Portada de la novela Seduciendo a la repostera

Seduciendo a la repostera

8.7 / 10.0
Rossalyn Parker es una huérfana tenaz que sueña con inaugurar su propia pastelería. Su destino se cruza con el de Aaron Luke Stone, un magnate egocéntrico que queda amnésico tras un feroz huracán. Ella lo auxilia hasta que él recobra la memoria y se marcha de forma abrupta. Al descubrir la identidad de su salvadora, Aaron regresa para recompensarla, pero termina fascinado por su carácter y atractivo, decidido a seducirla sin importar el costo.

Seduciendo a la repostera Capítulo 1

Era un día domingo cuando un hombre apuesto a sus 30 años se le acercó en la acera y la llamó hija, tenía tan solo 7 años de edad, había estado muy contenta al ver que su madre finalmente vestía una ropa bonita y se maquillaba como las demás mujeres, irían a la panadería a comprar sus cupcakes favoritos, le prometió, a ella le encantaban los dulces, pero más aún amada hornearlos con su madre los días sábados por la noche, era un ritual que tenían desde que ella podía recordar. Era una niña lista y a su edad ya sabía que ese hombre no podría ser su padre, la vida que llevaban con su madre era muy humilde y no podrían pagar un vestuario tan caro como el que llevaba ese hombre, él había dicho "mi hija" señalando con el dedo como si ella fuese un objeto. Rossalyn al sentir miedo buscó refugio detrás de las faldas de su madre, no quería escuchar la conversación, porque sabía que era de mala educación, y ella siempre era una buena niña, pero tenía mucha curiosidad porque su madre discutía y estaba muy molesta, el hombre a quién jamás llamaría "padre" intentaba deshacerse de ambas dándoles un fajo de billetes

- No quiero tu maldito dinero, decía ella

- Se acabó, tómalo, lo necesitarás

- No necesito nada de ti, ya dejaste claro que no te importamos

- Sabías que lo nuestro no iba a durar, no es mi culpa que quisieras conservarla — dijo señalando a la niña.

- No te atrevas, no en frente de ella

- Te dije que no la quería, ¿si no querías mi dinero para qué me llamaste?

- Estoy preocupada por su futuro

- Ella no es mi responsabilidad ¿recuerdas?

- Pero es tu hija

- Eso es lo que dices

- Sabes que eres su padre, tiene tus ojos

- Se acabó Caroline, se acabó hace 8 años — repitió el hombre y se marchó dejando el dinero tirado en el piso.

Años después su madre le había contado su nombre, su padre era "Joseph Daniel Winter" heredero de un conglomerado de empresas, él nunca la había querido, su madre fue su asistente personal, abandonada a su suerte cuando descubrió que estaba embarazada, solo fue una más de sus muchas conquistas, para él nadie especial, un hombre como él no se casaría con una pueblerina, su matrimonio era un negocio entre conglomerados y se había casado poco después con otra mujer que tenía una herencia igual de sustancial que la suya.

En el pueblo "Valle de las flores" llamado así por un jardín natural ubicado cerca de las zonas rocosas, vivían Rossalyn y su madre, allí aprendió a temprana edad a no dejarse impresionar por las riquezas, y mucho menos confiar en los hombres, la mujer que la crió había pagado caro por entregar su corazón tan despreocupadamente, todas las privaciones que tuvo que pasar no fueron nada comparado al sufrimiento que había presenciado año tras año en el rostro de su madre, una mujer que le había enseñado a apreciar los pequeños triunfos y no menospreciar a los más necesitados, ella había aceptado no tener padre, pero no estaba lista para perder a la única persona que consideraba su familia. Tras dos largos años de lucha contra el cáncer ella había abandonado este mundo, dejándola desolada y con una infinidad de deudas del hospital que pagar, a tan solo sus 16 años de edad Rossalyn Parker era una huérfana. No tuvo tiempo para llorar, sentirse miserable o ser consolada, apenas tenía tiempo para sobrellevar el colegio y todos los trabajos de medio tiempo que se había conseguido para empezar a cubrir sus propios gastos, por suerte habían logrado que un amigo de su madre pagara sus deudas del hospital para así devolvérselas ella en pagos mensuales, marcando así la rutina de su día a día durante los próximos 5 años, su madre siempre había querido que fuese a la universidad, aunque ella también le había animado con su sueño de ser una repostera, ella le decía que tenía un talento natural para crear y mezclar los ingredientes, hubiera querido ir a la universidad, pero tenía que saldar la deuda antes de seguir con su propia vida. Ni bien se graduó del colegió ingresó a trabajar en diferentes empleos de tiempo completo, posteriormente hubo una vacante en la pastelería local y consiguió un puesto para elaborar los dulces, a partir de allí su vida había tomado una nueva dirección, tenía un propósito, le había tomado el gusto a trabajar en repostería y a pesar de que no tenía estudios al respecto, creía que verdaderamente podría hacerlo el resto de su vida, armar su propio negocio era un sueño que le parecía muy lejano, pero un sueño es algo lejano hasta que uno trabaja duro y lo alcanza, o al menos eso era lo que decía su madre, se había propuesto tantas cosas, y había muerto tan joven, lo lograría por ella, lucharía y alcanzaría sus metas aunque tuviese que sacrificar a algunos años de su juventud para lograrlo.

En el Valle de las flores los días eran muy tranquilos, en un pueblo pequeño cualquier cambio de look era una gran novedad, de cierta forma le gustaba esa monotonía, conocía a sus vecinos y ellos le apoyaban cuando había necesidad, era un hogar, y ella había sido feliz allí a pesar de la pobreza, sus mejores amigos habían crecido, estudiado y se casado allí, ella tenía otros planes, trabajó arduamente durante 5 años para saldar su deuda y ahorrar algo de dinero para su futuro, quería arriesgarse e ir en busca de su sueño. Su amiga Daisy decía que estaba perdiendo los mejores años de su vida, pero ella no lo comprendía, cuando Rossalyn horneaba sentía que volvía a ser una niña, esos recuerdos eran todo lo que le quedaban de su madre, y ella quería conservarlos para siempre.

Todos conocían su historia, y le habían dado una mano cuando sus días se volvieron oscuros tras la muerte de su madre, ella había aprendido a sobrevivir, pero también a valorar a las personas, conocía sus rostros, nombres y sus tentempiés favoritos, se sentía parte de una gran familia allí, por eso le dolía que tuviera que abandonarlos pronto, quería volver algún día siendo una mujer profesional y abrir la mejor repostería del pueblo, dar trabajo a su gente, finalmente darse la oportunidad de amar, tener una familia, hijos con quién hablar de la hermosa persona que la crió y le enseñó todo lo que sabía, necesitaba partir por un bien mayor, si se quedaba nunca podría ahorrar lo suficiente para abrir su propio negocio, hasta su jefe el señor Beckett le había dado su bendición cuando le contó sobre sus planes, le dijo que debía confiar en sí misma y en su talento, que las cosas saldrían bien y que siguiera su propio camino donde quiera que éste la llevara.

Con el tiempo el dolor por la pérdida de su madre fue menguando pero seguía sintiendo un vacío que nunca podría llenar, así que hacía todo lo posible para mantenerse ocupada con distintas actividades, pasaba sus días horneando en la pastelería y los fines de semana ayudaba en un albergue parroquial, su jefe era un hombre de buen corazón que siempre le daba los excedentes producidos del día para que ella se los diera a los necesitados, con su colaboradora más fiel y amiga Yasmine Sullivan, que por cierto era la hija del único doctor del pueblo, siempre estaban organizando eventos para ayudar a las familias que se veían afectadas económicamente por pérdida de trabajo o desastres naturales, haciendo de buenas samaritanas ellas sentían que sus vidas tenían un propósito, viviendo en un pueblo tan pequeño a veces sentían que se estaban perdiendo del mundo, desde pequeñas soñaban con viajar y conocer lugares que veían en la televisión, muchas veces fueron el soporte una de la otra, especialmente cuando ella quedó sola en el mundo, la familia Sullivan la había acogido, en su hogar y apoyado cuando ella decidió que ya era hora de emprender su propio camino y ser independiente, Yasmine era la hermana que ella nunca tuvo y la persona a quién más extrañaría cuando finalmente se marchara.

Al llegar a sus 22 años Rossalyn había perdido mucho, pero también debido a su infancia difícil había ganado mucha fortaleza, su carácter se había vuelto tenaz y valiente, solía ser comparada con la fuerza incontrolable de la naturaleza, ella misma solía pensar que sería capaz de sobrevivir a cualquier cosa, sin saber que al decir esto que tarde o temprano tendría que comprobar sus propias palabras.

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Tabla de contenidos de Seduciendo a la repostera

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