Portada de la novela Saturno.

Saturno.

9.6 / 10.0
Winter Howland es una correctora entregada que acepta el difícil encargo de redactar la biografía del arrogante y carismático magnate Devan Reed. Entre ambos surge una conexión imprevista que rompe con los esquemas del amor convencional. Este relato profundiza en cómo el afecto real supera la presencia física, demostrando que amar profundamente no garantiza un futuro común, tal como sugieren las melancólicas metáforas sobre el planeta Saturno.

Saturno. Capítulo 1

Winter

Rodé los ojos, recostada en mi cama, al escuchar cómo mi hermana menor empezaba a escuchar música alta en el equipo de sonido en su habitación. Odiaba cuando ella lo hacía, pues cantaba horrible y me causaba un tremendo dolor de oído además que siempre escuchaba música pop, y aunque yo también la amaba, a veces me hacía dudar al respecto.

—¡Quinn, maldición! ¿Podrías cerrar la boca? —Salí de mi dormitorio, en dirección hacia el suyo. Al abrir la puerta, la encontré bailando como una loca encima de la cama— ¿Qué haces? Por el amor de Dios...¡Estás loca mujer, completamente loca!

—Estoy bailando, hermanita —no dejaba de moverse al ritmo de aquella música ochentera que tanto le gustaba escuchar. Quinn era mi hermanita menor, pues ella tenía diecisiete y yo había cumplido veinticuatro hace unos meses. Además de ella, tenía otros dos hermanos: Amy de veinte y Edmond de veintiocho.

—Quinn, son más de las once. Necesito dormir, porque mañana vamos a asistir a una empresa muy importante para entrevistar a las personas que están en los cargos más altos, incluso, ni siquiera recuerdo si se trataba de un par de entrevistas o un libro biográfico, pero, era algo parecido. Necesito descansar si no quiero cometer errores que me cuesten demasiado, o todo.

—Oh, lo siento Winter. Lo habrías dicho mucho antes —de inmediato, corrió a apagar el equipo y me sonrió—Ya, ya, vete a dormir para que hagas un buen trabajo mañana y luego no me recrimines nada.

Asentí sonriente dejando un ligero beso en su frente. La pequeña Quinn era dulce, a pesar de ser bastante determinada y aparentemente dura la mayor parte del tiempo, digamos que ese era el caparazón que le presentaba al mundo entero.

—Vete a dormir Quinn, mañana tienes que ir al colegio —señalé—Me molestaré si no te despiertas a la hora correcta ¿Te queda claro, pequeña?

Al día siguiente, procuré levantarme muy temprano. Decidí vestir un traje bastante elegante color gris, acompañado por tacones negros muy altos y maquillaje muy sutil. Tomé mi bolso y todo lo que iba a necesitar para realizar la entrevista. Bajé hacia la cocina y saludé a mis padres:

—Buenos días —sonreí al ver que habían preparado huevos revueltos, pan con mantequilla y café caliente— ¿Dónde están Amy y Quinn?

—Ya se han ido a la escuela. Son más de la siete y media, así que se fueron hace mucho.

—Es cierto, por poco olvido que ellas tienen diferentes actividades —rodé los ojos mientras me daba un ligero golpe en la cabeza. Qué tonta.

El edificio era enorme, lujoso y tranquilo. Tenía más de veinte pisos, los cuales me di el lujo de contar uno por uno, ventanales limpios y personas entraban y salían de él. Mi jefe me dio un toquecito en el hombro para que lo volteara a ver.

—¿Sí, jefe? —Respondí—¿Puedo ayudarle con algo?

—He decidido que tú seas la encargada de realizar todo este trabajo que tenemos pendiente para poder escribir el libro biográfico. Esta es una empresa que comercializa vehículos, y el nombre del jefe es Devan Reed. Es un hombre de negocios, muy inteligente y rápido por lo que debes tener mucho cuidado con lo que vayas a preguntarle para que no haya un malentendido ¿Está bien, Winter? 

—Pero, jefe, se supone que yo solo venía a acompañarlo como su asistente... —mi voz temblaba. Posiblemente, yo no estaba lista para eso. Jamás he tenido tanta responsabilidad sobre mis hombros y era muy obvio la razón por la que me sentía tan nerviosa y comenzaba a dudar de mis capacidades.

—Eres muchísimo más que una simple correctora, señorita Winter Howland. He trabajado contigo por poco más de un año y medio, me he dado el trabajo de observarte con mucha atención y he podido ver lo inteligente que eres. Ya es momento que tú tomes las riendas, y seas tú directamente quien realice las entrevistas para la Editorial Kellog. La señorita Ivy está de acuerdo con esto, así que no tienes razón por la cual preocuparte. Haz lo que te digo y punto. Aunque, en esta ocasión, el trabajo se reduce a escribir un libro biográfico sobre el dichoso empresario.

—Adrien, usted sabe que a veces tiendo a ser un poco tímida y mi voz puede empezar a temblar un poquito...—estaba nerviosa, tanto que mi cuerpo entero temblaba y mi estómago empezaba a darme molestias— ¿De verdad, usted cree en mí y en el trabajo que he realizado?

—Claro que confío en tu pluma, Winter, ya deja de dudar. Recuerda que no es un trabajo para nada simple ni en lo más mínimo, sino que también deberás escribir un libro sobre la vida del señor Reed —me hizo acuerdo y le sonreí—Ahora, entra a esa oficina y hazme sentir orgulloso de ti una vez más.

No le respondí nada más y me encaminé hasta el edificio. Mientras tanto, revisé el interior del bolso; un par de cuadernillos, más de diez lápices, una grabadora de voz y otra normal, una cámara fotográfica profesional y mi teléfono. Al encontrarme en la recepción, mencioné:

—Buenos días, soy Winter Howland y vengo de parte de la Editorial Kellog. Tengo una cita con el señor Devan Reed —le dije amablemente a la recepcionista— Espero que pueda ayudarme con eso.

—Buenos días, sí, por supuesto. Suba hasta el piso número doce y golpee la puerta del señor Reed, en ella está su nombre escrito por lo que no se le va a presentar ningún problema.

—Gracias. Qué tenga un buen día.

Desde el mismo ascensor de edificio era sumamente elegante, tanto que lucía como si hubiesen gastado miles de dólares en él. Salí de él a paso apresurado escuchando el sonido que hacían mis tacones y sin más, golpeé dos veces la puerta que llevaba escrito "Devan Reed". Por cierto, creía que ese era un nombre bastante especial, pero, nunca seré capaz de admitirlo frente a la persona que lo tenía. Ya saben, nunca es bueno alimentar el ego de las personas porque se ponen odiosos.

—Adelante —El hombre contestó casi de inmediato y giré el pestillo. Al estar dentro, me encontré con un caballero de alta estatura, preciosos ojos verdes, cabello negro y una sonrisa llena de egocentrismo—Buenos días ¿Con quién tengo el gusto?

—Buenos días, Winter Howland —murmuré lo suficiente alto como para que lo escuchara y tomé asiento en una de las sillas de su escritorio—Vengo de parte de la Editorial Kellog, y seré la persona que se encargará de escribir su libro biográfico.

—Ah, sí, esa editorial...—arrastró las palabras y dejó de verme para continuar rellenando un par de papeles. Qué imbécil, este tarado se cree más importante que lo que yo le estoy diciendo ¿Acaso no oyó que soy la correctora y próximamente, periodista, que se la pasara siguiéndolo a todos lados a partir de hoy?

—Señor Reed, usted y yo tenemos muchas cosas que discutir sobre el trabajo que vamos a realizar juntos...—continué y crucé las piernas para no perder la paciencia puesto que ni siquiera se dignaba a mirarme. Apenas acabo de conocerlo y ya lo odio, aunque tampoco es como si tuviera la curiosidad de conocerlo más allá de todo lo que necesito para realizar mi trabajo de la forma correcta.

Había escuchado varios rumores sobre el señor Devan Reed. Las personas decían que era un magnate seductor, egocéntrico e inteligente, demasiado. Mencionaron que últimamente había tenido más de cinco secretarias en menos de un año debido a que con cada una de ellas mantuvo una relación llena de pasión que se fue al caño porque él jamás buscaba relaciones a largo plazo y todas las mujeres con las que salía o se acostaba, eran como una aventura de una noche.

—Señor Reed, si le parece que tiene el derecho de ignorar cada una de mis palabras como si yo no estuviese hablando con usted, le comento que está muy equivocado —señalé molesta. Maldito Devan, maldito seas— ¡Debe prestarme atención! No soy una pintura ni mucho menos, vine hasta aquí para hacer mi trabajo y yo también me merezco mucho respeto al igual que usted.

De repente, me vio como un bicho raro y se acomodó en su silla. Frunció el ceño para después soltar una risita.

—Está bien, señorita Howland, se ha ganado mi atención —me contuve para no bufar, sin embargo, sus profundos ojos me pusieron muy nerviosa. Quizá esa era la razón por la que conquistaba a todas las mujeres que se le cruzaban por al frente—Dígame todo lo que tenga que decirme, la escucho.

—Como le decía, seré la correctora que se encargará de redactar su libro biográfico y para ello, prácticamente voy a convertirme en su sombra todo el tiempo durante los siguientes cuatro meses, que es el plazo que se nos ha dado a ambos para culminar con el proyecto —solté y asintió—Ahora, me ayudaría mucho que mientras trabaja, no deje de contarme cosas importantes o que han tenido relevancia a lo largo de su vida. La gente desea conocer quién verdaderamente es el hombre que está detrás del magnate y empresario, Devan Reed. No queremos que nos hable solamente de negocios, sino que nos cuente qué le gusta hacer en su tiempo libre, cómo es su vida cuando no se encuentra en la oficina, qué lo motivó a ser la persona que es ahora mismo y también, a todo el mundo le interesa saber sobre su vida personal, en especial sobre su vida sentimental. Ahora, si usted está de acuerdo comenzaremos hoy mismo, en este momento, mientras usted me comenta los datos más importantes sobre su persona y yo los anoto en mi agenda ¿Le parece, señor Reed?

—Sí, comprendo, debo comentarle todo sobre mi vida, laboral y personal. Digamos que lo que tiene que hacer es como un lienzo al desnudo...—bromeó y se dio un instante para observarme de pies a cabeza. Traté de ignorar eso y asentí para que supiera que estaba de acuerdo con todo lo que acababa de decirme.

—Muy bien, señor Reed, necesito que me diga su nombre completo, además de su fecha de nacimiento...Digamos que requiero de toda su información legal —antes que pudiese seguir, me miró incrédulo y me preguntó:

—¿Una periodista va a escribir el libro? ¿Es que acaso eso no lo hace otro tipo de profesional? —Bromeé.

Tiene razón. Tonta, tonta, tonta...Me presenté ante él como una simple periodista, cuando en realidad ese título aun no lo tengo. A los dieciocho comencé la universidad siguiendo la carrera de corrección de textos y la terminé a los veintidós, y apenas hace dos años estoy siguiendo de igual forma periodismo a distancia. Quería especializarme en ambas cosas con el objetivo de conseguir más oportunidades de trabajo en diferentes campos en el futuro, no obstante, he olvidado presentarme como correctora frente a este estúpido.

—Oh sí, discúlpeme. Me refería a que soy persona que escribirá su libro porque trabajo en el departamento de corrección de la editorial, y bueno, ahora mismo también me encuentro estudiando periodismo y estoy por culminar la carrera —suspiré intentando parecer dura, aunque, en el interior me moría de los nervios por la estupidez que acabo de cometer.

—¿Entonces, por qué dijo que era una periodista? —Enarcó una ceja. Ya, por favor, déjeme en paz señor Reed.

—Lo lamento, señor Reed, tuve una confusión. Tengo un título en corrección de textos, pero, de igual manera yo también me encuentro estudiando periodismo actualmente porque me considero a mí misma una persona ambiciosa.

—La ambición es importante en una persona que desea salir adelante, sin embargo, me parece que ha tenido una pésima confusión y que si se ha confundido con algo tan crucial como lo es el área en la que se desempeña como una profesional, es mucho más fácil que cometa cientos de errores mientras estemos trabajando en el libro.

Sí, lo admito. Me he dejado llevar por los nervios y por mirarlo mal por el egocentrismo que demostró tener en un principio. Lo admito, me he equivocado y eso ha dejado una muy mala impresión sobre mi trabajo desde el principio.

—Entiendo que usted piense aquello sobre mí y mi desempeño —me tomé un momento para respirar—Pero, honestamente señor Reed, le aseguro que puede confiar ciegamente en mi trabajo. Estudié en una de las mejores universidades del país porque gané una beca por mi excelente récord académico a lo largo de mi corta vida. Sí, soy joven y me equivoco de vez en cuando, sin embargo, eso no va a afectar mi trabajo. Yo le aseguro que el libro será el mejor que haya leído en los últimos tiempos y que las ventas serán extraordinarias. Soy firme y constante en mi trabajo y creo...Creo que soy la persona adecuada para estar frente a usted ayudándolo a escribir este libro que seguramente, significa mucho —le indiqué con la respiración entrecortada. Me esperaba que me mandar al carajo, pero, simplemente movió su cabeza y me contestó:

—Bueno, señorita, parece que usted tiene un buen carácter y que confía en sus habilidades. Me gustan mucho las personas así, es decir, que tengan confianza en sí mismo —sí, se nota por lo egocéntrico que es. No necesita repetírmelo—Pienso que será mejor que comencemos a trabajar desde el día de mañana para que comience a trabajar en el mismo horario que yo lo hago.

—¿Me permite conocer dicho horario? —Entrecerré los ojos buscando un esfero para escribir sobre una de mis agendas y verme ante él como una mujer intelectual. Luego del error tremendo que cometí al presentarme, quiero estar atenta a todos los detalles para no equivocarme de nuevo.

—Entró a la oficina a las siete de la mañana y me voy aproximadamente a las diez de la noche, aunque, hay días en lo que debo irme un poco más tarde —señaló viéndome a los ojos. Comencé a entender que a Reed le gustaba intimidar a las personas con tan solo verlas, y por lo mismo, yo no iba a caer ante sus "encantos".

—Está bien, supongo que mañana lo veré a esa hora —me puse de pie, dispuesta a despedirme y abandonar la oficina en los próximos dos minutos—Muchas gracias por su hospitalidad, lo veré mañana temprano para empezar a trabajar, señor Reed.

—Gracias a usted por venir hasta aquí y aceptar el trabajo —respondió y asentí dándole la espalda y caminando hasta la puerta—Señorita Howland, por favor, espere un segundo.

—¿Sí? —Di la vuelta.

—Qué gusto ha sido conocer a una mujer tan guapa como usted, señorita Winter Howland —soltó de repente mientras me guiñaba el ojo.

—Sí, como sea —rodé los ojos saliendo de la oficina antes que me hiciera perder la paciencia. Idiota señor Reed. Creo que los siguientes meses al lado de este casanova van a ser un verdadero desastre, y yo voy a perder la poca paciencia que me queda.

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