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Portada de la novela Alfa Iris: Buscando mi otra mitad

Alfa Iris: Buscando mi otra mitad

Iris creció en la manada central marcada por el sufrimiento y un don prohibido por la Diosa Luna. Aunque anhela una existencia normal lejos de su esencia licántropa, el destino la obliga a encabezar el equipo más poderoso de las cinco naciones. En este camino de superación, asume su deber de proteger a los débiles, forja lazos estratégicos y perfecciona sus habilidades únicas, todo esto mientras busca con determinación a su pareja predestinada.
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Capítulo 2

Pasado:

Las flores de primavera se hacen ver por el valle, nunca había visto tantas flores en mi corta vida. La manada de mi familia hablan amenamente, todo está en paz. Es la primera vez que estaré tan cerca de la manada. Observo como los cachorros corren en su forma lobuna jugando mientras los adultos hablan entre ellos en su forma humana.

     —Iris. — alzo mi mirada hacia la procedencia de la voz que ha dicho mi nombre.

     No me siento confiada al estar tan cerca de la que se supone sea mi manada. Solo estan la familia de mi madre y ellos dan miedo. Me pego más a la persona que está a mi lado y aprieto su mano que está entrelazada junto a la mía.

     —Dime mami.

     Por alguna razón mis padres no permitieron que me acercara mucho a mi manada cuando era más pequeña. No recuerdo por qué pero siento que hice algo como para que ahora quieran que me acerca a ella o más bien que saque al lobo que tengo dentro.

     —Obsérvalos con detenimiento tal vez así aprendas a sacar a tu lobo interior.

     Otra vez lo mismo, giro mis ojos para luego cerrarlos buscando por lo menos una pizca de un lobo en mí. Pero no encuentro nada, solo un vacío en mi corazón como si algo en mi mente faltara. Me quedo en silencio para que no vea que no encuentro nada y para no tener más presión sobre ese tema. A lo lejos observo como una niña con el pelo negro se acerca a nosotros emocionada.

     —¡Killa! — grito contenta por ver a mi prima mayor en la manada.

     Los ojos oscuros de Killa brillan al verme y alza su mano saludándome. Le devuelvo el saludo con emoción y soltando la mano de mi madre corro hacia donde ella, pero unas manos se interponen. Alzo la mirada para ver a la abuela de Killa, Anastasia, deteniéndome.

     —Iris, tienes que convertirte en loba para que juegues con los niños. — sus ojos negros emiten una aurora oscura como si quisiera saber si puedo convertirme en loba o no.

     —No quiero. — le contesto frunciendo mi ceño e ignorándola.

     Mi madre toca mi hombro y niega decepcionada de mí. Me siento mal al verla tan triste, no sé qué he hecho para que esté tan decepcionada. Killa llega donde nos encontramos agitada y sus padres acarician su cabello oscuro con cariño.

     —Madre deja que juegue con Iris, es la primera vez que está tan cerca de la manada. — dice la madre de Killa a Anastasia sonriendo y mi prima asiente poniendo carita de cachorro suplicante.

     —Yo quiero jugar con ella abuelita. — Killa toma mi mano y la hala sin importarle lo que su abuela diga. —Vamos Iris.

     Corremos por el monte buscando al grupo de cachorros lobos. Estos me miran extrañados moviendo su cabeza de un lado a otro ya que soy nueva. Killa me presenta y sus colas se mueven de la emoción. Hay muchos lobos de diferentes tonalidades en su pelaje, tamaños, clase, etc.

     —Iris tienes que contar y buscarnos. — dicen estos poniendo su pose de juegos y dando vueltas.

     Asiento algo tímida caminando hacia un árbol para contar. Killa se convierte en una loba blanca y se esconde junto a los otros. Escucho como todos empiezan a correr para esconderse haciendo que sonría de lado.

     —Uno, dos... — empiezo a contar mientras agudizo mi oído y olfato. —Veinte. ¡Ya los voy a buscar! —grito a todo pulmón.

     Empiezo a caminar por el monte y olfateo el lugar. Desde que tengo memoria tengo un buen sentido de olfato, audición y presentir la presencia de otros seres cerca. También los animales me ayudan cuando salen de su hábitat gracias a que haya sido tomada por otro ser.

     —Ay no te metas este es mi lugar. — escucho a lo lejos como se quejan unos cachorros.

     —Los encontré. — digo viendo por un agujero que hay en el suelo y riendo.

     Los cachorros chichan y empiezan a pelear culpándose uno al otro. Encuentro a unos cuantos y sigo buscando, muevo mis manos y unos ratones salen corriendo de un matorral. Me acerco, escucho una respiración y la presencia de otro cachorro.

     —Sé que estás ahí, sal. — notificó al lobo que está escondido en el matorral.

     —Es trampa Iris. — dice el lobo saliendo del matorral. —Tienes que ser una loba para jugar. — observo como otros cachorros se acercan.

     —No lo es, además sus sentidos se agudizan si son lobos sería más fácil para mi encontrarlos. — expongo haciendo que sus hocicos se cierren al ver que es verdad.

     —Pero de todos modos tienes que sacar a tu loba, te ves fuera de lugar como humana y más con ese traje blanco.

     Giro mis ojos al escuchar siempre lo mismo "Tienes que ser loba...". Miro mi traje blanco que me lo hizo mi bisabuela de parte de padre. Nunca la he visto pero en realidad es muy lindo y lo aprecio.

     —Es un traje lindo, no le veo nada de malo. — trato de alejar el tema de ser una loba, pero me gano gruñidos de su parte. —Ok...— frunzo mi ceño ya algo enojada. —No necesito transformarme en loba para ser mejor que ustedes, además tener a un lobo es de tontos.

     Sus orejas se van hacia atrás por el asombro de escuchar eso de mi parte y yo le saco la lengua. Ya me tienen cansada con lo mismo y sus cosas de lobos. No necesito a ningún lobo, les demostraré que puedo ser más que ellos.

     —Tener un lobo es lo más importante, si no tienes uno no eres parte de la manada. — giro mi cabeza ignorando sus comentarios.

     —Yo no quiero ser parte de la manada. — comento haciendo que estos se asombren más. Escucho como todos empiezan a gruñir y cuando noto que están poniendo pose de atacar... —¡Ah!— grito y salgo corriendo a toda velocidad por el monte tratando de no ensuciar el traje.

     —Pues no puedes estar con nosotros.

     Aprieto mi mandíbula al ver que se acercan a mí. Alzo mis manos y del suelo salen unas raíces atrapando a unos cuantos por sus pequeñas patas. Se supone que nunca demuestre estas cosas según mis padres, pero no lo puedo evitar y más cuando unos lobos me están siguiendo.

     —¡Iris! — escucho como otros me llaman enojados.

     —No entienden... nada. — ahora si me estoy enojando. Siento como una presencia se acerca mucho a mí ambos caímos en el suelo. Miro el traje que ahora está algo sucio gracias a la tierra y luego al lobo culpable de esto. — ¡Yo no tengo nada de loba!

     Un aura azul sale mi brazo y del suelo aparecen más raíces que enrollan al cachorro poco a poco. Siento como otra presencia se acerca, una que es opuesta a la mía.

     —¡Iris! — me detengo al ver a mi prima preocupada por mí. —Prima, suéltalo.

     La mordida del cachorro lobo se debilita mientras más las raíces lo aprietan. No quiero ser un monstruo, si la manada se entera me... Trato de alejar las raíces del lobo pero no puedo.

     —No puedo. — trato de arrancarlas con mis propias manos haciendo que Killa gruña un poco.

     —Entonces lo haré yo. — Killa empieza a aullar y las raíces se alejan poco a poco haciendo que el lobo empieza a respirar.

     —Iris... — me llama Killa acercándose a mí con precaución.

     Debo de irme antes de los otros vengan, no pueden saber que soy esto. Me giro y choco con alguien, unos ojos oscuros me miran con reproche pero a la vez asombro. Me vana a encerrar en una jaula como a un perro que se ha portado mal.

     —Tu... — Anastasia trata de tomarme del brazo pero lo esquivo rápido. —No te acerques Killa, puede hacerte daño no está bendecida por la Luna.

     Doy un paso hacia atrás, es lo mismo que he escuchado de parte de mi madre cuando habla con mi padre. Siento como quiero llorar, así que decido salir corriendo alejándome de la posibilidad de que mi madre y padre lleguen con caras decepcionadas.

     —¡Iris, espera! — escucho como grita Killa, pero escucho como sus pisadas se detienen.

     No es mi culpa nacer defectuosa, no tener un lobo dentro de mí. Lo busco y no lo encuentro, no tengo alma de lobo. Escucho como las olas chocan contra la arena y sigo corriendo hasta encontrarme con un mar azul. Me detengo y respiro con dificultad, toco mi estómago que ahora me arde. Camino poco a poco hasta la orilla mojando mi vestido blanco e inhalo hondo limpiando mis pulmones.

     —Tonta., tonta, tonta... — sigo diciéndome mientras me doy en la cabeza.

     Mis ojos se llenan lágrimas y observo en el reflejo del mar como mis ojos han cambiado, ahora son coloridos. Me arrodillo dejando que el agua me arrope hasta las caderas. Observo como detrás de mí sale una imagen de un lobo colorido haciendo que me sorprenda, lo he visto en algún lado. Me giro pero me sorprendo aún más cuando veo quien realmente es.

     —Alfa. — me levanto limpiando mis lágrimas y esta me mira seria por decirle así. —Mamá. — le digo a la loba blanca que está delante de mí, mi bisabuela materna.

     Esta me toma del cuello del traje con su gran hocico y me lleva a la orilla otra vez, no me había dado cuenta que seguía adentrándome al mar. Al sentarnos en el suelo escucho como hace su transformación tomándome ahora con sus brazos. Alzo mi mirada encontrándome con sus ojos azules, los comparo con la luz que producen las estrellas.

     —¿Por qué lloras? — pregunta sentándome en su falda mientras observo como las olas suaves se forman.

     —No fui bendecida por la Luna, mamá. — le notifico y siento como se pone rígida. —No tengo a ningún lobo dentro de mí.

     Mi alfa hace un sonido para que me calle y lo hago sin pensarlo dos veces. Nos quedamos horas calladas ahí, ella pensando y yo observando como el color del cielo cambia hasta la noche.

     —Sabes... — alzo mi cabeza observando su rostro tranquilo y perfecto. — No me interesa si no te bendijo la Luna. — me sorprendo al escuchar eso ya que ella es una luna. —No eres un error por si piensas eso. Creo que tienes algo más grande en ti, algo más grande que una luna como yo. — esta me mira con profundidad. —Lucha Iris, aunque tengas que ir contra la misma Luna.

     Miro el cielo estrellado que está acompañado por la luna. Siento como mi bisabuela acaricia mi cabello mientras trato de comprender lo que me ha dicho. ¿Algo más grande que la...?

     —Luna. — menciono con respeto.

     —Te entrenare, Iris. — me toma el rostro y hace que mire sus ojos azules brillantes. —Mi querida bisnieta, serás algo grande en un futuro. — me sonríe haciendo que me sienta más confiada.. —Todo estará bien.

Presente:

     Eso creía, que todo estaría bien. No todo pasó como ella quería, muchas cosas sucedieron... Entre esas cosas mi corazón se cerró por completo y junto a ella se esfumaron los recuerdos de esos años. Haciendo que le dé la espalda por completo a este mundo lleno de anormales. Ignorando el hecho de que tengo una familia de licántropos, que existen vampiros y otros seres en mi mundo. Ignorando que en realidad tengo algo que no se puede ignorar por completo... Una cosa que no tengo idea que existe.

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