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Portada de la novela Amor imperfecto

Amor imperfecto

Tras una década ocultos bajo identidades falsas, Esteban, Laura y Valeria ven cómo su pasado resurge para amenazar su estabilidad. El secreto que guardaron sobre el origen de Danna se convierte en una carga insoportable que deben rectificar. Mientras Esteban y Laura se esfuerzan por recuperar el vínculo con su hija, Valeria se debate entre el rencor y el perdón. Paralelamente, Carlos buscará redimirse al reconocer por fin el valor de la familia.
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Capítulo 3

(Dos días después)

Camino por el pasillo principal de mi colegio y al tiempo saludo a todos. Soy la capitana de las porristas y contrario a lo que muchos se imaginan de las capitanas: No soy una chica fácil.

Se acerca mi mejor amiga, Sara—Siento que voy a perder mi soltería.

—¿y eso?

—¡Tengo nuevos vecinos!

—¿Nuevos? Ni sabía que llegarían nuevos —la miro— por tu cara, deben ser guapos.

—¡Son cinco! Un señor, tres chicos y una chica que se nota es la mayor, ella es muy bonita, pero no me interesa, y tampoco su papá.

—A mí igual.

—Uno de los chicos es blanco, delgado, de cara es normalito…¡sí, muy muy normalito!

Muevo mi cabeza negando —¿muy, muy normalito? ¡Qué exigente!

—¡Ya me conoces! Aunque le pasaría lo normalito, pero su peinado jamás; porque se peina algo raro.

—y cómo es eso de raro.

—Parece lamido de vaca.

—Aaah ok. Entonces supongo está cancelado.

—Exacto. Y de los otros dos, la verdad no sé cuál elegir.

—¿Tan difícil es? Y es curioso eso de: No sé cuál elegir; ojalá el que elijas, también te elija a tí ¿lo has pensado?

—me da un poco de risa.

—A mí nadie me dice que no ¿lo olvidas?

—Ok. Como digas.

Entramos al salón, nos sentamos cerca, sacamos nuestras libretas y mientras le echo una ojeada a mis últimos apuntes…

—¡Descríbemelos!

—Uno es blanco, cabello negro, alto, ojos negros…

Llega la profesora para iniciar clase.

—¡Ésta tarde vas a mi casa! —me dice mi amiga acomodándose en su silla, me sonríe y me guiña un ojo.

Mi amiga no tiene remedio definitivamente.

Al llegar a casa de Sara, su mamá deja de trabajar en la computadora para servirnos el almuerzo…

—Preparé una tarta de manzana —nos dice la Sra. Paula.

—¿enserio la preparaste mamá?

—Sara ¿Cómo te atreves a preguntarme eso?

—Me atrevo porque te conozco, siempre las dejas quemar o te quedan super insípidas así que sueles salir a comprarlas.

Su mamá hace un resoplido —Es cierto, puedo engañar a cualquiera menos a ti; es tan frustrante el no poder preparar una simple tarta.

—Eso no es nada del otro mundo mamá, así te amo y es lo único que te debe importar.

—También debo confesar otra cosa —continúa su mamá.

La miramos con cara de incógnita.

—La verdad, la tarta no es para nosotras.

—Ah ¿no? ¿entonces?

Sonríe y hace señas hacia la casa de los vecinos.

—¿Es para los vecinos? Mamá, pero cómo se te…

—¡Hija! Como vecinas debemos darles la bienvenida, ¡no podemos ser groseras!

Sara se queda callada, me mira con media sonrisa y sigue comiendo.

—¿tú nos acompañas, linda?

Sara mueve su dedo índice indicándome que diga que sí.

—Sí, si señora. Yo las acompaño —sonrío.

La Sra. Paula timbra en la casa de al lado y abren dos chicos que están ¡Wow! …

—¡Límpiate la baba! —me dice al oído mi mejor amiga.

La miro feo y la ignoro.

Ellos se presentan y nosotras también.

Hay uno que se me queda viendo, me pone nerviosa y siento que se me eriza la piel. Nos hacen entrar y nos presentan al resto de la familia: el señor Alejandro es viudo, su esposa falleció de cáncer hace dos años; Melani es su hija mayor quien está por terminar la universidad, pero se ausentará por una semana para ayudar a organizar la casa; le sigue el chico rubio que se llama Daniel, él va a iniciar la universidad el próximo semestre y Oscar que es el que tiene el lamido de vaca, que, aunque es alto tiene 14 años. Y el chico de cabello negro que me había alcanzado a describir Sara, es el sobrino del Sr. Alejandro quien está en año sabático y por ahora está con ellos y se llama Sebastian.

—¿Cuál escoges? —me pregunta en voz baja mi amiga.

—Ninguno.

—Yo iba a escoger a Sebastian, pero me di cuenta de que él puso sus ojos en ti, así que me quedo con Daniel.

—¡No sé de qué hablas!

—No te hagas.

—Tengo novio ¿lo recuerdas?

Me hace una mirada de fastidio —No entiendo cómo puedes seguir con él…

Le levanto mi mano derecha indicándole que pare, ella lo entiende y se acomoda en el sofá.

Miro a Sebastian, me gusta su nombre, y él… es muy guapo, me gusta su cabello, y parece que se viste bien, pero … ¿qué estoy pensando? Mejor dejo de pensar tonterías. Miro a mi amiga y ésta me mira con sus ojos entrecerrados y tiene una leve sonrisa. Miro a la Sra. Paula y ella está … ¿es enserio? Está coqueteándole al señor viudo y delante de sus hijos ¡qué vergüenza! Pensarán que nosotras dos somos así, miro nuevamente a Sara para decirle lo de su mamá, pero ahora ella está de miradas coquetonas con el rubio y Sebastian no me quita la mirada, siento que me estoy empezando a poner roja, ¿Cuánto tiempo estaremos aquí?

Me hago la boba mirando las fotos que están en las paredes.

Daniel se sienta en una silla pequeña al lado del sofá.

—¡Hola! —saluda a Sara.

—¡Hola Daniel! —le responde sin voltearlo a ver.

—Así que sabes cómo me llamo.

—Me aprendí el de todos.

—Me alegra que vivamos cerca, podemos hablar seguido —saca su celular del bolsillo trasero del pantalón y se lo entrega— Regálame tu número, nena.

—No me digas nena, odio esa palabra —expresa mientras escribe.

—Ok. ¿Entonces te puedo decir Sarita?

¿Se acaban de conocer y ya le quiere decir Sarita? ¡Qué atrevido!

—Bueno chicas ¡ya nos vamos! —nos dice la Sra. Paula.

Me pongo de pie y alcanzo a ver que él le dice algo al oído a ella.

Nos despedimos y cuando llegamos a su casa…

—¿Qué te dijo Daniel?

—Él me dijo: Pensándolo bien, tus amigos deben decirte: Sarita, así que mejor te diré: muñeca.

—¿muñeca? —carcajea su mamá.

—No te rías mamá, el chico es lindo.

—Su padre aún más.

—¡Mamá no te quiero de madrasta de él y mi suegra al tiempo!

—¿y porque no? Sería la mejor suegra de todas.

Y es en momentos así que recuerdo porqué mi amiga es así, salió a su mamá.

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