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Portada de la novela 24/7 Libro 1

24/7 Libro 1

Una mujer de asombrosa belleza vive atormentada por oscuros secretos y un pasado que la mantiene cautiva. Su destino se entrelaza con el de un hombre arrogante, movido por una curiosidad implacable. Mientras sus problemas se agravan, ella debe decidir entre otorgar el perdón, resguardar a su familia o huir de sus recuerdos. En esta historia de amor y misterio, la búsqueda de la verdad se convierte en la mayor amenaza para su supervivencia.
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Capítulo 2

Capítulo 1

Estoy descansando, o lo que creen los médicos, no gracias a la cantidad de calmantes que intentaron poner en mi sistema lo cual no sirve para una mierda.

Tampoco no me cura del dolor interno. Ciento odio, ira, rabia y unas ganas de llorar que reprimo con todas mis fuerzas. 

Me ciento humillada y expuesta cada vez que me tocan, ¡no quiero que me toquen!, detesto al medico y las enfermeras que entran  revisando mi cuerpo como si yo fuera un puto experimento. Odio sus expresiones de lástima al ver mi cuerpo destrozado como si fuera una niña pequeña.

Estoy atada  de  tobillos y muñecas con unas correas impidiendo que luche, pero es inútil que no intente pelear. 

( fragmento )

Despierto de una pesadilla que quiero bloquear, estoy sudorosa y atada... La figura de mi abuelo se inclina hacia a mí " ¿pero él está muerto?" ( me recuerda mi subconsciente )  y limpia mi frente.

( Fragmento... )

Mi habitación huele antiséptico, me provoca náusea e inclino mi cabeza a un lado y  vomitó.  una enfermera entra y me limpia, se que es ella por su apestoso perfume a channel. 

Estoy demasiado cansada para gritar y apartarle las manos. 

 ¡Que no me toquen ! 

( Fragmento...... )

¿He dormido? No. No parece real. Todo me da vueltas. Tengo náuseas. y vómito ladeando la cabeza. 

Una figura borrosa me limpia la cara, reprimo el impulso de retirarme al sentir sus manos callosas bajo mi barbilla y que pasa por mi cuello  una compresa húmeda , cambian mi almohada por otra nueva. 

Después de unos minutos escucho su voz ronca distorsionada por fragmentos.

– Cuando descubrió su camino –la voz se vuelve lejana, se pierde en mi inconsciencia. 

– Las estrellas se pusieron sobre su cabeza... 

 "¡joder! ya no sé dónde estoy. Gimo. Intento hablar"

– los dioses ya no estaban... – 

"¡por favor que se calle!... ¡Que se vaya!" 

– en la inmortalidad... 

Esa voz me empieza a resultar familiar.  Quiero hablarle. ¿Qué hace aquí? ¿Que no estaba muerto? ¿Estoy muerta? 

....Duermevela... 

Tengo la boca seca y el mareo de siempre me hace mecer mi cabeza de un lado a otro. Gimo intentando ubicarme.

Se que está aquí, lleva aquí desde hace días o quizá más de una semana... siento  más vivas mis heridas, , nada quita el dolor, pero el medicamento me entumece el cuerpo aliviandolo un poco.

Me están devolviendo al mundo real, detestando las correas que me sujetan. 

Las primeras veces que desperté grite furiosa y luche provocando que me sedaran pero solo me atontaron. Tuve que fingir inconsciencia. Después de unas cuantas veces aprendí que si me comportaba como una  psicópata  volverían a atarme, de nada sirvió y decidí tragarme mi hafefobia. Dejando que me limpiasen y bañasen, aguantando las ganas de matarlos. 

– Toma – la voz que creía de mi abuelo me sorprende y me aparto por acto reflejo, pero las correas no me permiten moverme mucho. Lo miro fijamente mientras que un anciano de unos 55 años me sostiene un vaso con pajita sin tocarme. Está sentado junto a mi cama con un libro sin título en su regazo. Distingo unos ojos negros amables. Con una mirada inteligente, no se de que aún, arrugas alrededor de sus ojos, cabello café. Con la mano temblorosa me sostiene el vaso. Sin soltar sus ojos me inclino a la pajita y sorbo el agua. Dando tragos pequeños. 

– Suficiente – dice retirándose. Recargo mi cabeza hacia atrás. Se que debería darle las gracias y que me veré muy grosera. Pero me abstengo de hablar, porque ni siquiera he hablado con los médicos antes sus preguntas estúpidas. "¿Cómo te sientes hoy?" he reprimido el impulso de contestarles "Como te sentirías tu con cuchilladas, laceración en todo tu abdomen, muslo y heridas de electro shocks. Idiota. " 

"¿Necesitas más analgésicos?" no les contestaba. Los miraba con tanto odio como si fueran los malditos terroristas que me hicieron esto.  El anciano se endereza en la silla, parece incómodo pero se remueve hasta quedar conforme. Levanta su libro y lo abre apartando el separador. Agradezco en silencio que me ignore. 

Una semana después...

Viene todos los días, solo sale de la habitación cuando tengo necesidades, que es para lo único a lo que me dirijo a las enfermeras y me liberan con temor, me han suspendido los analgésicos y agradezco ya no sentirme mareada. Miró al anciano que lee una revista  de construcción ignorándome.

–Agua por favor –mi voz suena ronca por la falta de uso, deja su libro y con la ayuda de un bastón se acerca a la mesilla para llenar un vaso de agua, me lo pone en la mano desatando mi muñeca.

– Ya no necesitarás de esto. – camina alrededor de mi cama desatando las correas, en cuanto me siento libre doy sorbos al agua fresca. 

– Gracias.

– Bienvenida teniente – no se si lo hace apropósito, pero evita mirarme, se enseguida porque, así que no intentara la típica terapia psicológica de mierda que todos aquí han querido aplicar, logrando que mi irritación crezca. Me cae bien enseguida. 

Hay algo en él, que me dice que no hará las  mismas preguntas estúpidas  que el doctor y las enfermeras, ni el desfile de practicantes que pasan durante el almuerzo, la comida y la cena. 

– Es usted psiquiatra – no lo parece, aun así no pude evitar preguntar. Por la carcajada que libera yace la respuesta.

–No.  Soy de asistencia al veterano-post -guerra.

– Haaa – no supe qué decir al respecto. 

Masajeo las muñecas, apenas puedo moverme. Ciento cada herida  palpitar viva. 

– ¿Qué hace aquí ? – pregunte segundos después irritada. No le quiero cercas. No  pedí ayuda a nadie.

– Me equivoque de habitación – se encoge de hombros. Lo miro con el ceño fruncido. Esperando una explicación. 

– Quería escapar de unos paparazzis y mi escolta me dejó aquí. La enfermera, Nora, se alegró tanto que por fin permitieras a alguien visitarte que no pude negarlo. 

Por algún motivo le creo, podría detectar una mentira a kilómetros.

– ¿Que me has estado leyendo?

– De hecho... Leía en voz alta... – se pone tan rojo que me hace gracia y no puedo evitar reírme. Cierro los ojos para frenarme ya que me duelen las heridas. 

– Vale – inhalo y exhalo. 

– ¿Tienes hambre ?... Puedo encargarte algo. – escucho como se pone de pie y camina un poco.

– Pizza – murmure.

– No creo que te dejen – gruñi.

– Caldo entonces... Del que sea.

– Veré Que puedo hacer – abro los ojos y le miró parado a los pies de mi cama

– Soy Natalia  kal Castelld

– Encantado Natalia – se dispone a marcharse – Soy el capitán Robert Rogde Dowson. Gracias por recibirme.

– Gracias por estar aquí capitán.

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