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Portada de la novela Amándote hasta mis cenizas

Amándote hasta mis cenizas

Becca, una joven introvertida que ha crecido bajo la estricta tutela de sus padres, ve su mundo cambiar tras conocer al carismático William. Él, habituado a los excesos y a vínculos superficiales, representa todo lo opuesto a su realidad. Juntos emprenden un romance complejo, asediado por la inexperiencia y el qué dirán. Para que su amor prospere, ambos tendrán que dejar atrás sus miedos, madurar y defender su unión frente a las críticas de su entorno.
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Capítulo 2

Me encontraba acostada en mi cama, hacía frío y cómo no, si estábamos en pleno invierno, lo recuerdo perfectamente. No estaba de muy buen ánimo, me sentía dolida, tanto por mi corazón cómo por mi cuerpo, últimamente ocupaba el ejercicio para reparar el resto de los pesares que me atormentaban, sonreí de lado cuando comencé a leer aquella frase que cambió mi manera de vivir la vida de una manera extraordinaria, o más bien, la vivencia que abrió mis ojos con respecto al mundo que nos rodea, y es que dicen que del amor al odio hay un solo paso y tienen razón, en una parte.

No te odio, William, pero gracias a ti y a todo lo que viví a tu lado ahora soy la mujer que tienes enfrente, me ha costado, pero aquí estoy luchando cada día por ser una mejor versión de la que fui, de la que tuviste y no aprovechaste, porque sí, te amé y probablemente sigo haciéndolo, pero esa es una historia para otro día, ¿No?

La ironía de la vida, cuando pensé que podía alcanzar el cielo desde tus brazos, tú me soltaste sin siquiera avisarme, sin siquiera decirme, —Ey, no puedo estar más contigo, no te amo—, no… Sigo pensando en ti cada día, William, y aunque quisiera que todo volviera a ser cómo antes, en el fondo sé que lo quiero para no sentirme sola, a pesar de mis sentimientos hacía ti, fui yo quien te soltó y puedes hacer con tu vida lo que se te dé la gana, pero déjame en paz, no me hables, no me llames, no vuelvas a decir que me amas, porque la niña que creía ciegamente en cada una de tus palabras no existe más.

Esta historia es para ti, el amor más doloroso de mi vida, William.

Una rosa es suave y delicada, pero también cuenta con espinas afiladas para defenderse y no dejaré que sigas destruyéndome, necesito volver a florecer de las cenizas en las que me dejaste.

Mensaje William: Hola. —comentó aquel desconocido, William, se llamaba, dudé en responder, no lo conocía de ningún sitio, simplemente había respondido a una de sus publicaciones con aquellos retos que parecen fáciles, pero que tienen su pillería cuando comprendes bien el significado de cada oración. Terminé quedándome dormida, vi su mensaje cerca de las dos de la mañana, cuando desperté producto de la sed, me levanté al baño en busca de agua, la bebí casi de un sorbo, si qué estaba sedienta, apenas me acosté nuevamente, me quedé dormida sin prestarle mayor atención a su mensaje.

«Si hubiese sabido antes que ese mensaje causaría tantos cambios en mi persona, tanto dolor… un mensaje que pronosticaba un cambio, para mí, para mi vida, y también la vida de las personas que me rodeaban, pero en ese momento no lo entendí y deje pasar»

Desperté, lavé mis dientes, me coloqué el uniforme y me dirigí a la escuela, como de costumbre, allí reí con mis amigas que siempre tenían algo nuevo que contar, no como yo, que sabía perfectamente lo aburrida que era mi vida y solo me quedaba anhelar algún día hacer las cosas que ellas comentaban, sonreí de lado mientras soñaba despierta, eso nunca pasará Rebecca, nunca te lo permitirán. En la escuela chismoseamos e inventamos distintas suposiciones de distintas personas, realizamos todas las actividades pendientes que eran muchas, pues estaba terminando el semestre y los profesores siempre terminan atrasándose a pesar de tener todo planificado antes de empezar.

Mis días allí no eran muy complicados, eran cómo los de cualquier alumno, supongo…

Muchas veces nos saltábamos el desayuno y almuerzo para poder completar todo lo que teníamos faltante, el tener que trabajar duro para destacarnos sobre el resto era una parte de mi vida y de mi vocabulario y no es que se tratase de una competencia, si no que debemos esforzarnos para obtener buenos resultados cómo todo en la vida...

Cuando llegué a casa completé mi rutina de ejercicios como siempre hago, me gustaba hacerlo, era una manera de liberarme de todo lo malo que cargaba encima, de todos los problemas que tenía en mis hombros y de todo el peso que pusieron encima de ellos, literalmente desde que comencé a hacer ejercicio toda mi vida mejoró, mi autoestima, mi confianza, mi físico, literalmente todo.

Mensaje Rebecca: Hola. —decidí responderle a William una vez volví a ver mi teléfono y a darme cuenta de que no le había contestado nunca, sí, me sentí mal de alguna manera, él solo trataba de ser amable, ¿No?

Mensaje William: ¿Cómo estás? —respondió casi de inmediato, pero no sabía que más decir, o si seguir respondiéndole, es más, ni siquiera sabía quién era.

Mensaje Rebecca: Bien gracias, ¿Tú cómo estás? —pregunté mientras sonreía a la pantalla, no sabía que estaba haciendo, pero de igual forma lo hice, le respondí porque un impulso me hizo hacerlo, ni siquiera yo me entendía.

Dejé el teléfono a un lado para conectar un parlante y poner la música que tanto me gustaba, luego de eso realizaría ejercicio cómo cada mañana cuando me encontraba en casa, era mi manera de pasar las mañanas que no iba al colegio y la manera de sacar los malos pensamientos de mi mente, esos que parecían querer acabar conmigo, pero que por el momento se mantenían a raya.

Agradezco tanto cuando me decidí por esto, es cómo una nueva vida que estoy adoptando progresivamente y que cada vez parece encantarme aún más, solo esperaba no perder aquello, era lo que me daba calma entre tanto estrés que me perseguía en cada paso que daba.

Mensaje William: Bien también. —respondió él, no se demoraba ni siquiera tres minutos en demorarse para responder, cosa que volvió a provocar una sonrisa en mis labios. Vi su mensaje después de realizar mis ejercicios.

Mensaje William: ¿Qué haces? —agregó minutos después de enviar ese primer mensaje.

Mensaje Rebecca: Aquí descansando después de hacer ejercicio, ¿Y tú? —respondí a su mensaje adjuntando una cara sonriente con mejillas rojas, supuse que iba para la ocasión.

En uno de mis cuantas idas al liceo, un viernes que salía temprano, organizamos una pequeña junta con William, nos veríamos por primera vez, claro que ya llevábamos cerca de un mes conversando y la verdad es que nos sentíamos bastante bien, y había aprendido a tenerle afecto, aunque fuese un poco retraído y no quisiera contarme la mayoría de sus cosas, aunque seguía esperando a que sí lo hiciese.

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