Portada de la novela Rouge

Rouge

8.1 / 10.0
Pierson Evans llega a Quebec junto a su hijo Harry, intentando dejar atrás un pasado convulso. En ese mismo destino, Alice Sullivan busca un nuevo comienzo tras una ruptura sentimental y el reencuentro con su hermano. Al asumir el cuidado del pequeño Harry, Alice se entrelaza con la familia Evans justo cuando antiguas amenazas resurgen para romper su calma. Ella se convertirá en el pilar fundamental para combatir el peligro y recuperar la paz perdida.

Rouge Capítulo 1

ALICE 

Sidney, Australia. 

Siempre supe iba a salir de Sidney. 

Una tarde , cuando mi hermano y yo éramos pequeños, echamos a dar vueltas sobre su eje a la bola del mundo y luego de un minuto, esperamos expectantes a que se detuviera. 

Maxie extendió su mano para escoger el país al que iríamos cuando fuéramos mayores, pero fui más rápida y lo golpee, un poco enojada de que fuera tan idiota. 

Ni siquiera sabía qué significaba idiota.

Papá llamaba así a mamá a veces y parecía una palabra que podía usar en las peleas con mi hermano. 

—¡No puede ser así, tonto! —lo regañé—Tienes que cerrar los ojos muy fuerte y luego es que estiras la mano y señalas el lugar al que nos iremos. 

Maxie volteó los ojos, pero luego los cerró y haciendo caso a lo que había dicho, puso su pequeño dedo sobre una gran masa de tierra que estaba muy lejos del lugar que habíamos marcado con resaltador rojo como nuestra casa.

—¿Cómo se llama? ¿Cómo se llama el nuevo país al que iremos a vivir cuando seamos mayores?—le pregunté emocionada, casi saltando de alegría. 

—Canadá, rizos. Nos iremos a Canadá. 

Pestañeé varias veces para salir del recuerdo en el que sin querer, me había sumergido mientras salía a toda pastilla del apartamento de Ethan. Estoy atónita y mi corazón duele. Las lágrimas de rabia y frustración se deslizan en mi rostro sin control. No se como soy capaz de manejar con el temblor que aqueja cada centímetro de mi cuerpo. 

Obligo a mi subconsciente a olvidar lo que vi, a hacer como si nada de lo que sucedió hace unos segundos en casa de mi no...de mi exnovio, hubiera ocurrido en verdad. 

—¡Mire por donde va, señorita! 

Esquivé rápidamente con una maniobra de timón al auto al que tal vez hubiera chocado si el hombre no me hubiera alertado con su grito. 

Tengo que marcharme de Sídney, tengo que irme a Canadá junto a mi hermano. 

Acababa de descubrir que la única persona que me ataba a este continente, no era quien decía ser: mi exnovio me había mantenido engañada, verdaderamente engañada durante toda nuestra relación. No era ni de lejos el hombre que me había hecho creer durante cuatro años. 

Así que al día siguiente compré un boleto de avión, tomé mis maletas y mi corazón roto y me fui a Canadá con la esperanza de un nuevo comienzo. 

Aunque eso significara soportar a mi hermano durante una larga temporada.

💫💫💫

PIERSON

Siempre creí en el futuro. Era el tipo de hombre que pensaba que si las cosas iban mal, de alguna manera y porque el destino no puede ser tan hijo de puta, iba a mejorar en un rango determinado de tiempo. Me gustaba pensar que existía la posibilidad de escapar de los momentos asfixiantes, al menos por unas horas. 

Dejé de creer en todo cuando la vida decidió jugármela a lo grande. Dejé de pensar. Dejé de sentir. Dejé de vivir. Era más como una máquina que hacía lo que le tocaba y ya está, sin complicaciones. Porque si pensaba, aparecían los enredos que me volvían loco, aparecían los reclamos hacia mí mismo y sobre todo, aparecía la culpa y la incapacidad de mirar los ojos claros de mi hijo con el corazón en calma.

Sí, tengo un hijo precioso e inteligente al que adoro, un hijo que solía ser vivaz y que solía adorar hacer cosas como pintar, por ejemplo. Pintar era todo lo que hacía, en realidad. Me gustaba pensar que tenía a mi pequeño Da Vinci en casa. Hace un año, cuando tomé la decisión equivocada, terminé hiriéndolo también a él. Una herida que se que sangra a borbotones cuando no le veo. Una herida que por mucho que así lo desee, no termina de sanar. 

De esa manera dejo que mi cerebro me martirice mientras hago mi recorrido mañanero de running, esta vez bajo el golpeteo incesante de la lluvia. Hay un punto terapéutico en correr bajo la lluvia, como si el agua cayendo sobre el cuerpo fuera capaz de llevarse la tristeza, de convertirnos en personas renovadas.

Ojalá fuera tan sencillo en mi caso. 

Ojalá la lluvia funcionara como un cohete que me alejara por un tiempo del plano terrenal. 

El parque en el que troto queda cerca de casa, por supuesto, y es muy tranquilo ; por eso elijo venir aquí.  Mi presencia no pasa desapercibida, nunca lo hace. Varios pares de ojos se posan en mí, y no negaré que me agrada. Sin embargo, no me despierta ninguna emoción profunda. 

Dejo que la lluvia recorra mi cuerpo sin prisas, mientras mi vista se pierde en lo hermoso de este parque y de toda Quebec que es una ciudad pintoresca y elegante e incluso en un lugar tan simple como este , encuentras notas de indescriptible belleza, como los árboles frondosos que echan flores de varios colores, o incluso la hierba que es toda verde sin ningún espacio carmelita opaco señal de que estén secando. 

Paso al lado de una pareja que discute acaloradamente en el idioma natural de la provincia que es el francés , veo a lo lejos a un niño jugando con sus carritos y a su madre centrada en su celular... Si supiera lo jodidamente molesto que puede llegar a ser un pequeño descuido como el suyo no le quitaría la vista de encima a su hijo. Debería estar al pendiente, aunque eso signifique correr el riesgo de convertirse en una obsesa, como yo. 

Recibo varias notificaciones en el celular, pero las ignoro porque de igual forma, ya voy de regreso a la casa. Por hoy mi rutina de entrenamiento ha terminado. 

Llego a casa y antes de ducharme, voy hasta la habitación de Harry a despertarlo, tengo que llevarlo al colegio y luego irme al hospital. Soy médico especialista en Cardiología en el Stephen Memorial de Quebec, uno de los pocos sitios de la provincia que no lleva un nombre francés. Hace algunos meses conseguí el trabajo gracias a mis habilidades y conocimientos. 

Lo veo tendido entre sus cobijas y mi corazón se agita recordándome que todavía puedo sentir; tengo 27 años y a veces me siento como un maldito témpano de hielo.

Él es la única persona que me recuerda que todavía sigo vivo, que no soy sólo un hombre existiendo.

—Cariño. —lo agito con suavidad y él se sobresalta. —Colegio.

Estruja sus ojos y sale de la cama con pesar. Luego se tiende otra vez.

Perezoso.

Me agacho y le acaricio sus rizos marrones. 

—Chocolate caliente en la mesa.

Eso es suficiente para que se ponga de pie con energía. Ya tiene seis años y si en algo no ha cambiado es en eso, en su gusto casi obsesivo por el chocolate.

—¿Me dejas tomar dos tazas, pa? —preguntó con una mirada esperanzada. 

—Sólo hoy.

Nos bañamos juntos y lo ayudé a ponerse el uniforme. Hice lo propio conmigo. 

Entonces, nos sentamos a desayunar. 

Harry me cuenta sobre su sueño de anoche: que era una araña y trepaba con sus ocho patas por toda la ciudad. 

—Entonces papi, yo era como Spider y salvaba a los niños de los monstruos malvados. ¿Eso significa que voy a ser una araña cuando sea mayor?

—No, mi amor.—sonrío— Eso significa que tal vez estás un poco obsesionado con Spiderman.

—Es que es tan valiente. 

—Lo es, pero tú eres más valiente.

Me mira confuso, frunciendo el ceño. 

—A veces duermes conmigo, papi, cuando tengo mucho miedo. 

—Bah —con un gesto de mano le resté importancia.—¿No te he dicho que siempre que duermo contigo es porque yo también tengo miedo?

Él se rió con suavidad y sus próximas palabras aceleraron mi corazón por segunda vez en el día. Fijé su sonrisa en mi recuerdo. No la veía muy a menudo. 

—Te amo, papi.

—Yo te amo más.

Después de desayunar, nos lavamos los dientes juntos y nos vamos a comenzar nuestro día. 

Otro día después de perder a la otra mitad de nuestra familia. 

Otro día donde fingiré que estoy bien, que me siento a gusto con todo lo que hemos sacrificado. 

Otro día donde pretenderé que el pasado ha quedado atrás. 

Otro día donde pretenderé que me olvidé de la sangre , de los cadáveres, de la destrucción. 

Pretender, pretender, pretender ... En eso se ha convertido mi vida, en un juego de mentiras para esquivar a la muerte. 

En un baile de máscaras donde todos nos movemos al ritmo de una danza letal huyendo de él, intentando escapar del hombre que nos convirtió en fugitivos de su propia ley.

La ley del ojo por ojo.

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Tabla de contenidos de Rouge

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