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Portada de la novela Amarte entre letras

Amarte entre letras

El magnate Destan Paz oculta su identidad tras un seudónimo de mujer para proteger su privacidad. Su atormentado pasado parece quedar atrás al cruzarse con Thea Castillo, su editora y asistente. Sin embargo, la naciente pasión entre ambos peligra cuando emergen oscuros secretos relacionados con Solomon, el hermano fallecido de Destan. Ahora, la pareja debe enfrentar las sombras del ayer y descubrir si su amor es lo bastante fuerte para resistir la verdad.
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Capítulo 3

En un pueblo pintoresco, que daba hacia el mar, rodeado por una cordillera completamente verde, que daba un efecto mágico, que destacaba pequeño destino para todos los que llegaban a visitarlo. 

Dentro de una casa, de fachada rústica hacia las afueras del pueblo, de blancas paredes y rejas de color negro. Una casa protegida por arbustos de magnolias y un gran árbol de Mango. 

El sol entraba por la ventana del cuarto principal, celebrando un nuevo día con un cielo despejado, con cada oportunidad, en la que las cortinas se levantaban debido a la brisa marina que entraba por las ventanas abiertas. Acostada boca abajo, se encontraba una mujer de largo cabello negro, completamente enmarañado. 

A su lado, en la mesa de noche, junto a un manuscrito y un resaltador, reposaban unos lentes, azul eléctrico; la calma era lo que predominaba en aquella habitación, hasta qué pasos se escucharon por el pasillo y luego la puerta de la habitación se abría de manera agresiva. Despertando de esa manera a la dueña. 

En esa habitación reposaba Thea Castillo, la conocida editora de los lentes azules; que había optado por vivir en la sombra del misterio al negar verse con sus clientes, usando a Joel Jara, amigo y jefe como canal para recibir los trabajos.

Un par de segundos tardó Thea en comprender lo que había pasado; justo en el momento que su hija se lanzaba a la cama. Gruñendo por lo bajo, la editora se pasó una mano por la cara antes de sentarse mirando a su hija con ojos bizcos, más dormida que despierta. 

— Mamá, ha llamado mi tío Joel. — Informó, con tono burlón, la joven de unos 12  años aproximadamente. 

Agatha la hija de Thea, al igual que su madre, llevaba el cabello largo, solo que este tenía un tono castaño y era ligeramente ondulado. Los ojos de la joven pasaban por la figura de su madre, de manera divertida, mientras que el tono gris de estos adquiría un brillo travieso. 

— Dice que necesitas que estés en la editorial antes de las dos de la tarde, ha salido una reunión de imprevisto, es posible que necesites quedarte en la ciudad un par de días. — Agrego Agatha viendo cómo su madre estaba cada vez más despierta. — No te preocupes, ya he hablado con mi papá, para quedarme con él esos días, puedo aprovechar de visitar a la abuela, ya que estoy de vacaciones. 

Suspirando Thea, intentaba comprender toda la información que su adorada hija soltaba, sin ningún tipo de contemplación con su pobre alma. Finalmente asintiendo la mujer, gateo por la cama buscando su teléfono a tientas, al encontrarlo se sentó agarrando los lentes para ver la hora. 

«Siete de la mañana… Es que los mato, tan solo alcance a dormir dos horas.» Pensaba Thea suspirando de manera lenta. 

~… ~ 

Casi unas cuatro horas después, Thea acompañada de su hija; detenían el auto frente a un edificio de grandes ventanales, y sobre la puerta principal se encontraba un letrero que decía “Editorial Ruiseñor, donde la melodía de tu alma se convierte en un libro al alcance de todos.”

Apoyados en el marco de la puerta se encontraban dos hombres; uno era Joel Jara, director ejecutivo de la editorial. Un hombre de tez morena, ojos de color chocolate y rizado cabello negro, con sutiles canas regadas por toda la cabeza; de unos aproximados treinta y siete años, el cual tenía una expresión de estrés para nada sutil, de contextura media. 

Al lado de Joel, se encontraba Caín Baez, principal ilustrador y diseñador gráfico de la editorial, además de ser el exesposo de Thea y padre de Agatha. Un hombre también rondando los 37 años; de tez clara, cabello marrón, largo hasta un poco más abajo, de los hombros, atado en una coleta baja, barba cuidada, también marrón, que comenzaba a tener canas, ojos de color negro y una expresión divertida. 

La primera en salir fue Agatha, la cual corrió directamente a su padre abrazándolo de manera efusiva antes de sacarle la lengua a Joel. En lo que Thea bajaba del auto con expresión desconfiada y se aproximaba a ellos. 

— Que bueno que llegaron. — Saludo Joel levantando una mano — Vamos Thea no me mires así, tengo café para ti. — Agrego con tono de súplica a la mujer que se acercaba. 

—Más vale que valga la pena…— Gruño Thea antes de mirar a Caín. — Hola, tú. — Saludo antes de entrar en el edificio sin dar tiempo a respuesta alguna. 

Agatha simplemente sonrió antes de entrar detrás de su madre, entretanto Joel y Caín compartían una mirada, previo a seguir a las dos femeninas.

── Si mueres lamentare tu pérdida, amigo.── Dijo Caín mientras avanzaban. 

~…~ 

Sentados en el salón de juntas se encontraban Caín, Joel y Thea; Agatha se había quedado en la oficina de su padre jugando en la computadora, decisión inteligente de su parte; el silencio reinaba el lugar y aquello estaba desesperando a Thea. 

Sin embargo, quien realmente estaba desesperado era Joel; no sabía en qué momento había accedido a la grandiosa idea de su cuñada y esposo, tenía que definitivamente amar a Theodore Díaz para sacar a la osa con mal de rabia de su casa un domingo; lo único que lo relajaba era tener a Caín con él, ya que entre los dos podían calmar a la mujer o eso inocentemente pensaba, y es que meter a Thea en otro contrato en este punto era casi suicida, tenía tanto trabajo que no se estaba dando abasto. 

Thea Castillo, era la editora en jefe de la compañía; si te guiabas de su apariencia, nunca te imaginarías el pésimo carácter del que hacía gala.

 De piel pálida y lechosa, con pegas regadas por la nariz y hombros, larga melena color negro y unos lentes de montura azul eléctrico; con una altura apenas superior al metro sesenta centímetros y una contextura gruesa sin llegar a ser obesa quizás unos 10 kilos por encima de su peso adecuado. Su rostro, tenía rasgos que la hacían verse completamente tierna y dulce. 

Joel conocía a Thea desde la universidad, eran amigos desde ese momento y luego se habían convertido en socios cuando le propuso armar una editorial. Además, que había sido esposa de su mejor amigo, Caín, con cuál estuvo casada unos seis años.

Y, aun así, le tenía pánico a su mal carácter, pero, no era algo para menos, en especial luego de haber recibido un derechazo por parte de ella, si algo tenía Thea era que, era más fuerte de lo que parecía.  

— Joel, sinceramente me estoy cansando de esperar. — Espeto Thea. — ¿Qué pasa? Debe ser importante para que me saques de mi hermosa casa un domingo. 

Ante las palabras de la editora, Joel no pudo más que suspirar, a sabiendas de que su tiempo se había acabado y no había encontrado algo mejor que seguir el guion que la noche anterior le había armado su esposo. 

— Hemos sido contactados por la asistente de Jessica Lira. — Dijo entonces Joel, logrando que Thea bajara la guardia. — Nos informa que a la señorita Lira, le encantaría formar un acuerdo comercial con nosotros, pero, tiene un par de condiciones para que eso se dé. — Informaba mientras jugaba con sus manos algo nervioso. 

Ante esa frase, cualquier gesto de alegría en Thea se evaporó como agua en el pavimento un día caluroso. 

— ¿De que condiciones estamos hablando? — Pregunto Thea con cautela, cayendo en cuenta del porqué de la presencia de su ex. — Joel…── Murmuro con un ligero tinte de peligro en su voz. 

— Quiere trabajar específicamente contigo como editora… Y…  — Soltó ante el tono amenazante que había empleado su amiga, quedándose callado a la mitad. Consiguiendo que la pelinegra alzara una ceja de manera impaciente. — Verás la asistente de Jessica está en la dulce espera y bueno, ella te escogió, Jessica, no la asistente, quiere que seas su asistente temporal… Solo así nos va a dar un contrato de exclusividad… 

Aquella información le cayó como un balde de agua fría a Thea, quien solo atino a quedarse congelada en su lugar. La mente de la editora, trabajaba a miles de revoluciones en cuestión de segundos.

Era una oportunidad, posiblemente única en su especie; sin embargo, le causaba cierta y notable incomodidad verse envuelta en un trabajo como ese. ¿Y si no lo hacía bien? Ella era muy mala tratando con gente.

Aprovechando el silencio que se había instalado entre ellos, Joel se aclaró la garganta, para agregar algo más, mientras se movía de su silla, solo por prevención. 

— Tienes hasta mañana para decidir, puesto que hemos pautado una reunión con la autora y su asistente, en el restaurante de comida cantonesa que está cerca de mi casa. — Informo, a sabiendas, de que era una parcial mentira lo que estaba diciendo. — Aunque bueno es una oportunidad única Thea, tener una escritora como Jessica que constantemente saca obras que se convierten en un best seller … Se que estás abollada de trabajo pero, piénsalo.

Las palabras de Joel pesaban para Thea quien, finalmente, asintió dando a entender que accedía a lo que se le estaba proponiendo, tantos años trabajando codo a codo, facilitaban ciertas interacciones. Relajando de manera inmediata a Joel que solo bajo la cabeza para avisar a su esposo mediante un mensaje que todo estaba listo para la reunión. 

Caín, por su parte, había sido un mero espectador; sin embargo, se sentía completamente curioso de lo que vendría. Y tampoco se quejaba, puesto que la visita de su hija se había adelantado un par de días por aquel suceso, y bueno, tampoco había tenido que hacer gran cosa. 

Por otro lado, Thea, se mantenía en silencio, sumida en sus pensamientos. Analizando si aquello realmente era una buena idea, ya que un sentimiento de inquietud la había invadido, apenas escucho lo que Joel decía. 

Aunque; no siempre tendrás la oportunidad de conocer a unos de tus autores favoritos, aun siendo parte del mundo editorial, esas cosas no eran tan fáciles, y menos, con alguien como Jessica Lira, un total misterio. 

Acababa de divorciarse de Caín cuando leyó el primer libro de Jessica, en ese momento era una autora novata que tenía mucho talento, y pese a que sus relatos no terminaran siempre de manera feliz, la atrapo. El cómo describía las relaciones y la naturaleza humana la habían encantado. 

Lo cierto es que fuera de aquella inquietud solo esperaba, de todo corazón, no arrepentirse de haber tomado dicha decisión. 

Ajena a que aquello solo era el comienzo, de todo el circo que viviría.

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