiempo, deduce dentro de sí. El leal Argos, alarmado, también ha salido de su tienda y ha estado escuchando la conversación. Sonriendo mueve la cabeza negativamente, manifestando resignación en su rostro.

—Sé lo que estás pensando. No me interesan tus comentarios, así que guarda silencio —le dice Gera al verlo sonriendo con cara de burla.

Argos, también conoció a Alfenón, al igual que Gera ha captado los cada vez más evidentes rasgos que lo asemejan a su padre. Por ello entiende la preocupación de Gera para con el muchacho.

—Continúa practicando. Yo haré el desayuno, mientras Argos se encarga de preparar las herramientas y víveres que llevaremos —determina la guerrera, proporcionándole al legionario la tarea más pesada en represalia por la mofa de este a su preocupación.

Luego de consumir alimentos, marchan guiados por el entusiasmado Tiseo. Al cabo de casi una hora llegan a un bosque, alejado solamente a unos cien metros de la playa, en cuyo lugar y ocultos bajo unos matorrales, se encuentran los tablones de madera simétricamente muy bien cortados. Tiseo jamás había visto un barco, por lo cual no tiene conocimiento de cómo es uno de ellos. No obstante, por pura intuición e imaginación, solamente guiado por las respuestas de Gera y de Argos a sus muchas curiosas preguntas; fue que empezó a preparar estas maderas. Su inteligencia e instinto sobrenatural le valieron de mucho para avanzar en la preparación de aquello. Y… ¡vaya que iba muy bien! Resultado que comprueban sus compañeros al observar y evaluar su trabajo.

—¡Realmente me has sorprendido, hijo mío! Jamás imaginé que fueras capaz de algo así. Con esto nos ahorras al menos un par de semanas de trabajo. ¿Qué opinas, Argos?

—¡Uf…! El muchacho sí que tenía ganas de marcharse de aquí —ratifica imprudentemente el legionario, sin darse cuenta de la molestia que ocasiona en Gera su comentario.

Esta hace como si no le afectara en lo absoluto y decide observar minuciosamente la fina madera, ciertamente sorprendida por la habilidad de su hijo a tan corta edad. Sin embargo, por encima de su sorpresa se encuentra molesta y decepcionada de la actitud de Tiseo. Mira a los ojos a su hijo, como queriendo indagar en él cuál fue su verdadero objetivo para realizar semejante trabajo y a escondidas. Tiseo, al captar la inquisitiva mirada de su madre, exclama:

—¡Madre…! ¿Otra vez lo mismo? Ya te he explicado cuáles eran mis intenciones. ¿Cómo puedes pensar que me iría sin ustedes? ¿A dónde iría? No conozco nada del mundo exterior. ¿Crees que sería tan tonto e imprudente para atreverme a marcharme solo a una aventura así?

Al escuchar al muchacho, Gera y Argos se miran, y ambos mueven la cabeza afirmando; dándole a entender que sí lo hallan capaz de semejante imprudencia, puesto que comprenden la genética de temerario al extremo que lleva en sus venas. Argos y Tiseo siempre han sido cómplices en las travesuras del muchacho. Pero esta vez el legionario decide hacerse a un lado para permitir que la conversación sea solamente entre madre e hijo. Además, se siente decepcionado, pues si Tiseo hubiese confiado en él y le hubiese comentado; quizás hasta le hubiese ayudado. Luego de unos momentos de intensa tensión para el muchacho, provocado por la penetrante mirada de su madre, esta decide dar por terminado el asunto y empieza a dar las instrucciones para continuar la labor de su hijo.

—No hay tiempo que perder, llevemos los troncos, hay que medirlos apropiadamente. Ustedes se encargarán de ese trabajo, mientras yo fabricaré lianas y conseguiré resina para evitar las filtraciones.

De esa manera se enfrascan en la afanosa tarea de la construcción del navío que los sacará de la isla. Los trabajos son arduos, de sol a sol para los tres, empujados por la mejor de las motivaciones, como es salir de aquel tedioso lugar para encontrar a sus añorados compañeros.

Al cabo de una semana de intenso trabajo la embarcación ya casi se encuentra terminada, solo faltan algunos pequeños detalles; los cuales estarán subsanados en uno o dos días como máximo. Esa última noche, Gera decide definir los últimos detalles para el viaje.

—Muy de madrugada partiremos con rumbo al norte, hacia una de las islas griegas. Espero que tengamos ya a bordo todas las provisiones que necesitaremos para el largo viaje.

—No te preocupes por ello. El muchacho se ha encargado incluso de lo más mínimo para nuestro viaje; no hay detalle que se le haya escapado —ratifica Argos.

Gera sonríe, pues sabe que es cierto. De los tres, el que más entusiasmo ha demostrado en esta última semana de intenso trabajo, fue Tiseo. Para el muchacho no hubo cansancio ni fatiga, con tal de terminar cuanto antes la fabricación del navío que los sacará de aquella isla. Finalmente llega el ansiado momento de partir. Abordan el pequeño navío y sueltan las amarras. Empiezan la travesía hacia el norte con rumbo hacia una de las islas griegas.

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