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Portada de la novela Acorralado por el Destino

Acorralado por el Destino

Rosalie Murdoch huye de la traición de su alfa, Chris Reynolds, refugiándose en los brazos del enigmático líder Alex Greyson. Tras una noche de pasión, Greyson revela que ella es su verdadera compañera, reclamándola como propia. Rosalie queda atrapada en un peligroso triángulo entre el arrepentimiento de su ex y la dominancia de un nuevo protector. Mientras las tensiones escalan, una guerra de clanes estalla, forzándola a decidir su destino.
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Capítulo 3

Rosalie se quitó los tacones cerca de un árbol caído y sintió que su loba se apoderaba de ella. No obstante, no tenía permiso de transformarse sin supervisión.

Dado que los lobos jóvenes podían perder el control con facilidad, no se les permitía cambiar de forma a menos que estuvieran con adultos confiables, pero como loba, Rosalie tenía una velocidad y sentidos mejorados que los de un humano promedio. Teniendo en cuenta la prohibición, respiró hondo de nuevo para calmarse y luego corrió hacia el bosque en su forma humana. Si bien así iba más lento que si estuviese en su forma de lobo, era casi igual de bueno.

Ella podía sentir las ramas delgadas y las hojas muertas y marchitas crujir bajo sus pies mientras corría allí, sin mencionar que le encantaba la sensación del viento frío en su rostro. A cierta distancia, podía escuchar la cascada; ese era su lugar secreto. En ese punto, redujo la velocidad y trepó por una roca desde donde podía ver el arroyo fluyendo hacia una hermosa cascada pequeña. Entonces dio un paso atrás para después saltar alto, por lo que rasgó su vestido de nuevo y maldijo por dentro. 'Ay, no', pensó, 'Ya estoy castigada'. Con eso, voló a través del arroyo para aterrizar en el otro lado.

Totalmente estupefacta, ahogó un grito cuando aterrizó sobre otro cuerpo que estaba sentado con las piernas cruzadas en la roca. Sin embargo, terminó soltando el grito porque ambos cayeron al arroyo con las extremidades entrelazadas.

"¿En qué diablos estabas pensando?", cuestionó una voz masculina cuando resurgieron del agua.

"¿Te volviste loca?", gruñó antes de notar que quien había saltado sobre él era una chica.

"¿Quién eres?", le preguntó el chico.

Rosalie miró al extraño y calculó que tenía alrededor de veintiuno años de edad. Él era unos treinta centímetros más alto que ella, su cuerpo era todo musculoso, su cabello oscuro goteaba agua sobre su hermoso rostro cincelado y sus ojos verdes brillaban de ira. La loba de Rosalie se encogió por dentro enseguida, pues ese chico era un Alfa.

"¿Me preguntas quién soy en nuestro territorio? ¿Tú quién diablos eres?", espetó de todos modos Rosalie. Su madre le había advertido sobre los extraños. '¿Debería alertar a los demás?', se preguntó.

Sin responderle, él chasqueó la lengua con desaprobación. "Por lo visto, causas problemas. ¿No te cansas de andar hiperactiva por ahí?".

"No respondiste a mi pregunta. ¿Quién eres? ¿Qué estás haciendo en el área de la manada Luna Plateada?".

A pesar de que él frunció el ceño, su rostro se suavizó de inmediato, pues la chica parecía débil y no tenía sentido asustarla.

"Soy Alex Greyson de la manada Cristal Gris. Estoy aquí porque tu Alfa me invitó a asistir a su coronación, así que si planeas alertar a todos sobre una posible intrusión, no te molestes. Además, no estoy interesado en este basurero".

"¡Oh!", murmuró Rosalie con sus ojos abriéndose de par en par por la sorpresa. ¡Ella acababa de insultar y saltar sobre un Alfa visitante!

La manada Luna Plateada había invitado a varias personas importantes como los miembros del Consejo y varios líderes de otras manadas. No solo Alex Greyson era uno de los Alfas más poderosos, sino que su manada era fuerte y formidable, y ahora él le estaba lanzando una mirada un tanto irritada. '¡Mamá me va a matar!', exclamó para sus adentros.

"¡Solo estaba corriendo en el bosque! No sabía que estabas aquí", dijo a la defensiva y comenzó a salir del arroyo.

"¡Aahh!", gritó al tiempo que se resbalaba de nuevo y arrastraba a Alex al agua. No obstante, él fue más rápido esta vez, de modo que la agarró del brazo y la puso de pie.

"¡Eres un desastre! Ten cuidado, pies resbaladizos", dijo sacudiendo la cabeza con frustración para enseguida salir del agua.

Refunfuñando, ella comenzó a seguirlo cuando iba a resbalar por tercera vez, pero él la agarró por su delgada cintura para salvarla, y paralizados, ambos se quedaron mirándose a los ojos.

******

La luz de la luna brillaba en el rostro de la chica, acentuando sus hermosos ojos y la curva de su nariz, y sus perfectos labios se veían muy atractivos. Sin embargo, él la soltó no bien se dio cuenta de que todavía era una adolescente. Ellos estaban mirándose, o mejor dicho, él la había estado mirando todo ese rato, pues su corazón había latido extrañamente cuando tocó su cintura. Esa había sido una sensación muy peculiar y muy familiar. ¿Acaso podría ser que...? No, ella no podía ser su pareja, pero él descubrió que le gustaba eso que había sentido. Entonces buscó a su lobo, quien había estado decaído durante días, y ahora este de repente estaba alerta. No obstante, no estaba ansioso por reclamarla como suya, sino que solo esperaba y observaba... curioso.

"Gracias", murmuró Rosalie a medida que salía del arroyo sin siquiera mirarlo. "Necesito regresar y cambiarme. Este es el segundo vestido que arruino en el día, y mi madre pasó horas buscándolo en Internet", comentó con un suspiro.

De repente, cayó en cuenta de por qué él estaba allí y pensó que de hecho debería haber estado en el salón con los demás.

"Alfa Alex, ¿qué estabas haciendo aquí solo? ¿No se supone que deberías estar con los otros invitados?".

Pese a la interrogante de la chica, él no se movía, en cambio estaba paralizado, mirándola intensamente.

Al verlo así, ella frunció el ceño.

"¿Alex?", lo llamó, "¿Estás bien?". Enseguida lo agarró por la muñeca y lo sacudió para que reaccionara, pero él no se movió.

"Oh, Dios mío, te hice mojarte. ¡Ahora debes estar congelado!", exclamó Rosalie al tiempo que se frotaba las manos para intentar calentar las de él.

"¡Ay, no! ¿Te dio hipotermia? ¡Por favor, no mueras!".

De pronto él la apartó con suavidad. "Estoy bien", dijo con voz ronca.

"Creo que debería irme", agregó y puso una expresión como si recordara algo.

"¿Cuál es tu nombre?".

"Soy Rosalie Murdoch", respondió ella, pero de inmediato lo detuvo. "Espera... ¿Qué estabas haciendo aquí solo, Alex?", le preguntó con curiosidad, aunque después de hacerlo se mordió los labios porque pensó que se había pasado de la raya al interrogar a un Alfa.

"Perdón", dijo rápidamente.

"No, está bien", replicó él. Si bien necesitaba irse, pensó que podría quedarse unos minutos para hablar con ella, la chica que había hecho que su corazón latiera de una manera extraña y feliz.

"Estaba pensando en... cosas", comenzó, y tras una pausa, continuó: "Si no pudiera liderar mi manada como lo hizo mi padre, me preocupa decepcionar a los miembros".

"Lo harás bien", dijo Rosalie con confianza, "¡Estoy segura de que serás el mejor alfa que hayan tenido!". Apenas terminó de hablar, le regaló una enorme sonrisa, pero como todo su cuerpo estaba empapado, sus dientes castañeteaban.

"Gracias por esas palabras", respondió él.

Acto seguido, se volteó a mirarla de nuevo y por fin pareció notar el triste destino del desgarrado vestido de la chica.

"Tu madre se va a enojar cuando se entere del desastre que te volviste", comentó.

"Sí, aunque ya me castigaron de todos modos", dijo ella con cara triste.

"Ven conmigo. Estoy seguro de que Sarah, mi hermana, puede encontrar un vestido para ti".

Con un brillo en los ojos, ella se sonrojó. "Gracias".

Al verla así, él se dio cuenta de que le gustaba ver cómo se le enrojecían las mejillas, y su bello rostro se iluminó con una sonrisa cuando le ofreció la mano como un caballero que invitaba a una chica a un baile. "Vámonos entonces. La coronación comenzará pronto".

*********

Rosalie dio vueltas en el vestido sin mangas del color rosa chicle que llevaba ahora, y Amelia la miró interrogante. "¿De dónde lo sacaste, Rosie?".

"Yo... Ehm, un amigo me lo dio", respondió la chica sin más. Y es que a fin de cuentas no estaba mintiendo. Ella no quería que su madre descubriera que prácticamente había destruido el costoso vestido que ella le había dado.

"Amelia", dijo su esposo al tiempo que deslizaba la mano hacia la espalda de esta.

"Tenemos que irnos ahora", señaló mientras las llevaba a otra área donde los otros lobos estaban sentados en sus respectivos lugares, y una vez allí, sentaron con los otros Betas y sus familias. Era un momento de orgullo para ellos.

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