Portada de la novela Vendido a Don

Vendido a Don

8.0 / 10.0
En Vendido a Don, una joven es comprada por un líder de la mafia. Entre el peligro y la traición de este romance novel, ella busca escapar con su jardinero sin saber que es parte de un engaño. Una historia de misterio y acción ideal para quienes desean leer libros online gratis.
Resumen de Vendido a Don
Bajo la presión de su familia, Don Antonio, un líder mafioso con trastorno bipolar, decide comprar a Fabiana, una joven brasileña esclavizada por su tío en Roma. Atrapada en una realidad sombría, ella encuentra refugio en la ternura de su jardinero, ignorando la inquietante conexión que este mantiene con su captor. Cuando Fabiana intenta escapar buscando protección en sus brazos, descubre que la identidad de su amado es un engaño letal y lleno de peligro.
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Vendido a Don Capítulo 1

CAPÍTULO 1

Don Antonio Strondda

Me masajeé parte de la ceja hasta el resto de la frente con las yemas de los dedos. Aquella conversación me estaba enfadando por completo, no podría soportarlo por mucho tiempo.

Era por la mañana, y ya le había recibido en la fortaleza, donde estaba dando sorbos a mi whisky... si pierdo el control, nos ocuparemos de ello allí mismo.

- Esperamos todo lo que pudimos, Don... pero desgraciadamente tu padre te entregó para siempre, y sólo esperábamos que se llevara a tu madre de viaje, ¡la quiere demasiado para dejarla sufrir en esta situación! - dice el tío Hélio, y se sienta frente a mí. Aunque lo respeto mucho por haber estado casado con la hermana de mi madre y haber sido el consigliere de mi padre durante tantos años, estaba demasiado enfadado para contenerme. En un impulso, me levanté de la silla, saqué mi Taurus G2, calibre 9 mm, y la amartillé.

- ¿DE QUÉ COÑO ESTÁS HABLANDO? NO ME VOY A CASAR, ¿VOY A TENER QUE ENSEÑARTE CÓMO RESUELVO LAS COSAS? - grité, poniéndome en pie y clavándosela en la cabeza. Por mucho que te considere, no me rebajo ante nadie, así es como funcionan las cosas conmigo.

- ¡CÁLMATE, ANTONY! SÉ MUY BIEN CÓMO SOLUCIONAR LAS COSAS, ¡TENGO MÁS EXPERIENCIA QUE TÚ! - Escuché el sonido del gatillo de su 357 en mi cabeza... él también es bueno con un arma, estábamos a mano. Su mirada era de desaprobación, su respiración acelerada y, al alejarme, me di cuenta de que su pistola seguía apuntándome.

Volví a sentarme, aunque tenía los dientes apretados y una expresión terrible en la cara.

- ¡Tío! - Hice una pausa y golpeé el vaso de whisky contra la mesa, casi rompiéndolo. - ¡Sólo que nadie puede decirme lo que tengo que hacer!

- ¡Yo también te entiendo, Antonio! Te llamo por tu nombre porque te he visto crecer, ¡eres como un hijo para mí! - Se levantó y puso las manos sobre mi mesa en la fortaleza. Conocía bien esa mirada, no era de comprensión, él también estaba harto.

- Entonces, ¡deshazte de él! - Golpeé la mesa con la mano, pero él se encogió de hombros.

- Imposible. Conoces las reglas, y tu madre ya te ha privado de demasiadas de ellas que deberías haber seguido, huir de los entrenamientos y las bodas. ¡Pero ahora ya no hay nada que hacer! Vengo a informarte de que el consejo está presente, te esperan en tu habitación, con dos hermosas chicas vírgenes de la alta sociedad que gozan de buena reputación. - Me levanté furiosa, le di la espalda, estrellé mi vaso contra la pared, y mi tío ni se inmutó, me conoce bastante bien.

- ¡Qué ridículo! No hay una sola mujer que me haya llamado la atención aquí en Roma, ¡y muchas veces hasta he pensado en renunciar a ser el nuevo Don! - Camino de un lado a otro, pasándome las manos por los ojos y el pelo.

- Te están esperando, ¡no hay escapatoria! - Me estiro para liberar mi cuerpo de la tensión y le encaro.

- Qué demonios, ¡elijo uno y me voy a la mierda! - Desistí de intentarlo.

Cogí mi abrigo negro, cerré todos los botones, me puse una boina y gafas de sol.

Con la Taurus en la cintura, caminé sin mirar a mi alrededor, mi objetivo era resolver este problema, fuera como fuera.

Cuando llegué al salón, me di cuenta de que aquellas mujeres nunca me complacerían como esposa. Aquel viejo de la corporación mafiosa comenzó a presionarme, además de mirarme, sintiéndose complacido por haberme acorralado. Golpeé con la punta de los dedos el plato, inquieto, el figlio de puttana estaba consiguiendo acabar con mi sonrisa.

- ¿Ya se ha decidido, Don? - se atrevió a preguntarme, y eso fue suficiente... Le dediqué una sonrisa satisfecha, antes de pronunciar las últimas palabras que escucharía en su vida....

- ¡Yo soy Don! Nadie me dice lo que tengo que hacer y vivo para contarlo. - Miré directamente a esos odiosos ojos negros y en cuestión de segundos saqué mi 9mm y disparé a quemarropa a ese pequeño bastardo. - Que sirva de ejemplo a cualquiera que piense lo contrario. - Limpié el arma con la chaqueta antes de volver a mirar a mi alrededor y pasar por encima del cuerpo tendido en el suelo.

Miré a un lado y luego al otro, sería difícil elegir entre mujeres tan superficiales, no elegiría. Entonces mis ojos encontraron a una mujer muy hermosa en el jardín... se estaba quitando algo de la cabeza, parecía un pañuelo largo, y su larga melena rizada le caía sobre los hombros.

La morena no me vio, con el silenciador no debió oír el disparo, pero hice ademán de acercarme a la ventana para verla mejor. Salió al balcón de la entrada principal y recogió algunas cosas, parecían basura... eran bolsas negras enormes, algunas casi tan grandes como ella, pero las llevó tranquilamente hasta la puerta.

Me fijé en un hombre mayor que estaba fuera, y tiraba de las bolsas, poniéndolas en un carro que estaba enganchado a un sencillo coche rojo.

Era guapa, con una piel envidiable y unos magníficos ojos verdes, pero iba mal vestida e incluso sucia. Con manos delicadas sujetaba los sacos, y su mirada era dulce.

- ¿Quién es usted? - me acerqué a ella y le pregunté en voz baja, explorando el terreno.

- Me llamo Fabiana. ¡Perdóname por irrumpir en la casa! - dijo ella, queriendo marcharse y dándome la espalda.

- Un momento. ¿Qué hace usted aquí? - La apunté con el arma, todavía a cierta distancia.

- Vengo aquí todos los viernes... - tragó saliva, acercando las bolsas a ella. - ¡Recojo el reciclaje! - su voz era temblorosa, su apuesto hocico se movía temeroso, me puso caliente-.

- ¿Qué es eso de ahí fuera, tú? - la corté en seco.

- Es mi tío, ¿por qué? - Inmediatamente la tiré del brazo hacia un rincón, empujándola hacia el lavadero.

- ¿Qué haces? Suéltame. - me pisó el pie y me dio un codazo en la mandíbula, pero la sujeté con fuerza y la cogí de todos modos. Cerré la puerta con la llave.

- Sólo tengo dos preguntas, ¡contesta! - Me quejé. Estaba enfadada y se debatía entre mis brazos, y lo peor era que me estaba excitando. Su respiración caliente junto a mí, su desesperación e incluso su pelo suelto rozándome llamaban mi atención. Me miraba enfadada, pero aquel rostro hermoso y delicado me atraía... su boca dibujada me tenía paralizado mientras la miraba durante segundos, lo que habría sido peligroso, pero ella era irresistible.

Ella seguía intentando alejarse de mí, y yo aproveché la oportunidad para acercarme. Nuestros cuerpos casi se tocaban y podía oír su respiración desesperada.

- ¿Eres virgen? - Le acerqué el cañón de la pistola a la cara, y ella me miró asombrada, casi dejando de respirar durante unos segundos al sentir la piel de su cuello en mi mano.

- ¿Qué? -jadeó y cambió de semblante, con los pómulos enrojecidos-.

- ¿Eres virgen? - Le rodeé la cintura con la pistola y ella abrió la boca al instante, conmocionada. - ¡CONTÉSTAME, JODER! - La zarandeé por los brazos y gritó desesperada.

- ¡LO SOY! - Respiraba con dificultad y me miraba fijamente mientras yo la miraba a ella.

- Consideraré la respuesta. ¿Quieres casarte conmigo?

- ¡No! ¡No estoy en venta! - Qué mujer más rara... y luego soy yo el considerado bipolar.

- ¡Si no quieres negociar, bien! ¡Apuesto a que tu tío estará interesado! - La saqué a rastras, y todos los del consejo nos miraban con aprensión, pero me encanta mirar a esos puttana figlios y ver que no reaccionan.

- ¡Se acabó el espectáculo! - La empujé fuera y vi que el ama de llaves nos volvía a entregar la bolsa, creo que se nos había caído.

No me contestó, no me dio una patada, ni siquiera dijo que lo que yo había dicho era mentira, pero se la veía muy enfadada en la puerta.

Llamé a su tío, que estaba cerca, sin dejar de sujetarla por el brazo. Le propuse un trato para que me vendiera a su sobrina.

- ¿De verdad? - La miró a ella, que lo negó repetidamente. - ¿Me daría un gran terreno y una máquina de prensar cartón? - Me sorprendió la petición, pero tenía beneficios, así que...

- Tío, ¿qué haces? - puso cara de preocupación, jugueteó desesperadamente con las manos y negó.

- Oh bueno... una boda como esta ni siquiera necesitaba compensación... - Contestó el tío, dejándome satisfecho, ¡ella ya era mía!

- No... no voy a ir... - La chica lo negó.

Cuando intentó quejarse, la atraje hacia mí, la abracé, puse mis manos en su cintura, cerca de sus caderas e intenté besarla... Hice todo lo que pude, y ella seguía negándose y apartándome.

- Mi padre solía decir algunas cosas sobre las mujeres desagradables, ahora entiendo lo que quería decir... - La miré a la boca y la acerqué a la mía, ella no quería dejar que la besara, pero conseguí lo que quería y acabó dejándome besarla unos segundos, sentí como su cuerpo se aflojaba entre mis brazos y su lengua encontraba la mía.

Entonces me agaché y arranqué una rosa roja que irradiaba frente a mi casa. - Tan bella y tan peligrosa como tú... mi futura esposa, dama de la mafia italiana... - Se la entregué. - ¡Ahora vete! ¡Pasaré a verte pronto! - se quedó paralizada mirándome, me di cuenta cuando su mirada se posó en mi boca, así que la cogí en brazos y nuestros ojos se encontraron durante unos pasos. Ella se bajó sin rechistar, haciéndome sonreír de nuevo mientras se apresuraba a entrar en el coche.

- ¿Qué fue eso, Antonio? - preguntó el tío Helio.

- He elegido a la futura señora, puedes reservar para el sábado, ¡mañana arreglaré los detalles!

- ¿Has comprado una esposa? - parecía incrédulo.

- Sí, digamos que me ha llamado bastante la atención.

- ¿Y piensa atarla el día de la boda? - Me detuve un momento y le dediqué una sonrisa, porque me encantaba la idea...

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Tabla de contenidos de Vendido a Don

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