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Portada de la novela Amar Sin Limites

Amar Sin Limites

Armando y Alejandra experimentan una conexión instantánea al reencontrarse, transformando sus realidades con una luz renovada. Sin embargo, la estabilidad de su vínculo peligra ante el oscuro pasado de la hermana menor de Alejandra. Junto a Cristian, el mejor amigo de Armando que ha caído enamorado de la joven, lucharán por salvarla de sus tormentos internos. En esta travesía, entenderán que la felicidad es frágil y que el duelo es una amenaza constante.
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Capítulo 3

Esa noche por más que Armando intentaba dormir no le era posible; no se explicaba como a solo unos días de haber vuelto su vida cambiara tanto; comenzó a buscar entre las cosas de la casa y encontró un viejo álbum de fotos, eran de su niñez; su madre siempre sonreía, eso le arranco una sonrisa; observando las fotos encontró una que llamo su atención, tenía aproximadamente cinco años; estaba con su padre, pero había algo más; dos niños, una que parecía de su edad y otro más pequeño; eran sus hermanos, no tenía duda de ello; no se explicaba en que momento había convivido con ellos pero lo importante es que lo veía como una señal más de que debía cumplir su cometido.

Siguió buscando, tal vez podría haber más fotos, quizá paso más tiempo con ellos y simplemente no lo recordaba, pero era la única; encendió su computadora, no tenía idea de a quien buscar, ni siquiera recordaba bien sus nombres así que su búsqueda en redes sociales resulto inútil, cuando se dio cuenta ya amanecía así que trato de descansar un poco.

Dedico los siguientes dos días a ordenar todo en la casa; encontró la maleta con dinero volvió a sentirse culpable, era evidente su madre no había gastado casi nada de lo que él enviaba, estaba seguro que lo poco que tomo era lo que daba a los vecinos y probablemente ella como cuando joven se mantenía de las composturas de ropa que hacia; las vecinas organizaron rosarios; salía cada noche a sentir el afecto hacía su madre; pensó que eso le daría consuelo pero no funcionaba; aunque Cristian lo acompañaba se daba cuenta lo que su madre imagino, se sentía completamente solo.

—Encontré un sobre donde está la dirección de mi abuela; mañana iré a buscar información— se lo dijo a Cristian mientras servía un caballito de tequila.

—¿Quieres que vaya contigo? — aun manteniéndose al margen de ese tema veía el sufrimiento en los ojos de su amigo, eran momentos difíciles y no tenía idea de cómo apoyarlo.

—No quiero darte más molestias, tu deberías estar iniciando una nueva vida aquí en México, lejos de todo lo que paso en Texas, y yo no deje que lo hicieras— habían dicho que sería un reinicio en la vida de ambos, nunca imagino que de esa forma.

—Suenas como mis hermanas; sabes que esa no es opción para mí, yo vine a trabajar, no me interesa socializar como pretenden, además, tu eres mi hermano, eres mi familia y estoy aquí para apoyarte — si por el fuera ya estarían trabajando, pero a todos en la empresa se les dieron vacaciones antes de iniciar de nuevo con los proyectos en esa nueva sede.

—Bien, pues siendo así; mañana iremos a cumplir esa promesa— aun contando con él para cualquier cosa que decidiera no podía dejar de sentir ese vacío que había traído la pérdida de su madre.

En la mañana se levantó temprano, no sabía muy bien como era el tráfico de la ciudad, pero imagino que al ser viernes no podría evitarlo; paso por Cristian y juntos se dirigieron al lugar que entre más se acercaban más recuerdos le traía.

—No puedo entrar por esta calle, hay una escuela; los puedo dejar aquí, es a la vuelta la dirección que buscan— el taxista veía por el retrovisor esperando una decisión, era justo la hora de entrada a las escuelas y el tráfico era más pesado.

—Está bien, aquí bajamos— Cristian saco su cartera y pago el taxi; Armando parecía perdido en sus pensamientos —anda, tenemos que bajar aquí, según el GPS solo falta una calle— le palmeo el brazo, entendía que debía ser difícil volver a ese lugar, considerando nunca lo menciono, imagino no tenía ni un buen recuerdo.

—Perdón, si, bajemos aquí— se le hacía increíble todo lo que guardaba en su memoria, los recuerdos comenzaron a aparecer como si nunca hubiera dejado de pensar en ellos.

Caminaron entre el bullicio que se hacía por la entrada de los niños a la escuela; Cristian se había quedado unos metros atrás atendiendo una llamada; al llegar a la esquina pudo ver la casa, estaba parado justo frente a la puerta de la escuela; pasaban muchos niños junto a él, pero seguía inmerso en sus recuerdos de ese lugar; no eran agradables; nunca fue bien recibido, había suplicado a su madre no volviera a llevarlo y ahora él estaba ahí por su propia voluntad; definitivamente la vida daba muchas vueltas.

La casa ubicada justo en medio de esa calle se veía deteriorada y parecía se caería; sabía quiénes vivían ahí tenían posibilidades económicas, las dudas comenzaban a crecer en él; ¿porque no la arreglaban?; ¿Por qué dejarla deteriorarse a ese punto si era su patrimonio?; seguía aturdido con sus pensamientos cuando de pronto una niña choco con él.

Era una pequeña regordeta con una expresión muy graciosa, otra niña que venía junto a ella la reprendió.

—¡Alexa fíjate!; ¡Siempre vienes distraída! — no presto atención a la persona con quien su hermana había chocado.

—No importa, todo está bien— levanto la lonchera que se le había caído a la pequeña y se la entrego, algo en los ojos de ambas niñas llamo su atención; pero no entendía que; la más grande se veía mandona; la pequeña se puso roja; se acercó una mujer que venía tras ellas, el supuso era su madre, solo sonrió apenada y pidió disculpas pero apenas y lo volteo a ver, estaba más enfocada en la puerta de la escuela que estaba por cerrarse, efectivamente la niña se veía despistada, las vio despedirse en la puerta.

—¿Qué ocurrió? — Cristian alcanzo a observar a la pequeña que no dejaba de ver a Armando, sus mejillas chapeadas por la pena también llamaron su atención.

—Una niña choco conmigo, fue extraño— no entendía que había pasado, por un momento olvido lo abrumado que estaba con todo lo ocurrido y sintió un poco de paz.

Siguió caminando, no tenía tiempo para distractores; llego a la puerta de la casa y después de dudarlo un par de segundos toco; se abrió la puerta; salió su tío Fabián; era un hombre extraño; sabia no era hijo de su abuela, pero lo crio como uno; parecía tener algún tipo de retraso mental, estaba convencido de que si le hubieran dado la guía correcta tal vez tendría una vida normal, lamentablemente nació en una época difícil para su condición y por eso ya no se podía hacer nada.

—Si jóvenes, díganme; ¿a quién buscan? — no veía bien, aun así, observo con curiosidad a esos dos hombres parados frente a él; conocía a todas las personas que vivían en esa colonia así que de inmediato noto ellos no eran de ahí.

Armando no pudo evitar sonreír; era de las pocas personas en esa casa que le agradaban, siempre lo había tratado bien, aunque en ese lugar con él fuera todo lo contrario.

—Jajajaja, ¿no me digas que no te acuerdas de mí? — era lógico que no lo recordara, independiente a su condición, la última vez que Armando estuvo en esa casa tenía doce o trece años, sin duda había cambiado, al hablar con él por alguna razón de nuevo se sintió como un niño.

—No joven, pero dígame, para que soy bueno— Tenia curiosidad de que insinuara lo conocía, veía algo familiar en el pero no podía decir que era.

—Soy— se detuvo, de nuevo lo invadió la duda de ser buena idea el involucrarse con la familia de su padre. —no importa; ¿hay alguien más en casa? — si le decía que no se marcharía.

—Solo estoy yo, pero si vienen a vender o cobrar algo, mi hermana esta mañana sábado después del medio día— cerro un poco la puerta, lo regañarían si vieran la confianza con la que trato a esos desconocidos.

—Gracias, volvemos después— como si le leyera el pensamiento Cristian supuso lo que pensaba Armando, no lo dejaría no cumplir, romper esa promesa simplemente lo pondría peor de ánimo.

—No sé si quiero volver— Armando lo dijo en cuanto estuvieron a unos metros de la casa.

—Debes hacerlo, nunca has roto una promesa, así que, aquí estaremos mañana— le palmeo la espalda a su amigo, iba a decirle algo más, pero una mujer que paso junto a ellos llamó su atención, tenía mucho que no le ocurría, además, era la misma que estaba tras las niñas que vio con Armando.

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