Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela A Plena Luz

A Plena Luz

Alma Serrano ha consolidado a Seré como un referente en la moda, ignorando que la mayor amenaza contra su imperio está en su propio hogar. Su esposo Tomás, aparentemente abnegado, es en realidad Leonel Duarte, el estratega de Theia Corp. Aunque se infiltró para destruir a su rival, el espionaje derivó en un sentimiento genuino que ahora lo atormenta. Mientras Alma intenta identificar al enemigo que busca hundirla, ignora que comparte su vida con él.
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

La mañana amaneció plomiza, con una lluvia fina cayendo como un susurro constante sobre la ciudad. Desde la ventana de su oficina, Alma contemplaba el cielo gris con los brazos cruzados. Su mente estaba lejos de la tormenta exterior.

Estaba dentro.

Revisando cada conversación, cada gesto, cada detalle de los últimos años con Tomás.

Y lo más inquietante no era encontrar algo que no encajara... sino lo perfecto que todo encajaba.

-¿Te pasa algo? -preguntó su asistente, al entrar sin que ella lo notara.

Alma volvió a la realidad, escondiendo el cuaderno viejo que había dejado abierto sobre el escritorio.

-Necesito un informe completo de todas las personas que han tenido acceso a mis archivos creativos desde hace cinco años. También quiero una auditoría interna silenciosa: movimientos inusuales de correos, archivos descargados fuera de horario... todo.

-¿Incluye a tu equipo de confianza?

-Incluye a todos. Quiero saber quién respira cuando yo no estoy mirando.

La joven asintió, aunque con evidente incomodidad.

Alma sabía que eso podía parecer una cacería de brujas. Pero no era paranoia. No esta vez.

Era algo más profundo, más visceral.

Era traición.

Mientras tanto

Tomás recibía un paquete en su oficina oculta.

Un sobre sellado con documentos confidenciales.

En la portada, un mensaje de su jefe de ciberseguridad:

"Ella está revisando el pasado. Necesitamos activar la contingencia."

Él lo leyó en silencio, el ceño apenas fruncido.

Luego, desactivó la alarma de su caja fuerte y extrajo un teléfono que no usaba desde hacía años.

Marcó. Esperó. Una voz metálica respondió.

-Dime.

-Podría descubrirme -dijo Tomás con voz baja-. No sé si seguir ocultándolo... o si es momento de decirle la verdad.

-¿Y arriesgar todo? ¿Destruir lo que has construido? Lo sabías desde el principio: este juego se gana en las sombras. Si sale a la luz, se acaba.

Tomás apretó el puño.

-Lo que se acaba... es mi alma, cada día que le miento.

Silencio.

-Entonces decide, Leonel. ¿Quién eres? ¿El hombre que le preparaba el desayuno... o el que está por arrebatarle su imperio?

Esa noche

Alma llegó a casa con un plan en mente.

Lo encontró cocinando, como siempre. Tomás llevaba un delantal oscuro y tarareaba bajito, cortando tomates con ritmo relajado.

Demasiado tranquilo. Demasiado perfecto.

-¿Qué harías si descubriera que alguien muy cercano me está robando? -preguntó ella de pronto, sin preámbulo.

Tomás levantó la vista.

-Depende. ¿Quién es? ¿Y por qué lo hace?

-Digamos... que lo hace por poder. Por construir algo propio. A mis espaldas.

Él dejó el cuchillo sobre la tabla.

-Yo diría que deberías aplastarlo sin piedad -respondió, mirándola a los ojos-. O... averiguar si todo fue por venganza. A veces los que amamos tienen razones que nunca imaginamos.

Alma lo observó un largo instante.

No dijo nada.

Solo se acercó y lo abrazó.

Fuerte.

Tomás sintió un escalofrío. Porque en ese abrazo...

no había ternura.

Solo una advertencia silenciosa.

Horas después

Alma no dormía. Caminaba por la casa en silencio, descalza, como un fantasma. Entró al estudio de Tomás, que él solía mantener cerrado con llave, pero esa noche había olvidado asegurar.

Curiosa, tanteó los cajones. Documentos normales, facturas, papeles domésticos... hasta que algo sobresalió.

Un recibo.

Una transferencia internacional.

A nombre de una empresa pantalla en Zúrich.

No decía "Theia Corp" en ninguna parte. Pero el nombre del destinatario... Leonel Duarte.

Su corazón se detuvo.

Ese nombre lo había escuchado antes, vagamente, en una reunión de inversionistas. Una figura misteriosa, dueño de varias startups agresivas.

Pero ¿qué hacía ese nombre en los papeles de su esposo?

Entonces lo entendió.

No todo, pero sí lo suficiente.

Leonel Duarte no era un extraño. Era el reflejo detrás del cristal.

Y ese reflejo tenía su rostro.

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela Traicionada por la Sangre, condenada a casarme con el CEO implacable
8.4
La existencia de Sarah Smith se quiebra tras una oscura noche en el Hotel Imperial. Entregada y sedada por sus propios parientes, acaba vinculada a Joaquín Benz, un influyente magnate financiero. Él, seguro de haber sido víctima de una trampa, la detesta y somete a un enlace forzado carente de amor. Entre juicios sociales y el desprecio de un marido decidido a destruirla, Sarah luchará por sobrevivir mientras el rencor mutuo muta en una atracción letal.
Portada de la novela Corazón Cautivo, Alma Libre
9.2
Tras huir a Cartagena, mi destino se truncó cuando mi prima Catalina me drogó, forzando un encuentro con el poderoso Alejandro De la Vega. Pese a su desprecio inmediato, mi tía y prima tejieron una red de infamias para tacharme de delincuente. Acusada de ser una oportunista, decidí canalizar mi dolor en el arte. Bajo el alias Brisas del Sinú, mi música se convertirá en el instrumento de justicia para limpiar mi nombre y alcanzar la libertad.
Portada de la novela El último deseo marciano del gemelo
8.0
Después de un lustro de desprecios como esposa del magnate Ricardo, mi farsa ha concluido. Aguanté su frialdad y sus infidelidades solo por Julián, su difunto gemelo, cuya voluntad final era que llevara sus cenizas a Marte. Al pedir el divorcio, Ricardo enloquece: me retiene contra mi voluntad, me secuestra en su jet y exige que tengamos hijos para atarme a él. Sin embargo, mi meta no es perdonarlo, sino huir definitivamente de su obsesión.
Portada de la novela El Uno para el Otro
9.4
Tras el rechazo de su gran amor, quien se comprometió con su rival, Essie busca consuelo en la bebida. La mañana siguiente despierta casada legalmente con un atractivo desconocido. Para evitar la humillación pública y proteger su orgullo herido, decide no anular el matrimonio. Lo que nació como un error de una noche de copas obliga a ambos a convivir, abriendo la posibilidad de que este vínculo accidental se convierta en un amor verdadero y profundo.
Portada de la novela Entre Cenizas: Un Nuevo Pacto
9.3
El futuro de la chef Sofía Romero se desmorona cuando Daniela Vargas, movida por la envidia, destruye su obra y le fractura la mano. Ante la traición de sus allegados y falsas acusaciones de robo, Sofía queda humillada y sin rumbo. En ese momento crítico aparece Ricardo Vargas, quien conoce los antiguos pactos familiares. Él la rescata de la ruina, ofreciéndole una alianza inesperada para protegerla y reconstruir su vida desde las cenizas.
Portada de la novela La Esposa Olvidada Vuelve
9.6
El aire espeso del salón de fiestas de lujo se convirtió en el grito ahogado de mi hija, Camila, luchando por respirar. Sus labios se tornaban azules, sus ojos, antes brillantes, ahora nublados por el pánico. Un trozo de pastel de almendras, obra maestra de Andrea Torres, la nueva pareja de mi esposo y la mujer que me había robado todo, yacía a medio comer. "¡Ayuda! ¡Mi hija no puede respirar!", imploré, mi voz rota por el terror. Pero Ricardo, mi esposo, el padre de Camila, no vio a su hija asfixiarse. Me vio a mí. "¡¿Qué le hiciste?!", espetó, su rostro marcado por una furia que solo yo conocía. En un acto de humillación pública que se grabaría en mi alma, me arrastró por el cabello y hundió mi cara en el vómito agrio de mi propia hija. "Límpialo. Ahora", ordenó, mientras la gente observaba, algunos horrorizados, nadie interviniendo. Mientras yo lamía el suelo, una ambulancia se llevaba a mi pequeña, y Ricardo me lanzó su última advertencia: "Si le pasa algo a mi hija, te juro que te destruyo. Todo esto es tu culpa". Los siguientes quince días fueron un infierno, noches de desvelo junto a la cama de Camila, mientras Ricardo y Andrea exhibían su "amor" en redes sociales, y yo me consumía con las etiquetas de "zorra negligente" y "mala madre". "Ricardo Vargas", dije con una calma fría que no sabía que poseía. "Ya no quiero ser tu esposa." No, no pedía permiso. Informaba. Pero él se negó, y su madre me siseó: "Eres una muerta de hambre que mi hijo recogió de la basura. Camila es una Vargas. Tú no eres nadie para llevártela". Me fui con mi hija a un pequeño departamento prestado, creyendo que había escapado. Pero entonces, Instagram me mostró la foto de Ricardo y Andrea en mi casa, formando su "familia", con Andrea etiquetándome para provocar: "@SofiaPerezOficial, espero que tú y Cami estén bien". Camila me preguntó con su vocecita inocente: "¿Papá ya no nos quiere?". En ese abrazo desesperado, la verdad me golpeó: Ricardo nunca nos había amado, solo fuimos un error en su vida perfecta. Por última vez, obedecí una de sus órdenes, asistiendo a la gala de Andrea. Allí, me enteré de la cruda verdad: mi matrimonio fue una trampa, un sacrificio para liberar a Andrea de un matrimonio forzado. Yo fui el chivo expiatorio en su farsa. Ricardo me entregó una carta de disculpa, exigiendo que la leyera en voz alta, para limpiar su nombre y el de Andrea. Pero la Sofía que había lamido el vómito y había sido humillada ya no existía. "Claro", dije con una sonrisa serena. "Lo haré". Con una calma aterradora, subí al escenario, lo hice firmar un documento sin leer, y leí cada palabra de esa humillante carta. Luego, con la espalda recta, bajé. Dejé a mi hija en su auto alquilado y nos dirigimos al aeropuerto. "Nos vamos lejos, mi amor", le susurré a Camila, "a un lugar donde nadie pueda volver a hacernos daño. A empezar de nuevo". El avión despegó. Mi guerra había terminado. Y yo, por primera vez, había ganado.