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Portada de la novela Amarte fue mi mayor pecado

Amarte fue mi mayor pecado

Fiorella ha vivido doce años de matrimonio estable, pero su mundo se tambalea tras conocer a un hombre fascinante que despierta en ella una pasión incontrolable. Este vínculo prohibido pone a prueba su fidelidad, sumergiéndola en un mar de secretos ya que ambos poseen compromisos previos. Dividida entre la lealtad a su esposo y un deseo irrefrenable, deberá enfrentar un dilema moral donde arriesgará todo para elegir su destino definitivo.
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Capítulo 2

Fiorella

-¡Hasta que llegas hija! -al día siguiente mi madre me había invitado a almorzar y no podía negarme a verla, por algún motivo que desconozco al entrar en el salón sentí una mirada penetrante en mí, miré a mi alrededor y no vi a nadie conocido -¡Hija te estoy hablando! -me saca de mis pensamientos mi madre.

-¡Discúlpame me distraje con algo! -le mentí y tome asiento, pero antes las salude con un beso.

-¿Y Lautaro? -me pregunta Melanie mi hermana menor quien estaba junto a mi madre.

-No lo vi, pero debe estar en la revista trabajando -respondí mientras miraba el menú.

-Fiorella me preocupas - dejé la carta sobre la mesa al oír a mi madre.

-Mamá estoy bien, no tienes que preocuparte -le respondí.

-Como no hacerlo, no sabes ni siquiera que hace ahora tu marido ¿Y si tiene un amante?

-Pues no lo sé, anoche volví tarde, él ya dormía y esta mañana desperté cerca de las once del día, me levanté y vine para aquí y no creo eso de la amante.

-¿Lautaro no se despide de ti? -me pregunta mi hermana sorprendida.

-¡No! El matrimonio no es color de rosas como en esos libros que lees -le dije sin importancia.

-Así te quedarás sola, no entiendo porque aún no tienen hijos -me reprocha mi madre una vez más sobre lo mismo.

-No voy a discutir sobre lo mismo una y otra vez -le dije tajante.

-No puedes decirme así, el hijo de Lautaro no será nunca tu hijo.

-No metas a Pedrito en esto, y no veo nada malo que aún no los tenga, apenas cumplí el mes pasado 35 años -nota de color, cuando conocí a Lautaro tenía un niño de 5 años.

-Por eso mismo, ya estás grande.

-Creo que el día que quiera un hijo llegara, por el momento no espero tenerlo, mi prioridad es mi magazine, ya después tendré tiempo de sobra.

-¿Cuándo tengas 50 años? -me reí al escuchar lo que dijo.

-Siempre puedo adoptar un bebe o un niño más grande ¡No todo está perdido!

-No será lo mismo Fiorella, para eso te quedas con Pedrito.

-Lo ves, ahí tienes la respuesta -mi madre no volvió a tocar el tema y se lo agradecí, al terminar el almuerzo ella se retiró y nos quedamos con Mel a charlar, los días jueves al salir la edición de mi revista, me tomaba el día libre.

-No entiendo porque mamá te presiona tanto -me dice ella.

-Muy pronto se cansará como paso con Cinthia y te tocará a ti.

-¡Pero es diferente! Ella no puede tenerlos ¡Tú si!

-¡Y tú también! -le dije y bebí de mi gin-tonic

-Pero no estoy ni en pareja ¡En cambio, tú!

-Nada, mejor cuéntame ¿Cómo vas con la universidad? -cambie de asunto y le brillaron los ojos al oír mi pregunta.

-Muy bien, me quedan 7 materias y seré licenciada en administración de empresas, además conseguí un puesto de trabajo en una importante multinacional, solo que hay un problema.

-¡Felicidades! Pero cuál es el problema.

-La empresa requiere que cambie nacionalidad, es en Estados Unidos.

-Es magnífico ¡No veo el problema! Eres joven y además necesitas el empleo.

-Lo sé, pero y mamá ¿Quién cuidará de ella?

-No te preocupes por ella, con Cinthia nos vamos a apoyar, siempre estuvimos las tres para todo -ella tomó mi mano por encima de la mesa y me sonrió.

-¡Buenas tardes! ¿Fiorella verdad? -nos interrumpe un hombre y al girarme había dos caballeros.

-Si, la misma ¿Lo conozco? -su cara me parecía familiar, pero no recordaba de dónde.

-Soy Carlos Estraneo, fui tu abogado hace un año, te ayudé con tu emprendimiento -en ese momento lo recordé.

-¡Es cierto! Un placer volver a verlo ¡Disculpe que no lo reconocí! -mire al otro hombre que estaba al lado suyo, quien no despegaba su vista de mí.

-No hay problema, me acerqué a saludarte ah y te presento al dueño del bufete que te ayudo ¡Mi amigo! -lo señalo y él me sonrió tan bonito que ahora yo no podía despegar mi vista de él, era alto cabello oscuro al igual que sus profundos ojos negros.

-Dante Ponzio un gusto conocerla -estiro su mano y la tomé, en ese acto sentí tanto que inmediatamente lo solté.

Aún no salía de mi cabeza la imagen de aquel hombre que conocí hoy en el restaurante, parecía una puberta embobada, era muy loco sentir esto que siento, es imposible, decidí levantarme de mi cama y fui hacia la cocina, me serví jugo y al mirar la hora ya era muy tarde y Lautaro aún no regresaba, entonces decidí ir y darme una ducha, a lo mejor fue a comprar para cenar, al abrir el closet note que una de las maletas no estaba y entonces recordé que él había hablado sobre un viaje, fui hasta su mesa de noche y al abrirla efectivamente no estaba su pasaporte.

-No puedo creer que olvides algo así -me dice al día siguiente Laura quien me había acompañado al consultorio de Marina.

-Bueno tampoco es tan grave -dije como si nada.

-¡Es un problema! No puedes olvidar que tu esposo se fue de viaje y mucho menos no puedo creer la poca comunicación que ustedes tienen, ni un mensaje te mando y se fue cuando.

-El miércoles en la mañana creo.

-¡Ves! Ustedes están por estar juntos, no hay amor, discúlpame que sea tan directa.

-Por eso mismo vine a ver a Marina, necesito ayuda, no me imagino sin él.

-Espero de corazón que esto ayudé para continuar o para darle fin -al oír sus palabras supe que tenía razón, no se podía arreglar algo que estaba roto.

Al llegar al edificio nos recibió su secretaria, me registre y tenía un paciente antes de espera, Laura se quedó diez minutos y tuvo que irse, tome una revista y comencé a leerla, en mi mente daba vueltas mi olvido del viaje de mi marido, no podía creer que aun ni un mensaje me envió, decidí olvidar esto por un rato y me concentre en leer, pero la puerta de uno de los consultorios se abrió y cuando levante mi vista estaba él, quien no había notado mi presencia y decidí hacerme la tonta y comencé a leer un artículo que no sabía ni que decía porque no podía concentrarme, no levante mi vista, pero sentí su mirada puesta en mí y luego tomo asiento cerca de mí.

-¡Fiorella enseguida estoy contigo! -Marina salió de su consultorio y salió hacia la calle, no quise levantar mi vista, pero el me hablo.

-Un gusto verla de nuevo Fiorella -dijo él y al mirarlo me perdí en sus ojos negros que me hipnotizaban.

-¡Hola! ¿Tiene cita? -dije y no sé porque me puse nerviosa, ni porque pregunté lo que dije.

-No, solo vine a acompañar a mi esposa -al oírlo me sentí mal y me odié por mirarlo como lo hacía.

-Su esposa, que bueno que usted la acompañe -le dije, ya que no sabía que más decirle, en ese momento mi celular vibro y cuando lo saque de mi bolsa se me lo cayó, porque estaba muy nerviosa por su presencia.

Me agache a tomarlo y el hizo lo mismo, lo que provoco que el tocara mi mano y me encendiera, rápidamente quite mi mano y el me entrego mi móvil.

-¡Aquí tiene! -dijo sin quitar su vista de la mía.

-¡Muchas gracias! -lo recibí y le sonreí.

-Disculpa la demora Fio, mi auto estaba mal estacionado -me dice Marina, quien ya había regresado, me levanté tan rápido que entre por detrás de ella al consultorio y no lo volví a ver.

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