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Portada de la novela Adicto

Adicto

Tras la trágica pérdida de su madre, Amelia vive sumida en la miseria, soportando el desprecio de su madrastra y la traición de su hermana, quien le arrebató a su pareja. Desesperada por escapar de ese entorno hostil, decide pactar un matrimonio de conveniencia con Lucian, un influyente millonario. Aunque el trato nace de la necesidad mutua, la frialdad inicial se desvanece cuando Lucian comienza a mostrarle un afecto real y una devoción que ella jamás imaginó.
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Capítulo 3

A la mañana siguiente, los rayos del sol entraron a la habitación, limpiando el lugar con su luz. El despertar en la lujosa mansión se vio precipitado por un par de pasos estrepitosos.

"¡Despierte, señor Lucian, señor Lucian, despierte!", exclamó el mayordomo, tratando de despertar a su amo quien todavía estaba sumido en un sueño profundo. Como se había quedado despierto hasta tarde la noche anterior, le costó mucho abrir los ojos, pero cuando finalmente lo hizo, pudo ver la silueta de un hombre de mediana edad sentado sobre una silla de ruedas.

"¿Qué estás haciendo, Lucian?". Una aguda voz femenina rompió el silencio esa mañana y despertó a Amelia, quien ahora tenía una fuerte jaqueca por la resaca.

"¡Dios mío! Me duele mucho la cabeza", exclamó mientras se incorporaba y se sobaba la sien. Lentamente, Amelia fue abriendo los ojos para explorar el entorno desconocido, se quedó pasmada cuando no pudo reconocer dónde se encontraba y peor cuando vio que estaba rodeada por un hombre y una mujer, ambos de mediana edad. "¿Dónde estoy? ¿Qué estoy haciendo aquí?", preguntó, luego de hacer un esfuerzo para recuperar su voz.

Sus palabras la volvieron el centro de atención en la habitación, al parecer, ellos estaban más sorprendidos que ella.

"¿Quién demonios es esta mujer, Lucian?", preguntó la señora, acercándose a ella y señalándola con una mano adornada de joyas verdes. "¡Te advertí que Shelly es la única mujer para ti, con ella es que te vas a casar!".

Amelia se estremeció al escuchar a la mujer enfurecida y, aunque recordaba haber bebido mucho anoche, no podía rememorar cómo es que había llegado hasta allí. Cuando se volvió para mirar al hombre que estaba junto a ella, se quedó congelada, realmente no se lo esperaba. Por alguna razón, no podía dejar de verlo, se sentía inevitablemente atraída por su hermoso rostro, parecía una escultura digna de un dios. Su presencia era tan imponente que ella no pudo evitar contener el aliento. ¡Era demasiado guapo!

"Por favor, mamá, no sobreactúes, yo solo...".

"¿Y entonces por qué no fuiste a la casa anoche?". Justo cuando intentaba explicarse, Lucian fue interrumpido por el hombre en silla de ruedas.

Con el ceño fruncido, el joven Zhan intentó urdir una explicación, pero no había forma creíble de explicar la situación. Entonces, de la nada agarró a Amelia entre sus brazos y dijo firmemente: "Mi novia se embriagó un poco anoche y no quería que la dejara sola".

Amelia se vio envuelta en un fuerte abrazo que la dejó sin aliento. Como no sabía qué hacer, simplemente dejó que la abrazara aunque no pudo evitar fruncir el ceño y preguntarse por qué ese desconocido la llamaba su novia. ¿O acaso había bebido tanto anoche que ya no se acordaba de nada? ¿Tan ebria estaba que no recordaba haberse hecho novia de ese sujeto?

"No, yo no soy... ehm...". Amelia se aclaró la garganta e intentó negarlo, pero no pudo continuar porque un beso la acalló.

En una fracción de segundo, un relámpago asestó su mente y le dejó la cabeza en blanco. El terror en su interior la hizo estremecer como una gran ola devastadora.

¿Qué demonios le estaba pasando? Aunque siempre había escuchado que la gente advertía sobre las consecuencias de beber demasiado, lo menos que esperaba era que las cosas devinieran en semejante desastre. Mientras Lucian la besaba, trató de morder su lengua para escapar de su agarre.

"Ah...", jadeó él, adolorido y contrariado.

Amelia enseguida lo empujó y exclamó: "¡Imbécil!". Luego se limpió los labios y maldijo en su interior: '¡Qué vergüenza, por Dios santo!".

"Tranquila, cariño; anoche pasé todo el rato cuidando de ti y ahora estoy tan cansado". Dejando a un lado el dolor en su lengua, Lucian se acercó a ella y la atrapó entre sus brazos de nuevo, luego le dijo en voz baja: "Anoche te tomé una foto desvistiéndote, no te atrevas a llevarme la contraria o haré que te arrepientas".

"¡Eres... agh!". De pronto Amelia abrió mucho los ojos y lo agarró por el brazo. "¿Qué demonios pasó anoche? Dime".

Lo único que ella recordaba era haber estado en la barra del bar ahogando sus penas en vino, ¿pero qué había pasado después? Ella no tenía ningún recuerdo en absoluto y, a pesar de que no creía en las palabras de ese desconocido, aun se sentía desconcertada por haber despertado en la cama de un extraño.

"¡Esto es indignante!", exclamó la aristocrática mujer, quien luego se volvió hacia el hombre en silla de ruedas y dijo: "¿Ves, Nicolas? Si sigue por ese camino, nuestra familia estará arruinada".

"Lucian, esta lamentable escena la puedo dejar pasar, pero, como lo sabes, los Zhan hemos hecho un arreglo con la familia An y tú debes casarte con Shelly cuando cumplas los 30. ¡Ahora que estás de regreso, debemos cumplir con esa promesa!", le recordó el hombre en silla de ruedas mientras lo miraba con severidad. Dicho eso, le echó un desdeñoso vistazo a Amelia.

Por su parte, ella todavía estaba completamente perdida y no podía entender lo que estaba pasando; aunque sus ojos reflejaban una inocencia pura, podía sentir que el hombre en silla de ruedas le estaba dando una advertencia con la mirada.

"¡La decisión sobre mi matrimonio reside solo en mí!", respondió Lucian con firmeza mientras sostenía a Amelia por los hombros con más fuerza.

Ahora ella parecía comprender la situación, así que esbozó una sonrisa complaciente y le susurró: "¿Borrarás las fotos si accedo a ayudarte?".

Con las cejas fruncidas, Lucian captó su seña y le asintió.

Como no tenía idea de lo que había pasado la noche anterior, ella sentía que su única oportunidad era cooperar con él. Amelia no era el tipo de chica que se emborrachaba así con frecuencia, así que prefirió seguirle la corriente a Lucian para no meterse en más problemas.

"Señores, su hijo y yo nos amamos mucho, no deberían obligarlo...", suplicó mientras se acercaba a ellos con los ojos llorosos.

Lucian se quedó perplejo y luego posó su mirada sobre Nicolas y Francis con una sonrisa.

"¿Qué? ¿Por qué estás tratando de conquistar a mi hijo?". La mujer estaba histérica, así que agarró la mano de Nicolas y continuó: "Solo aceptaré a Shelly como mi nuera".

"Lamento decepcionarte, mamá", dijo Lucian con el brazo alrededor de los hombros de Amelia. "Pero he decidido casarme con ella, es mejor que dejen de hacerse ilusiones con la hija de la familia An".

Amelia sonrió torpemente cuando vio los delgados dedos de Lucian sobre sus hombros, pero no pudo evitar sentirse mal cuando su mirada se posó sobre los señores que tenía enfrente.

Ella no solía mentir de esa forma y, aunque la mujer frente a ella la trató mal, podía comprender que lo hacía porque estaba preocupada por su hijo.

"¿Desde hace cuánto tiempo conoces a esta mujer? ¿Siquiera la conoces bien? Apenas acabas de regresar hijo, ni siquiera has visto lo bonita que se ha puesto Shelly ahora; estoy segura de que podrías enamorarte de ella con solo verla", siguió parloteando la mujer de mediana edad, tratando de convencerlo. Sus ojos enojados se suavizaban mientras veía a Lucian, pero volvían a encenderse cuando se volvía hacia Amelia.

"Has dicho que 'podría' enamorarme de ella con solo verla, ¿no es así?". Esta vez habló lentamente y luego añadió con un brilló particular en los ojos: " ¡Pero mamá, ya me he enamorado a primera vista y fue de Amelia!".

'Oh, Dios mío, ¿en qué problema me metí?', pensó Amelia al escuchar la declaración de amor de Lucian. ¿De verdad estaba fingiendo? Bueno, si era tan bueno actuando, debería considerar convertirse en actor.

"Francis, Lucian ha crecido y tiene el derecho a tomar las riendas de su destino. No debemos interferir con su decisión, mejor regresemos a casa". Nicolas dio un largo suspiro y luego se volvió hacia el hombre de traje que estaba junto a él. "Llévame de regreso a la Mansión Zhan", le pidió.

"No deberías ser tan liberal con el muchacho, Nicolas, no dejes que se arruine la vida así. ¡Más tarde de arrepentirás!". Dicho eso, a la mujer no le quedó de otra que seguirlo fuera de la habitación.

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