Portada de la novela Operación Aroma - En la mira

Operación Aroma - En la mira

8.7 / 10.0
El antiguo militar Yaro Lozano busca justicia tras un accidente fatal, infiltrándose en una unidad antinarcóticos para exponer la corrupción del gobierno. Su misión se centra en Salomé Carvajal, la viuda de un mafioso acusada de homicidio. Con el apoyo de cuatro aliadas estratégicas, se enfrentan a una red de traiciones y ambición. En medio del peligro, nace una atracción prohibida que desafía sus planes y pone a prueba su capacidad de confiar.

Operación Aroma - En la mira Capítulo 1

Las manos seguían temblando. Pasé tres horas en el baño, me miré al espejo.

—Señora Salomé, la cena está lista.

—Gracias, Tabata.

Canela, mi bella perra ingresó a la habitación. Una vez sola a la imagen de esa mujer vulnerable la envié al baúl del olvido. Él ya está preso y no volverá a maltratarte, no volverás a visitarlo. Dejarás que la ley caiga sobre él, nunca más volverás a la cárcel a verlo. Sigue en tu papel.

—Eres fuerte.

No tenía hambre, sin embargo, me obligué a comer. Canela parecía sentir mi vulnerabilidad. Nunca más vuelvas a pensar en Orlando, es tu esposo y en unos días te divorciarás. Mi portátil empezó a sonar, eran mensajes de ellos. Pero no estaba para contestar. No hoy, aún no estaba lista para demostrarle al mundo lo que acababa de decirme frente al espejo.

Debía asimilarlo. Los intentos de recuerdos los borré automáticamente, no pienses, no lo hagas. —sonó mi celular. Eran mis amigas, una videollamada al WhatsApp.

—Hola.

—¿Estás muy ocupada? Nos están llamando, en especial a ti.

—Me estaba bañando.

—¿Fuiste a la cárcel hoy? —preguntó Amira.

—Cada una tenía que ir, nuestros esposos nos mandaron a llamar.

—Salomé…

—¿Qué pasa Lía Luz?

—¿No has leído los mensajes? —ahora era Onely la que me miraba.

—¿Debo saber algo?

—No demoran en buscarnos.

Tocaron a la puerta. Ya me estaba asustando, era muy tarde para tocar a la puerta. Tabata fue a abrir.

—Chicas me están asustando.

—Se nos complicó todo.

—¡Hija! —Mi padre llegó en pantuflas y su pijama debajo de una gabardina elegante.

—¡Papá!

—El abogado ya viene para acá. Hablas con las muchachas.

—Buenas noches, señor Francisco.

—Lamento verlas de este modo. Los abogados de ustedes también deben unirse al mío.

—Tendremos que viajar a primera hora, cada uno se encuentra en las ciudades donde tenían recluido a nuestros esposos.

Las había conocido por ser las esposas de los amigos íntimos de mi esposo. Hemos hecho una gran amistad.

—¿Me pueden decir que carajos pasa?

—¿No lo sabes? —miré a mi padre negando.

—Mataron a Orlando, y no solo a él —los oídos se me taparon. ¿Tan pronto se hizo justicia divina? — También a Braulio, Samuel y Guillermo a todos los mataron hoy y fue después de la visita conyugal.

—En la mañana es estaba vivo…

—No solo eso Salomé. Murieron durante el día, acaban de dar la noticia a las siete de la noche y por la información que tenemos nos dejaron a nosotras como sus únicas herederas.

¿Qué pretendía Orlando? «Pronto sabrás mi verdad y siempre supe quien eras» —Eso me dijo hoy luego de… En realidad, me dijo muchas cosas, pero no quería pensar en ellas.

—Hija. Debes contratar seguridad y no es un juego. Todas ustedes deben contratar guardaespaldas. Lo que deben enfrentar no será nada fácil.

—No estaré con un pegote detrás de mí, todo el tiempo. —exclamé. Sabía defenderme.

—¡Ea Ave María, pues! Siempre y cuando sea una barra de chocolate buen apetecible me sacrifico. —Amira no tenía remedio.

—Señor Francisco, ¿Cree que sea necesario? Aunque la familia de Braulio me armará la de San Quintín. Ellos jamás me aceptaron y ahora seré la heredera de todos sus negocios.

—Onely.

La miré por la cámara. No podíamos aceptar esos negocios… no todos eran lícitos. Sonó el teléfono fijo de la casa. Tabata contestó y me lo pasó.

—¿Diga?

—Señora Salomé, su esposo fue envenenado y usted fue la última persona que lo vio con vida. No salga de la ciudad, mañana debe presentarte en la fiscalía para presentar indagatoria.

—No tengo problema señor agente. Debo hacer algo más.

—Preséntese con su abogado. —dejé el teléfono a un lado.

—¿Hija?

—Sin duda soy o somos las principales asesinas de nuestros esposos.

—También me acaban de llamar. —intervino Lía Luz—. ¿Qué vamos a hacer?

—Presentarnos mañana y enfrentar lo que se nos venga.

—Deben contratar personal de seguridad. Lo haces tú o lo hago yo.

—Mañana decido papá. —Al pensar más mi situación, ahora era una mujer libre.

……***……

La sonrisa de mi hijo Matías en una videollamada.

Venían de regreso a Bogotá, fueron a pasar el fin de semana a la Mesa Cundinamarca, en la finca de sus abuelos maternos.

—¿Ya vas a montarte en el helicóptero? —preguntó.

Sé que estaba soñando.

—Si campeón. Espero en unas horas poder verlos. ¿Tu madre?

—Conduciendo cielo. Elkin va dormido en la silla de niños.

—Fabiola, no me gusta que Matías esté en el asiento de adelante, solo tiene seis años.

—Ya vas a empezar, son las seis de la mañana. Deja de sermonearme. ¿A qué horas llegas?

Esto era un sueño.

—En unas cuatro horas. Por fin nos iremos de vacaciones.

—¡Siiii! —Tenía tan memorizado el rostro de mi hijo mayor—. ¿Me trajiste el regalo que te pedí, papá?

—¡Por supuesto!, tu padre es un hombre de palabra. También el de tu hermano. Ya me están llamando. Fabiola conduce con cuidado, recuerden que los amo.

—Nosotros también. —respondieron los dos. La cámara me mostró a mi bebé de tres años dormido. Sus rostros…

Intenté moverme, se avecina lo que por años he deseado dejar atrás…

Descendimos del helicóptero en la base militar. Al llegar al regimiento el general me esperaba. ¡Puta mierda! Me retrasarán las vacaciones. Hice la presentación oficial al mayor.

—Capitán Lozano, descansé.

—Gracias, mi general.

No, no, los sueños otra vez no. Despierta, por favor.

—No tengo buenas noticias.

—¿Cancelará mis vacaciones? Usted va a hacer que mi esposa se divorcie de mí.

—Yaro. —Su llamado por mi nombre de pila no auguró nada bueno—. Fabiola tuvo un accidente, no tenemos los datos. El informe preliminar es que tres autos fueron arrollados por un lunático, el hombre lo tienen detenido. Sin embargo, los tres autos cayeron al abismo.

Comencé a moverme. Necesito despertar, debo despertar. Esa noticia fue como si un artefacto explosivo impactara a mi lado. No, dos horas antes había hablado con ellos. Mis hijos…

—Mi esposa, iba con mis hijos…

—Lo sentimos, están rescatando los cuerpos.

—¿Los cuerpos?

—¡NO!

Desperté a la misma hora de siempre. Mi cuerpo estaba bañado en sudor, la respiración estaba acelerada al igual el pulso. Vuelven las pesadillas. ¡Puta vida!

El brazo de la compañía que contraté anoche estaba sobre mi pecho. La hice a un lado con delicadeza. Recuerdos de lo acontecido llenaron mi mente, no. No caigas de nuevo en eso Yaro. —miré a un lado, tenía tres meses de no tener sexo.

—Joven, despierta.

Eran las cuatro de la mañana. La esbelta trigueña se removió en la cama dejando ver su perfecta anatomía.

—¿Puedo usar el baño antes de irme? —afirmé.

—Dejaré tu paga en la mesa de noche. —La chica sonrió.

Me puse el bóxer, una pantaloneta, dejé el dinero donde le había dicho y tomé mi celular y billetera. Salí de la habitación de la cabaña en la que me quedaba desde hace tres meses. No tomábamos vacaciones desde hace tres años. La última misión nos tardó más de lo pensado.

Llegué a la cocina, puse la cafetera y cuando el aroma de la cafeína invadió el recinto, terminé de despertarme. Abrí las ventanas de vidrio que dan a la terraza y el viento salino me dio la bienvenida de otro día del que tengo que sobrevivir.

Los recuerdos de un par de niños sonriendo gritando. «No nos alcanzas papá…» Mi celular sonó, lo saqué de la pantaloneta y alcé mi ceja al ver el nombre del mayor Juárez. La mujer salió.

—Gracias. Te dejé mi tarjeta por si requieres del servicio.

—Eres muy amable. —volvieron a llamar, en esta ocasión contesté—. Mayor.

—Capitán Lozano. Lo espero mañana a las ocho en mi oficina.

—Le recuerdo mayor que estoy de vacaciones y me encuentro a veintidós horas de la capital.

—Tome un puto avión, y lo espero a usted y a su equipo en la oficina de GEACC. (Grupo especial de antinarcóticos y corrupción de Colombia). No me dejó refutar. Escuché la manera en que tiró el teléfono.

Era un militar de la vieja guardia, en su despacho aún hay teléfonos de los noventa—. ¡Mierda! Si interrumpieron nuestras vacaciones era porque algo salió mal. Volvió a sonar mi celular. Era de nuevo el mayor.

—Señor.

—Enciende el televisor. —volvió a colgar.

Regresé al interior de la cabaña, tomé el control y encendí, busqué el canal nacional y en primicia decían.

«Mueren de manera sospechosa los senadores y empresarios, acusados de ser presuntos narcotraficantes. Los servidores públicos destituidos fueron capturados hace cuatro meses; Orlando Agudelo, Braulio Quintero, Samuel Lemaitre y Guillermo Otalora. Fueron encontrados muertos el día de ayer en horas de la tarde en las diferentes cárceles del país, a donde fueron recluidos. El senador y dueño de la cadena de hoteles Paradise fue encontrado sin vida en la cárcel modelo donde gozaba de una celda privilegiada. Iba a dar indagatoria el próximo jueves antes de ser extraditado a Estados Unidos. Lo insólito es que sus socios de las empresas conjuntas y compañeros del senado de la república murieron el mismo el día. Las autoridades no han dado declaratoria de lo que pudo haber ocurrido. Televidentes, esto es una noticia en desarrollo. Estaremos ampliando la información en las próximas horas».

—¡Puta mierda!

Llamé a los cuatro del equipo que estuvimos por casi ocho meses prestando seguridad exterior a los senadores. Jamás nos permitieron estar en su núcleo familiar. Algo que no nos importó dado que las evidencias las pudimos recopilar de manera directa.

Conocimos los negocios turbios. Fuimos contratados en varias ocasiones para escoltarlos en las fiestas alocadas, donde solían hacer las negociaciones. Tenían una doble vida, los hijos de puta. No eran buenas personas y su entorno debía ser igual.

—El mayor nos necesita nuestra presencia mañana a las ocho en GEACC.

—Acabo de ver las noticias. Nos jodieron el resto del mes que nos quedaba. —habló Gamal.

—Nos vemos mañana. —escuchamos un gemido—. Jabir, mañana a las ocho. —enfaticé.

—Si capitán. —La carcajada de Yasar fue la más notoria.

—Le acabamos de dañar el mañanero a piloto.

—No falten.

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