Portada de la novela Todavía te quiero

Todavía te quiero

8.6 / 10.0
Tras seis años de ausencia, Elena Rivera ha rehecho su vida como restauradora de arte, dejando atrás un pasado turbulento. Todo cambia cuando viaja a Madrid para un trabajo especial y descubre que el cliente es Alejandro, el influyente magnate que una vez amó y abandonó sin previo aviso. Rodeados de enigmas y reliquias, ambos enfrentarán una encrucijada determinante: superar los rencores del ayer para sanar o dejar que el dolor acabe con su vínculo para siempre.

Todavía te quiero Capítulo 1

Elena se detuvo frente a la mansión.

La puerta de hierro chirrió al cerrarse a sus espaldas, y el silencio la envolvió como una advertencia. El viento agitaba las copas de los árboles altos, y el cielo gris comenzaba a oscurecerse, como si el tiempo retrocediera con cada paso que daba.

Todo estaba igual. El mismo jardín impecable. La misma fachada de líneas modernas. El mismo maldito zumbido en su pecho cada vez que respiraba cerca de él.

No pensó que volver allí sería así. No tan real. No tan pronto. No tan... violento para el corazón.

Un mensaje, sin firma, la había traído de vuelta.

"Restauración urgente. Pago inicial: 15,000. Discreción absoluta. Dirección adjunta."

Acepto el trabajo por dinero.

Eso se decía.

Pero el nudo en su estómago decía otra cosa.

La puerta de entrada se abrió con un clic apenas audible. Dentro, el mármol blanco reflejaba la tenue luz del atardecer que entraba por los ventanales. Un aroma familiar flotaba en el aire: madera, incienso caro, algo masculino que se quedaba impregnado en la piel.

-Pasa -dijo una voz.

Profunda. Inconfundible.

Elena se detuvo.

No puede ser él.

No con esa calma, no tan seguro. ¿Después de todo?

-Tienes mi atención, pero no por mucho tiempo -dijo él, desde la sala.

Entonces, se obligó a avanzar. El corazón le latía como si quisiera avisarle que estaba cometiendo un error.

Seis años antes.

-¿Por qué huyes de mí? -le preguntó Alejandro, apoyado contra el marco de su puerta.

-No estoy huyendo -mintió Elena, con el cabello aún húmedo de la lluvia.

-Sí, lo estás. Lo haces cada vez que me acerco demasiado.

Ella no respondió. Él la tomó por la cintura, y por un segundo, el mundo se encogió a su tacto.

-Dime que no sientes nada -susurró.

Pero ella no pudo.

Nunca pudo.

Alejandro seguía igual.

O casi. Su traje oscuro lo hacía ver más adulto, más frío. Pero esos ojos... seguían teniendo la misma intensidad que la primera vez que la vio desnuda bajo las luces de su estudio.

-Han pasado años -dijo Elena, sin mirar directamente.

-Y sin embargo, sigues sabiendo cómo llenar una habitación -respondió él.

Se mordió la lengua. No iba a caer en ese juego. No otra vez.

-¿Dónde está la obra? Vine a trabajar, no a hablar del pasado.

Él la guió por el pasillo sin decir nada más. Sus pasos eran firmes. Controlados.

La llevó a una sala amplia, con paredes cubiertas de estanterías y una luz suave que bajaba desde el techo. En el centro, cubierto por una tela blanca, estaba el óleo.

-Es un retrato -dijo Alejandro, sin emoción-. De mi madre.

Elena levantó la tela con cuidado. El lienzo, de gran formato, mostraba una mujer de expresión serena, ojos verdes apagados y un gesto de melancolía que parecía hablar.

La pintura estaba craquelada, con zonas oscurecidas por la humedad. Pero la estructura general estaba intacta. Restaurable.

-Está deteriorada -murmuró Elena-. Pero no irrecuperable. Necesitaré al menos un mes. Y libertad de trabajar sola.

Alejandro asintió.

-Puedes usar el estudio del ala este. Tiene buena luz.

-Preferiría quedarme en un hotel.

Él la miró por primera vez, directo. Esa mirada que una vez la desarmó con solo cruzar la calle.

-No he olvidado lo que pasó, Elena.

-Yo tampoco -respondió sin pensarlo.

Se hizo un silencio denso.

-Entonces quédate -dijo-. Afróntalo, si puedes.

Ella apretó los dientes. Podía irse. Podría decir que no. Pero algo dentro, algo que no supo enterrar del todo, la obligó a asentir.

-Solo por el trabajo.

-Claro -dijo él, con una media sonrisa-. Solo trabajo.

La habitación de invitados era más lujosa que cualquier hotel en el que se hubiera alojado.

Sábanas suaves. Ventanales amplios. Una bañera de mármol. Pero lo único que le importaba era la pequeña libreta que guardaba en su bolso.

La abrió con manos temblorosas. Dentro, entre dibujos y anotaciones técnicas, estaba esa carta.

La había escrito después de marcharse.

"Me fui sin despedirme porque tenía miedo. Porque si te decía la verdad, me quedaba. Y si me quedaba, ibas a destruirte por protegerme."

"Te amé tanto que aprendí a perderte."

La cerró. No iba a llorar. No esta vez.

Tres años antes.

-Él no debe saberlo -le dijo su padre, en esa clínica donde las paredes olían a mentiras y desinfectante.

-¿Y si lo descubre? -preguntó ella.

-No lo hará, si lo alejas.

Y ella lo hizo. A la fuerza. Con palabras calculadas para herir. Le rompió el corazón para salvarlo.

Al día siguiente, comenzó la restauración.

Pasaba horas frente al retrato, despegando capas de mugre con bisturí y solventes suaves. Y aunque tenía las manos ocupadas, no podía dejar de pensar en Alejandro.

Él aparecía a veces. Con un café. Con alguna excusa.

-Te mueves igual -le dijo un día-. Concentrada. Como si nada más existiera.

-Algunas cosas no cambian.

-¿Y otras sí?

Elena no respondió.

Él dejó el café en la mesa y se fue. Pero esa noche, ella soñó con su voz susurrando a sus espaldas.

Una tarde, Alejandro entró sin avisar. Elena, agachada frente al lienzo, apenas lo notó hasta que él habló.

-¿Recuerdas la noche del incendio?

Ella lo miró de golpe.

-¿Por qué traes eso ahora?

-Porque pensé que ibas a morir. Porque gritaste mi nombre antes de desmayarte. Porque nunca hablamos de eso después.

Elena bajó la mirada.

-Tu padre me pidió que me fuera.

-¿Y tú le hiciste caso?

-Él sabía algo que tú no.

Él se acercó. Demasiado. Podía sentir su respiración en la mejilla.

-Dímelo ahora.

Elena tembló. Por dentro y por fuera.

-Estaba amenazada. No por ti. Por lo que sabía. Por lo que significabas.

-¿Y pensaste que era mejor dejarme creyendo que me habías usado?

Ella tragó saliva.

-Pensé que era la única forma de que vivieras.

Y entonces él la besó.

No fue suave. Fue una explosión contenida por años. Fue rabia y deseo. Culpa y necesidad.

Ella no lo detuvo.

Sus manos la atraparon por la cintura, como antes. Como siempre. Y por unos segundos, el mundo se borró.

Pero después, se separaron. Jadeando. Confundidos.

-Esto no cambia nada -murmuró ella.

-¿Y si lo cambia todo? -susurró él.

Esa noche, Elena no durmió.

La restauración seguía. El pasado regresaba. Y en el espejo, ella ya no era la misma chica que huyó.

Tal vez había venido por el dinero.

Pero se estaba quedando por algo que aún dolía.

Continuar leyendo

Tabla de contenidos de Todavía te quiero

Ch. 1 Ch. 2 Ch. 3
Ch. 4
Ch. 5
Ch. 6
Ch. 7
Ch. 8
Ch. 9
Ch. 10
Ch. 11
all

También te puede gustar

Novelas de Nuevo Lanzamiento

Portada de la novela Cegado por un Ángel Falso
7.9
Sofía, una bailarina de gran fortaleza, se ve obligada a contraer matrimonio con un heredero que permanece en coma para salvar el legado familiar. Por años, ha tolerado el maltrato de Mateo, el guardaespaldas paterno que la desprecia mientras idolatra a Isabela. Convencido de que su hermanastra es la mujer del vestido rojo que marcó su pasado, él la humilla sin piedad. Tras tanto dolor, Sofía huye, justo cuando Mateo descubre su gran error.
Portada de la novela Cuando Éramos Tú Y Yo
8.1
La vida de Brianda cambió para siempre tras un trágico accidente que eliminó sus recuerdos y la dejó con un vacío inexplicable. Sumida en la incertidumbre, su presente se altera con la irrupción de Oliver Anderson, un hombre cuyo magnetismo la cautiva de inmediato. Aunque ella no lo reconoce, Oliver oculta un vínculo profundo con su pasado borrado. Él ha vuelto con un propósito inquebrantable: recuperar su lugar y no permitir que ella se aleje nunca más.
Portada de la novela Donde duermen las mariposas
9.2
Tras la muerte de sus padres, Adele es acogida por su padrino Francis. Aunque crece junto a los hijos de este, la armonía familiar se desvanece cuando Lucas, el primogénito, desarrolla una peligrosa obsesión sentimental por ella. En su intento por huir de este asedio, Adele encuentra a Gregory, un abogado de éxito conectado con su pasado. Entre ambos surge una atracción profunda: ella busca seguridad y él anhela llenar su vacío emocional con la valentía de la joven.
Portada de la novela El arquero
8.5
Lucy aún atesora los recuerdos de su infancia y el afecto de su padre, quien la llamaba cariñosamente princesa Lulu. No obstante, su vida cambió drásticamente a los cinco años cuando, en su propio cumpleaños, se topó con la Muerte. Aunque al principio no sintió miedo, pronto entendió que aquella entidad venía a reclamar a su progenitor. Hoy, a sus treinta y tres años, Lucy sigue en el hogar familiar, marcada por una ausencia que alteró su destino de forma irreversible.
Portada de la novela .ESA VIRGEN ES MIA.
8.9
Una lección de Biología sobre el deseo sexual desata una obsesión peligrosa entre los alumnos del instituto: cazar a las chicas inexpertas. Fran, al ser la única joven que aún conserva su virginidad, se convierte en el objetivo principal de este acoso colectivo. Aquellos que antes eran sus amigos ahora la persiguen sin tregua como auténticos depredadores. Atrapada bajo una presión social asfixiante, ella deberá sobrevivir a un entorno hostil y perverso.
Portada de la novela Lo Siento Hijo Mío
8.6
Con las cenizas de su hijo Leo en las manos, un padre destrozado descubre una verdad aterradora. Sofía, su mujer, no siente pena; junto a Ricardo, revela que el viaje de salud fue un engaño para aplicar una eutanasia forzada al pequeño. Al oír que lo consideraban un estorbo para su libertad, el dolor del protagonista se transforma en una sed de justicia letal. Ahora, iniciará una cacería implacable para vengar la vida de su campeón ante tal traición.
Capítulos
Leer ahora
Compartir