Portada de la novela Llegaron los 30

Llegaron los 30

8.4 / 10.0
En la novela Llegaron los 30, Felicia busca el amor en una cita a ciegas con Víctor, un astuto abogado. En este romance moderno, ella ignora que es un peón para provocar celos, enfrentando una farsa cruel. Descubre esta historia y otros libros para leer gratis online en nuestra plataforma.
Resumen de Llegaron los 30
A sus 29 años, la inocente Felicia carece de vivencias románticas. Pese a los consejos de su jefa, decide aventurarse en una cita a ciegas donde conoce a Víctor. Él es un abogado cautivador que oculta un oscuro propósito: utilizar a la joven para provocar los celos de su ex, Raquel. Mientras ella se enamora sinceramente, ignora que forma parte de un engaño. El desafío será hallar la plenitud tras descubrir que solo fue una pieza en un juego ajeno.
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Llegaron los 30 Capítulo 1

“Era la noche de fin de año—lo recordaría bien para toda la vida— porque fue en esa noche en que nació mi inquietud...”.

Noche de fin de año

Había euforia en el ambiente como en toda noche trascendental, era un cambio de año y siempre se reunían en esos momentos muchas emociones; podía ver como se ultimaban detalles para la celebración en las calles de New York, los locales estaban de fiesta con novedosas promociones para recibir el año; en las calles las personas usaban ropas llenas de brillos, adornos locos en las cabezas; muchos de ellos caminaban a reunirse en el Times Square, para participar del evento del lanzamiento de los fuegos artificiales. Otros iban hacia Central Park para tener un buen sitio de visualización y recibir el año como se merece: con un conteo que helaba la sangre de emoción y después todos fundiéndose en gritos, abrazos y besos con desconocidos.

La noche de fin de año, para la familia Serrano, venía matizada con elementos cabalísticos que la convertían en un ritual para atraer cosas buenas... Como muchos seres humanos lo habían hecho desde tiempos inmemoriales, ya había probado un poco de cada cosa para atraer a la tan esquiva “Suerte”; es así, que habían desfilado por su vida toda clase de cábalas como los exóticos baños con innumerables hiervas; esencias de nombres variados y hasta insólitos; las prendas de colores también formaron parte de su ajuar, como imanes de lo bueno y encendió velas mágicas e inciensos misteriosos. Tiró monedas y billetes para “atraer” mucho dinero en el futuro; se atragantó con las doce uvas. Evitó vestirse de rojo, blanco o colores evidentes que dieran a entender que buscaba hombre desesperadamente.

Otra tradición especial, que ahora añoraba, era literalmente ver las calles arder con los sin números de monigotes que se hacían como señal de quemar lo malo que el año que se iba había dejado; un amigo decía que era hacer una ofrenda al nuevo año. Todos esos rituales estaban cargados de nostalgia y excitación… ella extrañaba aquello a rabiar.

Felicia Serrano estaba sentada en el borde de su cama, esperando que llegue el ansiado cambio de año, nada la motivaba... este sería otro año igual, sin ninguna emoción que lo diferenciase.

Les contaré un poco de su vida: Había emigrado junto a su madre, de Guayaquil—Ecuador y se radicaron en la ciudad de New York desde hacía 15 años; vivía en un hermoso departamento, una vida tranquila y solas.

— Felicia hija, ¿estás lista?

La voz de su madre la sacó de su zona de lástima.

—No, no voy a salir.

— Pero es tradición ir a Central Park y ver los fuegos artificiales.

Una tradición que se habían impuesto las dos como terapia para adaptarse al cambio de vida, entonces solo dijo:

— Podemos verlos por la televisión.

Su madre se asomó y la vio desmotivada:

— Hija… ¿Qué pasa?

— Me siento vieja.

Felicia era una joven de 29 años, soltera y virgen y eso comenzaba a inquietarla, nada bueno pasaba en su vida: ni un romance, ni emoción, nada más una penosa insatisfacción. Tenía una amiga en Ecuador que estaba de novia de siete años con el mismo sujeto y no salía de ser la novia eterna; sin embargo, había alguien en su vida y eso era mejor que nada.

Se cambió y usó un vestido negro, su madre al verla se asustó:

— ¿Negro para recibir el año?

Olvidaba decir que su familia tenía ciertas tradiciones y una de ellas era no usar los colores prohibidos ¿Ignoraban que existían colores prohibidos? Pues los había para la familia Serrano y se los voy a enumerar: Una adolescente debía evitar vestirse de fucsia, lila o morado, según la vieja creencia la joven que se vestía de estos colores ¡JAMÁS! Se casaba. Benditas tradiciones de su pueblo.

El rojo fue otro color vetado en su familia; ya que la joven que lo utilizase denotaba deseo de tener sexo o poseía mucha desvergüenza en la cara. El negro solo en duelo y para fin de año emplearlo era pecado, pues traía mala suerte durante el año y duelo familiar; el blanco era exclusivo para las que querían casarse pronto.

Cuando su madre la vio exclamó:

— ¡Negro! No hija, ese vestido no—conocía ese tono de voz.

Su madre como toda buena madre expuso su punto de vista y comentó:

Ese vestido no me gusta, te ves fúnebre. Creo que debes cambiarte.

¿Han notado la sutileza de algunas personas para disfrazar una orden? Parecen “sugerir” ordenándote algo. Le tocaba refutar su argumento:

— Lo siento... Me costó decidirme y no pienso pasar por esto de nuevo.

Recibió la notificación de una videollamada de Talía, su mejor amiga en Ecuador y estaba vestida de blanco, parecía una novia en espera de un novio que la sacara de apuros...

— Hola Felicia...

Conocía a Talía de toda la vida, eran contemporáneas en edad y se comprendían bastante bien, la saludó:

— ¿Sigues la tradición del blanco?

— Dicen que si me visto de blanco me casaré...

— ¿Con Jorge?

— Con quien sea...—sonrió con nostalgia y añadió— Creo que se acabó Felicia, lo mío con Jorge se acabó.

El mentado Jorge era un buen tipo cuyo mayor mal era tenerle miedo al compromiso:

— Lo siento tanto amiga...

— Considero que deberé darle la razón a mi familia, Jorge es un indeciso.

Era justo preguntar:

— ¿Lo amas todavía?

—Con toda el alma...—y al decirlo hacía todo lo posible para restañar las lágrimas, y esto lejos de restarle fuerza a su voz pareció darle impulso— Jorge me ha enseñado a vivir muchas cosas: el amor, la pasión y el deseo, nadie lo sabe; pero, me entregué a él.

Era una confesión bastante íntima y no sabía qué decir en esos casos, de hecho porque ignoraba lo que era estar en esos casos. Talía continuó:

— No me avergüenza decirlo, lo hice por amor—parecía que añoraba ese momento sus ojos brillaban—Estoy segura de que él es el indicado.

— Sin embargo...

— Todo sigue igual.

La compadeció, ser novia de un sujeto por siete años te puede dar una perspectiva conformista de la relación y amar a un indeciso una frustración mayor; entonces, ella acalló sus reflexiones:

— Hablemos claro, Felicia— se tomó un tiempo para pensar las cosas y reflexiva añadió— Yo no soy una niña, tengo 29 años y el tiempo no perdona...

Había comenzado a inquietarla...

— Hay cosas que no deben pasar desapercibidas en una mujer. Yo me entregué por amor; no obstante, también necesitaba sentirme mujer—y añadió a un más— Ya una caricia no bastaba y los besos te excitan ¿entiendes?

Pero claro; por supuesto, ella solo tenía una buena imaginación:

— Sigue...—dijo intentando dar a su gesto una seguridad de que comprendía; aunque, no entendía nada.

Talía siguió dándole en la cara:

Entonces, ahora que voy a cumplir los treinta y conociendo de placer y sexo; pero, sobre todo de amor creo que puedo afrontarlo...

Estaba impactada por cada palabra y el suspenso la dominaba:

—¿Afrontar qué?

—Un matrimonio, Felicia, puedo afrontar un compromiso con seguridad y además no quiero llegar a los 31, sola.

Para ese instante podía sentir el golpe de sus palabras como una pala sobre el rostro. Talía tenía su misma edad; sin embargo, había experimentado mucho más; sabía de relaciones sexuales, de lo que es tener un noviazgo largo y muchas otras vivencias que a ella ni se le pasaban por la cabeza... Porque Felicia era una virgen de 29 años en toda la dimensión de la palabra, o sea de cuerpo, labios y de todo... Talía volvió a hablar.

—Quiero tener mi hogar, hijos... Ya me cansé de estar con mis padres, de no tener el timón ¿Qué piensas tú?

Buena pregunta ¿qué opinaba ella?

Carraspeó y dijo lo primero que se le ocurrió en tono solemne:

— Una mujer debe hacer lo correcto...

Talía sintió un alivio enorme, por fin alguien la entendía y dijo con total seguridad:

— Eso es lo que digo, soy una mujer y no por el hecho de haberme acostado con un hombre, sino porque en estos años he crecido mucho como persona; las experiencias te hacen crecer y voy a hacer mi último intento con mi traste de siete años.

Solo pudo desearle suerte, cerraron la video y solo pudo pensar: “Allá está una mujer y aquí queda un extraño prospecto de mujer”.

Su madre puso el conteo de fin de año en la televisión, no tenía deseos de participar de esas emociones, en su país las calles ardían y con ellas su corazón; afuera todos se felicitaban deseándose prosperidad, estaba desanimada y eso solo sería el principio.

Después de dos semanas de inaugurado el año hubo una noticia sobresaliente: Talía se casaba en dos meses y mostraba a todos el hermoso anillo que Jorge le había puesto en el dedo, las fotos en redes sociales viralizaron el momento; parecía rejuvenecida de la felicidad que despedía en cada poro de su piel... Felicia sonrió emocionada y le dio likes a todas las fotos.

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Tabla de contenidos de Llegaron los 30

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