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Portada de la novela ADULTERIO

ADULTERIO

La exitosa ejecutiva Abba Colucci disfruta de una vida aparentemente perfecta con Fabricio, un reputado cirujano. No obstante, el tedio de su matrimonio la arrastra a buscar la satisfacción de sus deseos más profundos y secretos. Al cruzar el umbral de la infidelidad, descubre un placer intenso que fractura su estabilidad para siempre. Esta incursión en lo prohibido desencadena una espiral de consecuencias fatales y un desequilibrio del que no habrá retorno.
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Capítulo 1

“La infidelidad no solo es engañar o quebrantar un código moral, es lastimar, herir y destruir al semejante”

—Walter Riso—

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Allí estaba, de nuevo ante una celebración en la que se supone que debería estar feliz por un nuevo triunfo en el corporativo en el que me desempeño, a pesar de no ser uno de los empleados, en cada festejo mi esposo se encontraba como esa persona de comentarios hilarantes para que el resto sonriera.

No sabría si realmente era el lugar que me incomodaba o la misma conversación desabrida en la que me encontraba rodeada. Fabricio estaba siendo el centro de atención como siempre, con sus temas que desde su punto de vista eran relevantes, aunque era mi esposo ya no me entusiasmaba ni siquiera escucharlo, aunque fuese sobre el trabajo que desempeña como cirujano plástico, todo era más de lo mismo, era como si nada me impresionara…

En medio de ese sentir que me incomodaba escuchaba el comentario de Kelly, una de mis compañeras, aunque compartiéramos en la oficina prácticamente a diario no suelo considerarla como amiga, título que ella se esforzaba en destacar en cada ocasión que tenía oportunidad.

—Mí estimada compañera te veo rara, ¿sucede algo?

—No… como podría pasarme algo, siempre es lo mismo ¿no? se logran méritos en el corporativo y con ello se festeja para darnos el regocijo necesario.

—Hablas como si estuvieras hastiada de recibir méritos, no comprendo cómo alguien que está casada con un cirujano plástico puede sentirse asi.

Aunque el matrimonio de los Colucci era conocido como cómodo, feliz y envidiable ante la percepción de los demás… realmente no era como tal.

Abba al poseer uno de los grandes puestos en un corporativo tecnológico y Fabricio desempeñando el oficio de cirujano plástico, con el paso de los años sus diversos roles empezaron siendo desencadenantes para que la relación se volviera tediosa, monótona y rutinaria. Desde la percepción de Abba su vida era aburrida y sin chispa.

La relación se había formalizado al ambos tener dieciocho años, vinculo que con solo tener un año más decidió contraer nupcias.

Tras pasar once años y ambos tener veintinueve, desde la apreciación de Abba algo ocurría, percibía que la relación se había entibiado.

Con el paso de los días estuve meditando sobre lo que podría estar sucediendo, pero en varias ocasiones evadía el tema, no podía concebir que alguien como yo, encargada de temas relevantes se estuviese desgastando en temas que no eran prioridad.

Esa tarde como todas las que tengo me encontraba frente al computador al pendiente de mi trabajo, en ello el murmullo de varias de mis compañeras en especial de parte de Kelly se me hacía ensordecedor, por tal motivo pare lo que hacía para saber de hablaban.

—Yo opino que ir a ese lugar que fuimos la vez pasada es buena idea—refería Kelly, la cual al parecer alentaba al resto en algún tipo de plan nocturno.

—No me gusto el lugar, además, los chicos que ofrecen el servicio no son los mismos de la publicidad—añadía Bett, otra empleada que al parecer era compañera de bebidas y frecuentaba los mismos sitios que Kelly.

—Pues no, no lo son, pero hable con el encargado de esa zona y me prometió que esta vez no habrá fallas, vamos, falta una chica.

—Kelly, si falta una porque no invitas a Abba, quizás le agrade la idea.

—Lo siento chicas, pero los planes nocturnos no me…

—Ya estas apuntada, solo queda que me confirmes—intervino Kelly como si mi opinión no importara.

—Espera, ¿de qué hablas? No suelo salir de noche y menos a un bar.

—Vamos, Fabricio no lo sabrá, sueles decir que tiene turnos largos.

—Kelly, ¿te estas escuchando? además, no me apetece salir, últimamente estoy un poco fatigada, el estrés, el trabajo…

—La falta de sexo, los orgasmos, las salidas a hoteles. ¿Me dirás que miento? —intervino Dona en esta oportunidad, una de las compañeras con las que poco socializo, desde su apreciación todo abarca al sexo—. Comprendo tu relación de algunos años y lo magnifico que la llevan, pero algo me dice que la chispa, esa llama de lujuria se ha apagado, ¿me equivoco?

—¡Por favor, retomen sus labores, hay un proyecto muy importante y debemos finiquitarlo, por ello dejen sus conversaciones para otro momento!—como si fuese una especie de escapatoria a ese comentario por parte de Dona, la presencia de Excel me había alivianado, ya que en ese momento no tenía una respuesta para eso—. Abba, por favor sígueme, debemos acordar unos pendientes en la oficina.

—Como diga, señor King.

Apenas cruzamos la puerta para empezar el trabajo que debía realizar con el de inmediato señalaba que no continuara con mi formalismo, ya que al conocernos desde hace algunos años estaba empecinado en que dejara a un lado el término de señor.

—Lo siento es que el trabajar…

—Se lo que dirás y deberías olvidar eso, sabes perfectamente que sin tu labor en el corporativo esto no funcionaria.

—Como dices eso, eres el Director y pronto serás ascendido como vicepresidente.

—Sobre eso quería hablar, planeo que ocupes mi puesto cuando llegue mi ascenso, eres excelente, Fabricio es un hombre afortunado a pesar de que no creo en las relaciones matrimoniales y ese tipo de formalismos.

—Si… supongo—repuse con un desgano que dejaba evidente que para mi esposo no era vista como tal, aunque me viera de forma positiva muy poco escuchaba halagos por mi trabajo, diría que no recibía halago de ningún tipo.

Aunque Abba no percibiera ni prestaba atención a su alrededor, Excel le admiraba como de costumbre, observaba su vestimenta asi como esa silueta que lo hacía suspirar con disimulo.

Fabricio por su parte se consideraba uno de los mejores cirujanos plástico del estado, título del que se enaltecía por desempeñarlo de la mejor forma. Esa tarde como de costumbre se encontraba a media labor cuando era interrumpido por uno de sus colegas.

—Hey Fabri, ¿tienes planes para esta noche?

—Debo terminar mi turno, Ben.

—Sí, eso ya lo sabemos, pero puedes dejarlo por hoy, inventate una excusa.

—Nada de eso, sabes como soy…

—Sí, responsable, amable y buen esposo. Se escucha muy tedioso ¿no lo crees?

—Quizás para ti, pero amo mi oficio y a mi esposa—respondí mientras agendaba en el computador las citas que tenía pendiente.

—Bien, no insisto, por cierto, había olvidado comentártelo, tu secretaria esta de rechupete.

—No lo había notado, Ben, gracias por decirlo.

—¿Estas siendo sarcástico, conmigo?

—Desde luego, sabes que la observo y sé que es hermosa.

—La palabra no es hermosa sino sexy, ¿no te provoca…? ya sabes, tu, ella…

—Si es lo que creo, olvídalo, Abba no lo merece, ninguna mujer merece ser traicionada.

—De acuerdo, no insisto, pero si cambias de opinión te enviare la ubicación del lugar donde estaremos.

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