Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Adiós, Amor Falso: Bienvenida al Imperio Vargas

Adiós, Amor Falso: Bienvenida al Imperio Vargas

Isabela dedicó ocho años a Javier, esperando una boda que terminó en una cruel traición pública con otra mujer. Tras ver su dignidad pisoteada y la reliquia de su abuela destruida, la bailaora decide no hundirse. Buscando justicia, contacta al poderoso Mateo Vargas, heredero de un imperio, para aceptar su propuesta de matrimonio. Ahora, respaldada por la influencia de los Vargas, Isabela renace dispuesta a que Javier pague por todo su desprecio.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

Llevábamos ocho años juntos. Ocho años en los que la promesa de Javier era la única luz que guiaba mi futuro.

"Cuando consiga el contrato del centro cultural, nos casaremos, Isa. Te lo juro."

Esa frase se había repetido tanto que ya formaba parte del aire que respiraba. Y hoy, finalmente, lo había conseguido. El contrato que lo consagraría como el arquitecto más prometedor de Sevilla era suyo.

Esperaba una llamada eufórica, una cena de celebración, el inicio de los planes de boda. En su lugar, obtuve silencio.

Miré el teléfono, la pantalla oscura. Mi reflejo me devolvió una imagen de ansiedad. Llevaba el vestido que a él le gustaba, el pelo recogido en un moño bajo, como a él le gustaba. Siempre como a él le gustaba.

La puerta se abrió de golpe. Era Javier. Su cara estaba iluminada, pero no por mí.

"¡No te lo vas a creer, Sofi!", dijo al teléfono, sin siquiera mirarme. "¡Lo tenemos! ¡Todo es gracias a ti, a tu energía, a tu inspiración!"

Mi corazón se detuvo. Sofía. La becaria. La joven de ojos grandes y sonrisa fácil que había llegado al estudio hacía seis meses.

Javier finalmente colgó y me miró, su euforia se desvaneció y fue reemplazada por una prisa impaciente.

"Isa, necesito algo. Rápido."

"¿El qué?", mi voz sonó más frágil de lo que pretendía.

"La peineta de tu abuela. La de carey. Dámela."

Sentí un frío recorrer mi espalda. Esa peineta no era una joya cualquiera. Era el último recuerdo de mi abuela, la bailaora que me había enseñado a amar el flamenco. Era una reliquia, un símbolo de mi familia, de mi arte, de mi alma.

"¿Para qué la quieres?", pregunté, aunque ya sabía la respuesta y me aterrorizaba.

"Es para la fiesta de celebración de esta noche. Sofía no tiene nada bonito que ponerse. Pobrecita, nunca ha tenido nada. Quiero que la luzca ella. Se lo merece."

Las palabras me golpearon como una bofetada. La displicencia en su voz, la forma en que minimizaba el valor de mi herencia para dársela a otra.

"No, Javier. Esa peineta no sale de esta casa. Y menos para que la lleve ella."

Su rostro se endureció.

"No seas egoísta, Isabela. Es solo un peine. Puedo comprarte otro, uno más caro si quieres."

"No es un peine", dije, mi voz temblando de rabia y dolor. "Es mi abuela. Es mi honor."

"No empieces con tus dramas flamencos", espetó, dándose la vuelta. "Me voy a la fiesta. No me esperes despierta."

La puerta se cerró, dejándome sola en un silencio que gritaba traición.

Mis manos temblorosas buscaron el teléfono. No pensé. Solo actué. Marqué un número que sabía de memoria, un número que me había prometido no llamar nunca.

Sonó dos veces.

"¿Isabela?", la voz al otro lado era profunda, tranquila, como siempre. Era Mateo Vargas.

Durante años, Mateo había sido un mecenas silencioso de nuestro tablao familiar. Heredero de la ganadería más legendaria de Andalucía, un hombre de poder y tradición. Y durante años, cada vez que me veía, sus ojos decían lo que sus labios solo pronunciaron una vez: "Deja a ese payaso y cásate conmigo".

"Mateo", mi voz se quebró.

Hubo una pausa. Podía sentir su preocupación a través de la línea.

"¿Qué ha pasado?"

Tomé aire. La decisión se formó en mi mente, sólida y afilada.

"Tu oferta", dije, con una claridad que me sorprendió a mí misma. "¿Sigue en pie?"

Silencio de nuevo. Esta vez, fue un silencio cargado de tensión, de incredulidad.

"Siempre ha estado en pie, Isabela. Sabes que sí. ¿Hablas en serio?"

"Nunca he hablado más en serio en mi vida", respondí.

Justo en ese momento, la puerta se abrió de nuevo. Era Javier. Había olvidado su cartera. Me miró con el teléfono en la mano, ajeno a la bomba que acababa de detonar en mi vida.

"¿Con quién hablas?", preguntó con indiferencia, buscando en la mesa.

"Con mi futuro", le respondí, mirando sus ojos sin parpadear.

Él se rió, sin entender.

"No seas tan dramática. Mira, lo siento, ¿vale? Es que Sofía... es tan joven, tan frágil. Me da pena."

Mientras hablaba, su teléfono se iluminó sobre la mesa. Un mensaje de "Sofi ❤️". Y debajo, una foto. Era ella, sonriendo, con un filtro de corazones. Y en el texto, visible incluso a distancia: "¿Conseguiste el peine para tu musa? 😉".

Sentí náuseas. La palabra "musa" me quemó por dentro.

Javier cogió su cartera y su teléfono, sin darse cuenta de lo que yo había visto.

"Bueno, me voy. La fiesta es importante. Es mi gran noche", dijo, y se acercó para darme un beso en la frente.

Me aparté.

"¿Y nuestra noche? ¿Y nuestra promesa? Dijiste que cuando consiguieras el contrato..."

Él suspiró, irritado.

"Ahora no, Isabela. No estropees mi momento. Hablaremos mañana."

Se fue. Y yo me quedé allí, de pie, sintiéndome como una extraña en mi propia casa, en mi propia vida. Me miré en el espejo. Vi a una mujer de veintiocho años, una bailaora respetada, reducida a una costumbre, a un mueble. Y luego pensé en Sofía, en su juventud, en su frescura. La inseguridad me inundó.

Mi teléfono vibró. Era un mensaje de Lucía, mi mejor amiga. No eran palabras. Era un enlace a una historia de Instagram.

Lo abrí.

Era un video en directo desde la fiesta. La música estaba alta, la gente aplaudía. Y en el centro, Javier, con un micrófono en la mano.

"Quiero dedicar este éxito", decía, con la voz cargada de emoción, "no solo a mi equipo, sino a una persona que ha sido mi verdadera inspiración, mi luz, mi musa... Sofía."

La cámara giró hacia ella. Sofía lloraba de emoción, llevándose las manos a la boca. La gente vitoreaba.

Y entonces, lo vi. Javier se arrodilló. No podía oír lo que decía, pero vi cómo sacaba algo de su bolsillo. Algo oscuro y brillante.

Mi peineta.

Le estaba proponiendo matrimonio. Con la peineta de mi abuela.

El teléfono se me cayó de las manos. Un grito ahogado escapó de mi garganta. El dolor era tan agudo, tan físico, que me doblé por la mitad, como si me hubieran apuñalado. Era el final.

También te puede gustar

Portada de la novela El Encuentro Imprevisto
8.4
Vanessa se marchó tras dar a luz, dejando atrás el acuerdo de gestación que la unía a un poderoso hombre. Cuatro años después, su regreso inesperado desata una tormenta de emociones contenidas. Él, que nunca perdió la esperanza de volver a verla, la recibe con un abrazo desesperado mientras protege la inocencia de su hija. Para evitarle dolor a la pequeña, él ocultó la verdad sobre la ausencia materna, aguardando con fe el instante de este reencuentro.
Portada de la novela El lazo de medianoche
9.3
El frío CEO Aarón D'Angelo dedica su vida a proteger el prestigio de su familia, pero su estabilidad se quiebra al conocer a Valeria Montez. Ella es la fisioterapeuta de su madre y posee información oculta sobre el turbio pasado de la riqueza de los D'Angelo. Mientras la pasión surge en la oscuridad, ambos se unen para desentrañar un enigma que pone en riesgo su legado. Aarón enfrentará el dilema de salvar su estatus o amar a quien conoce su secreto.
Portada de la novela ¿El precio de no elegirme? ¡Su locura!
8.2
Al divorciarse del multimillonario Daniel Vegas, la protagonista toma una decisión radical: marcharse únicamente con el vestido de novia, renunciando a la fortuna, las propiedades y a las tres hijas que crió con esmero. Daniel, convencido de que ella solo buscaba su riqueza y estatus, acepta con burla el acuerdo sin exigir pensión alimenticia. Tras firmar con serenidad y marcharse sin mirar atrás, ella deja atrás las dudas de su exesposo. Sin embargo, el desprecio de Daniel se transformará en una terrible revelación cuando finalmente descubra el trágico destino que le aguarda al cadáver de la mujer que tanto subestimó.
Portada de la novela El programa de cría humana del CEO Alfa
9.3
El magnate Killian Blackwood ofrece diez mil millones de dólares por una madre sustituta con genes perfectos. Ahogada en deudas, la protagonista acepta ser la candidata número setenta y ocho, pese a que las mujeres previas desaparecieron sin dejar rastro. Tras gestar al bebé diez meses, ella sobrevive al parto. Pero al intentar reclamar su recompensa, el terror la paraliza: sus recién nacidos no son humanos, sino una camada de tres cachorros de lobo.
Portada de la novela El Reencuentro Con Mi Exmujer
8.6
El matrimonio por contrato de Jennifer fracasó ante la falta de amor, llevándola a huir tras el divorcio con un embarazo secreto. Un lustro después, su exesposo la presiona para que regrese, utilizando la empresa familiar de ella como herramienta de extorsión. Mientras el entorno de Jennifer siente lástima por su supuesta desgracia ante la inminente boda del magnate con otra, desconocen que ella y su hijo ocultan el mayor secreto: ella es la verdadera novia.
Portada de la novela Esposa Virgen del Millonario
9.7
El poderoso magnate Rashid, cuya riqueza siempre le ha garantizado el control, encuentra un desafío inédito en la inquebrantable Victoria. Él le propone un acuerdo comercial implacable: comprar su pureza a cambio de que ella conciba a su futuro heredero. Victoria accede al pacto, pero la convivencia forzada transforma el contrato en un peligroso juego de atracción. Entre el deber y el deseo, ambos lucharán por no rendirse ante un amor imprevisto.