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Portada de la novela ADULTERIO

ADULTERIO

La exitosa ejecutiva Abba Colucci disfruta de una vida aparentemente perfecta con Fabricio, un reputado cirujano. No obstante, el tedio de su matrimonio la arrastra a buscar la satisfacción de sus deseos más profundos y secretos. Al cruzar el umbral de la infidelidad, descubre un placer intenso que fractura su estabilidad para siempre. Esta incursión en lo prohibido desencadena una espiral de consecuencias fatales y un desequilibrio del que no habrá retorno.
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Capítulo 3

Al mismo tiempo que estimulaba mi intimidad mi otra mano se ocupaba de acariciar mis senos, los cuales gritaban en silencio ser acariciados, pero no por mí, sino por un hombre. En ocasiones el estar casada con Fabricio me hacía sentir que estaba sola ya que de su parte no había ese morbo por seducirme ni nada parecido, como si de alguna manera ya no fuese atractiva ni seductora para el…

Adecuando el lugar donde dormiría esa noche me enojaba un poco la actitud de Abba, como culparme por olvidar el aniversario si sabe que siempre estoy ocupado, en ese pensar recordaba cómo estaba vestida, ya que a pesar de los años que llevamos casados nunca antes la había visto de esa forma. Lucia increíble, destacando su figura impecable, sin embargo, esto que ocurría me dejaba evaluando si podría traer consecuencias.

“¿Sera posible que ocurriese alguna consecuencia? No, realmente no lo creo, de seguro el enfado le pasara y mañana tendrá otro humor, por lo pronto descansare, hoy fue un día largo”

Sin darle mayor importancia al hecho, Fabricio concilio el sueño sin ningún impedimento, esperando que todo siguiera normal tras el olvido del aniversario.

A la mañana siguiente pese a la mala noche que tuve, omití el día libre que tendría y me aliste para el trabajo, a pesar de que era muy temprano para iniciar mi jornada me dispuse a preparar mi desayuno para luego salir. De camino a la cocina le observe dormir en el sofá, tan complacido se veía como si de alguna forma no le hubiese incomodado lo que había sucedido. Por tal motivo omití la idea de alistar mi desayuno y solo tome el bolso para salir.

Durante el trayecto al trabajo aunque había puesto música para evadir mis pensamientos, era nulo, no podía concebir como ni siquiera tuvo el intento de insistir o disculparse por haber olvidado una fecha que es importante para ambos.

Tras haber entrado al corporativo inicie mis labores como todos los días, aunque el resto de ejecutivos y personal no habían llegado todavía no preste atención a ese detalle y me involucre en mi trabajo, sabía que era lo único que podía evitar mi atención de ese fraudulento intento por querer darle un toque diferente a nuestra relación.

En vista de ser alguien que no me quejo por las situaciones por muy mal que se vean, pude dormir sin problemas en el sofá. Encaminándome a la habitación para intentar hablar sobre lo ocurrido la noche anterior, al girar la manija comprobaba que Abba había quitado el seguro, aunado a eso no había signos de ella, tal parecía que se había marchado muy temprano, algo un poco extraño ya que el desayuno solemos comerlo juntos.

Pese a lo ocurrido no me quedo de otra que alistarme para dirigirme al hospital donde trabajo.

Minutos más tarde, Emma, mi secretaria, traía dos cafés, cortesía que en ocasiones suele tener conmigo, aunque en esta ocasión al tomar la bebida con los gestos que hacía al parecer daba la impresión de que estaba coqueteando conmigo.

—Doctor Colucci, es un gusto poder servirle, diría que es el único que me ve como profesional y no como otra cosa.

—¿Otra cosa?

—Ya sabe, en el hospital soy de las pocas secretarias que está en buena forma y con una figura intachable a diferencia del resto, por ello suelen verme de esa manera y no por mi trabajo.

—Pues, despreocúpese, no tengo intenciones de verla de esa manera.

—¿De veras? ¿Jamás lo ha hecho?

—No, estoy casado y diría que no tengo ojos para nadie más.

—Que dicha, si fuese su esposa sería muy feliz, hombres como usted quedan pocos, con permiso, traeré la lista de pendientes para hoy.

Con su peculiar manea de caminar al ritmo de ese provocativo movimiento de caderas salió del consultorio, con ello quedaba pensativo, era un buen esposo, no me atraía nadie más y tal parecía que para Abba eso no era suficiente.

—No la entiendo, Emma tiene razón, no debió actuar como lo hizo, soy un buen esposo a pesar de que olvido cosas, me parece que Abba esta vez exagero.

Dialogando conmigo mismo, de pronto entraba al consultorio otro de mis compañeros de trabajo.

—¡Eres un suertudo! ya quisiera yo tener una secretaria como la tuya, la mía con dificultad abarca el puesto donde se sienta.

—No deberías hablar de Inés de esa forma, siempre dices que es muy eficiente.

—Lo es, pero no me incita a nada, ya quisiera poder deleitarme como deberías hacer tú.

—Jeremy, estoy casado y tú también lo estás.

—Sí, pero me arrepiento de haberme casado, Susy siempre esta cansada, en especial después de haber dado a luz, nunca tiene tiempo para mí, se enoja con facilidad y cuando quiero sexo me indica que está muy agotada para estar conmigo. Te aseguro que si tuviera a alguien con quien divertirme me olvidaría de mi responsabilidad como esposo, estoy harto, el matrimonio es un fraude.

—No sé qué decirte, anoche tuve mi primera discusión con Abba, la primera en once años de matrimonio.

—Pues acostúmbrate, no será la primera. Te propongo algo, vayamos a un bar donde solemos ir todos, hoy es noche de chicas, de seguro irán muchas disponibles.

—Sabes que no frecuento esos lugares…

—No seas aburrido Fabricio, además, antes de entrar vi tu lista de pacientes, no son muchos asi que no hay excusa.

—Jeremy, había planeado una cena con Abba, ya sabes, para apacentar lo de anoche.

—No pierdas tiempo con eso, nada de lo que hagas funcionara, hazme caso. Una hora antes de salir pasare por ti, nos vemos luego—con esas palabras Jeremy salía del lugar, dejándome pensativo si sería lo correcto asistir.

Horas más tarde con todo el personal laborando en el corporativo se acercaba Kelly y Dona hacia mi, esta última tal parecía que le interesaba socializar conmigo, ya que al haber tomado asiento Kelly, ella insistió en estar presente para la conversación.

—Tal parece que la velada de anoche no salió bien ¿o me equivoco?

—Kelly, no quiero hablar del tema, por favor, tengo pendientes importantes…

—¿Más importante que la relación que mantienes con tu esposo?—inquiría Dona, la cual intervenía con un comentario que en ese momento no sabría cómo rebatirlo—. Sé que no es mi asunto, pero desde mi apreciación las parejas que están casadas no suelen llevarse bien.

—Dona, no comprendo cómo piensas eso, noto como te miran todos los hombres de aquí, de seguro alguno querrá una relación formal contigo—añadía Kelly.

—No pierdo tiempo con eso, realmente mi vida es genial como la manejo, mantengo relaciones con quien quiero, cuando lo deseo y con quien se me antoje, diría que sí están interesadas podríamos acordar un pequeño negocio grupal.

—¿Negocio grupal? ¿De que hablas?—inquiría ya que me pareció curioso el término.

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