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Portada de la novela Adiós, Patrick: Mi Futuro es Mío

Adiós, Patrick: Mi Futuro es Mío

La agrónoma Lina García descubre que su matrimonio de tres años ha sido un engaño absoluto. Patrick Lawrence, su esposo, confiesa que su unión fue una farsa para ocultar el amor prohibido que siente por su prima, Yolanda. Al saberse utilizada como un escudo para complacer al abuelo de él, y traicionada por su mejor amiga, Lina decide poner fin a la farsa. Decidida a recuperar su destino, rompe sus cadenas para alejarse de quienes la sacrificaron.
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Capítulo 2

Lina Garcia llevaba tres años casada con Patrick Lawrence, pero él nunca la había tocado.

Cada noche, él dormía en el sofá de la sala, alegando que las tradiciones de su prestigiosa familia tequilera exigían respeto y paciencia hasta el momento adecuado.

Lina, una agrónoma talentosa pero subestimada, sentía que la frustración la consumía.

Con el corazón encogido, fue a buscar a su mejor amiga, Yolanda Ramírez, quien también era la prima de Patrick.

"Yolanda, ya no sé qué hacer. Llevamos tres años casados y Patrick sigue sin acercarse a mí. ¿Hice algo mal? ¿No soy lo suficientemente buena para él?"

Yolanda la abrazó con una dulzura que parecía genuina.

"No digas eso, Lina. Eres una mujer maravillosa. Patrick es un hombre muy tradicional, solo está esperando el momento perfecto. Dale tiempo, primo te adora."

Las palabras de Yolanda, en lugar de consolarla, solo aumentaron su ansiedad. Esa misma tarde, mientras buscaba unos documentos en la destilería "El Legado", escuchó voces alteradas provenientes de la oficina de Patrick.

Eran él y Yolanda.

Lina se detuvo, con el corazón latiéndole con fuerza.

"¿Por qué me obligas a esto?", gritaba Patrick, su voz llena de una angustia que Lina nunca había escuchado. "¡Sabes que a quien amo es a ti! ¡Casarme con Lina fue tu idea para apaciguar al abuelo, pero no me pidas que la toque! ¡Es una tortura!"

El mundo de Lina se hizo pedazos.

"Primo, yo también te amo", respondió Yolanda entre sollozos, "pero el abuelo jamás permitiría nuestra unión. Él cree en la pureza de la línea familiar. Por favor, aprende a querer a Lina, es una buena mujer."

Lina se apoyó contra la pared, sintiendo que el aire le faltaba. Su matrimonio, su amor de siete años por Patrick, todo era una farsa. Un escudo para ocultar el amor prohibido entre los primos. El amor que había alimentado durante tanto tiempo se convirtió en cenizas en un instante.

Se alejó de allí sin hacer ruido, con el alma rota.

Esa misma noche, una noticia devastadora sacudió a la familia Lawrence. Una plaga agresiva y desconocida había infectado los campos de agave azul de "El Legado", la fuente de su fortuna.

Los expertos, tras analizar la situación, dieron un veredicto sombrío: la única salvación era un injerto de una variedad de agave silvestre extremadamente rara y resistente.

Y la única reserva conocida de ese agave estaba en una pequeña parcela de tierra, un legado del bisabuelo de Lina.

Patrick, pálido y desesperado, la buscó esa noche. Su habitual compostura había desaparecido.

"Lina, por favor", suplicó, con la voz rota. "Salva el legado de mi familia. Pídeme lo que quieras. Haré cualquier cosa."

Lina lo miró, sus ojos vacíos de la adoración que antes contenían. Una sonrisa amarga se dibujó en sus labios.

"¿Lo que quiera?", repitió con un sarcasmo helado. "¿Incluso que cumplas con tu deber como esposo?"

La pregunta lo dejó sin aliento por un segundo. La sorpresa cruzó su rostro, pero la desesperación era más fuerte.

Patrick asintió con una firmeza que la hirió profundamente.

"Sí."

Ese "sí" fue la confirmación final. Él estaba dispuesto a acostarse con ella, no por amor ni por deseo, sino por sus campos de agave. Por su familia. Por Yolanda.

Lina tomó el bolígrafo y firmó los documentos que le cedían el control total de la parcela. Su herencia, el último vínculo con sus antepasados, ahora estaba en sus manos.

Mientras él corría a darle la noticia al abuelo, Lina se quedó sola en la inmensa casa, sintiendo un vacío más grande que nunca.

Durante las semanas siguientes, Lina trabajó sin descanso en los campos, supervisando personalmente cada injerto. Usó todo su conocimiento como agrónoma para salvar la plantación.

Mientras ella se cubría de tierra y sudor bajo el sol de Jalisco, veía a Patrick cuidar de Yolanda.

La prima sufría ataques de ansiedad por la crisis. Patrick la consolaba, le llevaba sus dulces favoritos de un pueblo lejano, la abrazaba y la protegía de las miras severas del abuelo.

Todo el amor, toda la atención y el cuidado que Lina había anhelado durante siete largos años, Patrick se los entregaba a Yolanda sin dudarlo un segundo.

Lina lo observaba todo en silencio, su corazón ya no sentía dolor, solo un frío glacial.

Una tarde, mientras descansaba cerca de la casa principal, escuchó sus voces de nuevo.

"Deberías pasar algo de tiempo con Lina, ha trabajado muy duro", le decía Yolanda a Patrick con una falsa preocupación. "Se enfadará si la ignoras por completo."

La respuesta de Patrick fue el golpe de gracia.

"No lo hará", dijo con una frialdad absoluta. "Me ama demasiado. Hará cualquier cosa por mí sin quejarse."

Esa frase la liberó.

Lina sonrió para sí misma, una sonrisa amarga y genuina por primera vez en mucho tiempo. Ya no había amor. Ya no había ataduras.

Esa noche, en la soledad de su habitación, buscó en su teléfono un número que no había marcado en años.

"Kieran", dijo cuando él contestó. "¿Necesitas una buena agrónoma en Oaxaca?"

Del otro lado de la línea, la voz de su hermano adoptivo sonó cálida y firme. "Para ti, siempre."

Unos días después, cuando los injertos comenzaron a mostrar signos de éxito y la crisis parecía superada, Patrick finalmente la buscó en su habitación por la noche.

"He venido a cumplir mi parte del trato", dijo, con una incomodidad evidente.

Lina lo miró desde su escritorio, donde tenía unos papeles extendidos.

"Era una broma, Patrick", dijo con calma. "Pero tengo otra petición."

Le entregó los papeles de divorcio.

Él los tomó, confundido. En ese preciso instante, su teléfono sonó. Era Yolanda, con otro ataque de pánico.

"Fírmalos", dijo Lina. "Es lo único que te pido."

Distraído y ansioso por ir con su prima, Patrick firmó los papeles sin siquiera leer el encabezado, asumiendo que era otro documento relacionado con los campos de agave.

En cuanto firmó, salió corriendo de la habitación. "¡Yolanda, ya voy!"

Lina lo vio irse y susurró para sí misma, saboreando cada palabra.

"Lo que quería no era tu cuerpo, sino mi libertad. Adiós, Patrick."

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