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Portada de la novela Amarte por siempre

Amarte por siempre

La abogada Ana, empleada del alcalde, comete el error de bailar en un club turbio tras perder una apuesta. El propietario la graba con fines de extorsión, poniendo en riesgo su carrera. Mientras intenta ocultar el chantaje, un misterioso joven entra en su vida y la enamora. No obstante, el romance se tambalea cuando él descubre la existencia del comprometedor video. Juntos deberán decidir si su vínculo es capaz de superar este oscuro secreto o si el escándalo los separará.
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Capítulo 3

Ana Jones

Acaricia mi cuerpo suavemente, siento una corriente que me recorre el cuerpo. Sus manos se deslizan por los músculos de mis piernas de forma delicada y hacen que me estremezca.

Acerca su rostro hasta que siento su aliento en mis labios y de forma inmediata abro los mios ansiando su contacto, el me mira con malicia

—Admite que quieres besarme

Me guiña un ojo y comienzo a reirme

—Quízas— Le respondo y muevo mis caderas para tentarlo. El gruñe y se acerca mas para intentar besarme.

Me levanto de un sobresalto con el sudor corriéndome por el cuerpo. No puede ser que tenga sueños húmedos con ese idiota, que lo que hace es llevarme hasta el colapso por sus estúpidos juegos.

Me paso la mano por la frente y siento las gotas aun cayendo a pesar de que el clima es frío.

Definitivamente debo darme una ducha. Me levanto de la cama con mi pijama corta y tomo mi toalla, miro la hora en el reloj que esta en la mesita de noche y me indica que aun es de madrugada marcando las 3 am, pero es que si no me ducho, permaneceré con las bragas húmedas por el imbécil que duerme en una de las habitaciones contiguas.

Me voy de forma silenciosa porque la verdad es que no quiero topármelo y que me salga con uno de sus chistes.

Abro la ducha y el agua tibia me recorre, quisiera quedarme un buen rato, pero esto debe hacerse rápido, por lo que duro solo cinco minutos, me visto acá y salgo secándome el cabello con la toalla, que por tenerlo largo y crespo, cuesta mas que cualquier cabello lacio.

Camino a la cocina por algo de agua, pero en la puerta choco con alguien, y no hace falta encender la luz para saber de quien se trata

¡Arg! Que suerte la mía (nótese el sarcasmo)

—Que bonita sorpresa— me dice con una sonrisa picara

—que lastima que no pueda decir lo mismo

Sigo mi camino para hacer lo que vine y largarme a mi habitación, enciendo la luz para no Tropezar con nada y voy directo a la nevera por una botella de agua, con el silencio siento una tensión y no se si es que el idiota se fue o si es que se quedó sin lengua

—¿No te dejo dormir en sueños?— me tenso ante su comentario, ¿por que tiene que ser tan engreído? Y lo peor, ¿por que tiene que tener la razón?

Me volteo y lo encuentro perdido en mi trasero, chasqueo los dedos para que se centre en mi cara

—primero, no te creas la gran cosa, no eres tan bello, segundo no sueño con demonios, solo cosas lindas, y tercero, no te importa que hago despierta a esta hora.

El enarca una ceja divertido y me mira con esa picardía que nunca se va de su rostro

—Bueno, respondiendo a tus ataques— se acerca a mi —primero, no sabes que soy guapo porque no me has visto sin ropa— se quita la camisa dejando al descubierto su torso definido haciendo que mis ojos lo recorran. Lo nota y se ríe —segundo, ¿No sabias que los demonios suelen dar mas placer que los ángeles?— se sigue acercando y mis pasos por instinto retroceden hasta que choco con la nevera —y tercero, ¿no crees que puedes pasar tu tiempo haciendo cosas mas placenteras cuando no puedes dormir? Yo puedo ayudarte.

Lo empujo para que se aleje de mi, pero no retrocede. Me tiene acorralada en la nevera con sus manos a cada lado de mi cara

—¿por que eres tan pervertido? No pienso acostarme contigo, así que aléjate y déjame ir.

Desvío mi mirada porque me sumerjo en la profundidad de sus ojos, pero me toma del mentón para obligarme a mirarle y su sonrisa no se borra

—no sé que está pasando por esa linda cabecita, pero la pervertida acá eres tú, ni siquiera mencioné nada de acostarnos, me refería a ejercitarte, o leer, alguna actividad que te ayude a matar el tiempo. Aunque si estas pensando cosas sucias, también es una forma de aprovechar el tiempo— Me guiña el ojo y siento su respiración en mis labios. Mis mejillas se encienden con sus palabras ¡que vergüenza!

—Quítate, me voy a dormir—trago saliva cuando no se mueve

—¿acaso te pongo nerviosa?

—Psst claro que no— digo con la voz mas aguda de lo común.

Se acerca de manera que su rostro queda a centímetros de mi cara, creo que solo hace falta una leve inclinación para juntar nuestros labios.

—¿que haces? Retrocede— le digo en un susurro

—No. No quiero

—¿tu no conoces la palabra ‘espacio personal’? Deberías ponerla en practica.

—ahora quiero poner en practica otras cosas— usa esa sonrisa que me provoca quitarle, ¿sera así con todas? ¡Aarg!

Sube y baja las cejas de forma juguetona.

Le doy una mirada de muerte y se quita riendo a carcajadas y negando con la cabeza, no se que le parece tan divertido.

Aprovecho que tengo espacio y le paso por un lado para ir a mi habitación, antes de cruzar el marco de la puerta dice:

—espero que vuelvas a soñar conmigo

—Iluso— contraataco aunque se que todo lo que le dije es una mentira.

Si soñé con él y si me gustó en el sueño, eso es lo que mas rabia me da, pero no le daré el placer de saber que si forma parte de ellos y que si me parece atractivo sin camisa, creo que dura mucho en el Gym para tener esos cuadros de ensueño, que provoca…

¡No, no, no! ¿que me pasa? Creo que me estoy volviendo loca pensando en ese engreído. No, corrijo, él me está volviendo loca y no quiero caer en sus trucos de llevarme a la cama.

Y lo que me pone de malhumor es que me di ese baño para nada, porque se me volvieron a mojar las bragas.

Dios, no lo puedo creer, ese idiota no puede causar ese efecto en mi, no le daré el gusto.

Y si el quiere guerra, pues la tendrá. Le daré una cuchara de su

propia medicina para que sepa que también puedo jugar porque no siento nada por él.

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