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Portada de la novela 40 Días de Sexo - QUÉDATE EN CASA

40 Días de Sexo - QUÉDATE EN CASA

Ante una crisis sanitaria global, un virus mortal impone un confinamiento obligatorio de cuarenta días para detener la propagación. En Estados Unidos, Zenda vive este aislamiento sumergida en una soledad absoluta y un tedio insoportable que consume sus días. No obstante, su monótona realidad cambia drásticamente cuando encuentra una aplicación móvil diseñada para revolucionar su experiencia de encierro mediante una propuesta inesperada.
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Capítulo 2

Una vez me dije a mí misma "Quiero probar de todo en la vida". No imaginé nunca que eso, incluiría la locura que acababa de cometer.

Pasé la noche escogiendo lindas fotografías y llenando un extenso formulario que viene de parte la compañía, preguntando todo tipo de cosas.

Apenas las nueve de la mañana y ya estaba yo aquí, de nuevo en mi sillón viejo y viendo T.V.

Déjenme contarles más de mí:

Me llamo Zenda Hein, tengo 23 años y estoy graduada en Telecomunicaciones, trabajo en la emisora radial pero, ya que se redujo el personal a "los más importantes", bueno... Supongo que no lo soy tanto.

Mi madre me abandonó desde pequeña, nunca la conocí, de ella sólo sé que era cubana y que mi padre, mi pilar, se había vuelto loco por sus curvas. Mi papá vive actualmente en Los Ángeles y sigo estando prácticamente sola en este lugar.Mi teléfono vibró y mi corazón se descolocó

— Hola hermosa

— Alan, cariño, ¿Cómo estás?¿Te esta yendo bien?

— Sí, bebé, excelente — Su voz sonaba ahogada — ¿Tú que tal? Debes estar muriendo de aburrimiento — Los dos reímos.

— Un poco. ¿Qué dicen de la extensión de la cuarentena allá? — Estaba preocupada por saber cuando volvería.

— Uhh, nena, no he visto las noticias, siendo sincero — Algo sonó de fondo — Creo que... Creo que me pondré en eso ya mismo.

— Ok amor, por fa no te descuides con--

— Ya cuelga, esa frígida no irá a ningún lado. — ¿Qué mierda?¿Con quién diablos se suponía que estaba mi novio?

— ¿Alan? — Casi grité — ¿Con quién coño estás? — No lo dejé hablar — ¿Sabes qué? Esto es ridículo. Adiós.Y colgué.

Perfecto, era una cuernuda en cuarentena.

Alan tenía un largo prontuario de infiel, lo supe desde el momento en que fue infiel a su anterior novia conmigo, razón tenía la maldita "Te hará lo mismo que me hizo a mí". Estaba hirviendo de furia.Quería hablar con Nicole pero sabía que sólo le echaría más leña al fuego así que me contuve, en cambio, tuve una mejor idea: Abrir Glimmer.Erigida yo, ¡JÁ!

Vaya usted a saber qué clase de puta era---NO, necesitaba dejar de pensar en el asunto.

Bienvenido a Glimmer, usuario PrincessZen.

No tenía mucha imaginación, lo sé.

Establecí la opción de citas rápidas porque lo que quería era crudo y fácil sexo.Y dos minutos después, mis fotos estaban llenas de corazones y mi buzón con cinco mensajes. Nada importante, hasta que un sexto mensaje llegó.

OhioStreet: Eres hermosa, ¿Me regalarías una noche?

Directo. Eso me gustaba. Hojeé su perfil antes de responder y, wow, dejé un enorme "SÍ" cómo respuesta.

Diganme puta, dolida o facilona, pero esto me estaba gustando.Le envíe mi dirección y corrí al baño a arreglarme, por suerte no dejaba de depilarme y la casa se mantenía limpia, porque sino hubiese sido caótico.

Miré mi cuerpo en el espejo del baño cuando terminé de prepararme, no me veía nada mal: Mi cabello rubio y liso partido a la mitad y con suaves ondas en las puntas caían cubriendo mis senos, mi piel es muy blanca y pequeñas pecas se riegan por ella, mis ojos café los llené de rímel y arregle mis cejas, no quería usar más maquillaje porque pensaba sudar mucho.

¡Asquerosa!

Me gustaba mi cuerpo de eso no había duda, mis senos son pequeños pero no tanto, copa 36B, mi cintura se afina y mis grandes caderas- heredadas por mi madre- llamaban mucho la atención, haciendo de mí una guitarra ambulante. El trasero se me veía muy bien dentro de la tanga turquesa que usaba y que combinaba con el sostén del mismo tono. Sobre esto usé un diminuto vestido de tiras color blanco y ajustado, sin zapatos porque ¿Para qué?Terminé de llenarme de perfume cuando la puerta sonó con dos toques. ¿De verdad iba a hacer esto? ¿Tener sexo con un desconocido?Al parecer sí lo haría porque ese hermoso castaño estaba en la puerta y quería devorarme con sus ojos verdosos.

— Pasa — Lo invité, muy nerviosa.

— Claro — Él me siguió y nos sentamos en los viejos pero cómodos asientos de mi sala — ¿Es tu primera vez no? — El sonreía de lado.

— ¿Se nota? — dije con las mejillas sonrosadas y sólo río suavemente — Mi nombre es Zenda, por cierto.

— Yo soy Jonah, es un placer conocerte. Te ves más hermosa en persona que en fotografía.

Nos reímos incómodamente y, luego de dos minutos, no sé cómo, pero ambos estábamos besándonos sobre el sillón frente a la ventana. Yo estaba sobre Jonah y sentía su erección crecer en mi vientre, sus manos apretaban mis glúteos y depositaba besos en mis hombros, haciendo sentir deliciosas sensaciones.

Nos alejamos un poco para tomar aire y en sus ojos brillaba la lujuria, tomó mi cabello y me obligó a bajar hasta que metió de nuevo su lengua en mi cavidad bucal. Sus besos eran de otro nivel y me sentí humedecer ahí abajo. Llevé mis labios a su cuello y envolví con mi lengua su oreja, haciéndolo retorcer debajo de mi. Bajó los tiros de mi vestido y mi sostén y buscó con ferocidad mis senos, los sacó de su lugar y cómo un hambriento, empezó a chupetearlos, morderlos, besarlos, y mis gemidos se hicieron sentir. Me abrí más para él, adorando la fricción de sus jeans sobre mi tanga empapada. No aguantaba más aquello, me levanté de su regazo y Jonah quedó confundido, pero cuando levanté mi vestido y aparté mis sostenes, quedando sólo en la diminuta pieza sobre mi vagina me sonreía halagador.

— Hermosa — felicitó.Me senté de nuevo sobre él, su camisa en algún momento salió volando y sus pantalones estaban abiertos, empecé a besarlo con salvajismo, demostrándole que yo también podía dominar, y Jonah se dejó hacer. Mordisqueé su abdomen y volví a su cuello, su sabor salado me dejaba con ganas de querer probar más de su cuerpo pero me contuve. Su mano se posicionó en mi trasero manteniendome en el lugar mientras la otra encontraba mi vagina y apartaba la tela de ese lugar tan íntimo. — Dios, estás tan mojada. Tan lista — ronroneaba en mi oído y gemí con ganas cuando empezó a acariciarme el clítoris sin detenerse ni un segundo. Sus dedos jugaban conmigo y yo adoré esa sensación. Cuando empezó a penetrarme con ellos, quería volverme loca.Apreté mis pezones para aumentar mi placer y estaba en el cielo. Pero antes de acabar me aparté de nuevo y lo miré con hambre.

— ¿Condón?

— Aquí — En su mano brillaba el paquetico plateado y en menos de tres segundos se lo colocó.

Brinqué sobre él y de un golpe estaba dentro de mi. Ni Jonah ni yo lo podíamos creer. Por un momento me olvidé de que mi novio desde hace tres años me estaba siendo infiel en algún rincón de España, me olvidé que este era un desconocido que había encontrado en una App, me olvidé completamente que vivía en un noveno piso y no usaba cortinas en mis grandes ventanales, me importó una mierda todo.

— ¡AHHH! Dios! — Mis gemidos inundaban la sala y sus gruñidos me hacían subir el ego, yo lo montaba sobre la silla y él no dejaba de tocar mi clítoris, volviéndome una fiera en ese momento.Se llevó un seno a la boca y empezó a atender esa parte de mi cuerpo, sin descuidar el otro.No podría decir si fueron uno, dos, o tres orgasmos en ese momento. El cielo se abrió para mí cuando, después de terminar y apartar el condón, Jonah me miró sonriendo como predador y colocándose otro condón. — Ahora, me toca a mi, princesa.

Antes de que preguntara algo, me empujo y quede apretujada y desnuda contra la gran ventana, era de día, eso no lo olvidaba, tal vez mediodía, pero a la mierda todo.

Hizo una cola de caballo en mi cabello con su mano y con la otra me nalgueó haciendo dar un pequeño brinquito. Abrió mis nalgas y metió de nuevo ese gran pene dentro de mí vagina. Ahora el ritmo lo marcaba él y no tenía problema con eso.Me daba duro y eso me fascinaba, con mis dedos encontré mi centro y empecé a tocarme para intensificar mi placer. La mano en mi cabello cambió y ahora sostenía mi cuello, ahorcandome con fuerza pero sin ser agresivo. Miraba mi reflejo en la ventana y me excitaba más aún sin querer parar. Cuando Jonah acabó fue estruendoso, sus gruñidos al vaciarse causaron que acabase con él, besó mis hombros y salió de mi interior, me pidió el baño y se lo señalé sin hablar. No podía respirar.Aún desnuda fui por agua y cuando el salió sonriéndome, le ofrecí. Con gusto aceptó.

— Eres espectacular, Zenda. Me gustaría repetir esto.

— Gracias — No respondí lo otro, sólo guiñé mi ojo y el río entendiendo.

— Bien, de igual forma sabes donde encontrarme, hermosa.Me dio un largo beso en los labios, ya se había vestido completamente. Yo sólo me puse el vestido blanco ya que me daría una larga ducha luego. Lo acompañé a la puerta y con un suave "Adiós" se marchó.Caminé a la bañera y la llené de agua, estaba en shock. Lo había hecho, y lo había disfrutado infinitamente.

Entré al agua caliente relajando mi cuerpo un poco más, si es que era posible. Con mi celular en la mano entré de nuevo a Glimmer y mordí mi labio inferior.

Esto lo iba a disfrutar cómo nadie.

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