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Portada de la novela ¡Acepto ser su esposa, jefe!

¡Acepto ser su esposa, jefe!

Blanca es una empleada entregada que siempre ha pasado desapercibida, refugiándose en su trabajo bajo las órdenes de Theo, un jefe frío pero respetuoso. La estabilidad de ambos se quiebra cuando Theo pierde a su hermana y debe hacerse cargo de su sobrina. Para ganar la custodia legal y salvar su reputación, el empresario necesita una esposa pronto. Aunque él ve a Blanca como su salvación, ella no aceptará sin imponer condiciones que desafiarán su autoridad.
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Capítulo 2

Theo.

__ ¿Porqué consideran que no soy apto para cuidarla? - fue la pregunta que hice al estar frente a la mujer de lentes que me atendió. - Es mi sobrina, nadie más que yo podría cuidarla.

__ Podría ser, señor O'kelly, pero como sabrá no nos dejamos llevar por un "quizá" jamás. De nosotros depende el bienestar de niños que nos necesitan y usted no cuenta con las directrices que requiere un padre que puede cuidar de ella. - contestó como si nada, acomodó sus lentes para tomar una de las revistas que hojeó. - Revisando su información dimos con varios reportajes y entrevistas que usted mismo dió, donde...lo cito "no soy bueno con los niños, no estoy preparado aún para ellos" - leyó la estúpida entrevista que di cuando me preguntaron sobre tener pareja e hijos.

__ Pero siga leyendo. No fue lo único que declaré. - la insté.

Volvió sus ojos a la revista y continuó.

__ " El único bebé que espero por ahora es el de mi hermana. Puedo ser un buen tío, no un padre preparado para afrontar tal responsabilidad. Pero me arriesgaría con ese bebé" - culminó soltandola luego de eso. - Verá, con esas palabras deja claro que usted puede estar presente en la vida de su sobrina, pero no tomarla bajo su cargo como lo amerita.

__ Puedo hacerlo. - yo mismo lo dudé, pero no me quedaba más opción que decir aquello.

No podía permitir que se la llevaran, sería fallarle a mi hermana y a mi sobrina también.

__ Aún cuando pueda hacerlo, el estado no puede concederle la custodia de una bebé que posiblemente abandone con una niñera para continuar con su vida como si nada. - era más un reproche lo que dijo. - No tiene más familiares para creer que le darán un hogar como se lo merece y necesita. Lo siento, pero confiar en que crecerá en una familia llena del afecto que necesita, solo porque usted lo asegura no es algo que quiera arriesgar.

__ Puedo cuidarla. Tengo toda la disposición de hacerlo. Cambiaré mi estilo de vida si es lo que quieren por ella. - insistí con la presión en el cuello, tal agua rodeándome para llevarme al fondo.

__ La única forma es que usted tenga una esposa, una que al Igual que usted esté dispuesta a cuidar de la niña, pero con lo que...

__ La tengo. - mentí sin bajar la mirada.

__ ¿Tiene qué? - preguntó confundida.

__ Una esposa. - aclaré, ni siquiera sabía porqué había dicho aquello, pero pareció dudar al menos. - Bueno, no en realidad. Pero la boda será pronto.

__ ¿Esta comprometido? - cuestionó para asegurarse de haber entendido bien. Con solo repetir la palabra en mi boca ya estaba sintiendo extraño. - No hay ningún dato que lo confirme, en estos expedientes se dice...

__ Porqué lo hemos mantenido muy discretamente. - me esforcé por no verme dudativo. - Quisimos intentarlo para ver si funcionaba, cuando lo hizo ella no quiso salir al ojo público y por ello hemos estado saliendo en secreto. Incluso nuestro compromiso se dió de esa forma.

Achicó la mirada. Movió ambas cejas y pensé que me atraparía en la mentira, más solo anotó en una hoja algo que no supe si era bueno o malo hasta que habló.

__ Suponiendo que lo que asegura es real, la boda tendría que ser antes de los dos meses, para ser los primeros considerados en la adopción de la bebé. - dijo, al tiempo que escribió de nuevo. - Mire, señor O'kelly, entiendo que quiera a la niña, pero si usted la ama y desea el bien de ella, tiene que saber que no se le cederá solo por ser su tío. Puede tener contacto con ella en caso de ser adoptada por otra pareja, pero solo eso.

Suspiró hondo.

__ De tener una pareja deberán asistir la próxima semana a una entrevista y luego de su matrimonio ser monitoreados por al menos seis meses para saber que está en buenas manos y no ser puesta en adopción como lo sugiere su historial. - añadió.

__ Mi pareja y yo nos aplicaremos para mantenerla con nosotros como tanto queremos. - dije incorporándome. - Con permiso, debo ir a la prueba de postres que me habían avisado.

Mi mentira solo aumentaba en cada paso a la salida. No me quitó los ojos de encima, podía verla a través del cristal, no me creía y con justa razón, todo era una mentira.

No tenía una pareja, mucho menos una prometida. ¿pero que podía hacer? ¿dejar que se la lleven lejos de mí? Jamás, era mi sobrina y se quedaba conmigo, donde pertenecía. Aunque aún no tenía idea de como cambiar un pañal o cargarla, no la iba a dejar con desconocidos.

Llegué a la oficina, me senté frente a mí escritorio, tomé mi celular revisando en la agenda las opciones que tenía.

A lo largo de tres años, tuve parejas momentáneas, muchas de hecho, pero todas eran igual de desinteresadas por formar un hogar como yo. Las almas libres pueden vivir tantas vidas como les plazca, ese era mi lema.

Sin embargo, todo había cambiado. Necesitaba a alguien que siguiera mi mentira, que me acompañara en todo el proceso para convencer a la cuidadora que no quedará en mejores manos.

Camila fue mi primera opción, pero luego recordé que dijo no soportar a los niños. Descartado.

Martha, disfrutaba tanto su vida en clubes nocturnos que jamás aceptaría.

Sonia, ni siquiera estaba en el país.

Y así cada una de las opciones que tenía se fueron esfumando. Como una burla a mi mentira, recordándome que en cualquier momento se vendría abajo y no solo quedaría como un mentiroso, si no que perdería a mi sobrina.

La cabeza me dolía al llegar la noche.

__ Dos aspirinas, señor. - Blanca dejó dos pastillas en mi mano y un vaso con agua, para luego quitar los documentos frente a mí, guardar la agenda que tenía, poner a cargar el móvil y entregar mi saco al ver el reloj. - Son las siete y cuarto, en cinco minutos su auto estará listo en el estacionamiento para que pueda ir a descansar. Me haré cargo de enviar los contratos para que los traigan firmados en la mañana.

Me sorprendí de oír como cada cosa que tenía pendiente la supo resolver. No era primera vez que lo hacía, pero si la primera en que veía detenidamente ese detalle.

Con su cabello rubio y esa mirada plateada que no dejó de verme para asegurarse que tuviera todo correctamente, me perdí. Tenía unos ojos hermosos, los vi el día en que la contraté, pero esa línea entre los laboral y lo personal no la quise cruzar. Solo era la que me acompañaba a todos lados y sabía hacer las cosas en el momento correcto, del modo que sabía yo lo quería.

Pero la incógnita había llegado.

__ ¿Bianca usted sabe cuidar niños? - fui directo. Subió su mirada fija en la pantalla del móvil, seguramente asegurándose que mi auto estuviera en la entrada.

__ Tengo dos hermanos menores. Los tuve que cuidar aún siendo una niña, imagínese. - siguió sonriendo. - Fueron un dolor de cabeza, más Dylan que fue el primero, un ruidoso y Billy, el fue más tranquilo. Dormía todo el tiempo.

Por primera vez noté un poco de emoción en aquellos ojos tan parecidos al metal que me sorprendió ver añoranza en ellos.

__ ¿Hace cuánto no los ve? - consulté.

__ Dos meses, solo fui para navidad. - contestó. Recordé haberla visto llegar con un portarretratos en el cual una fotografía de ella, su madre y sus hermanos figuraban. - Su auto ya está listo, señor.

__ ¿Puedo pedirle algo, Blanca? - las manos comenzaron a sentirse sudorosas.

__ Lo que quiera, jefe. - accedió tomando su libreta para apuntar mi siguiente pedido.

__ Primero, quiero que sepa que no va a perder su trabajo si dice que no. Pero valoraría mucho y estaría dispuesto a pagar la cantidad que desee si decide ayudarme. - pasé saliva, aclaré mi voz y hundí los hombros con la propuesta en mis labios.

__ Es bueno saberlo, señor. - se mostró dispuesta a cumplir con la tarea a asignar.

__ Cásese conmigo. - pedí. Su sonrisa se borró, incrédula y atónita al escucharme, hasta a mí me pareció una estupidez lo que decía, pero era la única solución.

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