Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Acepto El Matrimonio Contratado

Acepto El Matrimonio Contratado

Ricardo Morales vive una pesadilla el día de su boda cuando Sofía, su prometida, anula la ceremonia tras confesar que el hijo que aguarda es de Mateo, hermano del novio. Hundido en el desprecio familiar y la traición, su antiguo afecto se torna en un profundo resentimiento. Para escapar de la ruina pública, Ricardo pacta un matrimonio de conveniencia con una extraña. Este vínculo contractual será su única salida hacia un destino incierto, lleno de enigmas y distancia.
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

El regreso a México no estaba en mis planes, pero Camila tenía un proyecto importante. Una prestigiosa clínica la había invitado para dar una serie de conferencias y realizar una cirugía demostrativa de una técnica que ella misma había perfeccionado.

"Cariño, ¿estás seguro de que quieres venir?" me preguntó una noche, mientras acariciaba su vientre apenas abultado. "Sé que no tienes buenos recuerdos de allá."

"Mi único buen recuerdo eres tú y este bebé," le respondí, besando su mano. "Y a donde tú vayas, yo voy. Además, alguien tiene que asegurarse de que la futura mamá coma a sus horas y no se canse demasiado."

A ella se le iluminó la cara con una sonrisa. Nuestro matrimonio había empezado como un contrato, pero se había convertido en lo más real de mi vida. Protegerla, cuidarla, era mi única prioridad.

Así que allí estaba yo, en el pasillo de uno de los hospitales más exclusivos de la Ciudad de México, esperando a que Camila saliera de una junta con el director. El lugar era lujoso, olía a antiséptico y a dinero. Me sentía fuera de lugar con mis jeans y una camiseta sencilla, pero a Camila le gustaba que vistiera cómodo cuando la acompañaba.

Fui a la cafetería a comprarle un té de manzanilla, justo como le gustaba. Al dar la vuelta en un corredor, choqué con alguien. Unos papeles cayeron al suelo.

"Perdón, déjame ayudarte," dije, agachándome para recogerlos.

"Ten más cuidado, idiota," dijo una voz femenina, afilada y arrogante.

Esa voz.

Levanté la vista lentamente. El tiempo pareció detenerse. Era Sofía. Llevaba un vestido ajustado, tacones altos y un maquillaje impecable. Se veía exactamente igual que cinco años atrás, como si el tiempo no hubiera pasado por ella.

Su cara pasó del enojo a la sorpresa total en una fracción de segundo. Sus ojos se abrieron como platos.

"¿Ricky? ¿Eres tú?"

Asentí, sin decir nada, poniéndome de pie y entregándole sus papeles. Mi corazón no se aceleró. No sentí dolor, ni nostalgia. Solo una leve molestia, como cuando te encuentras con un mal recuerdo que preferirías mantener enterrado.

La sorpresa en su rostro se desvaneció tan rápido como llegó, reemplazada por una sonrisa de superioridad. Me miró de arriba abajo, evaluando mi ropa sencilla, mi aspecto casual.

"Vaya, vaya. Ricardo Morales," dijo, arrastrando las palabras. "Así que regresaste. Supongo que no pudiste olvidarme. Era de esperarse."

Su arrogancia era tan predecible que casi me hizo sonreír.

"¿Qué haces aquí? ¿Conseguiste algún trabajito de intendencia? No te ves como si te hubiera ido muy bien."

"Estoy esperando a alguien," respondí, mi voz tranquila. No iba a darle la satisfacción de una reacción.

"Claro, esperando," se burló. "Seguro me viste y viniste a buscarme. Escuché que te casaste con una tipa por arreglo. ¿Qué pasó? ¿Ya te botó? ¿O sigues atado a una desconocida solo para salvar tu orgullo?"

No respondí. Me di la vuelta para irme. No tenía tiempo ni energía para esto. Solo quería volver con Camila.

"¡Oye, no me des la espalda!" gritó, su voz resonando en el pasillo. Me alcanzó y me agarró del brazo. "Ahora que estás aquí, puedes serme útil. Mi hijo tiene hambre. Ve a la cafetería y cómprale un jugo y unas galletas. Y para mí, un café latte con leche de almendras. Apúrate."

Me solté de su agarre con un movimiento firme pero suave.

La miré directamente a los ojos. Ella esperaba ver al mismo Ricky de antes, al hombre que habría corrido a cumplir sus caprichos. Pero ese hombre había muerto en el altar hacía cinco años.

Dentro de mí no había ira, solo una claridad absoluta. Esta mujer frente a mí era una extraña. Una extraña narcisista y patética que vivía atrapada en una fantasía donde ella era el centro del universo y yo seguía siendo su satélite. Vi su vida en un instante: la lucha constante por mantener las apariencias, la relación tóxica con Mateo basada en la conveniencia, la amargura disfrazada de arrogancia.

Y sentí lástima.

"No, Sofía," dije, mi voz calmada, pero final. "No voy a ir a ningún lado por ti."

Su cara se contrajo en una mueca de incredulidad y furia. No podía procesar que le hubiera dicho que no. Para ella, era imposible.

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela Amor Después de la Tormenta
8.5
Las cenizas de mi abuela estaban esparcidas por el lodo. La urna rota. El lugar profanado. La lluvia fría lavaba mi rabia, pero no la apagaba. Sabía quién lo había ordenado: Damián. Él solo quería controlarme, usar a los muertos para manipular a los vivos. Mi teléfono vibró con su nombre. "¿Ya lo viste, León?" Mateo, su hombre de confianza, sonaba tenso. Apenas pude susurrar: "¿Por qué, Mateo? ¿Por qué mi abuela?" Él respondió: "Damián dice que tienes que volver." Me reí, una risa horrible. "¿Y así me lo pide?" Me amenazó: si no volvía "por las buenas" , mi abuela nunca tendría un entierro digno. Tuve que aceptarlo. Subí al auto negro que me envió su abogado. Mi regreso, sin embargo, llegó demasiado tarde. En el coche, una enfermera me dio la noticia: "Tu abuela… no lo logró." Damián estaba esperándome, impaciente. Le dije con la voz hueca: "Mi abuela… acaba de morir." Su respuesta me heló la sangre: "Era de esperarse. Si te hubieras portado bien, habrías estado con ella." La furia me cegó. Lo encaré, gritándole que él me había chantajeado. Me arrastró a la casa, me encerró en mi habitación. Entonces, Isabela, su amante, apareció, vestida de blanco. "Pobre Leoncito," dijo con voz empalagosa. "Damián dice que te mantuvo cerca porque tus ojos se parecen a los míos. Eres mi copia barata." Luego añadió: "Y lo de tu abuela… Damián dice que es una bendición. Ahora puedes concentrarte en él. O bueno, en nosotros." Enloquecí. Me lancé sobre ella. Damián entró furioso, me arrojó contra la pared. "¡No te atrevas a tocarla!" rugió, antes de golpearme brutalmente. Me dejó allí, sangrando, mientras consolaba a Isabela. Desperté golpeado, solo. Damián me obligó a acompañarlo a una gala, a fingir que todo estaba bien. Allí, vi a Isabela con la pulsera de turquesas de mi abuela. Fue la gota que derramó el vaso. Me desplomé, avergonzado y humillado. Cuando volví en mí, fui a donde Isabela dormía y vi la pulsera en su mesita de noche. Traté de recuperarla, pero Damián apareció. Me arrebató la pulsera. "¡Ya no tienes nada, León! Todo lo que eres, me pertenece." Me arrastró hasta el balcón sobre el acantilado. Lanzó la pulsera al abismo. "¡Te la daré, entonces!" Sin pensarlo, salté. El impacto fue brutal. Lo último que vi fue a Damián volviéndose hacia Isabela, la puerta del balcón cerrándose. Me había abandonado a morir. Pero no morí. Fui hallado por Ángel, un guardián de las tierras de mi abuela, y por su joven primo, Javier. Ellos me salvaron, me cuidaron, y juntos forjamos una nueva verdad. Con la ayuda de Javier, engañamos a Damián para que creyera que yo estaba muerto. Pusieron la llave del apartamento de mi abuela en un cuerpo no identificado, y Damián lo creyó. Él empezó su propio infierno. Su mundo se derrumbó. Comenzó a obsesionarse con la idea de que yo estaba vivo. Isabela, por su parte, empezó a enfermar, a consumirse misteriosamente. Un día, Mateo le reveló a Damián la verdad sobre Isabela: ella profanó la tumba de mi abuela, ella me provocó. Damián se dio cuenta de su ceguera, de su crueldad. Un año después, él me encontró. En el bosque, ante las flores de luna que señalaban mi presencia. Vino a pedir perdón, a implorar mi regreso. Pero ya era tarde. "No, no has cambiado," le dije. "Solo te quedaste sin juguetes y viniste a buscar el que rompiste." Cuando le dije que se fuera para siempre, Damián se arrodilló, destrozado. Pero la costumbre tiró más fuerte. Cuando Mateo lo llamó, diciéndole que Isabela estaba muriendo, Damián se marchó. Le di un frasco para Isabela. "No la curará," le dije, "pero detendrá la enfermedad. Su sufrimiento te mantiene atado a ella. Mi paz lo merece." Cerré la puerta. Esta vez, para siempre. Damián se fue. Intentó buscarme, enviarme regalos que siempre eran devueltos. Su imperio se desmoronó. Cinco años después, murió, solo, ahogado en su propio arrepentimiento. Yo construí una nueva vida con Ángel y Javier. Nos casamos, tuvimos una hija, Luna. Un día, Luna preguntó sobre una foto mía de joven que encontré en un viejo anuncio de "persona desaparecida" de Damián. "Nadie importante, mi amor," le dije. "Solo un viejo fantasma." El pasado estaba enterrado. El futuro, finalmente, era mío.
Portada de la novela El amante perdido
9.3
Kazumi y Shiro se alejaron durante su juventud. Ella prosperó como una brillante doctora en el extranjero, mientras que él enfrentó la miseria para subsistir. Tras años de distancia, un peligroso incidente los vuelve a unir cuando él la rescata. Pese al rechazo familiar hacia ella y el modesto origen de él, su conexión renace. Sin embargo, el hallazgo de que Shiro es un rico heredero japonés altera todo, obligándolos a luchar por su amor frente a nuevos desafíos.
Portada de la novela El Elegido Se Convertirá En El Gran Padrino
7.8
Como heredera de un imperio criminal y corporativo, mi deber en mi vigésimo cumpleaños es elegir esposo entre dos candidatos: Damian, un poderoso CEO, y Caesar, un peligroso traficante de armas. Quien sea seleccionado gobernará como el nuevo padrino. Tras morir trágicamente en mi vida pasada debido a la cruel traición y abandono de Damian, decido alterar el destino y elegir firmemente a Caesar. Sin embargo, mi plan de escape toma un rumbo inesperado al descubrir que mi antiguo verdugo también ha renacido.
Portada de la novela Él es mi Daddy
8.2
Norma Bermúdez y Erickson O'Brien son dos personas marcadas por el dolor que el destino decide unir. A sus veinte años, ella sacrifica todo por proteger a sus hermanos, mientras que el exitoso empresario no duda en acercarse al conocerla. No obstante, su relación se ve amenazada por secretos oscuros y un pasado compartido. En medio de esta lucha, ambos deberán enfrentar verdades hirientes y superar viejas heridas si desean alcanzar un amor honesto y duradero.
Portada de la novela No Tengo Más Para Perder
9.5
Esmeralda ha soportado cinco años de un matrimonio gélido y humillante junto al magnate Ricardo Vargas, todo por salvar la vida de su padre. Sin embargo, su mundo se desmorona cuando la amante de su esposo provoca un accidente que le arrebata a su hijo y, poco después, pierde a su progenitor. Destrozada y libre de ataduras, debe enfrentar el desprecio de un Ricardo cegado por el odio, quien solo tras perderla descubrirá la verdad tras las mentiras.
Portada de la novela Sin miedo Contratémonos
8.9
La boda soñada de la protagonista se convirtió en una pesadilla de fuego y traición. Tras sobrevivir al incendio de la iglesia y perder a su amado, su único motor es la justicia. Para conservar su herencia y financiar su venganza, se ve obligada por su padre a contraer matrimonio. Decide contratar a un esposo por conveniencia para obtener poder, pero el destino le tiene preparada una sorpresa que pondrá a prueba su blindado corazón. ¿Logrará cumplir su plan?