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Portada de la novela (+18) SWEET CANDY - SEX HARD 1

(+18) SWEET CANDY - SEX HARD 1

Verónica Tocker, apodada Sweet Candy, experimenta su sexualidad a los veintiún años bajo una premisa de absoluta libertad. Sin etiquetas ni barreras de género, entiende el placer y el orgasmo como pilares de su bienestar. Pese a las críticas sociales, sostiene su derecho a buscar satisfacción plena como filosofía vital. Este relato narra con crudeza y detalle explícito sus vivencias más íntimas y carnales. ¿Estás listo para entrar en su mundo?
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Capítulo 3

Después de ese día todo mi mundo cambió. Sin negarlo mucho la señora Mary y la señora Rebeca tenían gustos peculiares. Aunque la señora Rebeca era un poco intimidante, me trataban bien.

Desde ese día me contrataron para ir tres días a la semana. Ellas no querían que el trabajo interfiriera con la escuela. Al final acepté. Me dijeron que no le dijera a nadie pero , me pagaban doscientos dólares semanales. Yo le daba a mi mamá setenta y me quedaba con el resto. También escondía dinero, mi sueño siempre ha sido viajar.

Era un viernes por la tarde, cuando llegué a la casa de las flores después de la escuela. Le había colocado ese nombre a la casa de la señora Mary y la señora Rebeca, porque siempre estaba llena de flores y por supuesto olía maravillosamente.

Nunca más volvimos a hablar de lo que había sucedido en su habitación. Aunque me moría por preguntarle que era lo que había pasado con mi cuerpo porque a veces sentía lo mismo cuando recordaba ese día o ella se ponía a mi lado.

- Esta tarde trabajaremos en el jardín – me dijo la señora Mary sonriendo – vamos a ver si podemos hacer que crezcan aquí algunas rosas.

Me emocioné como una niña pequeña. Trabajamos hasta el final de la tarde. Todo nos había quedado perfecto. Cuando me levante de la tierra y me sacudí me di cuenta de que estaba toda sucia. No me había puesto un delantal como ella.

- Estoy hecha un asco – dije mirándola y ella arrugó la nariz.

- Lo cierto es que te hace falta una buena ducha.

- Es verdad – me sacudí de nuevo – lo mejor es que me vaya.

- Cariño no puedes irte así de sucia – me miró como si estuviera analizando la situación - ¿Por qué no te das una ducha. Mientras ponemos a lavar tu ropa y luego en la secadora?.

- No me parece tan mala la idea.

- Ven sígueme, pero tendrás que dejar esa ropa en el lavadero.

Así lo hice. Ella me había prestado una toalla y habíamos puesto la ropa en la lavadora. Me guió hasta su habitación. Ella estaba preparando la bañera.

- Te estoy preparando el baño.

Yo solo asentí.

Nunca me había metido en una bañera, en casa solo tenemos ducha y eso es ya mucho que decir. La mirada de la señora Mary nunca dejo la mía. Me quitó la toalla que envolvía mi cuerpo y se aclaró la voz.

- Tienes un cuerpo muy bonito.

- Estoy un poco rellenita.

- Para nada, tienes las curvas donde deben ir.

De pronto bajo la mirada hasta mi sexo y se dio cuenta de que estaba desprovisto de vellos.

- Eres una cajita de sorpresas – señaló – estas depilada.

- Lo cierto es que algo muy personal es como un regalo para mi.

- Ya veo - me dijo.

Me ayudó a entrar a la bañera. El agua estaba tibia y suspiré cuando hizo contacto con mi piel. Cerré los ojos y me hundí de espaldas en el agua.

Al abrir los ojos la mirada de la señora Mary era brillante, era como si jamás hubiera vista esos hermosos ojos verdes.

-¿Quieres que vaya por tu ropa ahora o necesitas ayuda con la ducha?

- Si – le dije sin pensarlo – si quiere por favor quédese. Es su baño.

Ella sonriendo se acercó a mi. Con el champú en sus manos y una esponja.

- Vamos a ducharte entonces.

Delicadamente tomo el gel y lo puso en la esponja luego suavemente comenzó a lavar cada una de las partes de mi cuerpo.

Comencé a sentir lo mismo que había sentido la vez que la había con la chica. Cerré mis ojos para disfrutar un poco más. Cuando pasó la esponja por mis pechos sentí una ráfaga de electricidad hasta mi vientre.

- ¿No te hago daño? - me preguntó.

- No.

-Tienes una cara como si te doliera algo.

Abrí los ojos y la miré, es que de pronto mis pechos esta pesados que duele.

Ella me dio una sonrisa ladeada.

- Vamos a ver – me dijo, dejando la esponja a un lado y ahora con su mano acariciando mis pecho. Un gemido brotó de mis labios - ¿te gusta así?.

- Sí, me gusta.

Fue de nuevo por la esponja, pero mi brazo salio disparado y la detuvo.

- Por favor si vas a bañarme hazlo con la mano.

- ¿Estás segura de que quieres que te toque?.

- Sí.

Sus manos recorrieron mi cuerpo de nuevo y bajo hasta mis muslos. Rozo mi sexo pero no se detuvo. Luego lo hizo de nuevo y gemí de frustración.

- ¿Qué pasa? - dejo de acariciarme.

- Es que te detienes.

- ¿En dónde?.

Tomé su mano y la puse encima de mi montículo.

- ¿Estás segura? - me preguntó.

Yo misma comencé a mover su mano sobre mi sexo – Si.

- ¿Por qué?- me preguntó

- Haces que me duela.

- ¡Oh, cariño ! - exclamó - ¿ Te duele mucho?.

Solo asentí.

- Vamos a mejorar eso.

La señora Mary introdujo su dedo pulgar en mi sexo y comenzó a acariciarme. Eché mi cabeza hacía atrás, para disfrutar de ese contacto.

- ¿Se siente bien?.

- Si – le respondí abriendo más las piernas.

Siguió acariciándome. La sensación era única, como jamás había sentido antes. Con su otra mano comenzó a acariciar uno de mis pechos. Me arqueé un poco más para ofrecerlos.

Ella dejó de acariciarme y siguió lavándome con mucho cuidado.

Resoplé para que supiera que estaba molesta.

- ¿Quieres que siga?.

- Si.

- Creo que también tomaré un baño.

Se quitó la ropa y quedó completamente desnuda. No podía negar que la señora Mary tenía un cuerpo muy hermoso para su edad. Se metió en la bañera conmigo. Se colocó detrás de mí y yo quedé sentada sobre su regazo.

Hizo que apoyara mi espalda sobre sus pechos que aun eran firmes y redondeados. Luego echó mi cabello a un lado. Sentía su respiración y eso hacía que mi piel se erizara.

Su lengua comenzó a lamer el lóbulo de mi oreja. Estaba tan sumergida que mi cuerpo se relajo total y completamente.

- ¿Has tenido sexo alguna vez? - me preguntó con voz melosa

- No – suspiré – nunca.

- ¿Nadie te ha tocado como yo?.

Negué con mi cabeza.

- Nadie, nunca he tenido novio.

- Uhm ... eso es muy importante. También eres muy pequeña.

- ¡Oh no! - exclamé – tengo dieciocho.

- Todavía eres una bebé para mi.

Me moví para levantarme, puesto que no me gustó para nada que me llamara bebé.

-Tranquila...- me dijo agarrándome por la cintura – me gusta que sea así, de esa forma seré tu "Mommy".

- Mommy... - pronuncié – me gusta como suena.

Me volví a acomodar y esta vez entrelacé sus manos con las mías y me relaje.

- Ven bebé abre las piernas para tu Mommy.

Lo dijo tan dulcemente que accedí.

De nuevo puso su mano en mi sexo y con mucha experiencia comenzó a acariciarlo. Sentía como mi vientre se contraía y no sabía si sexo estaba empapado por el agua de la bañera o por lo que Mommy me estaba haciendo.

Era un sentimiento tan extraño que quería cerrar mis piernas pero al mismo tiempo no quería que ella parara de acariciarme.

Hubo un momento que sus dedos pasaron de mi sexo a mi trasero y aunque sabía que era algo un poco sucio yo lo sentía como si fuese perfecto.

Ella me había dicho que lo que palpitaba en entre mis piernas era el clítoris, no es que era para mi desconocida la palabra, era que no sabía lo intenso que podía ser esa parte de mi cuerpo.

La señora Mary -ahora mi Mommy-, había acariciado aquel sensible lugar hasta el punto de hacer que sobresaliera de mis labios vaginales.

-Ahora si estás lista – me dijo besando mi cuello.

Me sentía como flotando entre algodón.

- Abre más las piernas – me ordenó y yo obedecí.

Iba a utilizar las dos manos. Con una abrió mi sexo con sus dedos indice y pulgar.

- Vamos a ver que tiene la bebé guardado para mi.

Hasta el agua acariciándome era insoportable. Moví la cabeza para ambos lados.

- Por favor, Mommy.

- Ya vamos ahí bebé.

-Haz algo – le rogué – necesito que me acaricies.

Ella hizo caso a mi petición e introdujo apenas un dedo dentro de mi sexo y con la otra mano acariciaba mi clítoris en forma circular.

- Se siente tan bien – le decía y más rápido ella me daba.

Me decía cosas dulces en mi oído y me decía que yo era un regalo que iba a atesorar.

Con un pequeño pellizco en mi adolorido e hinchado clítoris, un mordisquito y una dulce lamida en mi oreja. Mi mundo explotó con los colores del arco iris y supe lo que era un orgasmo.

Ese noche me fui a casa muy feliz. Estaba saciada sexualmente, ahora tenía una Mommy y lo mejor de todo setecientos dólares en mi bolso y un trato de un baño diario por ciento cincuenta dólares además de mi sueldo.

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