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Portada de la novela ADICTA A SUS BESOS

ADICTA A SUS BESOS

Isabella amanece desconcertada junto a un desconocido tras una noche que no recuerda. Se trata de Alexander, el sucesor de una poderosa dinastía mafiosa que la obliga a casarse para garantizar su descendencia. Atrapada en un mundo de opulencia y riesgos mortales, ella deberá sobrevivir a la voluntad del magnate. Sin embargo, la valentía de Isabella termina por cautivarlo, transformando su unión forzada en un romance capaz de vencer cualquier amenaza.
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Capítulo 1

No recordaba que mi cama fuera tan cómoda ni que mis sábanas fueran tan suaves. Mi cuerpo se siente especialmente relajado, así que me niego a salir de la cama para alargar esta agradable sensación. Giro mi cuerpo para descansar boca abajo, pero al sentir un cuerpo cálido a mi lado, abro los ojos de golpe.

Nunca había dormido con alguien, así que parece que la virginidad de la que estaba tan orgullosa se esfumó anoche y ni siquiera sé cómo terminé aquí y así con este hombre. ¿cómo es posible perder la virginidad y no recordarlo? ¿siquiera lo disfruté? Frunzo el ceño y me regaño mentalmente, pues no debería estar pensando en eso.

Lo importante es saber cómo terminé en esta situación, no si tener sexo es tan bueno como todos dicen. Lo último que recuerdo es que me arreglé para ir a una discoteca con mis compañeros de facultad y que la estaba pasando bien.

¡Oh, por Dios! Siento que voy a entrar en pánico, voltéo a ver al hombre a mi lado y nuevas preguntas llegan a mi mente ¿Usamos preservativo? Espero que sí, no quiero una enfermedad de transmisión sexual ni un embarazo.

Me siento en la cama suavemente tratando de no despertar al atractivo desconocido de labios tentadores y abdominales perfectos.

Mis pies tocan la suave alfombra de la habitación mientras busco desesperadamente mi ropa con la vista. No estoy desnuda, pero no puedo considerar ropa a las prendas que llevo puestas. Es una bata corta de tirantes, de seda blanca, y debajo no hay nada más. Ya me revisé.

Mi ropa no está aquí, pero sobre el respaldo de una silla hay un hermoso vestido blanco de novia, zapatos altos blancos y, en el tocador de madera, un velo. Observo con extrañeza esos objetos tan específicos y alzo la mano derecha para mirarla de cerca. En el dedo anular hay un hermoso anillo con una piedra preciosa que parece gritar "sortija de matrimonio".

No tenía la manicura hecha la última vez que me ví, menos he tenido una tan perfecta en la vida.

Camino sigilosamente hacia la puerta que supongo lleva al baño y, una vez adentro, observo mi reflejo en el espejo y sonrío.

—Estoy soñando, no hay otra explicación —me digo en voz baja, mientras refresco mi rostro.

La lista de cosas absurdas desde que desperté es larga. Además de que no siento molestias en mi parte íntima, así que, aunque esté casada, el matrimonio no parece haber sido consumado. El hombre en esa cama parece salido de una revista de modas, no lo imagino conteniéndose para no tener sexo, un hombre así podría tener sexo con la modelo que quisiera, yo no estaría entre sus opciones.

Cepillo mis dientes con el cepillo rosado que encuentro junto al lavamanos y luego tomo un peine para organizar mi cabello. No creo que importe mucho en un sueño, pero, aun así, no puedo evitar tratar de ordenarme antes de regresar a la cama con el hombre que allí descansa. Me recuesto contra el marco de la puerta del baño y observo el lugar con cuidado, tratando de grabar la mayor cantidad de detalles posibles, antes de despertar.

Había escuchado de sueños húmedos, pero nunca había tenido uno. Siempre pensé que empezaban con plena acción, pero parece que mi mente es meticulosa y extrajo de alguna revista o programa de televisión esta habitación perfecta y al hombre atractivo que yace en la cama.

—Bueno, Isabella, si este es un sueño, más te vale aprovecharlo antes de que despiertes. ¡No seas tonta! —me digo en voz baja, aunque con dos emociones opuestas: me divierte la situación, pero también estoy extrañamente nerviosa por lo que voy a hacer.

Subo a la cama y me acuesto al lado de este hombre. Está recostado de lado, así que me coloco en la misma posición y observo sus rasgos con detenimiento. Sin duda, es alto y debe hacer mucho ejercicio a juzgar por su cuerpo bien trabajado. No puede ser solo genética.

Me regaño mentalmente por ese último pensamiento. Si el hombre es producto de mi imaginación, nada tiene que ver la genética; felicito entonces a mi imaginación por el excelente trabajo realizado. Levanto la mano con la sortija y delineo su rostro suavemente con la yema de mis dedos. Su piel bronceada es cálida y agradable al tacto. Paso mis dedos por su cabello y sus ojos se abren lentamente.

Quedo completamente estática y contengo la respiración cuando sus ojos color miel se clavan en los míos. Mi corazón se acelera como si fuera una niña a la que han descubierto haciendo travesuras. Me repito mentalmente que esto es un sueño y sonrío por lo tonta que soy al olvidarlo tan rápido, pero en mi defensa debo decir que se siente tan real.

—Buen día, esposa mía —me dice el hombre con mirada curiosa.

Le sonrío suavemente.

—Tienes una linda voz —digo, reconociendo lo profunda y agradable que se oye—. Buen día, marido con quien sueño.

Él también sonríe.

—¿Soy un sueño? ¿Estás segura? —me pregunta, y vuelvo a sonreír, recordándome que estoy en un sueño y al darme cuenta de que según parece, mi marido de ensueño me quiere hacer una broma.

Mis dedos vuelven a acariciar su cabello y luego bajan a su rostro para delinear su mandíbula, hasta llegar a sus labios. Él muerde ligeramente mi dedo y lo retiro, extrañada por lo real que se siente todo.

—Creo que deberías aprovechar para besarme antes de que te despiertes —dice el hombre de mis sueños con un gesto más divertido que antes.

No puedo negar que eso está en mis planes, pero estaba reuniendo coraje para hacerlo. Mi mente definitivamente hizo un excelente trabajo con la creación de este hombre, hasta le creó una personalidad fuerte, sin llegar a ser bruzco, me encanta.

Acerco mi rostro al suyo y cierro los ojos poco antes de que nuestros labios se encuentren en un beso suave y tentador. Mis manos terminan apoyadas en su pecho mientras su brazo rodea mi cintura y me acerca por completo a él.

—¿Sigo pareciéndote un sueño? —susurra a escaso espacio de mis labios.

—¿Qué otra cosa podrías ser? —pregunto siguiendole el juego a la divertida y excitante fantasía que estoy disfrutando.

Su ronrisa vuelve a surcar su hermoso rostro de hombre y creo que me humedecí. Apartir de aquí, según yo, era que debía iniciar un sueño húmedo.

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