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Portada de la novela ALÉJATE

ALÉJATE

Ana y Martín, herederos de linajes poderosos, ocultan cicatrices profundas bajo una fachada de opulencia. Ella se protege con una frialdad racional, mientras él se distingue por su entrega y calidez. Al cruzarse sus caminos, surge una conexión inesperada que desafía sus defensas más íntimas. Sin embargo, la estabilidad de su romance pende de un hilo: deben proteger su unión de los oscuros secretos del pasado si no quieren que todo acabe consumido por el fuego.
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Capítulo 3

MARTÍN.

FLASHBACK.

—¡Responde carajo!. —El sonido de la voz de mi hermano Cristóbal es casi un susurro.

Estoy en mi habitación dentro de la facultad de medicina, anoche me fui de fiesta y me pase de copas, aunque creo que de otras cosas también.

Estoy metido en este espiral de drogas, sexo y rock and roll, desde hace varios años. Empecé solo bebiendo y luego probando cosas, para no llegar tan ebrio a la casa de mis padres adoptivos.

—Carajo Martín, no tenías que hacer esto, no precisamente hoy, que tengo un examen tan importante. —Cristóbal está realmente molesto. Me sacude con furia, para llevarme al baño.

—Lo siento, es que olvidé por completo el mundo. —Mis palabras son realmente arrastradas.

—Pero el mundo no se olvida de ti Martín. Y te seré sincero hermano, debes volver…

Se que mi hermano tiene razón, desde que empecé en esta descontrolada vida, he tenido dos accidentes de tránsito leves, tres rehabilitaciones y una intervención urgente para desintoxicar mi cuerpo.

Lo que vivo es un infierno, no puedo dejar de beber, no puedo dejar de consumir o de estar en fiestas y menos, cuando Xiomara es quién me llama a invitarme. Ella es la peor persona que he conocido jamás, pero al mismo tiempo es la única que me conoce bien y sabe lo que siento por dentro.

Mis padres murieron, cuando apenas era un niño y la ausencia de las dos personas que más me han amado, me llenó de vacíos y de inseguridades que ni yo mismo sé cómo explicar y a eso le sumó, la falta de familia que quisiera adoptarme, Aunque de mis tíos no esperaba más, me amaban con su vida, pero ya tenían una vida.

—Sabes que eres demasiado importante para nosotros, pero vas a estar mejor con los Laponte. —Veo a mi tío beber de su vaso de Whisky.

—Pero ustedes son mi familia. —Mis ojos están llenos de lágrimas nuevamente.

—Y eso nunca va a cambiar, pero nuestro estilo de vida, no va con la de un niño, debes tener la vida de un niño.

—No quiero estar con ellos. No me merezco nada de lo que me está pasando. ¿Si te das cuenta, que me quedo completamente solo?. —Mis lágrimas acompañan mis puños casi blanco por la fuerza que ejerzo.

—Vas a tener a tu disposición todo cuanto necesites, pero Martín…

—No es cuanto necesito tío, es a quienes necesito.

Ese día supe que estaba solo, que iba a tener que vivir el resto de mi vida en soledad, cargando el peso de una herencia excesiva y nada más. A pesar de que los Laponte me adoptaron como su hijo y de que nunca tuvieron preferencias por Cristóbal sobre mí, sabía que no era mi familia y eso me hizo caer bajo.

Toqué fondo y en cada recaída ellos fueron mi soporte, mi rescate y mi salvavidas.

Xiomara se ha convertido en mi mejor amiga y amante de turno, cada vez que nos vemos, todo se vuelve salvaje y descontrolado, es una chica hermosa, pelirroja con piernas de infarto. Y si hoy voy camino al hospital, una vez más, para que me hagan un lavado, es porque estuve tres días perdido con esa exótica mujer.

—Tienes que dejarla, o no vas a salir de este círculo vicioso Martín.

—Ya lo sé, pero es que ella abre sus piernas y yo, me olvido de quién soy. —Empiezo a temblar, porque tengo un pequeño episodio de ansiedad.

—Además, sabes que sus amistades no son las mejores. —La mirada de mi hermano ahora es seria.— Eso te perjudica mucho.

—Si, solo no se como decirle que no, ella me da todo lo que yo quiero.

—Estás viviendo un infierno Martín, tienes que salir de ahí.

Ese fue el último día que mi hermano Cristóbal me aconsejó, luego de eso decidí internarme en una clínica de rehabilitación de manera voluntaria, pero como siempre yo tenía que tener una última fiesta, esa fiesta de despedida. Esa que me llevó a la ruina definitiva y al mismo tiempo a salir del infierno en el que estaba metido por voluntad.

—Martín, ¿estás seguro?. Eso es demasiada droga.

—¡¡¡Si!!!. Es mi fiesta de despedida, hoy debe ser así. —Ya la borrachera no me deja pensar.

—Yo me quiero ir ya. —Mi amigo de la universidad Joel, el más noble personaje que había conocido jamás.

—Eres tan débil Joel, que aburres.

Luego de esnifar toda esa droga, no recuerdo mayor cosa, hasta que el grito de Xiomara me sacó del lugar en el que estaba mi mente. Me moví como pude por el lugar y llegué a ella, que estaba intentando reanimar a Joel.

Cuando lo vi, sabía que estaba muerto, sabía que no había nada que hacer, no tenía ni la más mínima idea de lo que había sucedido ese día. Solo recuerdo que, en realidad, no recuerdo nada.

—¡¡¡Vámonos!!!. Tenemos que irnos Martín. —Xiomara, me tomó del brazo en un intentó por apartarme de Joel.

No le digo nada y sigo haciendo RCP, porque por alguna razón creo que él sigue vivo, pero se que no es así.

—¡¡¡Nos vamos carajo!!!. —Grita y me empuja. —Lo matamos, vámonos.

Empiezo a retroceder y a caminar, pero sin quitar mi vista del cuerpo Inerte de Joel y es cuando me doy cuenta que si no salgo de este lugar, voy a terminar como el.

—Suéltame.

—Estamos juntos en esto. ¡Ni siquiera lo pienses!. —Los ojos de Xiomara se inyectan de sangre.

—No estamos juntos en nada, nunca hemos estado juntos. Tengo que cambiar, esto no puede seguir así, yo no puedo seguir así.

—¡Oyeme bien!. Esto te va a salir caro, un día te voy a encontrar y te voy a hacer pagar por todo esto, yo no soy una mujer que se usa y se deja. —Su mirada ahora me da miedo.

—Tu sabes que nos usamos todo el tiempo, yo solo me tengo que alejar.

Y así fue, me fui a rehabilitación por seis meses, luego volví, terminé mi carrera de medicina, pero yo no volví a ser él mismo, había matado a un amigo, a una inocente, por mi descontrolada vida y eso era una cruz que iba a cargar por siempre.

FIN DEL FLASHBACK.

***

HOY.

Luego de verla y sentirla como lo hice entre ese baño, quería salir y gritarle la verdad, pero aún no era momento de hacerlo.

Tenía que terminar de solucionar mis problemas y mi pasado, porque no podía pasar nuevamente por lo mismo.

Lo único que tenía claro, era que a Ana no la iba a perder, no dos veces.

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