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Portada de la novela 24/7 Libro 1.

24/7 Libro 1.

Detrás de su impactante apariencia física, ella resguarda enigmas que un hombre soberbio y tenaz pretende descubrir a toda costa. Atrapada por las sombras de su pasado y conflictos incesantes, la joven encara una decisión definitiva: otorgar el perdón a quienes la dañaron o priorizar la protección de su familia. Un secreto demoledor permanece oculto en el centro de su vida, amenazando con aniquilar su realidad entera si llegara a revelarse.
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Capítulo 3

Capítulo  2 

– ¡Ay! – si pudiera reírme lo haría, suelto un lamento tan falso cada vez que me rosa las heridas cerradas y lo hago a propósito, porque pone una cara de pena al ver mi cuerpo mientras me ayuda a cambiarme... Y ahí viene la lluvia de disculpas de mi hermana Brisa.

– Lo siento. Lo siento. Lo siento – quiero reírme, pero he de contenerme, porqué aún  tengo las costillas magulladas y me han quitado los puntos.  Tengo un brazo con escayola, cuatro costillas sujetas, heridas por mi abdomen, espalda,  mis muslos ,  y cardenales por todo el cuerpo. Hoy me han dado de alta.

– Ay – intento rascarme y me da un manotazo.

– No hagas  eso. – me reprende.

– Pica

– Lose... Si te rascas te infectaras, mamá tiene algo que te ayudará.

¿Quién soy? 

Mi nombre es Natalia kal casteld, hoy cumplo 27 años, me siento como una señora que le ha tocado vivir demasiado. Pero si pudiera resumir toda mi vida sería lo que soy ahora.

Mi hermana Brisa y yo, crecimos juntas en el refugio para W. T. S. (refugio de derechos de la trata de blancas) técnicamente no compartimos ningún lazo sanguíneo , ni parentesco, su piel es chocolatada, su cabello oscuro, ojos profundos, de un cuerpo exuberante que persiguen todos los hombres. 

En fin. ( suspiro )   nos rescataron a los 6 años de una cueva,  a los 11 años no encontraron a nuestras familias, decidimos unirnos al grupo para rescatar a otras chicas o chicos sirviendo "Como señuelos" nuestra abogada y trabajadora social, que hizo bien su trabajo, nos peleó papeles y una residencia en New York.

Ya que no poseemos ni queremos recordar nada de nuestro cautiverio. Nuestra primaria, y secundaria la terminamos  con esas ayudas gratuitas del gobierno, y  el instituto  tuvimos que  trabajar para adquirir nuestro material, yo como mesera en un cibercafé, donde trabajo mi mejor amigo Nick y mi hermana de Niñera en las casas lujosas donde vivía mi mejor amigo.

Se sorprenderán que hablemos de madre y abuelo cuando he mencionado que no tenemos parientes cercanos, pues el hecho es que durante nuestra estancia en el refugio conocí a Mickey john ress tercero, hijo del director de los refugios y banquero, fue un momento de conexión instantánea y cada vez que iba nos mirábamos hasta que un dia nos hablamos y desde entonces somos inseparables, los días de visita íbamos a su casa a jugar, brisa y el no se llevan bien, pero la madre de Nick y ella se entendieron mucho y su familia se convirtió en la nuestra desde entonces. A pesar que ella insistía que podríamos vivir en su casa mi hermana si acepto, pero yo fui más orgullosa me negué, trabaje para hacerme de un departamento y  vivir independiente. Aun así seguí frecuentando a la familia. Adore al abuelo Edmund hasta que falleció, me agrada  la madre de Nick, una mujer que se ha encargado de embellecer el apellido de su esposo y el señor ress que es un genio con los números. 

Obviamente superamos todo ese lado oscuro teniéndonos la una ala otra. hasta el día que decidí unirme al ejército de los Estados Unidos. Cosa que a mamá al principio no aprobó. Brisa siguió con sus estudios en la universidad WUS de legislación. Yo hice carrera en 6 años en el ejército hasta éste día y jamás en mi corta carrera, a mis 27 años imagine terminar con heridas graves de secuestro terrorista, Pero sobreviviré. No pienso dejar que me  destruyan. 

Gracias a mi hermana y a mi, que nos esforzamos y sacrificamos para superarnos, no volví a ver a mi proxeneta, y con la ayuda de Mickey sabemos que no me encontrara si me buscara.

Mickey john es  alto, rubio, ojos azules como el cielo y una sonrisa metálica, porque usaba brackets, me encanta su inteligencia, tiene un cerebro para las computadoras,  aprende cualquier texto con solo verlo una vez, tiene memoria fotográfica, pero me encantaba que me dejara  entrar al despacho de su padre y hackeaba las redes a kilómetros a nuestra redonda, investigando la vida de otras personas y por muy sorprendente que parezca, a su padre le ayudaba a investigar a quienes querían adoptar a uno de nuestros hermanos. En fin.  Gracias a él se todo de computación y soy una hacker, no a la altura de Nick, apodo que se ganó porque ama todas las caricaturas de  él programa Nickelodeon. 

– ¡Imbécil! – grita Brisa a Nick cuando termina de ayudarme a vestirme. 

– José ha preguntado por ti –  José es un amigo de instituto que está enamorado de Brisa y por supuesto ella también. Viven juntos desde hace un año y  estudia leyes.

– ¿Y qué quiere? – pregunte en tono borde mientras me ayuda con mis sandalias. Ella frunce sus cejas.

– Quiere saber si cuando te recuperes piensas trabajar.

– ¡Dios! apenas estoy saliendo del hospital – si,  El tono es un crudo sarcasmo – Dile que " SI "  pienso conseguirme un trabajo,"  Y SI ", en cuanto arregle mi baja con el ejército. Pero por ahora la pensión que voy a recibir me ayudará a sobrevivir varios años.

– Es muy guay que la nueva ley los proteja. 

– Solo para los heridos de guerra Brisa... - al escuchar mi tono, veo como una sombra de  tristeza se refleja en sus ojos, aparta la mirada y me abre la puerta. – Es una puta broma verdad.

– Hola Nat – Nick sostiene una silla de ruedas con una sonrisa de oreja a oreja que lo empeora todo -  Tengo que advertirte. Eres noticia.

– ¿Qué quieres decir ? – digo sentándome de mala gana porque justo ahora no puedo defenderme y huir de ellos. 

– Bueno.. ¿Es que acaso no has visto las noticias? 

– No idiota. Estuve en inconsciente la mayor parte.. ¿Qué quieres decir con eso? 

– Es que tu video... Ya sabes... Fue transmitido en vivo... También tu rescate – por la cara de horror de Brisa y seguramente la expresión asesina que seguramente debo tener,  Nick retrocede, y Brisa comienza arrastrar la silla hasta bajar un ascensor. Por lo que parece una eternidad las puertas se abren y   Escuchó el escándalo mucho antes de entrar a la sala de espera. 

A pesar de ser un hospital para militares es abierto al público. Ya que son considerados los mejores de lo mejor y la atención cliente-paciente, es calidad. 

– No has podido bloquearlos... Dios Nick  –  masajeo mi sien, que otra cosa puedo hacer, no quiero hablar de mi cautiverio, no quiero que me pregunten nada. En la sala hay como mínimo 10 cámaras, 30 personas de diferentes compañías de servicio de telecomunicación, con micrófonos y grabadoras.

– No quiero verlos.

– Lose nena, el problema es que tenemos que pasar por ahí para llegar a mi jeep o al sav de Brisa.

– Pues no te detengas y apártalos de mi camino – me levanto de la silla  y con un gemido comienzo a caminar, en cuanto  se  abren las puertas que me separaban de los reporteros estos se abalanzan para tener la exclusiva, a sacar fotografías y empiezan a bombardearme con preguntas, Nick intenta apartarlos pero estos se apretujan y no puedo romperles la mandíbula, ni empujarlos. Me están poniendo de los nervios al acorralarme... El sudor me escurre por la frente goteando por mi barbilla, el oxígeno se reduce en mis pulmones, me pitan los oídos y me pierdo en el recuerdo.

–  ¡Dame los números zorra! 

Golpe.

Golpe.

Golpe.

 No. No. No. Malditos fragmentos. Aun veo entre nublado la luz roja de una cámara   burlándose de mí. Estoy apunto de perder la cabeza cuando entran cuatro escoltas trajeados de negro apartando a los camarógrafos, se acercan flaqueándonos, y así podemos avanzar hasta una camioneta blindada, un chofer de traje gris me abre la puerta, volteo a ver a brisa y Nick.

– Síganme en sus coches –  y me deslizo. La puerta se cierra. Me encuentro aun lado del capitán rogdde, me sonríe y le indica a su chofer avanzar.

– ¿Qué hace aquí? – lose, lose, debería ser más amable. 

– También me alegro de verte y de nada. 

– No hay de que – digo encogiéndome de hombros mientras el coche avanza  el silencio no es gratificante. – ¿A dónde vamos? 

– A mi escala.

–  ¿Por qué? 

– Deduzco que con todo esto, saben donde vives, de tu amiga también. Así que si no quieres enfrentarte a los medios de comunicación...mi escala es tu mejor opción.

– No me explique. ¿Por qué quiere ayudarme?

– Tú me ayudaste. Te devuelvo el favor.

– Yo... ¿Qué hice?

– Dejarme ser tu amigo.

– Eso es ridículo

– No cuando estás solo la mayor parte del tiempo.

– Vale lo pillo, prefiero quedarme en un hotel.

– Y crees que los del hotel no te venderán.

– No si los soborno. – y no precisamente con dinero.

– Déjame recompensarte... Puedo...

– No.

– Ni si quieras sabes...

– No necesito tu dinero... Llévame a star grey tengo un amigo cerca – me reclino contra el asiento y cierro los ojos. Estoy cansada, me duele la cabeza y todo el cuerpo. El cap. No dice nada. Después de media hora llegamos al hotel donde suelo hospedarme cuando quiero estar lejos de mis amigos, aquí se hospedan la mayoría de marines, es un hotel cuatro estrellas. El portero abre la puerta y salgo con el cap.

– Este es mi numero. por si me necesitas – Tomó su tarjeta sin tocarle la mano y me dirijo a la entrada. Nick y Brisa llegan segundos después. 

– ¿Quién es ese? - pregunta un Nick celoso, pongo los ojos en blanco con fastidio.

Nick tiende a ser muy cariñoso , desde que decidimos perder nuestra virginidad juntos, solo por experimentar nuestra sexualidad y porque me parecía un tío sexi y ardiente con sus chalecos de cuadros. No es feo, al ser alto le da un aire serio. Aunque decidimos dejarlo para salvar nuestra amistad , me agradaba su calidez y sus caricias, pero Nick se convirtió en alguien constante en mi vida, después de eso  nunca pude negarle que me abrazara y de vez en cuando me robara un beso. 

Hasta ahora. Cuando poso su mano en mi espalda todo mi cuerpo se tenso como un mecanismo de defensa, mi respiración se agito, se me nublo la vista y mi corazón latió palpitando hasta explotar contra mi pecho.

– Suéltame – no se si fue él o  grite,  porque me escucho,  por la mirada confundida mire su mano y yo la sujetaba con fuerza retorciéndosela, lo mire de nuevo y horrorizada solté su mano dando un paso atrás.  

– Lo lamento... Yo..

– No pasa nada... Te veo luego – se sobo la muñeca e hizo un intento de acercarse pero retrocedió. 

– Neandertal – dijo a Brisa mientras él se despidió con la mano. 

– ¿Qué fue eso? – me pregunto Brisa.

– Nada. Te veo luego o te llamo.

Una vez registrada el botones se acercó con la tarjeta de mi habitación y llevo mis dos maletas en un carrillo hasta el ascensor. Lo seguí en silencio. Las puertas se cerraron.

Estoy bien. Tengo que superar esto.

A cada piso que subíamos. Me sudaban las manos, el botones nota la tensión y eso logra ponerme de malas, masajeo mi cuello intentando aliviar la bola de nudos intentando encontrar alivio, vuelvo a mirar de reojo al botones y se removió nervioso, intenta por todo lo sano no mirarme, se lo que ve, una chica con la cara amoratada, cortes con ese tono rojizo. La imagen por sí sola dice problemas. El hombre está intimidado. 

Pero no me moví. El ambiente está cargado de una atmósfera peligrosa. Mi respiración agitada,  empecé a contar los pisos hasta el 23 y durante la espera cerré los ojos apretándolos con fuerza. También formé mis manos en puños , torcí mi cabeza para estirar los tendones, sentía el sudor frío recorrer mi columna. 

¿Por qué estaba tan nerviosa? Me dolía todo el cuerpo pero era algo tolerable. El timbre sonó,  escuche un quejido sordo del botones cuando se abrieron las puertas. Salí con él detrás de mí. Lo miré de lado y estaba empapado en sudor, se pasaba por la frente una y otra vez un pañuelo. Desconfíe de él, pero reprimí el impulso de asustarlo más y zarandearlo.

– Su.. Su..  Lla.. Ve – tartamudeo entregándomela con mano temblorosa. Se la arrebate y la deslice por el escáner. Entro y dejo las maletas en la entrada y sin mediar palabra salió precipitado por la puerta.

Cuando cerré la puerta fui consciente de la oscuridad que me rodeaba y me acerque al balcón arrestando una silla y Me quedé mirando la nada, no tengo sueño, ya había dormido mucho en el hospital. Me quite la escayola del brazo he ignorando el dolor y estire los dedos. No estaba tan mal. Me sentía agradecía poder moverme. Estar viva. Así podría vengarme hasta cazar a los malditos que me hicieron esto. Primero necesitaba de hacerme de un arma, la seguridad es primero.

Me quedé mirando la nada, las luces, las sirenas de New York me recordaban a ese día. Cerré los ojos e intenté calmar mis nervios. ¿Porque era eso, solo estrés? . Acababa de salir del combate, alguna secuela debía de quedar, podía con ello. Ya sobreviví una vez. Lo haría de nuevo.

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