
Después del accidente, me convertí en una heredera millonaria
Capítulo 3
La escena era indescriptiblemente horrenda. La zona estaba llena de policías de tránsito, con luces intermitentes por doquier.
Los agentes ni siquiera podían describir cómo había sido el vehículo originalmente a partir de los restos.
Solo algunas pertenencias personales dejadas adentro les permitieron confirmar que hubo una víctima mortal, pero el cuerpo estaba completamente carbonizado por las llamas.
Nada quedó intacto.
Damien había imaginado innumerables veces el desenlace entre él y Lydia, pero nunca de esa manera.
Incluso los esfuerzos de rescate se habían vuelto inútiles.
Observaba impotente cómo los rescatistas recuperaban cuidadosamente lo poco que podían de las pertenencias de su esposa.
Su cuerpo temblaba incontrolablemente mientras tardíamente sacaba su teléfono del bolsillo del abrigo y de manera mecánica devolvía las incontables llamadas perdidas. Pero no había respuesta.
Sin embargo, un número anterior sí se conectó.
Era del hospital. "¿Señor Hayes? El legrado de su esposa salió bien, pero insistió en ser dada de alta. Intentamos llamarlo muchas veces, pero no contestó…".
El hombre dejó de escuchar gradualmente la voz al otro lado de la línea. La mano que sostenía el teléfono solo se enfriaba más y más.
Recordó cómo Lydia le había preguntado cuidadosamente la noche anterior, y cómo él había prometido ir al hospital con ella sin dudarlo.
Ella le tenía pánico a las agujas. Hasta una simple inyección la dejaba lívida, como si le hubieran drenado la mitad de su vida.
Damien no se atrevía a imaginar cómo debió enfrentar esos momentos sola en la mesa de operaciones.
Respiró profundo, se enderezó y enfrentó a Ethan Reeves, un conocido que se acercaba a él y el cual era el oficial a cargo del accidente.
"Mis condolencias".
Se estrecharon las manos. Ethan explicó brevemente lo sucedido, luego, quizás inquieto por la expresión de Damien, le dio una palmada incómoda en el hombro antes de alejarse.
Su otro teléfono privado seguía sonando y el número de Ava aparecía en la pantalla sin parar.
No quería contestar.
En ese momento, lo único que deseaba era que hubiera silencio.
Los recuerdos inundaron su mente, llevándolo de regreso a través de los cuatro breves años que había compartido con Lydia. Un año de amor y tres de matrimonio.
Una vez hubo dulzura. El rostro impecable de Lydia se había grabado en su corazón desde el primer momento en que sus ojos se encontraron.
Ava siempre había sido solo una semejanza y un reemplazo.
¿Cuándo le había dejado de importar tanto? Ni siquiera Damien podía decirlo.
Se había acostumbrado a su espera. Sin importar lo que él hiciera, ella siempre estaba allí.
Después de firmar cada informe del accidente, apretó su abrigo más fuerte y volvió al carro, alejándose a toda velocidad.
El viento rugía a su paso y su mente estaba en blanco.
Dentro de la finca, Ava estaba inquieta. En el momento en que él abrió la puerta y entró, ella se levantó de inmediato.
"¿Qué le pasó a la señora Hayes…?".
Vio anticipación en los ojos de Ava, sin disimulo e inconfundible. Una oleada de náuseas le subió al pecho.
Su expresión se mantuvo indiferente mientras respondía con frialdad: "Está muerta. Su carro se quemó y no quedó nada".
"¿Y qué hay de la familia Carter…?".
Damien pasó a su lado con impaciencia, hablando rápidamente mientras se dirigía al estudio.
"Llama a la familia Carter. El funeral será en tres días. Mañana, te encargarás de los trámites para su certificado de defunción. Y una cosa más...". Se detuvo a mitad de la conversación. "Haz que alguien empaquete todas sus pertenencias. Tíralas… no, guárdalas por ahora".
La noticia del fallecimiento de su esposa se publicó en medio de la noche.
Las palabras cuidadosamente elegidas por Miles retrataron vívidamente el dolor y la agonía de una pareja devota desgarrada por la muerte.
Toda la información sobre la extravagante celebración de cumpleaños de Ava ya había sido eliminada de internet.
Como si, desde el principio, Damien hubiera sido un hombre profundamente devoto a su esposa, Lydia.
El día del funeral, la nevada más intensa en una década cayó sobre Crownford.
Era como si la nieve pretendiera enterrar toda la inmundicia bajo tierra, tal como la Mansión Hayes que parecía fría y lúgubre desde el exterior.
Dentro, las chimeneas ardían acogedoramente. Ava mantenía a Ronan cerca, sonriendo mientras disfrutaba la comida nutritiva servida por los sirvientes.
Arriba, en el estudio, Damien se quitó el anillo de bodas y lo lanzó descuidadamente al fondo del armario.
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