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Portada de la novela Amor Clandestino

Amor Clandestino

Jazmín Zabaleta sacrificó sus anhelos por Rodrigo De la Sierra, ignorando que él la veía como un simple activo comercial y su amante oculta. Aunque Rodrigo obtuvo la fortuna y el prestigio que buscaba utilizándola, el precio resultó catastrófico. Su desmedida ambición terminó por arruinar tanto su matrimonio como su paz mental. Hoy, los dos enfrentan las secuelas de un romance prohibido que, lejos de prosperar, solo les dejó dolor y devastación emocional.
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Capítulo 3

Capítulo 3

Jazmín Zabaleta Villa

Tenía poco que había entrado a la Universidad y ya había conocido a mi amor platónico, era él mi profesor de literatura Rodrigo De la Sierra, era alto de cabello negro, tenía un cuerpo muy bien trabajado y unos ojos azules y hermosos como el azul del cielo, me tenía encantada y su materia aún más, era mi asignatura favorita de todas las que llevaba en la licenciatura de letras.

–Jazmín, no puedo creer que te guste el profe y no te atrevas a decirle nada – Me dijo Eva, mi mejor amiga – Se ve que a él también le gustas tú.

Como había sido posible que dejara ver que me gustaba nuestro profesor Rodrigo, estaba segura de que nadie se había dado cuenta de eso, pero me había equivocado y mi amiga se había dado cuenta de mi enamoramiento.

–Eva, amiga mía, estás bien loca y no puedo creer que me digas esas cosas – Me reí – No le puedo decir nada al profesor De la Sierra, no quiero que me corran de la Universidad.

–No te pueden correr, además el profe es un bombón y si yo fuera vista por él de la forma que te ve a ti, yo ya le hubiera dicho algo. Tenlo por seguro.

Eva era muy arriesgada y sé que a ella no le importaría invitar al profesor, pero yo no soy así, aunque me gusta y no lo niego, no me puedo acercar a invitarlo a tener algo conmigo.

–Tú, pero yo vengo a la Universidad a estudiar, no a andar buscando una oportunidad con un hombre que es imposible para mí.

–Mira Jazmín, allá enfrente está tu papá.

Levanté la vista y me di cuenta de que, era cierto lo que dijo Eva. Mi papá estaba en la camioneta de la cafetería, justo enfrente de la escuela, seguramente andaba haciendo algo o entregando algún pedido y me caía muy bien, verlo justamente enfrente de la Universidad, me iba a ahorrar la caminata a la cafetería y me venía excelente, hoy era el día que yo cargaba con más libros.

–Vamos Eva, si mi papá no está muy ocupado hasta te podemos llevar a tu casa – Le ofrecí a mi amiga – ¿Qué me dices?

–Gracias, Jazmín. Hoy tengo que esperar a Sebastián, vamos a ir a comer a su casa y aún no sale de clases, pero ve con tu papá y nos vemos mañana.

–Si quieres, me puedo quedar a esperar a que salga Sebas, no tengo problema y así te acompaño – Dije despreocupada – Y tú no tienes que esperar sola.

–No pasa nada amiga, falta como media hora. Sirve que voy a estudiar algo de mañana en la biblioteca, nos vemos mañana.

–Está bien amiga, hasta mañana.

Me despedí de mi amiga y mi papá nos vio a las dos, levantó la mano para hacernos una señal y me crucé la calle para encontrarme con él, estaba como lo había pensado entregando un pedido de café y cuando se desocupó, nos saludamos con un abrazo. Mi papá y yo, siempre hemos sido muy cercanos y mis hermanas, por eso dicen que soy su hija consentida, pero eso no es verdad. Yo sé que él nos quiere a las 3 por igual.

–Hola, hija, te vi desde que llegué con el pedido, pero no pensé que fueras a querer irte conmigo, estabas ahí con Eva.

–Hola, papá, sí estaba con Eva, pero ella se quedó a esperar a su novio a Sebastián, y pues aquí me tienes – Respondí – Yo pienso aprovechar para que me ahorres la caminata a la cafetería, hoy traigo muchas cosas.

Me caería muy bien que él me llevara, aunque estuviera relativamente cerca, hoy se me hacía más difícil por lo pesado de los libros. Si no me fuera caminando como siempre.

–Claro que sí, mi princesa. Permíteme tus cosas, las pondré atrás – Papá puso mis cosas en la cajuela y abrió la puerta del copiloto para que yo subiera – Vamos, tu mamá está en la cafetería con Sanjuana.

–Qué bueno que mamá esté de nuevo en la cafetería, pensé que seguía sintiéndose mal – Dije preocupada – Porque conociendo como es, seguramente no ha querido que la lleves al doctor.

Mi madre es una mujer muy fuerte y cuando se sentía verdaderamente mal, era que no iba a la cafetería, pero no le gustaba ir al doctor.

–No, no ha querido y ya sabes cómo es tu madre, pero si se sigue sintiendo mal yo no tendré más remedio que llevarla a fuerzas.

–Te las ingeniarás para llevarla papá, ella a ti siempre te hace caso. Mamá te adora con todo su corazón.

–Yo la amo a ella, ahora que recuerdo, yo la conocí a ella poco antes que tuviera tu edad y se parecía muchísimo a ti, así tan hermosa.

–Gracias, papá. Si yo fuera tan hermosa, ya algún chico se hubiera fijado en mí, pero no hay ni quién me haga caso – Dije abatida – Para los chicos soy invisible.

No tenía novio, a los chicos les gustaban otras chicas, menos yo, es lo que me ha pasado toda la vida, es como si no existiera para nadie, soy solo una chica más.

–No es eso hija, para los chicos eres inalcanzable y por eso no se atreven a acercarse a ti – Papá me dio un beso en la mejilla, al bajar de la camioneta en la cafetería – Eres especial hija, no lo olvides y por eso, vales mucho.

–Gracias, papá. Bajaré mis cosas, hoy me han dejado tarea y tengo que trabajar aquí también.

–Ve con tu madre dentro y yo ahorita bajo tus cosas, a esta hora llega mucha gente a la cafetería y será mejor que la ayudes.

–Claro, papá. Me adelanto entonces.

Entré a la cafetería y me di cuenta del movimiento que había, estaba casi todo lleno y en una de las mesas, estaba ese hombre que me tenía cautivada y eso me disparó los latidos del corazón, era él, mi profesor de literatura Rodrigo De la Sierra y yo, no sabía qué hacía él en la cafetería de mi familia, nunca antes lo había visto aquí.

Lo miré detenidamente y me perdí en él, como siempre me pasaba en clases, me dejaba toda embobada, es que no era para menos y estaba segura de que a más de una le gustaba el profesor, cuando de repente sentí una mano que me sujetó el brazo y me asusté.

–Jazmín, te estoy hablando hija – Dijo mamá – Estás en otro mundo, ¿Te sientes mal?

–Hola, mamá, no para nada, es solo que me quedé pensando en algo, no pasa nada – La abracé – Estuve preocupada por ti en la Universidad, ¿Cómo te sientes?

–Me siento un poco mejor, pero me sentiré aún mejor si vienes y te preparas para llevar un café a aquella mesa – Dijo mamá señalando la mesa de mi profesor – Sirve que te echas un taco de ojo, como dijo tu tía Sanjuana.

Mi mamá me estaba mandando a que llevara el pedido justo a la mesa del profesor De la Sierra, esto si era tener suerte, espero no dejarle caer nada encima.

–Mamá, no digas eso – Me reí – Si te escucha mi papá, vas a estar en problemas. Ya ves que siempre ha sido bien celoso.

–Lo sé, pero tu papá no está aquí adentro. Está afuera bajando las cosas de la camioneta.

–Sí, es que yo llegué con él. Estaba frente a la Universidad y aproveché el viaje.

–Ven, vamos a que te prepares para tu turno de trabajo, Jazmín.

–Sí, mamá.

Fui con mi mamá detrás del mostrador y saludé a mi tía Sanjuana, no era mi tía de sangre, pero era como si de verdad lo fuera. Me fui a cambiar mi ropa casual por el uniforme de trabajo, que era el mismo uniforme que usó mi madre cuando llegó a vivir aquí y a trabajar aquí. A mi gusto era un poco anticuado, pero es lo que hay, salí ya cambiada y mamá ya tenía preparado y servido el café del profesor en una charola.

–Hija, ve y lleva el café, por favor – Me insistió mamá – Por favor, Jazmín. Yo iré a ayudar a tu padre, no sé qué tanto hace en la camioneta.

–Claro que sí, mamá.

Tomé la charola con el café del profesor y caminé hacia su mesa, él estaba trabajando, seguramente preparando alguna clase que no se dio cuenta cuando yo llegué a dejarle su café y a mí, hasta pena me dio molestarle, pero tenía la mesa llena de documentos y no había dónde ponerle su café, esto me deba pena, tener que interrumpir su trabajo, pues estaba muy concentrado en lo que hacía.

–Buenas tardes, le he traído su café – Dije en un tono casual – Permiso, por favor.

–Buenas tardes – Él levantó la mirada y me atravesó con ella – ¿Jazmín?

–Sí, soy yo profesor – Respondí tímidamente – Aquí trabajo.

–No lo sabía, muchas gracias – Él despejó la mesa para que yo pudiera dejar su café – Puedes poner el café aquí, por favor.

–Claro que sí.

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